Datos personales

Mi foto
Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento Ica, Provincia Palpa, Distrito Río Grande, Caserío "San Jacinto", 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL LIT. INFANTIL, ÁREA EXPR. POÉTICAS, MED •RECONOCIMIENTO MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, GORE LORETO., Condecorado con orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) MINEDU. DIPLOMA DE HONOR, por Congreso de la República. 21-03-2019
Mostrando entradas con la etiqueta EDUCACIÓN FORESTAL. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta EDUCACIÓN FORESTAL. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de agosto de 2016

ROL DE LA UNAP EN LA CONSERVACIÓN DE NUESTRO BOSQUE

ROL DE LA UNAP EN LA CONSERVACIÓN DEL BOSQUE HÚMEDO TROPICAL DESDE LA PERSPECTIVA EDUCACIONAL

Gabel Daniel Sotil García

Es indudable que uno de los retos que ya nos está planteando la llegada del tercer milenio es el relacionado con la cuestión ambiental, herencia de los tiempos pretéritos.

Entre otras, la Universidad debe dar  respuestas institucionalmente inteligentes para afrontar este desafío en lo que respecta a su ámbito jurisdiccional.

En el caso de nuestra Universidad, la conservación del bosque húmedo tropical deberá constituirse en un núcleo temático recurrente y globalizador de sus acciones a partir de un plan de desarrollo social que, elaborado en su interioridad, deberá imbricarse con programas de acción de defensa ecológica  de carácter regional.

El enfrentamiento de esta cuestión deberá hacerse desde dos perspectivas, claramente definidas: la científica y la de los Pueblos Indígenas amazónicos.

Desde la perspectiva científica, recurriendo a los aportes de la ciencia y la tecnología modernas, selectivamente aplicados.

Desde la perspectiva de los Pueblos Indígenas amazónicos, recurriendo  al conocimiento de su milenaria experiencia de trato armónico con su entorno ecológico.

Requerimos, entonces, tomar plena conciencia  de que las culturas indígenas amazónicas constituyen el aporte más claro y evidente de que nuestro bosque húmedo tropical requiere una relación muy específica, que tiene que ser conocida y reactivada por quienes, desde la cultura mestiza, de raigambre euro-occidental, venimos demostrando el desconocimiento de sus leyes poniendo en práctica comportamientos individuales, sociales e institucionales negativos para su conservación.

El recurrir a la sabiduría ancestral de nuestros pueblos originarios, reivindicados  hoy en día por haber sabido  establecer una relación que haríamos muy bien en calificar de la más auténtica sustentabilidad, obliga a nuestra universidad a revitalizar la estructura de valores dentro de la cual fue posible este tipo de relación con el medio ambiente.

Será, entonces, una misión de la mayor necesidad promover el más profundo conocimiento de esa atmósfera axiológica y asumirla como praxis institucional.

Pero, si bien consideramos necesario el conocer y asumir el universo valorativo de raigambre regional, será, entonces, necesario que nuestra Universidad ponga en vigencia, en el proceso formativo de sus estudiantes, el principio de interculturalidad  educacional que permitirá el cultivo del más profundo conocimiento y respeto por todas las manifestaciones culturales de nuestra región, así como la formación  de una personalidad con fuerte identidad cultural que posibilite el afronte de la modernidad desde la perspectiva de nuestra ancestralidad, para generar un desarrollo que nazca de nuestras raíces culturales y posibilidades ecológicas, para dar respuestas coherentes  con nuestras características  históricas y necesidades psicosociales propias.

En este sentido, nuestra Universidad debe proponerse que la formación de nuestros estudiantes evidencie una definida  direccionalidad intercultural en el marco del fortalecimiento de nuestra identidad cultural regional, como instrumentos actitudinales básicos e indispensables para afrontar los retos de un milenio en el que el lema "Unidad en la diversidad” deberá ser la norma de convivencia pacífica entre los hombres y entre las culturas.

La cultura de paz,  que necesitamos en nuestro país y en el mundo entero, no podrá ser forjada desde la intolerancia, el dogmatismo y el etnocentrismo practicados en nuestras aulas universitarias.




Este planteamiento doctrinal, con implicancias ideológicas profundas, que podría poner en práctica nuestra universidad, no sería sino la respuesta coherente que daríamos a las urgencias de nuestro entorno espacio-temporal, objeto de infinidad de agresiones en las actuales circunstancias.

martes, 10 de junio de 2014

LITERATURA INFANTIL Y EDUCACIÓN

Pro   Reflexiones sobre la literatura infantil: a propósito de la VII Semana de la Literatura Infantil Regional.

Pr                                                                    Prof. Gabel Daniel Sotil García

Una de las convicciones más firmes que debemos tener los Maestros respecto a la educación actual es que ésta es mucho más que un servicio social. Es decir, que el rol de la educación trasciende, va más allá de ser un servicio que brindamos a la comunidad. Ella es, fundamentalmente,  un instrumento que hoy es utilizado para fines de dominación cultural y de imposición ideológica. Que es éste, justamente, uno de los roles principales que cumple la actual educación en nuestro país y, claro, en nuestra región.

 Pluricultural y multilingüe como es, la región amazónica es hoy mismo el escenario de un enfrentamiento entre culturas; más precisamente, entre las culturas indígenas, originarias de esta región, y la cultura llamada occidental, de raigambre europea, a cuyo marco formativo pertenecen quienes hoy detentan el poder político-ideológico.

