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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento Ica, Provincia Palpa, Distrito Río Grande, Caserío "San Jacinto", 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL LIT. INFANTIL, ÁREA EXPR. POÉTICAS, MED •RECONOCIMIENTO MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, GORE LORETO., Condecorado con orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) MINEDU. DIPLOMA DE HONOR, por Congreso de la República. 21-03-2019
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lunes, 28 de enero de 2019

DESAFÍOS Y PERSPECTIVAS DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN LA AMAZONÍA PERUANA


Reflexiones sobre nuestra educación superior amazónica

Gabel Daniel Sotil García


Una  de las consecuencias más importantes que ha tenido la Conferencia Mundial Sobre la Educación Superior, realizada por la UNESCO en París, en 1998, es el reforzamiento de la toma de conciencia acerca de la importancia fundamental que tiene la educación superior para el desarrollo sociocultural y económico y para la construcción del futuro de cualquier sociedad; logro que se expresa en los documentos que fueran elaborados en dicho foro: la “Declaración mundial sobre la educación superior en el Siglo XXI: Visión y Acción” y el “Marco de acción prioritaria para el cambio y el desarrollo de la educación superior”.

Dicha toma de conciencia se ratifica en la reciente realización de la Conferencia Regional de la Educación Superior en América Latina y el Caribe – CRES 2008 – realizada en Cartagena de Indias, Colombia, en junio del presente año, en la que también se ha hecho una declaración, luego del análisis de la situación de la educación superior en América Latina y el Caribe.

En dicha declaración se afirma que los retos y las oportunidades de la educación superior de América Latina y el Caribe deben plantearse a la luz de la integración regional y de los cambios en el contexto global; es decir, respecto a la dinámica interna de los países de la región y respecto al entorno mundial; los mismos que son los siguientes: reforzar el compromiso o responsabilidad social de la universidad, mejorar su calidad y pertinencia y consolidar su autonomía, teniendo como referente el logro de una educación superior para todos y todas, y como meta el logro de  una  mayor cobertura social con calidad, equidad y compromiso con nuestros pueblos.

Es decir, una educación superior en contacto intenso y extenso con su entorno interno y externo.

Es bajo esta percepción que vamos a analizar los desafíos y perspectivas de la educación superior en la Amazonía peruana, teniendo como propósitos centrales los referidos al logro de su calidad y la construcción de su pertinencia, en el marco de la premisa  de que la educación superior tiene  valor esencial para la construcción de un futuro mejor para nuestros pueblos amazónicos.

Ahora bien, a nuestro entender, tales desafíos y  perspectivas de la educación superior en relación a la Amazonía Peruana, prioritariamente debemos buscarlos, en primera instancia, en la propia Amazonía Peruana. Es decir, este hermoso y complejo escenario, llamado selva, es el mayor desafío y ofrece la más amplia perspectiva que tiene la educación superior en esta región.

Y es que hasta hoy la educación superior, así como toda la educación en desarrollo en la Amazonía Peruana, no han sido pensadas desde y para esta realidad, pues el trasfondo ideológico sobre el cual se sustentaran las decisiones para su diseño se ha nutrido de una percepción fundamentada en prejuicios y carencias; por lo tanto, equívoca y tergiversada. Trasfondo cuyo componente fundamental es la visión de la Amazonía como tierra de conquista para todo efecto.
En el documento “Amazonía peruana: investigación para el desarrollo sostenible”, publicado por el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana –IIAP, el Proyecto  FAO y el Tratado de Cooperación Amazónica, en 1998(1) al hacer el análisis de la percepción que la sociedad civil y científica han venido teniendo de nuestra región, estas instituciones expresan “ la falta de categorías epistemológicas para interpretar la diversidad con criterios de diferencia han atribuido a este esplendoroso universo fantasías y falacias que carga a cuestas hasta hoy y que hacen se la ignore en su verdad esencial, en la potencialidad de sus recursos singulares y en las decenas de culturas que mantienen aún, a pesar de la permanente voluntad integradora de la sociedad envolvente, sus raíces milenarias en un armónico diálogo con el hábitat.
Espacio fértil, vacío, homogéneo, pulmón del mundo, sociedades originarias obstáculo para el desarrollo, etc., han sido algunas de las voces que en el fondo han significado una ausencia de entendimiento entre el centro, entrampado en la visión lineal del occidente, y los diferentes espacios y grupos humanos que lo pueblan”(2).
Fantasías y falacias que han funcionado y  vienen funcionando como un conjunto de velos encubridores y deformantes de la realidad amazónica, que han impedido verla a plenitud y en su certeza.

Por cierto que, en la conformación de estas imágenes mentales, interesadas y falsas, el elemento que ha tenido un rol preponderante, aunque no exclusivamente, ha sido el conjunto de mitos ideológicos que circulan en todas las esferas sociales, induciendo una falsa realidad que, sin embargo, ha sido el referente inspirador de tales decisiones. Mitos que han sido y siguen siendo causa y efecto en este círculo vicioso que hoy tiene manifestaciones contundentes en nuestra región.
        
Algunas de esas manifestaciones no son sino el extractivismo - mercantilista, de predominante carácter exportador, producto de la supuesta inagotabilidad de nuestras recursos naturales, que hoy destruye nuestra riqueza ecológica y sociocultural; los solapados, unas veces y abiertos otras, enfrentamientos interculturales productos del racismo, construido sobre el supuesto falso de la inferioridad de las culturas nativas, que nos corroe a todos e impide el logro de los necesarios consensos para lograr nuestro desarrollo, destruyendo nuestra riqueza espiritual; nuestra progresiva despersonalización cultural producida por una persistente y sólida campaña de penetración ideológica mediática, de libre ejercicio destructor y al servicio de intereses transnacionales; la persistencia de  una férrea condición colonial en los paradigmas predominantes que guían nuestra actuación social, esquemas mentales que  nutren y sustentan el universo de decisiones equivocadas al servicio de la consolidación del estatus de dominación en el que hemos caído y del que nos cuesta escapar, por cierto.

Es esta muyuna conceptual la que nos viene proporcionando los criterios con los cuales enfrentamos los diversos problemas que deseamos resolver tanto en el campo educacional como en los demás de importancia social. Por lo tanto, no debe llamarnos la atención el hecho de que la consecuencia más trascendente de esas decisiones sea la pobreza que hoy nos aflige tan dura, tan despiadadamente, a pesar de ser una de las regiones  con mayores recursos naturales y culturales, recursos que significan riqueza potencial para satisfacer nuestras necesidades sociales a condición de aprender a utilizarlos racionalmente, pero que, sin embargo, vienen siendo mal utilizados, desperdiciados, en su finalidad social.

