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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento Ica, Provincia Palpa, Distrito Río Grande, Caserío "San Jacinto", 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL LIT. INFANTIL, ÁREA EXPR. POÉTICAS, MED •RECONOCIMIENTO MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, GORE LORETO., Condecorado con orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) MINEDU. DIPLOMA DE HONOR, por Congreso de la República. 21-03-2019

martes, 7 de julio de 2009

UNA EDUCACIÓN PARA QUE EL PERÚ SE APROXIME A LA COMPRENSIÓN DE LA AMAZONÍA


Reflexiones para la diversificación curricular (5)

Gabel Daniel Sotil García

Las consecuencias de esta actitud no sólo las sufre nuestra región sino todo nuestro país, pues hoy nos percibimos, para fines de políticas de desarrollo pertinentes, sólo como un país andino y costeño; mejor dicho, nos hemos formado sin considerar nuestro inmenso e importante componente forestal.

Esta percepción excluyente, marginante de la Amazonía, ha tenido graves consecuencias para nuestro país, pues las clases dominantes han tomado decisiones siempre en el marco de esta perspectiva. Las diversas políticas de los gobiernos que vienen asumiendo el poder, expresan esta forma de percibirnos y es así, cómo, parte central de nuestras preocupaciones, es nuestro crecimiento agrario o el desarrollo de nuestra minería, razón por la cual tenemos ministerios de agricultura y de minería; pero carecemos de instituciones ministeriales encargadas de nuestro patrimonio forestal, salvo la tardía y muy reciente creación del Ministerio del Ambiente.

El centralismo omnímodo, predominante en nuestro país, nos ha impuesto una visión equívoca, falsa, de nuestra realidad nacional y, por lo tanto, las decisiones políticas que tomamos son también equívocas, pues no nos permiten afrontar nuestra realidad, con la riqueza de su diversidad ecológica y sociocultural, sino un falso supuesto sustituto de ella. Como consecuencia, tenemos la persistencia, y agravamiento en muchos casos, de los problemas nacionales.

Es decir, no sólo es nuestra región sino todo el Perú el que se perjudica con esta visión equívoca que tenemos al haber marginado a la Amazonía de la intencionalidad formativa de la educación peruana.

Es por todo ello que requerimos que la educación peruana promueva un acercamiento de todos los peruanos a las reales circunstancias de esta región, para superar los prejuicios que hasta hoy han condicionado las relaciones del resto del país con esta selva, aprendiendo a vernos, también, como un país amazónico, predominantemente forestal, pues en las dos terceras partes del mismo se extiende esa unidad ecológica que llamamos Amazonía Peruana.

Sólo entonces la mirada de los gobernantes costeños logrará ver más acá de los Andes, y valorar a nuestra región como un verdadero potencial para nuestro desarrollo nacional en el marco de una estrategia adecuada a sus características, superando la tradicional actitud de percibirla como un simple reservorio de materias primas y pueblos a sojuzgar, pues, a estar por los efectos que individual y colectivamente venimos causando en este grandioso escenario, podemos afirmar que no estamos equipados convenientemente para desarrollar una dinámica social positiva respecto a su conservación, al mantenimiento de sus potencialidades y a la defensa de sus intereses, para que siga siendo una región forestal generadora de diversidad biológica, social y cultural, como lo viene siendo hasta ahora.

Realidad trágica ésta que ha llevado al Dr. Antonio Brack Egg, insigne ecologista peruano, hoy Ministro del Ambiente, a decir que “la mayor estupidez que estamos haciendo los peruanos es talar nuestra riqueza forestal para realizar actividades agropecuarias y ganaderas”, queriendo con ello trastocar la natural vocación de nuestro bosque, que es la de seguir siendo bosque. Estupidez producto de la ignorancia y ambición mercantilista frente a nuestra realidad, agregamos.

La actuación destructiva de los últimos siglos, desplegada por quienes pertenecemos a la cultura mestiza, en toda su diversidad, evidencia que lo que hemos aprendido de ella no es lo que deberíamos haber aprendido; que lo que sabemos de ella, en toda su complejidad, no corresponde a su realidad. Es decir, nunca la hemos tomado como referente de aprendizaje.