Hay, por lo tanto, una implícita aceptación de que la cultura que hoy domina, consolide su dominación a costa de las demás culturas. Es decir, a costas de su destrucción lenta pero progresiva. En un proceso de etnocidio generalizado en nuestra región.

Ello implica que las nuevas generaciones aprendan a comportarse dentro de los patrones de la cultura dominante, dejando de lado, en forma progresiva, las formas de comportamiento de sus culturas de origen.

Es aquí en donde entra a tallar la educación formal. La educación que promovemos los Maestros en las instituciones llamadas centros educativos.

Es en estos escenarios en donde los educandos, hoy en día, aprenden los patrones comportamentales que la educación oficial difunde, por haber sido, precisamente, pensada desde la perspectiva de la cultura euro-occidental. Es el instrumento homogeneizador en nuestro país. Lo que quiere decir que tal y como está diseñada, la educación actual tiende a la desaparición de las diferencias culturales.

Uno de los recursos que se nos enseña a utilizar, cuando estamos aprendiendo a ser Maestros, es la Literatura Infantil, que proviene de la llamada “cultura universal”. Cuentos, cantos, poesías, fábulas, refranes, rimas, trabalenguas, etc. conforman el universo de contenidos explícitos a través de los cuales hacemos llegar contenidos implícitos a nuestros alumnos.

Con una eficacia formativa ya comprobada, tales componentes literarios van siendo aprendidos por los niños y niñas y, con ellos, actitudes, valores, formas de ser, de pensar, expectativas, concepciones, etc., se van instalando en lo más profundo de su estructura psíquica.

Cuentos como la “Caperucita Roja”, “Blanca Nieve…”, “Los tres ositos”, “La bella durmiente”, “El Príncipe encantado”, etc., que circulan en nuestras aulas y hogares, no son sólo piezas literarias. Ellos son instrumentos de difusión ideológica. Difunden una forma de pensar. Una forma de afrontar los problemas. Una forma de actuar individual y socialmente. Detrás de su forma estética, hay un fondo ideológico.

Igualmente lo tienen las poesías, las fábulas, las canciones, etc. que enseñamos a nuestros niños y niñas tomados de las enciclopedias escolares. Y que nosotros enseñamos a memorizar para que las reciten o canten en cuanta ocasión encontramos propicia en la dinámica escolar.

Es verdad que tienen valor estético que es el que les da carácter literario, pero, su presencia en la escuela cumple otro rol: coadyuvar a la imposición cultural.

Es, entonces, la literatura infantil que circula en nuestros centros educativos, uno de los medios utilizados por la educación actual para conseguir uno de sus propósitos más importantes.

Por ello es que es de la mayor trascendencia que los Maestros que estamos comprometidos con la defensa y preservación de nuestro patrimonio  multicultural y ecológico, que debemos ser todos, utilicemos una nueva literatura infantil. Que creemos una literatura infantil que sirva a los propósitos de preservar nuestros valores regionales, nuestra cosmovisión particular, el aporte creador y milenario de nuestros Pueblos Nativos, indígenas y mestizos, etc. Una literatura infantil a través de la cual induzcamos en nuestros niños y niñas la formación de las actitudes básicas que los capacite para conocernos mejor como región, para comprendernos como peculiaridad histórica y actual, parta abordar la solución de nuestros problemas propios desde nuestra propia perspectiva, para relacionarnos mejor entre culturas, respetándonos mutuamente, sin buscar hegemonismos de un pueblo sobre otro. Una literatura que coadyuve a la destrucción de los mitos ideológicos que hoy condicionan una relación tergiversada con nuestra región.
 
Nuevos cuentos, nuevas canciones, nuevas poesías, nuevas fábulas deben circular en nuestros ambientes escolares para que la educación sea un instrumento que apoye la creación de las condiciones psíquicas y materiales para lograr nuestro desarrollo social; para que el enfrentamiento cultural se transforme en diálogo intercultural; para que nuestra identidad se fortalezca.

Los Maestros tenemos una obligación moral de estar al servicio de objetivos trascendentes: los intereses de nuestra región. Tenemos que defender nuestro patrimonio ecológico y paisajístico. Tenemos que preservar nuestra diversidad cultural y lingüística. Tenemos que luchar por fortalecer nuestra identidad cultural. Tenemos que luchar por nuestra descolonización.

Hay ya algunos esfuerzos en este sentido. Algunos literatos y profesores vienen entregándonos sus creaciones. A ellos tenemos que recurrir para educar a nuestros niños y niñas de una manera diferente. Con nuevos valores. Con nuevas formas de percibir su rol dentro de la sociedad.

Para eso sirve, también, la literatura infantil.

Si constituimos una peculiaridad dentro del contexto nacional, por lo tanto, debemos tener una literatura formativa que responda a dicha peculiaridad.

Por ello es que invitamos a los Maestros a hacer un esfuerzo de creación individual y colectivo para dar vida a nuevos cuentos para nuestros niños y niñas. Nuevas poseías en que aparezcan nuestras palabras, nuestras expresiones propias, nuestra flora, nuestra fauna. Cuentos, poesías, etc. que porten un mensaje lleno de significado para nuestros educandos.

Cuentos y poesías con resonancia psíquica profunda en nuestros niños. Que los capacite para una nueva percepción de sus responsabilidades con nuestra región.