Conforma, por lo tanto, este marco de equívocos históricos la toma de decisiones relativas a la formación del potencial humano, inspiradas en una percepción tergiversada de la Amazonía, que ya hemos puntualizado y un marco axiológico que sólo ha llevado a formar un capital humano apto para descapitalizar a nuestra región, para atentar contra ella, para destruir sus riquezas; pues la direccionalidad básica de esa formación ha sido la defensa de intereses foráneos, que siempre fueron priorizados frente a los intereses de nuestra región.

El haber considerado a nuestra región como un escenario de exclusivo cumplimiento de las decisiones que se toman fuera de ella; el habernos percibido como la gran despensa de inagotables recursos; el no valorarnos como sujetos agentes de historia; el ignorar nuestra complejidad y peculiaridad situacionales, no son sino las consecuencias lógicas y las expresiones de esa falsa percepción que ha inspirado, entre otros, todo el proceso de formación del potencial humano en  esta región y que continúa siendo la plataforma de sustento incuestionada de dicha formación.

Tengo la impresión vivencial de que las instituciones de educación superior, universitarias y no universitarias, de formación técnica o profesional, no han brindado mayor importancia a dicho entorno ideológico, permitiéndole la más plena libertad de acción para condicionar nuestras decisiones en dicho campo. Es decir, hasta hoy, tales instituciones no han hecho objeto de análisis y reflexión dicho sustrato psicosocial, dándole así, libre curso de acción para ejercer sus influencias.

Entonces, el desbrozamiento de esa tupida maraña o floresta mental, que hemos construido los peruanos, y en especial los mismos amazónicos, desde la invasión de la cultura europea, constituye  el primer reto de la educación superior, pues el mismo viene inspirando, desde lo más profundo de nuestra estructura psíquica, las decisiones que se toman respecto  a la formación de nuestros profesionales.

Postulamos, por lo tanto, la necesidad de replantearnos el tema de la formación del potencial humano con miras a establecer nuevos criterios que posibiliten formar personas cuyo comportamiento traduzca una plena coherencia con nuestras características, necesidades e intereses   regionales más trascendentes.

Consideramos prioritario el inducir, en este proceso formativo del potencial técnico y profesional, una estructura axiológica que posibilite la superación del extractivismo mercantilista que hoy nos agobia, y la vigencia de un proceso de elevación de la calidad de nuestra vida social a partir de un uso racional de nuestros recursos y manteniendo el equilibrio ecológico, tal y como se viene planteando formalmente, por acuerdo de foros del más alto nivel mundial,  en el marco doctrinal del desarrollo sostenible; que posibilite la superación de mecanismos de imposición ideológico-política sobre las culturas indígenas y la vigencia de relaciones armónicas con miras a lograr una auténtica democracia intercultural; que posibilite la actuación transformadora sobre nuestros recursos naturales en el marco de una sostenibilidad económica, social y ecológica; que promueva el fortalecimiento de los mecanismos psíquicos que posibiliten asumir a plenitud el protagonismo en nuestras propias decisiones, única forma de hacer frente al centralismo, enseñoreado por nuestra propia desidia.

Pero, también es necesario enfatizar la capacitación operativa del nuevo potencial técnico y profesional, en el marco de un fuerte énfasis en la estimulación de la creatividad que posibilite la búsqueda de diversas formas de innovación de los procesos de transformación de nuestros recursos, para un óptimo aprovechamiento de los mismos. Debemos tener muy en cuenta que en los momentos actuales, el proceso de desarrollo y modernización en que está empeñado el gobierno central se basa no sólo en la introducción de conquistas culturales sino en la priorización de la atención a las demandas foráneas (mercado internacional), que no son el producto de nuestra creatividad ni de nuestras necesidades y que, por lo tanto, van a significar la perpetuación de nuestra condición de país subdesarrollado y región con los más altos índices de deficiencias estructurales: pobreza, desnutrición, agresión ambiental, enfrentamientos interculturales, inequidades, etc.

Como consecuencia de nuestra maduración social, todo este trasfondo ideológico, debemos someterlo, pues, a los más profundos, serios, cuestionamientos y generar  nuevos comportamientos sociales e institucionales para que nuestra realidad regional comience a ser percibida desde nuevos parámetros desde su esencia interior: su forestalidad y su pluriculturalidad.

Son, entonces, las instituciones de educación superior las que deben asumir este reto,  para que devengan en instituciones socialmente significativas, en concordancia con un nuevo universo conceptual para dar nuevas respuestas, orgánicamente planteadas.

Un  segundo reto para la educación superior en nuestra región lo constituye la construcción de un nuevo proyecto sociopolítico y cultural, dado que  los proyectos colonial y criollo hasta hoy desarrollados en el lapso de casi medio milenio de historia ajena, sólo han tenido  consecuencias socioculturales, psicológicas, ideológicas, económicas y ecológicas negativas para nuestra región.

Son dichas consecuencias las que nos tienen que llevar a asumir la responsabilidad social de plantear un nuevo proyecto político-social que nos posibilite el desarrollo integral de nuestra región con características cualitativamente distintas.

Por ello es que  uno de los propósitos sociales que con mayor urgencia debemos plantearnos es el construirnos mentalmente como una región esencialmente diversa en lo cultural y ecológico. Es decir, formar una imagen socialmente compartida que sea el correlato coherente con nuestras características regionales; una imagen organizativa, orientadora e impulsora de nuestra actuación social.

Tener un gobierno regional, como que ya los tenemos, no garantiza que “ya somos una región”, si es que en el fuero íntimo de cada uno de nosotros no está bien definida esa imagen. La entidad “región”, desde el punto de vista político, se constituye fundamentalmente por el reconocimiento genérico de que tenemos características diferenciales, respecto al resto de nuestro país, que ameritan compartir una dinámica administrativa conducida por un gobierno reconocido jurídicamente como regional.  Pero, eso es lo formal, pues el fondo esencial y sustento trascendente de nuestra región debe ser la praxis social que desarrollemos, individual y colectivamente, teniéndola como referente cognoscitivo, axiológico-actitudinal y espiritual.

Debemos tener muy en cuenta que este estatus jurídico de región, hoy logrado,  se está concretando luego de una larguísima experiencia nacional de sojuzgamiento por las fuerzas de un centralismo que conformó en cada uno de nosotros una estructura psicológica propia de una situación de dominación y exclusión total respecto a un centro de poder subyugante, deslumbrante, omnipresente e impositivo, que actuó algunas veces burdamente y otras sutilmente, como hasta hoy lo viene haciendo.