Por ello es que hoy, en que nos es indispensable pensar nuestro futuro colectivamente (no por unos cuantos) y diseñar nuestro desarrollo para beneficio de todos los pueblos y personas que habitamos esta región (no para unos cuantos), nos encontramos con que carecemos de los conocimientos básicos, de los valores y actitudes indispensables, de las destrezas intelectuales apropiadas para abordar tan trascendente tarea social.

En verdad, aprendemos mucho en las instituciones educativas de nuestro país, sabemos bastante, casi enciclopédicamente; pero, lo que hemos aprendido y sabemos ya no nos es útil, en estas circunstancias, para pensar y pensarnos de manera distinta, si es que queremos ser autores de nuestros destinos colectivos, único camino para superar nuestra pobreza, nuestro subdesarrollo, los graves problemas que nos afectan socialmente, ambientalmente y culturalmente.

Y es que casi todo lo que hemos aprendido y venimos aprendiendo no tiene como referente a nuestra realidad; con ello, no nos capacitamos ni para conocerla y amarla y menos para transformarla constructivamente, respetando su raigal pluriculturalidad y su esencial forestalidad.

jueves, 2 de julio de 2009

EL RACISMO O LA ACTITUD DISCRIMINADORA FRENTE A LOS PUEBLOS INDÍGENAS


En torno al conflicto amazónico (2):

Gabel Daniel Sotil García


Los acontecimientos que venimos viviendo en estos últimos tiempos, teniendo como eje central los reclamos de los Pueblos Indígenas (ver Convenio 169 – OIT) de nuestra Amazonía en defensa de sus culturas y territorios y el respeto a sus derechos internacionalmente reconocidos, han tenido la virtud de evidenciarnos una de las patologías o enfermedades más graves que vienen afectando a nuestra sociedad nacional: el racismo; enfermedad ésta que adquiriera categoría de criterio de organización y relaciones sociales y trato interpersonal desde el inicio de la época colonial.

Iniciada en los albores de la misma, pasó, por aprendizaje (contagio cultural), de generación en generación. Este mal consiste en valorar al indígena (dominado) desde la perspectiva del dominador, quien es visto como portador de modos de vida atrasados, primitivos, “gentiles”, sin ningún valor ni mérito para ser considerados como cultura. Modos que, por lo tanto, deben ser cambiados por los comportamientos de la cultura occidental; es decir, la del vencedor, percibida como superior.

La perspectiva que le queda al indígena, entonces, es la de abandonar todos sus logros culturales y asimilarse, incorporarse, a la cultura de su dominador. Esta percepción etnocéntrica, es decir, desde la perspectiva de la cultura del dominante, es la que guió la acción aculturadora desarrollada en nuestra región desde la época de la conquista, acción que consistía en imponer, de cualquier manera, la nueva cultura a los Pueblos Indígenas. “El indio debe dejar de ser indio” para incorporarse a la cultura nacional (la del dominante), era la máxima de esta actitud, según la cual, ellos son los culpables de nuestro subdesarrollo, nuestro atraso como país y región. Si deseamos lograr nuestro desarrollo social, según esta forma de pensar, tenemos que hacer desaparecer todas estas manifestaciones primitivas propias de “ciudadanos de segunda categoría”, según aún expresan alto funcionarios, políticos, intelectuales, periodistas, etc.

Aún hoy hay personas e instituciones que tienen esta forma de percibir a los Pueblos Indígenas (amazónicos y andinos) y, por cierto, desarrollan sus acciones en consonancia con esta percepción. Su mayor preocupación es la de hacer que los indígenas cambien sus modos de vida: idioma, arte, costumbres, religión, forma de ser, etc., pues éstas expresarían formas de ser “primitivas”, “arcaicas”.

El ideal de estas personas e instituciones es asimilar, absorber, a los indígenas a la cultura mestiza que ellas representan. Este racismo es el que se traduce cuando una persona (periodistas, funcionarios, profesionales diversos, jueces, empresarios, personas comunes y corrientes, etc.), al referirse a las personas de alguna de las culturas originarias de nuestra región (y país), las tilda de “indio”, “cholo”, en su connotación despectiva. O cuando alguien emplea el término tribu para referirse a tales culturas. O el término dialecto para referirse a sus sistemas lingüísticos. Pero, también se expresa este racismo cuando decimos “al pueblo hay que culturizarlo” o “al pueblo hay que llevarle cultura”, bajo la convicción de que el pueblo no tiene cultura.