Es necesario que nos propongamos superar la actitud imitativa que se nos enseñó a adoptar en nuestra labor docente. Actitud que nos ha llevado a enseñar contenidos educativos referidos a otras realidades. No a nuestra realidad inmediata. No a nuestro entorno. Razón por la cual nuestros niños salen de la escuela sabiendo más del mundo que de nuestra propia región. Y sin amor por ella, por cierto.

¿Qué responsabilidades sociales queremos que asuman con relación a nuestra región en tales condiciones?

Como puede inferirse de todo lo dicho hasta aquí, nuestra propuesta es que todos los Maestros asumamos la responsabilidad de crear una nueva educación, para  lo cual se requiere recrear sus diversos componentes, en un esfuerzo conjunto y complementario.

Nota: Las fotos mostradas hacen referencia a obras poéticas y de cuentos creadas en nuestra región. 

 
















SEMBLANZA DE ORLANDO CASANOVA HELLLER

A propósito de la VII SEMANA DE LA LITERATURA INFANTIL AMAZÓNICA (*)

 Gabel Daniel Sotil García

Orlando, en una de sus tantas exposiciones
motivacionales
Orlando, el amigo, el maestro, el poeta se nos fue de esta tierra que tanto quiso en 1997. Se nos fue pero dejándonos un legado que aún no hemos aprendido a aprovechar entregándolo a los niños de esta  región para que aprendan a amarla. Sus cuentos y poesías, hermosos instrumentos pedagógicos para la formación estética y axiológica de los educandos, esperan ser leídos por los Maestros y Maestras como él y llevados a las aulas para su plena utilización.

Allí están: “El niño y el chichirichi”, “La oruga que quería vivir”, “El viaje de la vida”, “El mejor regalo”, “La pinsha solitaria”, “La gota de agua”, “Palabra de hombre”, “El pescador embrujado”, “La bella agria”, “El día de las charapas”, “La sachavaca y el tatatau”, “Poemas y colores”, “Cantos de río y sol”. Todos ellos en la dulce espera  de quienes quieran retomarlos en sus mensajes más profundos  e invitarlos a pasar a las aulas de nuestros centros educativos, allí donde forjamos el alma de las nuevas generaciones, para que se llenen de Amazonía.

ORLANDO EGIDIO CASANOVA HELLER, nació en Iquitos un 11 de febrero de 1943, siendo sus padres  Dn. Rómulo Casanova y Dña. Inés Heller Freitas.

Orlando Casanova Heller, 
el creador de cuentos y poesías
con mensaje amazónico.
Hizo sus estudios primarios en el C.E. N° 171 de Iquitos (Calle Condamine). Los estudios secundarios los hizo el 1° y el 5° años en la G.U.E “Mariscal O. R. Benavides” de Iquitos y los años 2°, 3° y 4° en el colegio “Jenaro Herrera” de la ciudad de Contamana. Sus estudios superiores los cursó en la Escuela Normal Superior de Varones, de aquellos años, “Ernesto Montagne Markholz”, egresando en 1969 con el título de Profesor de Educación Primaria.

Su labor profesional la inició en 1970, en el C.E. 60391-61, en la comunidad de Munichis – Yurimaguas (Alto Amazonas). Fue maestro fundador del SUTEP de Alto Amazonas. En 1972 se casó con la bióloga  Paula Flores Rumrrill, de cuya unión nacieron Rómulo y Orlando.

A partir de allí, su vida personal y profesional se irá enriqueciendo con grandiosas experiencias que fueron llenando su existencia, hasta devenir en el literato al que admiramos por habernos dejado valiosas obras de especial valor para la formación de los  niños de nuestra región.

Luego, sería profesor de aula en el C.E. “Fátima” y el C.E. N° 1508 de Yurimaguas, retornando a su ciudad natal  en 1975, asumiendo el cargo de Supervisor de Educación Básica Regular, de la Dirección Departamental de Educación de Loreto. Luego, como profesor de  aula del C.E. N° 60024 de San Juan de Miraflores. En 1980 asume el cargo de Promotor de NEC  N° 01, como especialista  en Educación Artística, cesando en su labor profesional en 1992.

Combinó su labor profesional como deportista, conformando el equipo del CNI y  del “2 de Mayo” en fútbol. Y en básquetbol integró el equipo de “Piratas B-B.C.”. Tuvo una gran afición por la pesca deportiva, la música, el canto, la poesía, el teatro.

Creó cuentos infantiles ilustrados, realizando exposiciones de sus cuentos e ilustraciones de sus obras, a las que complementó con representaciones teatrales. En otra faceta de su proficua creatividad, organizó el V Festival de la Canción Infantil Amazónica.

Aún no le hemos dado el valor que merece en la educación amazónica; por ello es que necesitamos releerlo para entenderlo mejor.

Lector incansable de realidades amazónicas, fue quien mejor supo reconocer el derecho de nuestra flora y nuestra fauna a hacerse presentes en nuestras aulas escolares.
Orlando, en la carátula del tríptico
por la VII SEMANA DE LA LITERATURA
INFANTIL 

Negada su presencia en las aulas amazónicas por el larguísimo lapso de cinco siglos, nuestros animales y plantas recién encontraron en Orlando  quien les abriera el camino para que pudieran ingresar a la Escuela Amazónica, escuela que aún hoy    quiere seguir ignorando su entorno existencial. Que aún hoy se resiste a aceptar su realidad.