Es decir que, por una parte, hemos sido condicionados psicológicamente para obedecer, para acatar decisiones tomadas por quienes han venido usufructuando del poder en las sucesivas épocas de nuestra historia regional. Tenemos hoy, por lo tanto, un substrato psicológico propicio para la espera de las soluciones, no para crearlas, en este marco psicológico de dependencia neo-colonial. De aquí que nos resulte más cómodo esperar que nos digan qué hacer que buscar y construir, con esfuerzo creativo, las soluciones a nuestros problemas.

Por otra parte, el paradigma centralista, dentro del cual venimos actuando en los últimos cinco siglos, ha condicionado a quienes ejercen el poder no sólo para seguir viéndonos en el rol de simples cumplidores de sus órdenes, sino para poner en juego mecanismos que perpetúen dicha situación. Es decir, mandante y mandado compaginan perfectamente en sus respectivos roles para complementarse, de manera que desde lima se nos sigue viendo como los que debemos obedecer sus diversas decisiones y nosotros nos percibimos como quien las debemos obedecer.

Esto es hoy uno de los mayores obstáculos para construir un gobierno regional cualitativamente diferente al gobierno nacional, que se nutrió (y sigue nutriéndose) de nuestra marginación, de nuestra obediencia impuesta, de nuestra lejanía, valiéndose tanto de sutiles como de burdos mecanismos de centralización política, ideológica, social y cultural y, entre ésta, la educacional.

Todo lo cual no demuestra sino que nuestra región amazónica viene siendo profundamente afectada, pues los propósitos y mecanismos hasta hoy activados en el escenario del proyecto socio-político vigente, diseñados para otras realidades, son incompatibles para el logro de mejores condiciones de vida individual y social, dada su diversidad cultural y su forestalidad, equívocamente entendidas por sus agentes.

En este proceso de construcción social de un nuevo proyecto político – social regional, la educación debe jugar un  rol de primera importancia. Educación planteada ex - profesamente con dicho fin; la misma que debe ser asumida y actuante en cada uno de los profesionales que egresen de las aulas de formación con un referente nítido en su mente, que les permita identificarse con la historia común, con la realidad actual que nos desafía por igual en el deber moral de modificarla respetuosamente, sin violentarla,  para bien de todos, y  con un futuro compartido en cuya construcción tenemos todos, personas y pueblos, iguales responsabilidades.

Por todo ello es que nos es ineludible  introducir profundos cambios estructurales en las instituciones de educación superior para plantear una mejor inserción en nuestra realidad amazónica.

En este sentido, un primer criterio que debe tenerse en cuenta es su funcionalidad con nuestras características; es decir que, para modernizar a nuestra institución universitaria tenemos que hacerla funcional con las características propias y diferenciales de nuestra región, a través de la formación de los diversos profesionales para el fortalecimiento de nuestra diversidad sociocultural y la preservación de nuestra diversidad ecológica, en sus componentes biológico y paisajístico. Por otro, deben ser instrumentos para el fortalecimiento de nuestra idiosincrasia sociocultural, de la manera de ser que cada uno de los pueblos ha construido, algunos en un lapso multimilenario (indígenas) y otros en un lapso multisecular (mestizos).

En segundo lugar, la modernización de la formación de los profesionales es hacerla funcional con nuestras necesidades. Y la primera necesidad surge de la diversidad cultural que nos caracteriza, en el sentido de construir una formación profesional que propicie la comunicación intercultural, como ya no puede ser de otra manera. Es decir, que sea instrumento de interculturalidad; para las relaciones armónicas entre las culturas asentadas en esta inmensa región. Una segunda necesidad es la preservación de nuestras riquezas regionales: la diversidad biológica y diversidad cultural. Ambas constituyen para nosotros dos tesoros que debemos conocer y preservar, a partir de una formación profesional y una actuación institucional pensadas ex - profesamente para dicho fin, formando a todos los nuevos profesionales con los conocimientos, actitudes y valores que hagan posible una actuación individual y social que propicie la defensa y preservación de tales riquezas. Una tercera necesidad que tenemos en nuestra región es la puesta en vigencia del desarrollo sustentable, partiendo de la constatación de que el extractivismo mercantilista, hoy vigente,  es totalmente nocivo para la preservación de las riquezas ya mencionadas. En el logro de este propósito social, la formación que reciban los futuros profesionales tiene que jugar un papel de primera importancia, pues sólo ella posibilita la inducción de los contenidos psicológicos propicios tanto para superar el extractivismo mercantilista como para reemplazarlo por el sistema de uso racional de nuestros recursos naturales. Finalmente, una cuarta necesidad que tenemos en nuestra región es la de promover la vigencia de capacidades psicosociales caracterizadas por la autonomía decisional de las personas; es decir, que superen la dependencia, la pasividad y el conformismo, que hoy impiden a las comunidades asumir un rol protagónico en la solución de sus problemas y la construcción de proyectos sociales endógenos, que nazcan desde su propia interioridad. En este propósito, de la mayor importancia, la UNAP tiene una enorme responsabilidad.

Un tercer criterio que debemos tener en cuenta para la modernización de la educación superior, es que tenga potencialidad prospectiva. Con ello queremos decir que la formación de los nuevos profesionales debe ser pensada para que posibilite la búsqueda de mejores niveles de vida social. Que les provea de actitudes y habilidades analíticas, cuestionadoras, reflexivas, creativas y propositivas frente a nuestra realidad y con compromiso social y solidaridad. Además, debe proveerles de una visión a largo plazo, para superar el cortoplacismo que hoy signa nuestra percepción de la dinámica social. Con ello ganaríamos en capacidad previsora para elaborar proyectos sociales que involucren nuestro futuro y el uso racional de nuestros esfuerzos comunales para la búsqueda de nuestro bienestar social.