Pero, el racismo no sólo afecta las relaciones con los miembros de las culturas indígenas, sino también entre los integrantes de la misma unidad sociodemográfica, en cuyo interior los individuos son categorizados de acuerdo a muy diversos criterios, generando, así, un panorama social sumamente resquebrajado, fracturado, conflictivo, de jerarquizaciones subjetivas, que imposibilita la comunicación y la comprensión al interior de la sociedad nacional y regional, que, como sabemos, está integrada por personas que no sólo poseen muy diversas condiciones socioeconómicas sino, también, disímiles universos culturales.

Y es que el racismo se sustenta en la premisa “Sólo lo mío vale, lo demás no”. Es decir, lo que yo conozco o sé, lo que creo, mi forma de pensar, mis gustos y temores, la forma en que percibo el mundo, etc., es lo único que vale. Se absolutiza, así, el acervo cultural propio, en detrimento del de los demás.

Por cierto que esta forma de ser y actuar, aprendida en el marco de una colectividad, no posibilita la verdadera comunicación entre personas y menos entre Pueblos. Es el caldo de cultivo para la imposición cultural, para la fracturación social, pues impide los necesarios consensos sociales respecto a un proyecto de desarrollo regional y nacional de nuestra sociedad. Es un vector de conflictos entre las diversas culturas de nuestra región, como muy luctuosamente se ha evidenciado y seguirá evidenciándose mientras la educación nacional, en el marco de una política de estado en esta dirección, no afronte con la debida decisión la superación de esta característica nacional.

Pero esta actitud es mucho más peligrosa si quien piensa así tiene el poder político, dado que todas sus decisiones estarán dirigidas a imponer su cultura por considerarla superior y hacer desaparecer a todas las culturas consideradas inferiores. Efecto que, por cierto, no necesariamente es conscientemente buscado. Como consecuencia, los conocimientos, valores, conquistas prácticas, instrumentos, creencias, manifestaciones artísticas, etc., de los pueblos no dominantes serán despreciados, ignorados y condenados a ser destruidos. En este caso, los de nuestros Pueblos Indígenas, quienes hoy en día no comparten el poder político en nuestro país y, por lo tanto, a sus reclamos no se les reconoce prioridad en la agenda nacional.

Es esta actitud etnocéntrica, racista la que ha causado y viene causando la mayor destrucción de los legados culturales de los Pueblos Originarios (impropiamente llamados “nativos”) de nuestra Amazonía, actitud que aún subsiste en muchas personas e instituciones de nuestra región y país, empeñadas en “civilizar”, “cristianizar”, “modernizar”, “culturizar” “alfabetizar” a los miembros de estos pueblos. Es esta la actitud que viene impidiéndonos el diálogo, el mutuo respeto entre quienes vivimos en esta hermosa y rica región. Es la que impide que logremos los acuerdos necesarios para elaborar un proyecto de desarrollo social que parta del reconocimiento respetuoso de nuestra diversidad sociocultural y nos permita la construcción de una Amazonía escenario para la realización plena de los proyectos de vida de cada uno de los Pueblos que la conforman. Sin exclusiones, sin hegemonismos culturales ni políticos.

sábado, 13 de junio de 2009

¿QUÉ RECLAMAN LOS PUEBLOS INDÍGENAS DE LA AMAZONÍA PERUANA?


En torno al conflicto amazónico (1):

Gabel Daniel Sotil García

Algo muy elemental: ser reconocidos y tratados como PUEBLOS y PERSONAS, reclamo que le hacen a la Cultura hegemónica, la mestiza, en nuestro país, desde hace cinco siglos, pues los actuales conflictos no son más que la continuación coherente de otros que, a lo largo de la historia amazónica, se han venido realizando con el mismo motivo: reclamar respeto a su ser individual y colectivo, respeto al que tienen derecho, al margen de cualquier sistema político social de un país. Se entendería que más aún en el denominado sistema democrático.