Fue él quien, dotándolos de palabra, posibilitó que llegaran a nosotros con un mensaje de amor, de puro afecto, de bondad, para pedirnos que no olvidemos nuestra condición de seres racionales; para que no los destruyamos.

No sólo cuidó las formas estéticas, en cuyo cultivo llegó a altos niveles cualitativos, sino que también se preocupó por el mensaje ético.

Surge de su obra una clarísima opción moral en las relaciones que debemos establecer con nuestra naturaleza. Y esa propuesta moral no es sino la revaloración de una de las grandes creaciones de las culturas originarias de esta Amazonía: la relación armoniosa, el respeto por la naturaleza, la reverencia hacia ella.

Desde nuestra interioridad cultural regional nos ha dejado una propuesta planteada: tenemos un riquísimo imaginario cultural propio al que debemos recurrir para educar a las nuevas generaciones de loretanos.

Murió el 12 de junio de 1997, en la sala de emergencia del I.P.S.S (hoy EsSalud), después de una larga enfermedad. Pero, esa muerte física es superada largamente por su pervivencia espiritual como uno de los Maestros más creativos de nuestra región, a quien debemos recurrir para reavivar los mensajes que nos dejara en sus cuentos y poesías.

Sus obras nos ofrecen un límpido y perseverante amor por la vida. Nos enseña la sabiduría del hombre amazónico en su relación con la naturaleza y nos transmite auténtico espíritu de lucha por la justicia y la libertad.

(*) El Día de la Literatura Infantil Regional fue establecido por la Dirección Regional de Educación, mediante Resolución Directoral N°01662-99-CETAR-L-DREL-D, 17-12-99 ("Declarar el día 12 de junio de cada año el "Día de la Literatura Infantil Regional", Art. Primero)


jueves, 12 de septiembre de 2013

EN TORNO AL FESTIVAL DEL BOSQUE (2)

Prof. Gabel Daniel Sotil García

El FESTIVAL DEL BOSQUE en nuestra región
expresa el compromiso del magisterio con la creación de
una nueva educación.
De acuerdo a los paradigmas tradicionales, en nuestra región (como en todo el país) en el mes de septiembre se celebraba la llegada de la PRIMAVERA,  estación climática que, en teoría para nosotros, representa el reinicio del ciclo vital de la naturaleza, manifestado en el reflorecimiento (rejuvenecimiento) de las plantas, el alegre cantar de las aves silvestres, la sensación de una nueva vitalidad en el ambiente, etc. Es la expresión de la JUVENTUD, como época de las mayores ganas de vivir la vida. En los centros educativos, todos ellos poblados por niños y jóvenes, a la supuesta llegada de esta estación se le dedicaba especiales actividades, entre las que invariablemente se elegía a la niña o señorita REINA DE LA PRIMAVERA, que presidía todo un programa celebratorio que copaba hasta una semana de festejos en homenaje a dicha estación climática.

Niños aprendiendo a celebrar la hermosa
naturaleza en la que vivimos. 
Pero, en la medida en que los conocimientos científicos acerca de nuestra región se han hecho más extensos y profundos, los maestros y maestras, sobre todo, nos hemos dado cuenta de que en ella no existen las notables diferencias climáticas entre una y otra estación que se dan en otros lugares de nuestro planeta ubicados en determinadas latitudes, dado que las variaciones de la condiciones ambientales son mínimas, distinguiéndose solamente las épocas de vaciante y de creciente, según que disminuya o aumente la frecuencia de las lluvias, de acuerdo a las leyes que gobiernan la dinámica de los fenómenos meteorológicos y, con ello, el incremento o reducción leve del promedio de temperatura. Por lo tanto, se nos ha hecho evidente que la PRIMAVERA es una estación plenamente incompatible con nuestras condiciones climáticas, que a estas alturas de los avances científicos ya no pueden ser ignoradas, por lo que celebrar su presencia constituye un total engaño a nuestros educandos.

A ello se agrega que las nuevas corrientes tanto pedagógicas como ambientalistas, vienen exigiendo de los Maestros y Maestras una mayor atención al entorno inmediato del niño, para que la acción formativa sea cada vez más coherente con las características y condiciones de los componentes de su escenario existencial: lo ecológico y lo sociocultural; lo cual, sin duda repercutirá en un proceso formativo más rico y significativo, tal y como lo plantea la corriente del constructivismo pedagógico, en el cual confluyen los aportes tanto del constructivismo sociológico como los del constructivismo psicológico.

Todo ello ha repercutido en el surgimiento de la necesidad de crear en nuestra región una festividad escolar plenamente coherente con nuestras condiciones ecológicas, en cuyo marco celebratorio se promueva el conocimiento de nuestra realidad ambiental, el establecimiento de relaciones afectivas con sus componentes y se comprometa a las nuevas generaciones a una férrea defensa  de nuestro ambiente. Esa festividad es, precisamente, el denominado FESTIVAL DEL BOSQUE, cuya celebración  tiene una especial trascendencia formativa.