Es decir, pretendemos una universidad actuante en el proceso de cambios que viene operándose en nuestra interioridad regional; para reforzarlos, para consolidarlos;  cambios tales como la conciencia de nuestra peculiaridad regional, es decir, la conciencia de que somos una región que tiene sus propias características ecológicas, socioculturales, históricas, etc., debido a diversos factores que vienen actuando desde campos diferentes; conciencia del valor individual y social   de nuestro ambiente, que nos está haciendo sentir, cada vez con mayor urgencia la necesidad de una educación ambiental planteada para la defensa de nuestro entorno amazónico, a partir de una relación armoniosa con nuestra naturaleza; la conciencia de nuestra diversidad cultural, que cada vez es más evidente, pues somos más conscientes de que en nuestra región existen otras culturas diferentes a la mestiza, hoy hegemónica, lo cual exige una orientación intercultural, como ya fuera dicho. Otro cambio que se viene operando en nuestra sociedad, aunque no tan nítida y extensamente como sería deseable, es la percepción de nuestra diversidad cultural asumida como un potencial para nuestro desarrollo, con lo cual estamos superando el tradicional prejuicio de que nuestro atraso o subdesarrollo nacional y regional es causado por la presencia de los pueblos indígenas. Al anterior, debe agregarse el reconocimiento del derecho de los pueblos indígenas a ser protagonistas de su propio desarrollo, actitud que la vienen conquistando los propios pueblos indígenas con sus luchas reivindicativas, lucha que debe tener en nuestra universidad una institución plenamente comprometida; todo lo cual nos lleva al necesario debilitamiento de nuestro racismo y la necesidad de educar a las nuevas generaciones de profesionales en una nueva ética y valores concordantes con esta nueva actitud de respeto entre culturas. Finalmente, diremos que ya se hace evidente que requerimos de la sociedad nacional, gobierno central incluido, de un trato coherente con nuestras características regionales propias, reconocimiento en el que las instituciones de educación superior deben jugar un papel de suma importancia.


Todos estos cambios, que vienen operándose en la sociedad amazónica, deben merecer una respuesta de nuestra universidad e institutos superiores, desarrollando un proceso formativo de los nuevos profesionales con plena coherencia teleológica, con lo cual lograremos la más absoluta significatividad social.












lunes, 16 de abril de 2018

“LA UNAP: PENSANDO SU FUTURO” (*)



El autor desarrollando su exposición.
Gabel Daniel Sotil García

Señores………………………..

Permítanme agradecer a todos ustedes por esta oportunidad, que la aprovecharé para expresar algunas de las más importantes reflexiones que, de una u otra manera, he vertido a lo largo de estos 35 últimos años de servicios a esta institución, en escritos que he venido entregando en cuanta oportunidad he considerado pertinente, muchos de las cuales constan en el archivo digital de la webunap.

Hoy, 57 años después de su creación, las expectativas de la UNAP por recorrer el camino se van clarificando con el paso de los años y los objetivos, primigeniamente planteados, se van dilucidando y transformando en faros con mayor luminosidad.

Nuestro afán de contribuir con  tales expectativas y objetivos nos ha venido impulsando, en estos últimos años, a una permanente actitud crítica y cuestionadora, pero fundamentalmente aportante, de nuestro actuar institucional, coadyuvante de los esfuerzos realizados por otras personas, para darle a nuestra universidad, los insumos fundamentales para  construirse una personalidad existencial con características muy propias, pues consideramos que nuestro afán se viene centrando en parecernos, lo más posible, a otras universidades, a las que tomamos como paradigmáticas.

Claro, no podemos dejar de parecernos en esencia a otras instituciones universitarias, pero se hace indispensable que nos construyamos como diferentes en la medida en que tenemos un entorno con características y necesidades propias y, por lo tanto, compromisos históricos peculiares, racionalmente diferenciales, pues dichos factores deben ser los vectores que orienten e impulsen nuestra organización y direccionalidad y justifiquen nuestra existencia institucional.

Es bajo esta premisa que paso a proponer algunas reflexiones que tienen que ver, precisamente, con nuestra institución, con el afán de generar una atmósfera, tanto interna como externa, dentro de la cual ir construyéndonos de una manera distinta; es decir, dar vida a una universidad original, sui géneris, pertinente a sus circunstancias y de plena trascendencia para contribuir con el proceso de humanización de nuestra HUMANIDAD desde nuestras perspectivas, pues el entorno dentro del cual desarrollamos nuestra dinámica no nos limita, pero sí es el venero del cual deben provenir los principales impulsos que guíen nuestro actuar.

Tomo conciencia, en primer lugar, del paso de estos 57 años en que hemos venido desarrollando un modelo organizativo-funcional que nos ha permitido consolidar nuestra institucionalidad con las características que le conocemos en concordancia con los criterios prevalentes en las circunstancias históricas que hemos vivido.

Sin embargo, se nos hace indispensable buscar nuevos caminos en los cuales ir plasmando nuevas ideas en búsqueda de nuevas formas de ser sin dejar de responder a esos mandatos sociales que nos han consolidado como la institución formadora del potencial profesional en nuestra región, de acuerdo a las urgencias, paradigmas y aspiraciones que fueron sus referentes.

Para ello necesitamos que nuestra UNAP, agente de transformación y preservación a la vez, en esta región, asuma un mayor compromiso de presencia en la intimidad misma de nuestra sociedad amazónica, teniendo siempre presente que nuestra universidad “Nació y germinó en el humus de las frustraciones sociales que las generaciones de una época experimentaran frente a un sistema político-social marginante y despectivo con nuestra región; pero, también como una propuesta de esperanza y optimismo para demostrar que en este reino de los árboles también se pueden construir sólidas estructuras que desafían al tiempo, para demostrar nuestras capacidades colectivas para dar forma cultural a nuestros anhelos más sentidos y abonadas por la fortaleza reivindicativa que insufla el poder marginante y centralista”. (*)

Es, por lo tanto, un reto de primer orden el propiciar que nuestra región eleve su estatus de reconocimiento en el consenso nacional. Que, de esa situación incolora, difuminada que hoy nos lacera, como si nuestro país careciera de su existencia, nuestra universidad debe proponerse, conjuntamente con otras instituciones, darle relieve a su presencia en las dimensiones psicoafectivas e intelectuales de los pueblos de nuestro país. Vivir en una situación de casi anonimato, repercute en una especie de semiclandestinidad frente a los poderes legales de nuestra nación, lo cual posibilita que seamos vistos como si fuéramos una región de segundo orden en cuanto a las prioridades que se establecen en el manejo político-administrativo nacional.

Por otra parte, se hace indispensable fortalecer nuestra presencia en la dinámica del tejido sociocultural de nuestras comunidades regionales. No es suficiente que la colectividad “sepa” que existimos como institución sino que nos “vea” en acción de orientación, de estímulo, de creación, de injerencia planteando, generando respuestas, apoyando iniciativas ciudadanas, generando opiniones, orientando la búsqueda de soluciones a los problemas, ayudando a pensar, opinando, pronunciándonos, dejando oír nuestra voz, marcando rutas intelectuales. En este aspecto es necesario que la UNAP asuma un rol de mayor presencia y protagonismo en el concierto de la ciudadanía amazónica.