Fueron, precisamente, los Pueblos integrantes del mundo cultural Jíbaro (Awajún, Wampis, Achuar, etc.) quienes se opusieron a la invasión cultural española desde el momento mismo del inicio de la conquista (siglo XVI), tal y como ya habían rechazado las incursiones de los Incas Tupac Yupanqui y Wayna Capac, un siglo antes, quienes pretendían conquistarlos imponiéndoles su visión cultural. Sucesos históricos que son, infelizmente, desconocidos por quienes nos movemos en las márgenes culturales euro-occidentales, debido a la educación excluyente dentro de la cual nos venimos formando los peruanos, y no hemos aprendido a mirar desde ni a “la otra orilla”.

Debemos tener en cuenta que, casi todos los que denominamos Pueblos Indígenas, se autodenominan con una palabra de su propio idioma que, traducida al nuestro, generalmente significa “gente”, “persona”. De tal manera que cuando a algún miembro de un Pueblo Indígena, se le pregunta por el nombre con el cual se auto reconoce, él responde “soy gente”, dicho en su idioma. Por ejemplo, si a un miembro de lo que hoy conocemos como pueblo Secoya (Siekoya), le preguntamos ¿quién es?, su respuesta es “Airo Pai”, que significa “soy gente del monte”. (*)

Es decir, tienen una absoluta convicción de su valor trascendente como seres humanos. Es ello lo que les provee de fundamentos existenciales para su elevada autoestima (que los mestizos nos resistimos a reconocer) y orgullo cultural (identidad).

Sin embargo, por efectos de la invasión e imposición cultural europea, quienes se apoderaron de los mecanismos del poder político impusieron, también, nombres para designar a los Pueblos que iban conquistando, pues no reconocían valor al nombre original. Es así que los Pueblos Indígenas comenzaron a ser denominados con palabras que les quitaban el valor de “persona”, “gente”; es así cómo, muchas de las palabras para designarlos tenían realmente significados denigrantes, insultantes (“chamas”, por ejemplo), con las cuales los conquistadores expresaban la actitud de minusvaloración que tenían frente a ellos.

Por cierto que esta actitud de los conquistadores fue general respecto a todos los Pueblos Originarios de cada continente avasallado: América (Abya Yala), Asia, África. Y no sólo respecto a su auto denominación sino a todas sus milenarias y valiosas creaciones culturales. Actitud ésta que no posibilitó valorarlos como seres humanos, condenándolos a un trato discriminatorio, minorizante, ubicándolos en categorías marginales, clandestinas, para efectos del disfrute de las conquistas humanísticas, científicas y tecnológicas de nuestra especie y de su participación en la dinámica sociocultural.

Como esta situación se ha venido agravando en detrimento de dichos Pueblos, absorbidos por países cada vez más poderosos e impositivos (inhumanos), el segmento más lúcido de nuestra especie ha venido y viene luchando por lograr que la humanidad se haga cada vez más HUMANA. Por ello es que, en diversos foros multinacionales, se han tomado acuerdos y establecido normas supranacionales con esta intención.

Entre otros, la Organización Internacional del Trabajo - OIT, reunida en Ginebra, Suiza, en 1989 adoptó los acuerdos que conforman el que hoy conocemos como CONVENIO 169-OIT, en el cual se establece, con carácter vinculante (que obliga) para los países que lo firmen, lo siguiente:
Art. 2., Numeral 1. “Los gobiernos deberán asumir la responsabilidad de desarrollar, con la participación de los pueblos interesados, una acción coordinada y sistemática con miras a proteger los derechos de esos pueblos y a garantizar el respeto de su integridad”.
Artículo 6. Numeral 1. “Al aplicar las disposiciones del presente Convenio, los gobiernos deberán:
a) consultar a los pueblos interesados, mediante procedimientos apropiados y en particular a través de sus instituciones representativas, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente;
Este Convenio fue refrendado por nuestro país en 1994. Es decir, tiene un buen tiempo de vigencia.

Por su parte, la Asamblea General de las Naciones Unidas, ha proclamado, en septiembre de 2007, la DECLARACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS, entre cuyo articulado podemos encontrar las siguientes disposiciones:
Artículo 8
2. Los Estados establecerán mecanismos eficaces para la prevención y el resarcimiento de:
a) Todo acto que tenga por objeto o consecuencia privar a los pueblos y las personas indígenas de su integridad como pueblos distintos o de sus valores culturales o su identidad étnica;
b) Todo acto que tenga por objeto o consecuencia enajenarles sus tierras, territorios o recursos;
e) Toda forma de propaganda que tenga como fin promover o incitar a la discriminación racial o étnica dirigida contra ellos.
Artículo 38
Los Estados, en consulta y cooperación con los pueblos indígenas, adoptarán las medidas apropiadas, incluidas medidas legislativas, para alcanzar los fines de la presente Declaración.