Aprendiendo a expresar compromisos y protestas
 ante las agresiones a nuestro bosque.
La cifras que expresan el avance destructor de nuestro bosque, así como las referidas a la consecuente extinción de especies florísticas y faunísticas en nuestra región, tienen que merecer respuestas sociales dirigidas a morigerar y anular tales efectos, pues no se trata de tragedias causadas por fenómenos naturales, sino por la irreflexiva e irresponsable acción humana, producto de una malformación psicológica, de la que hemos sido víctimas desde que se cambiaran los patrones tradicionales de relación con nuestro entorno ambiental.

Cambio que, no sólo afecta al ambiente físico en el que vivimos, sino, y fundamentalmente, a los Pueblos cuyas culturas tienen raigambre y esencia forestal, quienes hoy vienen sufriendo los embates depredantes de la cultura dominante, regida por patrones contrapuestos a los suyos.

Por cierto que la acción para cambiar estos efectos tiene que, ineludiblemente, involucrar a la EDUCACIÓN FORMAL, es decir, a la acción que se realiza en los Centros Educativos, en los cuales nuestros  niños reciben los mensajes cognoscitivos, intelectuales, actitudinales y axiológicos a partir de los cuales determinan sus relaciones con su universos existencial

Niños asumiendo la caracterización de los seres de su entorno
forestal, así aprenden a quererlos.
Es en la intimidad de estas instituciones en donde los niños y niñas deben ser formados cotidianamente para establecer nuevas relaciones con su ambiente, más aún ahora que las tentaciones  de la artificialidad tienen un carácter agresivo para nuestra juventud, en ambientes en los cuales aprenden cada vez más a alejarse de lo natural, a pesar de tener una naturaleza tan pródiga en todas sus manifestaciones.

Son, justamente, éstos los propósitos de esta creación llamada FESTIVAL DEL BOSQUE que, iniciado en 1989, viene siendo una festividad integrante de la actividad escolar anual en los centros de nuestra región, oficializada por la Dirección Regional de Educación el 22 de junio del 2000, mediante Resolución Directoral N° 02642-2000-CTAR-L-DREL-D.

Debe tenerse en cuenta que esta propuesta tenía por finalidad dar inicio al proceso de diversificación curricular en nuestra región, reconociéndola como una actividad con el mayor potencial formativo, a condición de ir enriqueciéndola progresivamente, para nuestros educandos, pues se inscribe en el marco doctrinal de la EDUCACIÓN AMBIENTAL, que para nosotros es, más estrictamente, EDUCACIÓN FORESTAL, planteada como instrumento para superar nuestro actual subdesarrollo regional.

Aprendiendo a vivir emociones relacionadas con su
riqueza forestal.
De esta manera aseguraremos que este FESTIVAL DEL BOSQUE sea un aporte significativo para la construcción de la educación nueva que requiere nuestra REGIÓN  LORETO que, hoy, con todo derecho y con la participación de todos sus pobladores, debe construir su propia ruta histórica, en el marco de nuestra nacionalidad peruana. 




domingo, 8 de septiembre de 2013

EN TORNO AL FESTIVAL DEL BOSQUE



ACERCA DE LA PRIMAVERA (*)

Gabel Daniel Sotil García

Por características ecológicas, en nuestra Amazonía
no pueden darse las estaciones climáticas de otras
zonas terráqueas.
En nuestro calendario anual existe una fecha de un singular significado: el 23 de setiembre. Con ella se inicia la PRIMAVERA; lo cual es motivo de grandes celebraciones, especialmente a nivel escolar, durante las cuales manifestamos nuestra alegría por su llegada y le rendimos honores por la belleza que ella representa y que se expresa a través del canto de los pajarillos, el florecer del campo, amaneceres más hermosos y en una sublime alegría de la naturaleza que podemos captarla por doquier. En los textos escolares se la describe profusamente y se le dedica varias poesías que los profesores nos esmeramos en hacer que nuestros niños aprendan y luego las reciten en una ceremonia celebratoria que organizamos en nuestros centros educativos presidida, invariablemente por una alumna “Reina de la Primavera”.

A nuestros alumnos les enseñamos que la primavera es la estación más hermosa del año porque, durante los meses que dura, hay algo muy especial en la naturaleza que nos infunde alegría, mayores energías, una mejor disposición de espíritu para afrontar los problemas y, en fin, muchas cosas más. Su significado es mucho más notorio si la comparamos con el Otoño, estación durante la cual , decimos a los niños, la naturaleza se pone triste, tristeza que dura todo el invierno, para luego, trocarse como por encanto, en una explosión de alegría y color en plenitud: es la PRIMAVERA.

En verdad de verdades, todo lo que decimos de la primavera es rigurosamente cierto. No hay nada falso porque, efectivamente, la Primavera como el Otoño, el Invierno, el Verano son cuatro momentos en el ciclo anual terráqueo que se presentan muy distinguiblemente en ciertas zonas  de nuestro planeta. No en todas. Sólo en las zonas intermedias o templadas. Pero no en las zonas polares y, menos, en las tropicales.

En un bosque  húmedo y tropical, es
un contrasentido celebrar la fiesta de la Primaver
a como 

estación climática. 
Foto: Biólogo José Álvarez A.
Nuestro país, por su ubicación geográfica, no tiene primavera. Nuestra región selvática es absolutamente tropical, por tanto, tampoco tiene primavera. Basta hacer un recuento anual de los cambios que se producen en la naturaleza que nos rodea y quedaremos convencidos que en setiembre nada de aquello que hemos descrito se produce. Lo que sí se produce, y a todas luces lo podemos constatar , es un periodo de creciente de los ríos y otro de vaciante, que tienen profundas consecuencias económicas y socio-culturales en nuestra actividad, tanto en el área rural como urbana, en un ciclo repetitivo anual, con fechas de inicio y término bastante precisables.