Contando con el potencial académico-investigativo del cual  hoy dispone la UNAP, que le está permitiendo consolidar su rol de institución formadora de profesionales, su presencia, más allá de los límites burocráticos debe traducirse en un mayor dinamismo de apoyo al pensar y actuar ciudadanos.   

Dinamismo que debe expresarse en una gestión más agresiva para superar el extractivismo mercantilista de carácter exportador (primario) que hoy signa toda la actividad económica regional, con todos los efectos depredantes de nuestras riquezas materiales y culturales que venimos observando. La diversificación de nuestra dinámica productiva tiene que contar con nuestra presencia de una manera sobresaliente a través de  nuestros egresados, quienes deben ser equipados psicológicamente para dar un óptimo uso a nuestros recursos. Hay que tener presente que el desarrollo regional, sustentable, endógeno e intercultural de nuestra región solo será posible con la más plena participación de nuestra universidad.

Marginarnos de esta responsabilidad o mediatizarla, solo significará traicionar nuestro compromiso moral con nuestra región.

En lo que corresponde a la PROYECCIÓN SOCIAL institucional, nuestra universidad debe estimular la elevación de las cualidades intelectuales de la comunidad, proponer y generar orientaciones o corrientes de opinión, debe ofrecer alternativas a la solución de los problemas sociales, ambientales, compromisos actitudinales, movilizar a la comunidad, tanto interna como externa, a la búsqueda de mejores condiciones de vida.

Es decir, la Universidad no puede ser un ente para sí mismo, enclaustrado y prisionero de sus propias dimensiones físicas. En este sentido, el rol de nuestra universidad, no es funcionar simplemente, sino funcionar movilizando a la sociedad de su entorno.

Generar movimiento social creativo, debe ser su máxima aspiración. Ello implica una actitud de inconformidad permanente del colectivo institucional, que debe nacer de una práctica de constante disconformidad, pero no para destruir sino para proponer. Y que debe expresarse en una coherente actitud de auscultación de su escenario existencial para detectar los vacíos generados por su omisión funcional.

En este sentido se hace indispensable que el potencial profesional de la UNAP se ponga al servicio de una mayor comunicación con el colectivo social, generando una extensa gama de nexos de comunicación escrita, en los diversos campos de formación profesional, en donde la colectividad espera que seamos nosotros quienes mejor comuniquemos los hallazgos de nuestra realidad. Escribir para comunicar, escribir para motivar, escribir para orientar, escribir para construir formas de pensar, corrientes de opinión, enfoques de análisis, etc.

En este aspecto, adolecemos de un gran déficit: estamos escribiendo solo para la comunidad investigativa, que es muy reducida y tiene objetivos muy puntuales.

El Sr. rector, Dr. Heiter Valderrama, dirigiéndose
a los asistentes.
Respecto al bosque, nuestro hábitat natural, la conservación del bosque húmedo tropical deberá constituirse en un núcleo temático recurrente y globalizador de sus acciones a partir de un plan de desarrollo social que, elaborado en su interioridad, deberá imbricarse con programas de acción de defensa ecológica  de carácter regional, interinstitucional.

El enfrentamiento de esta cuestión deberá hacerse desde dos perspectivas, claramente definidas: la científica y la de los Pueblos Indígenas amazónicos.

Desde la perspectiva científica, recurriendo a los aportes de la ciencia y la tecnología modernas, selectivamente aplicados.

Desde la perspectiva de los Pueblos Indígenas amazónicos, recurriendo  al conocimiento de su milenaria experiencia de trato armónico con su entorno ecológico.

Requerimos, entonces, tomar plena conciencia  de que las culturas indígenas amazónicas constituyen el aporte más claro y evidente de que nuestro bosque húmedo tropical requiere una relación muy específica, que tiene que ser conocida y reactivada por quienes, desde la cultura mestiza, de raigambre euro-occidental, venimos demostrando el desconocimiento de sus leyes poniendo en práctica comportamientos individuales, sociales e institucionales negativos para su conservación.

El recurrir a la sabiduría ancestral de nuestros pueblos originarios, reivindicados  hoy en día por haber sabido  establecer una relación que haríamos muy bien en calificar de la más auténtica sustentabilidad, obliga a nuestra universidad a revitalizar la estructura de valores dentro de la cual fue posible este tipo de relación con el medio ambiente.

Será, entonces, una misión de la mayor necesidad promover el más profundo conocimiento de esa atmósfera axiológica y asumirla como praxis institucional, tanto al interior como en las relaciones interinstitucionales.

En este sentido, nuestra Universidad debe proponerse que la formación de nuestros estudiantes evidencie una definida  direccionalidad intercultural en el marco del fortalecimiento de nuestra identidad cultural regional, como instrumentos actitudinales básicos e indispensables para afrontar los retos de un milenio en el que el lema "Unidad en la diversidad” deberá ser la norma de convivencia pacífica entre los hombres y entre las culturas.

Por cierto que todo este proceso implica un gran esfuerzo creativo para modernizar a nuestra universidad en concordancia con los criterios de contextualización institucional a la que aspiramos, que son los que garantizarán su pertinencia, base para juzgar su calidad.

Es decir, a futuro pretendemos una universidad actuante en el proceso de cambios que viene operándose en nuestra interioridad regional; cambios que deben merecer una respuesta de nuestra universidad, desarrollando un proceso formativo de los nuevos profesionales con  aptitudes y actitudes para crear y producir, con lo cual lograremos la más absoluta significatividad social ya planteada, que es la base para el logro de nuestra acreditación institucional, tanto la de carácter burocrático formal como la de carácter social, a las que aspiramos realistamente, en concordancia con las exigencias de tal condición.
El sustentante de la exposición.

Prefiguramos, pues, un futuro promisorio social, académico e investigativo para nuestra universidad, en base a la plena participación creativa, aportante, comprometida de todos sus miembros, más allá de divisionismos internos que solo obstruyen nuestros logros históricos.

Tengo la impresión, y lo digo con absoluta franqueza, que no hemos sabido aprovechar la entrada en vigencia de la nueva ley universitaria, Ley 30220, cuyo propósito fundamental es la búsqueda y concreción de la calidad, según lo expresado en su Art. 01: “Promueve el mejoramiento continuo de la calidad educativa de las instituciones universitarias como entes fundamentales del desarrollo nacional, de la investigación y de la cultura.” Es decir, no la garantiza, la promueve y quienes tienen que buscarla, somos nosotros adoptando las decisiones pertinentes.