En suma, lo que exigen los Pueblos Indígenas de nuestra región es que en nuestro país se cumplan, simple y llanamente, los compromisos soberanamente asumidos y se pongan en vigencia las disposiciones de jerarquía jurídica superior.

Es decir, los Pueblos Indígenas (no “nativos”) saben perfectamente lo que reclaman, aunque ello no sea del agrado de la élite política, que sigue apegada a visiones anacrónicas, queriendo imponernos lo que es producto de su visión tergiversada de nuestra región amazónica, de acuerdo con la cual la nuestra “es una región con inagotable riqueza material”, que se debe aprovechar sin importar las consecuencias socioculturales y ecológicas.


(*) Juan Marcos Mercier, ofm: PAI y MAI, Tradición Oral Orejón y Siekoya; CETA, Iquitos, pág. 9
Foto: Niñas Achuar. Prof. Julio Trigozo

jueves, 4 de junio de 2009

05 DE JUNIO: DIA DEL MEDIO AMBIENTE


Gabel Daniel Sotil García

La avanzada tecnología inventada por la humanidad nos viene posibilitando contemplar a nuestro planeta como un pequeño cuerpo esférico, rodeado de una delgada y luminiscente cubierta azul, suspendido en el espacio.

Ello nos permite tomar conciencia de lo frágil que es este mundo pequeñito, que forma parte de nuestro sistema solar que, a su vez, es una pequeñísima parte de una inmensidad a la que designamos con la palabra COSMOS.

Rodeado de inmensidades y negritudes siderales, somos apenas un puntito iluminado por nuestro Sol, que gira incansablemente, orlando nuestro sistema.

Es en esa pequeñez y en esa endeblez en donde hemos encontrado un lugar para hacer nuestra vida como especie y compartirlo con otras, con las que hemos establecido una íntima relación en el marco de los diversos escenarios en donde nos hemos asentado, formando unidades demográficas pequeñas y grandes, que llamamos pueblos, ciudades y países.

La ciencia, por su parte, nos dice que las características fundamentales de nuestra vida como especie han sido determinadas por las condiciones de este mundo-planeta que nos cobija por ahora. Planeta que, ahora lo sabemos, es poseedor de condiciones y características con vocación de HUMANIDAD.

Es, así, que vivimos del aire, del agua, del calor, de la flora, de la fauna que lo conforman. De cada partícula que emana de él. Por ello, en cada partecita que hemos ocupado de él hemos inventado nuestros dioses protectores, nuestros mitos, nuestras creencias, nuestros miedos, nuestras alegrías, nuestras leyendas, nuestras costumbres, nuestras instituciones, nuestros valores; es decir, hemos creado nuestra propia cultura.

Como especie, hemos sabido establecer una relación recíproca con nuestro mundo particular dentro de este gran mundo que es nuestra Tierra. Una relación de interinfluencia, en cuya dinámica influimos a la vez que recibimos influencias de nuestro entorno.

Por ello, aquí, en nuestra Amazonía, en esta unidad ecológica denominada bosque húmedo tropical, hemos hecho nuestras propias creaciones en una íntima relación con nuestro ambiente.

A tal punto de intimidad que, todas las culturas de los pueblos originarios asentados en estas latitudes tropicales, han tenido y tienen como centro de referencia al BOSQUE.

Bosque al que respetan hasta límites de la reverencia.

Respeto, por cierto, nacido de una evidente toma de conciencia de la necesidad de una relación armoniosa como requisito para asegurar la pervivencia del grupo humano, en la más contundente demostración de una praxis social de sustentabilidad.

Praxis social que venimos dejando en el olvido, encandilados por la tan fulgurante como falsa luminiscencia de la artificialización en la que nos empeñamos hacer nuestras vidas en el mundo que llamamos moderno. Artificialización que nos hace olvidar lo esencial de nuestra existencia y nos conduce a la propia destrucción, como individuos y como especie, en la medida en que venimos alterando las leyes que gobiernan a nuestra bella naturaleza desde que se conformara como tal.