Entonces, ¿cómo explicamos el especial esmero que ponemos los profesores al celebrar la llegada o el inicio de un fenómeno anual que no tiene lugar en nuestra realidad? ¿Por qué creamos en nuestros niños y jóvenes la percepción de algo que no se da en nuestro medio? ¿Por qué inducimos en ellos una realidad ficticia?

No creemos que basta decir que, como los libros de texto hablan de la primavera, así como de las demás estaciones, la celebremos. Tampoco creemos que sea por disposición de las autoridades educativas, quienes nos obligan a celebrar un fenómeno natural, que no es natural para nosotros.

Creemos que la explicación radica en algo más profundo, sobre lo cual los profesores debemos meditar, también, profundamente. Nos referimos al rol que tradicionalmente viene cumpliendo la educación formal frente a nuestra realidad, rol dentro del cual los profesores tenemos una función muy específica.

Veamos nuestro caso, el caso de la educación en la selva.

Para nadie es un secreto que nuestros niños y jóvenes más conocen la historia de las culturas andinas y costeñas que de las culturas nativas. La palabra Chimú tiene mayor significado que la palabra Asháninka, por ejemplo. Más conocen los niños y jóvenes loretanos del elefante o del león que de la sachavaca o del puma. Los niñitos en los jardines se extasían cantando al “elefante que se balancea sobre la tela de una araña”. Sin embargo, al tuqui-tuqui no le dedican ningún canto, ni una poesía, ni una adivinanza.  Las palabras rey, reina, príncipe, princesa, abundan en los cuentos que relatamos a los niños. ¿Alguien de nosotros ha conocido alguna vez a una princesa?

Sólo son distinguibles las épocas de
vaciante y creciente en nuestra región.
En el proceso educativo de nuestra niñez y juventud, el gran ausente es nuestra realidad natural y sociocultural. Así como no enseñamos nuestra historia regional, nuestras culturas nativas, tampoco promovemos el aprendizaje de nuestra flora y nuestra fauna. En los textos escolares, por ser hechos a nivel nacional, nuestra realidad amazónica es soslayada. Apenas hay referencias vagas, tangenciales, de la realidad selvática. Y nosotros los profesores caemos en el juego de los textos y también ignoramos nuestro contexto circundante y, en vez de promover, dirigir y consolidar un proceso de profundo enraizamiento en nuestra realidad natural y sociocultural  a partir de su conocimiento, lo que hacemos es estimular un profundo enajenamiento de nuestros alumnos respecto a dicha realidad amazónica. Sus adivinanzas deberían referirse a lo nuestro, al igual que las poesías, fábulas, trabalenguas, cuentos, etc.

Todos los medios pedagógicos deberían servir para portar mensajes educativos de nuestro mundo existencial inmediato.

Pero, infelizmente, no es así. En nuestra praxis educativa formamos educandos para otra realidad, realidad ajena, desubicándolos, enajenándolos de la suya. Y con ello los hacemos dependientes y admiradores de otras realidades, otros valores, otras culturas, despreciando lo nuestro. Entonces pues, dentro de este tipo de educación alienante, no es nada raro que celebremos con tanta dedicación y esmero, la fiesta de la primavera. Podríamos decir que, precisamente, tenemos en esta celebración la muestra más contundente de la función alienante que cumplimos los profesores en el proceso formativo de nuestros niños y jóvenes.
¿Por qué no celebramos el inicio de la vaciante de los ríos? ¿O de la creciente? ¿Quién de nosotros ignora la gran importancia que  tienen ambos fenómenos en nuestra vida?

Estos sí son fenómenos naturales que nos afectan  directamente. Son fenómenos que vemos con la contundencia de la realidad. La agricultura, la pesca, la extracción de madera, en fin, toda actividad económica de nuestra región, está signada por tales fenómenos naturales.
Sin embargo, en el devenir de los Jardines, y Escuelas, pasan ignorados tales fenómenos, como si no tuvieran lugar en nuestra realidad. En los Colegios, igualmente.

Bendecidos por la NATURALEZA, debemos aprender y 
enseñar a celebrar las características de las que nos dotó.
No podemos, nosotros los profesores, eximirnos  de la responsabilidad que tenemos en este proceso de alienación. Somos nosotros, en el trabajo curricular diario, quienes generamos, dirigimos y mantenemos este desligamiento de nuestros educandos de su realidad inmediata con la consecuente formación de una personalidad dependiente.

Por ello, creemos, que en algún momento tenemos que iniciar la búsqueda de comportamientos magisteriales más coherentes con nuestra realidad natural y sociocultural. Tenemos que comprometernos en la construcción de una educación acorde con nuestras características, nuestras necesidades, nuestras aspiraciones propias.

El encuentro de una praxis educativa con características regionales, pasa por el abandono de muchos prejuicios que nos hacen conducir un proceso formativo de nuestros niños y jóvenes que sólo acentúa  nuestros problemas sociales antes que contribuir a solucionarlos.