El cambio de un instrumento normativo por otro y su entrada en vigencia debió haber sido precedido por un amplio proceso evaluativo de nuestro accionar en este primer medio siglo de existencia. Nos era indispensable tener un diagnóstico integral para determinar nuestros logros, omisiones, deficiencias, tergiversaciones, frustraciones, potencialidades, posibilidades y necesidades concordantes con las nuevas condiciones mundiales, nacionales y regionales.

No lo hicimos pese a tener un equipo de profesionales con el más alto nivel académico (doctores y magísteres).

Equívoco que nos va a costar muy caro en cuanto a que no sabemos críticamente  cómo hemos funcionado en este medio siglo, tiempo en el cual todo ha cambiado, desde lo ideológico a lo social, cultural, psicológico, etc. respecto a nuestras condiciones primigenias y, por lo tanto, estamos sujetos a la posibilidad de la comisión de los mismos errores y, si tenemos aciertos, serán productos de las probabilidades no de una búsqueda intencionada, como lo implica la ley.

Que necesitamos hacer cambios en los currículos formativos de las Facultades es innegable; pero, ¿cómo hacerlos sin tener un documento normativo de la  institución que dé unidad fundamentadora y direccional respecto a lo que nuestra UNAP aspira para devenir en institución trascendente para el desarrollo de nuestra región?

Que nos es necesario plantearnos, nosotros mismos como unidad institucional, un camino de acción para enfrentar nuestro futuro, pero, ¿cómo hacerlo sin tener un documento normativo que oriente y nos ubique como parte de un conjunto de organismos que tienen una meta común, compartida, es decir, si no tenemos un Plan de Desarrollo Regional al cual servir?

En verdad, tenemos que preguntarnos hacia dónde nos dirigimos, qué queremos en el tiempo, a qué futuro contribuimos. Una necesaria, inevitable, auscultación institucional.

Nuestro accionar no tiene un norte consensuado con nadie. Estamos actuando en la más absoluta orfandad respecto a nuestro entorno social, cultural, económico, geográfico, ecológico, etc. Como si de nosotros nomás dependiera el avance sociocultural, económico, científico, tecnológico, etc. de nuestra región.

Invitados, docentes, alumnos y público en general,
participando de la ceremonia. 

 Y si miramos nuestro interior, cada Facultad está en las mismas condiciones. ¿Qué nos unifica?, ¿Cómo nos complementamos? ¿Cómo sabemos que no nos estamos interfiriendo, duplicando funciones, gastos, esfuerzos, etc.? ¿Cómo sabemos que estamos caminando hacia donde queremos ir? ¿Y cómo sabemos si  este caminar es hacia donde debemos ir? Ni siquiera podemos saber la contribución de cada Facultad al logro institucional y menos a la sociedad.

¿Y con la sociedad? ¿Cuál es nuestra contribución? ¿Cuánto la tenemos en cuenta en nuestros planes de desarrollo? ¿Cómo nos perciben los pueblos a los que creemos servir? ¿Cómo nos evalúan en nuestro actuar respecto a ellos? ¿Cómo nos ven respecto a la satisfacción de sus demandas: el desarrollo, la defensa de nuestros recursos, el fortalecimiento de nuestras potencialidades, etc.? La verdad, no lo sabemos con certeza científica. Todo ello debe ser objeto de la más seria investigación.

No debemos olvidar el efecto destructivo de la deforestación, de la contaminación de nuestras aguas, del arrebato de los territorios indígenas, de la pérdida de nuestra riqueza lingüística, de la pérdida de nuestra biodiversidad, del debilitamiento de nuestra etnodiversidad al ofrecer formación profesional a los jóvenes indígenas con currículos de profundo mestizaje?  ¿Qué  de la degradación de nuestro suelo selvático, del racismo, de la desnutrición infantil, etc. ¿Qué estamos haciendo por enfrentarlos y evitarlos? ¿Cómo estamos preparando a nuestros egresados para afrontar dichos fenómenos? ¿Con qué actitudes y valores? Más parece que el énfasis está puesto en su preparación para enfrentar fenómenos y problemas globales.

 
Tengo la impresión que esta es una de nuestras mayores deficiencias, pues una universidad debe contribuir con la calidad de vida de la sociedad: un conocer mejor, un pensar mejor, un actuar mejor, un uso superior de los recursos que posee, la creación de una actitud optimista  frente a su futuro, una predisposición para la creación coherente no destructiva de su entorno material y espiritual, una mejor comunicación con los pueblos de su entorno, una mejor relación intra e intercultural, etc. En suma, la defensa de nuestra integridad regional.

En fin, creo que tenemos que hacer un especial y serio esfuerzo institucional para replantear nuestra orientación y dinámica. Pero, este esfuerzo tiene que ser colectivo: un acto de toma de conciencia de nuestras responsabilidades y de cómo las estamos cumpliendo frente al encargo que la sociedad nos ha encomendado. Un involucramiento total de toda la comunidad unapense, en una acción plenamente reflexiva frente a lo que ella es y lo que puede ser.

Solo la reflexión respecto a nuestro destino socio-histórico nos permitirá superar el pragmatismo del cual podemos ser víctimas.


(*) Conferencia Magistral en la ceremonia de apertura del Año Académico – 2018 –UNAP
      Iquitos, 13- 04- 2018, Aula magna.


miércoles, 11 de abril de 2018

APORTES PARA UNA REFLEXIÓN ACADÉMICA CON LOS ESTUDIANTES DE EDUCACIÓN




Prof. Gabel Daniel Sotil García
Estimados alumnos:

La reflexión sobre lo que hacemos y, más aún, sobre lo que vamos a hacer es de suma necesidad para clarificarnos en cuanto a lo que deseamos lograr.

Por esta razón, aunque ya no en condición de profesor, sí como un ciudadano interesado en que sigamos construyendo colectivamente esa nueva Región Amazónica, que todos deseamos, es que me atrevo a plantearles estas líneas que pretenden ser aportes para su formación integral, por los años que pasé como docente, tratando de estimular sus capacidades para ser los profesores que ella necesita.

Empezaré por decirles que siempre que iniciamos un nuevo camino lo hacemos con una especial predisposición tanto por la expectativa de recorrerlo como por el logro de los objetivos a que nos conduce. Es natural y necesario que sea así.