Hoy, en este DIA DEL MEDIO AMBIENTE, es bueno y necesario que miremos nuestro entorno cultural para evaluar todo lo que tenemos que rescatar de nuestras propias creaciones sociales.

Esto nos obliga a tener que dar respuestas inteligentes, tanto en el nivel individual como colectivo, para afrontar este desafío, que debe concretarse en la defensa y conservación de nuestro Bosque, que hoy es mirado con ojos de codicia materialista y mercantilista.

El enfrentamiento de esta cuestión deberá hacerse desde dos perspectivas claramente definidas: la científica y la de los Pueblos Indígenas Amazónicos.

Desde la perspectiva científica, recurriendo a los aportes de la ciencia y la tecnología modernas, selectivamente aplicados, para no violentar sus leyes.

Desde la perspectiva de los Pueblos Indígenas Amazónicos, recurriendo al conocimiento de su milenaria experiencia de trato armónico con su entorno ecológico.

Requerimos tomar plena conciencia de que las culturas indígenas amazónicas constituyen el aporte más claro y evidente de que nuestro bosque húmedo tropical requiere una relación muy específica, que tiene que ser conocida y reactivada por quienes, desde la cultura mestiza, de raigambre euro occidental, venimos demostrando el desconocimiento de sus leyes y poniendo en práctica comportamientos individuales, sociales e institucionales negativos para su conservación, cuya mayor evidencia se expresa en el proceso de calentamiento global y su correlato inevitable: el cambio climático.

El recurrir a la sabiduría ancestral de nuestros pueblos originarios, reivindicados hoy en día por haber sabido establecer una relación que haríamos muy bien en calificar de la más auténtica sustentabilidad, nos obliga moralmente a revitalizar la estructura de valores dentro de la cual fue posible este tipo de relación con el medio ambiente.

Es éste, así lo consideramos, el llamado más trascendente de este DIA DEL AMBIENTE.

viernes, 29 de mayo de 2009

NUESTRAS RESPONSABILIDADES AMBIENTALES


POR EL DIA MUNDIAL DEL AMBIENTE

Gabel Daniel Sotil García


Quienes hemos asumido profundas responsabilidades en la lucha por promover una conciencia ambientalista, que poco a poco felizmente somos más, no podemos dejar de insistir en comprometer a más personas en esta lucha que, por lo que venimos constatando especialmente en nuestra región, requiere de la participación de todos para revertir las consecuencias negativas que muchos años de actuación irresponsable han ocasionado en nuestro bosque amazónico.

A esta altura de nuestro devenir social, todos los que vivimos en esta región deberíamos ser conscientes de que nuestra vida social e individual la venimos haciendo en el marco maravilloso de un tesoro ecológico, que brinda a nuestra existencia las condiciones materiales, psicológicas y espirituales propicias para desarrollarnos de la forma más trascendente posible y, como consecuencia de ello, retribuir a nuestro entorno ambiental una actuación social lo menos perjudicial posible, para que dichas condiciones perduren por siempre y sigan siendo el mismo escenario portentoso para las nuevas generaciones de amazónicos.

Sin embargo, por acción de una serie compleja de factores confluyentes, esto dista mucho de ser realidad, pues es muy fácil constatar que muchos de los comportamientos que emitimos en nuestra actuación social cotidiana, sea como personas, sea como instituciones o sea socialmente, son profundamente agresivos, destructores de nuestro ambiente.

Son comportamientos que hemos adquirido en una atmósfera de valores (desvalores, mejor dicho) marginales o ajenos a nuestras reales circunstancias sociales y que, por lo tanto, nos han proveído de esquemas mentales negativos o perjudiciales para nuestro ambiente regional, y que, en sus consecuencias más trascendentes, vienen siendo causas del cambio climático mundial en pleno desarrollo.

Es, precisamente, el aspecto axiológico de nuestra actuación social en el que tenemos que centrar nuestros mayores esfuerzos comunes para revertir esta situación “incómoda” en que hemos puesto a nuestro ambiente y, cuyas consecuencias, las venimos pagando todos.