                 
(*)  Artículo publicado por el autor el 11-09-1988, en el semanario KANATARI, pág. 3, para                            fundamentar la propuesta de celebrar un Festival del Bosque en nuestra región, festival                        que fuera aprobado por la Dirección Regional de Educación de Loreto, mediante RD N°                        02642-2000-CTAR-DREL-D, del 22-06-2000.


lunes, 3 de junio de 2013

EL EXILIO DE LAS AVES SILVESTRES

En verdad, estamos transformando a
Iquitos en  una ciudad inhabitable
para árboles, aves y humanos.
Ilust. José Morey Ríos.

Gabel Daniel Sotil García

¿Y dónde estarán las avecillas silvestres
 Deleitosas y de mil colores?
¿Adónde habrán ido
Con sus trinos y cantares? (*)

Por la falta de una educación ambiental pertinente a nuestras características geo-ecológicas, nuestra ciudad viene siendo agredida indeteniblemente en cuanto a su riqueza natural referida a los árboles y las aves silvestres, con quienes armónicamente podríamos muy bien compartir el espacio urbano, de no haberlo transformado en un entorno realmente agresivo para su subsistencia.

De un tiempo a esta parte hemos venido siendo testigos de la insania con la que las recientes gestiones edilicias compiten para destruir aquellos elementos naturales que representan las prodigiosas características con las que la naturaleza nos ha dotado. Regalos portentosos que deberíamos aprender y enseñar a valorar, amar y conservar para disfrutar de sus beneficios.

Los árboles, lo sabemos bien a partir de investigaciones científicas, nos brindan grandes servicios ambientales: su belleza, su frescor, la purificación del aire, hogar para el reposo y anidación de las aves silvestres, etc.

Aves que huyen de las condiciones deprimentes
de la ciuddad.
El PAUCAR. Ilust. Jaime Choclote 
Sin embargo, es fácil ver cómo son maltratados: erradicados, cortados, destruidos con podas hechas con sadismo, sin un elemental criterio estético, como si tuviéramos una profunda aversión a su presencia. Es decir, tratados con caprichos propios de quienes ignoran su importancia, que hacen que muchos de ellos más parezcan esperpentos que nos enrostran, con sus rictus de dolor, sus reproches a nuestro incomprensible proceder.

Debemos inculcar a los niños el amor y respeto  por
los árboles y las avecitas silvestres.
Como consecuencia de dicho atropello, hemos venido quitando hogar a las avecitas silvestres,  arrojándolas del seno de nuestra ciudad, en donde la polución por ruidos y humos, los malos olores y la falta de ramas en donde protegerse y anidar, hacen que emigren hacia los bosques cercanos en procura de la tranquilidad y seguridad que requieren. Simple y llanamente, hemos decretado su exilio, que no puede ser más injusto, pues no son culpables de compartir este espacio con nosotros los humanos.

Hace tiempo que se fueron
Hace tiempo que no están
Hace falta su presencia
Y su canto forestal
Pues sus vuelos ondulantes
Que orlaban el espacio
Se hacen extrañar.

A nuestras autoridades se les ha ocurrido quitar frondosos árboles y remplazarlos por palmeras que, si bien son hermosas y pudieran ser sembradas en determinados ambientes decorativos, no poseen las propiedades protectoras que tienen los árboles, tanto para nosotros como para las propias aves silvestres.

¿A quién se le ocurriría reposar disfrutando el frescor de una de las palmeras que hoy vemos en calles y plazas? ¿Anidan en ellas los pajaritos silvestres?

Al ritmo depredatorio de nuestro bosque que hasta el
momento venimos imprimiendo, dentro de muy poco
este será el paisaje que tendremos.
Ilust. Jaime Choclote.
Una región, como la nuestra, con tanta riqueza en diversidad forestal, cuyos árboles, de fronda prodigiosa, podrían ser mostrados en sectores previa e intencionalmente elegidos para dar belleza natural a nuestra ciudad, reduce sus atractivos a un mínimo de expresiones por falta de criterios para darle la posibilidad de brindar un mensaje ecológico coherente con nuestras características.

Sembrémosles más árboles
Que protejan su vivir
Limpiemos nuestras calles
Y toda la ciudad.


Si bien es verdad que los Municipios no pudieran contar, por motivos presupuestales o de obtusa percepción, con el personal idóneo para tomar este tipo de decisiones, muy bien podrían entrar en convenios con las instituciones que sí les podrían brindar un excelente asesoramiento, como las universidades y centros de investigación. De manera que podamos hacer de la nuestra una ciudad con las características físico-ambientales que requerimos para vivir en un entorno saludable, no solo para los seres humanos, sino también para las plantas y avecitas que demandan nuestra inteligencia para vivir en paz, que es lo que nos reclaman en cada uno de sus cantos matinales y vesperales. Pero, no sigamos maltratando a los pocos árboles que tenemos, con caprichosas podas que afean y destruyen su natural belleza, que tanto requerimos para un mejor vivir.

Recién entonces volverán
Cantarán cada mañana
Y en cada atardecer
Nos darán sus melodías
Y también su amistad.
Depende de nosotros que las avecitas silvestres vuelvan
a adornar nuestros cielos en amaneceres y atardeceres.
Ilust. Jaime Choclote

No sigamos pues, con tanta tozudez, destruyendo nuestra ciudad. En nombre de las avecitas silvestres, que aún quieren venir a embelesarnos con sus melodías, pido a quienes tengan oídos para escuchar, poner término a este injusto exilio y decretar su retorno triunfante para deleite de nuestra vida.