En este caso, consideremos que este semestre, al que van a darle inicio,  es un nuevo camino, pero en un nivel superior a los que vienen ya recorriendo para lograr su formación profesional. Para ello deben poner interés y responsabilidad en el aprendizaje de los contenidos previstos en cada una de sus asignaturas, lo cual les posibilitará el logro de muy diversas  capacidades instrumentales de mayor jerarquía en su formación como futuros miembros profesionales del magisterio; en especial la de APRENDER A APRENDER, que es la que les permitirá un autónomo e indetenible proceso de autoformación permanente, que progresivamente se fortalecerá en ustedes, dependiendo de su esfuerzo por lograrla.

Es por esta razón que vuestro proceso de formación profesional debe ser asumido con la mayor racionalidad posible de su parte. Quiere esto decir, administrarlo con sensatez: ser consciente de lo que quieren lograr, tener claridad de metas, esforzarse cotidianamente para lograrlas, percibirse como personas de suma trascendencia e importancia para el desarrollo de nuestra región, fortalecer su autoestima hasta convencerse de ser capaces de lograr lo que se proponen. En suma, poner en juego su inteligencia.
 
Es necesario que tengan en cuenta que todo logro cualitativo en vuestra formación profesional depende, fundamentalmente, de su decisión  por concretarlo.

Predispónganse, en consecuencia, a tener un fructífero proceso de aprendizaje en este semestre. Tengan siempre presente que la razón por la que están en esta Facultad es la  DECISIÓN que cada uno de ustedes tomó para hacerse PROFESIONALES DEL MAGISTERIO. La toma de conciencia de esta acción que cada uno realizó, es el factor predisponente más importante para que hagan todos los esfuerzos necesarios para fortalecer su MOTIVACIÓN para dicho logro.

Lo más importante en el desarrollo de este semestre académico no será lo que hagan sus profesores, sino lo que ustedes, individual y colectivamente, realicen para transformar los contenidos que se desarrollen en mensajes con efectos formativos en cada uno de ustedes. Es decir, USTEDES SERÁN LOS PROTAGONISTAS. De ustedes dependerá la calidad de los aprendizajes que logren.

Piensen que, de la calidad que logren en su proceso de formación, que ahora están desarrollando, dependerá la calidad de su desempeño profesional en el futuro.

Cada clase o sesión de aprendizaje, debe ser tomada por ustedes como una oportunidad que deben aprovechar para formarse mejor; por ello, al término de cada una de ellas, pregúntense sobre los logros obtenidos. ¿Qué aprendí?, ¿Qué nuevos conocimientos?, ¿Nuevos valores?, ¿Nuevas actitudes?, ¿Nueva forma de ver su realidad?, ¿Nueva forma de expresarse?, ¿Nueva forma de relacionarse con los demás?, ¿Nueva forma de percibir la profesión a la que aspiran?, etc. Sólo así irán siendo actores  y testigos de su formación. Sean severos consigo mismos. Exíjanse. Plantéense mayores exigencias cada vez. Corrijan sus deficiencias. Sean valientes para aceptarlas y más lo serán si las superan.

Traten de lograr su autonomía comportamental. Intuyan, anticípense a lo que deben hacer  no sólo aquí sino en su hogar, en su vecindad, etc. No esperen que se lo indiquen. Con ello irán logrando la ruptura de su dependencia psicológica, que es la que no nos permite tomar iniciativas y nos condena a ser  dependientes de voluntades y criterios de otras personas. Deben tener en cuenta que uno de los grandes problemas de nuestra Amazonía es lo que se denomina “el colonialismo mental”. Aún no hemos aprendido socialmente a tomar decisiones propias en función a nuestros particulares intereses, debilidad esta que aprovecha el centralismo para manipularnos de acuerdo a “sus” intereses: imponer su voluntad para continuar haciéndonos más dependientes; mientras, sigue depredando nuestras riquezas. Aprendan a ser autónomos practicando la autonomía.

Les será indispensable que cultiven su sensibilidad frente a los múltiples problemas de nuestra región. Desarrollen su capacidad de sentirse conmocionados por las carencias que afectan a nuestra sociedad y que se expresan en múltiples formas de injusticias, tragedias, males sociales, expoliaciones, corrupción y cuanta lacra social viene siendo descubierta en quienes deberían ser paradigmas de moral social, etc. Superen su indiferencia y comprométanse a prepararse lo mejor posible para incorporarse a la defensa de nuestra sociedad en lo ético-moral, cultural,  ecológico,  jurídico, etc. Ubíquense en su momento histórico, comprometiéndose organizadamente con su tiempo. Reconóscanse formadores de nuevas personalidades: loretanos conscientes y orgullosos de sus riquezas y defensores acérrimos de su heredad.

Consideren que los cursos que son desarrollados en sus planes de estudio, no son solo instrumentos de formación académica. Son instrumentos, en lo fundamental, para que se formen como ciudadanos amazónicos para que luchen, desde el ejercicio de su profesión, eL MAGISTERIO, por los intereses de nuestra Región y, por ende, de nuestro país. Tenemos que aprender a defenderlos, no a asociarnos con quienes sólo quieren aprovecharse de nuestras riquezas materiales y espirituales, sin importarles las consecuencias socioculturales y ecológicas.  No se  hagan cómplices por su indiferencia.

Espero, por lo tanto, que asuman un rol activo en su proceso de formación. Los aprendizajes que los docentes propicien deben ser logrados activamente por ustedes, pues todos ellos tienen carácter estimulante de muy diversas capacidades que deben ir desarrollando para construir su personalidad de futuros profesores y de ciudadanos, miembros de una comunidad en la que ejercerán su “profesionalidad humana”, poniéndose al servicio de los intereses superiores de la HUMANIDAD.

¡FELIZ APRENDIZAJE!




viernes, 29 de diciembre de 2017

LA FORMACIÓN MAGISTERIAL EN LA FCEH DE LA UNAP (*)

En nuestro 56° Aniversario
Local central de la FACULTAD  DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
Y HUMANIDADES   DE LA UNAP.

             Gabel Daniel Sotil García

Considero que el avance creativo de las instituciones está en función a la mirada crítica que se dé a su interior. Es decir, que los auténticos cambios cualitativos no vienen de afuera: se generan en la interioridad institucional. Sin mirada crítica, por efectos de inercia, continuará en su misma ruta, dado que haciendo siempre lo mismo y de la misma forma, se obtienen los mismos resultados.

Por lo tanto, se hace indispensable un mínimo de actitud crítica si es que pretendemos mejorar la calidad de una institución como lo es esta Facultad.