(*) Fragmentos del poema “Mis penas forestales”, publicado en Sotil, Gabel. (2009) “Alegre Amanecer”, poemario para la educación forestal, AECID. Iquitos.

Artículo publicado en semanario KANATARI, 02-06-13, www.ceta.org.pe

lunes, 20 de mayo de 2013

RECONOCIENDO LA TRASCENDENCIA DE NUESTRA DIVERSIDAD CULTURAL Y LINGÜÍSTICA


21 de mayo: Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo
27 de mayo: Día Nacional del Idioma Nativo

Gabel Daniel Sotil García
 
Mapa de la diversidad etno-lingüística
de la Amazonía Peruana.
 “Fuente de intercambios, de innovación y de creatividad, la diversidad cultural es tan necesaria para el género humano como la diversidad biológica para los organismos vivos…es una de las fuentes de desarrollo, entendido no solamente en términos de crecimiento económico, sino también como medio de acceso a una existencia intelectual, afectiva, moral y espiritual satisfactoria” expresa la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural elaborada por la UNESCO en el 2001.


Es sobre las bases de estas premisas que debemos adherirnos a la celebración de estas dos efemérides indicadas en el antetítulo de este artículo, pues ambas hacen referencia a dos riquezas espirituales que, infelizmente, aún no enseñamos a conocer y querer a plenitud en nuestro  país y región.

El BOSQUE, manantial inspirador de la diversidad
cultural y lingüística. Y también, generador de

biodiversidad
En el caso amazónico, ambas, la diversidad cultural y la diversidad lingüística, cuyas fechas debemos conmemorar, se han originado en las entrañas más profundas del BOSQUE, esta entidad cuya trascendencia aún no terminamos de entender respecto a los designios  de los pueblos amazónicos.

Aunque misterioso, exótico y  hasta agresivo para los extraños, sin embargo, el bosque amazónico ha sido el escenario en el que germinaron  grandiosas culturas, cuyas conquistas, si bien no han sido espectaculares,  han tenido un profundo contenido espiritual que debemos aprender a valorar en la complejidad de su significado.

Ceramio cuya pictografía expresa la
particular cosmovisión de una de
las culturas indígenas.
Allí, en sus entrañas, y en el lapso de más de 20 000 años, según estimaciones que aún no terminan de hacerse, germinó un grupo de pueblos distintos con sus propias características que los hacían diferentes entre sí pero que compartieron, y  aún comparten, el profundo amor por su entorno, un acendrado respeto por el bosque, dueños de una cultura eminentemente forestal con diversidad de manifestaciones y cuyos saberes milenarios han sido minusvalorados por la cultura dominante y, por lo tanto, nos siguen pasando desapercibidos.

Hoy, aunque no tengamos un conocimiento preciso del proceso vivido por ellos desde sus orígenes; aunque  las disquisiciones teóricas y científicas no nos expliquen con claridad su génesis, lo  importante es que los reconozcamos como realidades milenarias contundentes, con quienes compartimos este hermoso, complejo y diverso escenario que es la selva, y tratemos de entenderlos en sus características diferentes para nutrirnos mutuamente en un intercambio armonioso de saberes, sin pretensiones de imposición, para hacer que nuestras respectivas culturas sean cada vez más fuertes y respetuosas entre sí.

 Muestra de la particularidad cultural de uno
de los Pueblos que constituyen la riqueza
espiritual del Perú.
Más aún cuando sabemos que en ese largo pero ignoto lapso supieron  construirse como unidades demográficas totalmente originales, creativas, que las convierte en nuestra única reserva nacional para buscar las soluciones a nuestros graves problemas, cuando aprendamos a recurrir, con humildad, a sus capacidades y sus saberes milenarios. Cuando reconozcamos que son nuestra última fuente de creatividad, labrada en este larguísimo lapso, todavía cubierto por un manto de  obscuridad.

Dueños de territorios sin límites, dentro de los cuales se desplazaron a voluntad siguiendo patrones comportamentales frutos de su propia experiencia, han sabido internalizar un sentimiento de libertad motivado por la misma naturaleza, de la que han sabido construirse como parte consustancial, con la más absoluta coherencia existencial.
        
Por ello es que se hace indispensable que nos aboquemos a la construcción de un proyecto de desarrollo común que,  respetando nuestras respectivas personalidades culturales, nos lleve a la concreción de un escenario en el que nos realicemos en el marco de la más auténtica democracia intercultural.
       
Mujeres de la etnia shipibo mostrando
parte de su riqueza cultural
Entre otros, uno de los aspectos en los que debemos concentrar nuestros esfuerzos, por la inminencia de los peligros que los asechan, es en el reconocimiento del valor de sus idiomas, de los sistemas que crearon sistematizando espontáneamente sus experiencias milenarias de comunicación para entregarnos un tesoro de lenguas, cuyas características expresan la sublime creatividad de estos pueblos, que hoy deberían ser reconocidos como componentes fundamentales de nuestra riqueza espiritual, conformantes de nuestra identidad cultural, tanto  regional  como nacional.

Sólo a partir de este reconocimiento haremos los esfuerzos necesarios socialmente para emprender las acciones y proyectos que eviten  la indetenible extinción de la que hoy son objetos por incuria e irresponsabilidad sociales.