Precisamente, esta exposición tiene este carácter:  ser un ejercicio crítico y propositivo, para generar un escenario de cuestionamiento para intentar elevar nuestros estándares de calidad, en búsqueda de una formación magisterial que responda a nuestras características, necesidades y aspiraciones, teniendo en cuenta que nuestra región posee características propias y diferenciales dentro de nuestro país.

En este sentido, debemos precisar que el ámbito de acción de nuestra universidad comprende tres escenarios mutuamente complementarios: la actividad académica, la investigación científica y la responsabilidad social, lo que podríamos llamar el trípode de nuestra dinámica universitaria.

La teoría de responsabilidad social nos dice que la universidad debe estimular la elevación de las cualidades intelectuales de la comunidad, proponer y generar orientaciones o corrientes de opinión, debe ofrecer alternativas a la solución de los problemas sociales, ambientales, compromisos actitudinales, movilizar a la comunidad, tanto interna como externa, a la búsqueda de mejores condiciones de vida.

Es decir, la Universidad no puede ser un ente para sí mismo, enclaustrado en sus propias dimensiones. El rol de la universidad, y con ello, nuestra Facultad, no es funcionar solamente, sino funcionar movilizando a la sociedad de su entorno. Generar movimiento creativo.

Esto nos lleva al primer punto de análisis: la formación de nuestros estudiantes.

Decano (e) de la FCEH, Dr. JUAN DE DIOS JARA IBARRA,
presidiendo la ceremonia celebratoria.
Lo primero que tengo que decir es que no hemos hecho los suficientes esfuerzos para dar personalidad diferencial a la formación de quienes han optado por el MAGISTERIO en nuestra institución.

Nos hemos dejado llevar por lo que la sede central dispone  a partir de los fundamentos y percepciones que ella tiene, es decir: que la selva es una región de poca importancia para los destinos del país, es solo emporio de recurso naturales, sin mayor presencia humana, con sucesos sin ningún significado formativo para sus nuevas generaciones, con culturas que deben desaparecer si es que queremos lograr nuestro desarrollo regional, etc. Es decir, una visión prejuiciosa, sesgada de nuestra región.

¿Cómo se comprueba esta afirmación?: Simplemente por la poca o nula presencia de contenidos relativos a la realidad histórica y actual de nuestra Amazonía en el espectro formativo curricular de nuestros estudiantes universitarios.
El autor de la nota, en el desarrollo de su  disertación.
Es decir, hace falta un núcleo sólido y común para todos los estudiantes relacionado con lo que somos, con lo que tenemos, con nuestros problemas, con nuestras perspectivas. Nos falta REALIDAD AMAZÓNICA en la mente de nuestros estudiantes

En lo relativo a nuestro país, el Perú no conoce su Amazonía. Para efectos educativos, el Perú es un país  sin selva. Prácticamente, somos una región clandestina en nuestro país. Cuando se habla de la selva, la imagen que evocamos dista muchísimo de lo que somos.

Ahora bien, esta ausencia de Amazonía entre los elementos formativos e informativos de nuestros estudiantes, tiene una grave consecuencia para la educación en nuestra región: su incapacidad para realizar la necesaria DIVERSIFICACIÓN CURRICULAR.

A este respecto, siempre hemos venido pensando que en esta tarea tenemos un rol secundario, subsidiario.

Yo pienso que no es así. En este aspecto, nosotros somos los protagonistas. Es decir, es esta Facultad la que debe generar la diversificación, orientarla, estimularla, etc. Es aquí en donde se debe poner las bases para concretar la pertinencia curricular, tan necesarias para hacer de la educación el verdadero instrumento de desarrollo.

Nuestra Facultad debe generar propuestas, hasta ahora ausentes. Nos hemos adaptado a las exigencias planteadas por el MINEDU,  no hemos querido ser sino el furgón de cola, desperdiciando la oportunidad de encabezar todo un movimiento de renovación de la educación en nuestro país, desconociendo que SOMOS UNA REGIÓN DISTINTA, CON SUS PROPIAS CARACTERÍSTICAS, NECESIDADES Y PERSPECTIVAS DE DESARROLLO CONCORDANTES CON LAS MISMAS. Tenemos legítimo derecho a pensar autónoma y diferencialmente en nosotros, reconociendo que somos parte del Perú.

Sin embargo, no la hemos asumido en su carácter diferencial sino como una prolongación de las demás regiones de nuestro país.

Siendo que aquí deben germinar las acciones conducentes a la diversificación de nuestro currículo regional.

Con mis alumnas de la Especialidad de Lengua y Comunicaciones
de la FCEH.
¿En dónde hay maestros de mayor nivel? ¿Investigadores con mayor experiencia? ¿Profesionales con especial sensibilidad a los problemas que nos aquejan físico-geográficamente, socioculturalmente, políticoeconómicamente, etc.? ¿No se supone que en nuestra Facultad?

En consecuencia, podríamos decir que esta es una deuda que tiene la Facultad con nuestra región.

Siempre hemos esperado que sea el magisterio en servicio el que genere las propuestas. Pero ese magisterio, mayoritariamente egresado de la UNAP, no ha sido preparado para dicha labor en el ámbito de la acción académica.

Cuando nuestro egresado se incorpora a su labor profesional, por cierto que lo hace en la única forma en que aprendió: Es decir, un desempeño aplicativo, acrítico, sumiso, obediente, irreflexivo. Comprometido sólo consigo mismo. Sin entorno de referencia. En las nubes. Sin problemas que le exijan responsabilidades de acción, salvo las de “hacer mis clases”, sin preguntarse  el para qué trascendente de ellas.

No le pusimos, o en todo caso, es muy poco lo que pusimos de cuestionamiento o criticidad en sus actitudes frente a su propia labor. Por lo tanto, no está capacitado para hacer una labor de crítica, de reflexión. Las condiciones que el propio MINEDU va creando con su normatividad, no propicia reflexión y creatividad necesarias para hacer dicha labor de diversificación. Para el MINEDU, la labor del maestro se debe restringir a dar cumplimiento a la normatividad que provee al sistema. No le interesa incentivar la creatividad, el cuestionamiento. No le interesa generar un maestro crítico sino cumplidor de las disposiciones.

Entonces, las bases cognitivas, actitudinales deben ser puestas en el proceso formativo que nosotros conducimos para que germinen en la época de servicio.

Inducir una actitud cuestionadora, crítica en nuestros alumnos. Que se preocupen no solo del hacer clase sino de pensar antes de hacer la clase.


(*) Resumen de la disertación desarrollada con motivo de celebrarse el 56° Aniversario de la  Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades, 28-12-17.