En este camino correctivo social, tenemos que comenzar por ser conscientes de la fuente o manantial de donde fluyen estos desvalores que se han instalado en nosotros y que vienen dirigiendo u orientando, sin que nos demos cuenta, por cierto, nuestra actuación individual y social.

A nuestro parecer, esa fuente está dada por una percepción tergiversada de nuestro bosque, que ha hecho que lo veamos como una simple cosa mercancía) de la que debemos aprovecharnos lo más que podamos; visión que nos fuera impuesta hace ya muchos siglos por quienes fueran nuestros conquistadores culturales en consonancia con su escala propia de valores creada en circunstancias históricas muy diferentes a las nuestras. Esa extrapolación de valores, efectivizada dentro de un marco de dominación política, significó la ruptura, el trastoque, de la tradicional y ancestral relación armoniosa que los Pueblos originarios de esta región supieron establecer con su entorno, producto de la milenaria sabiduría acumulada.

Este cambio de valores tuvo como consecuencia un cambio raigal en la actitud de las personas (hombres y mujeres), pasando de ser un protectoras o defensoras del bosque a transformarse en sus principales destructoras para satisfacer su voracidad mercantilista aprovechando, hasta los límites del agotamiento, los recursos naturales, tan pródigamente ofrecidos.

Esta actitud antiforestal es la que se ha asentado entre nosotros desde los albores de la época colonial y es ella, precisamente, la que tiene que ser erradicada a partir de una educación inteligentemente planteada, para formar en las nuevas generaciones una responsable y respetuosa relación con nuestro ambiente amazónico.

En el nivel humano, no basta vivir. Nos es necesario reflexionar sobre las consecuencias de nuestros actos, sean individuales o sean sociales, sobre nuestro propio entorno ambiental, pues de esta actitud crítica y reflexiva sobre nuestro comportamiento, va a depender nuestro propio futuro.

Tenemos la obligación moral de formarnos en un desempeño existencial pleno de responsabilidades ambientales, que es lo que le dará un significado trascendente a nuestra vida individual y social.
Foto: Río Marañón, del autor,



viernes, 22 de mayo de 2009

AMAZONÍA PERUANA, ¿NO ES NECESARIO CONOCERLA?


Reflexiones para la diversificación curricular (4)

Gabel Daniel Sotil García

Pruebas del profundo desprecio de la riqueza cognoscitiva ancestral y el desconocimiento de nuestra región son las sucesivas épocas de falsas ilusiones sociales generadas en los encuentros de recursos de duración pasajera que, más que soluciones, han significado la profundización de nuestros problemas o la creación de nuevos problemas (boom del caucho, de la madera, de las resinas, del oro, del petróleo). Lo prueba el extractivismo mercantilista, que nos empeñamos en practicar, pese a sus efectos negativos. Lo prueba, también, el protagonismo excluyente que la sociedad mestiza viene desempeñando al margen de los diversos grupos socioculturales presentes en este escenario, cuyo núcleo de dominación tiene como principal propósito centralizar el poder y aprovechar los recursos naturales, al margen de consideraciones de carácter ético y axiológico, tales como la equidad, el respeto, la democracia intercultural, etc.

Nos encontramos, pues, en una región esencialmente considerada, en la percepción nacional y regional, sólo como proveedora de materia prima, en la cual el estado se hace presente sólo en forma controlista y punitiva, como protector de los bienes que le significan divisas, provenientes de las exportaciones, para las arcas nacionales. El rol promotor, organizador, estimulante que debería asumir para crear condiciones endógenas para nuestro desarrollo, se ve sobrepasado por la presencia impositiva que cada gobierno central se empeña en ejercer para demostrarnos su poder, a través de representantes que sólo esperan cumplir las órdenes que les imparten sin importarles sus consecuencias

Por todo ello es que, podemos afirmar, lo más ausente en todo este panorama relacional entre el país y esta región es la necesidad de conocerla y de promover su conocimiento certero, real, más allá de perjudiciales fantasías, que no hacen sino tergiversar nuestra realidad, y, por ende, generar incorrectas decisiones.

Bien podemos afirmar que en estos momentos la Amazonía es la gran desconocida en nuestro país. Y también dentro de nuestra propia región.

Por ello es que no nos extraña que todos los gobiernos centrales se hayan propuesto “desarrollar la Amazonía”. Es decir, actuar en ella para mejorar sus condiciones; pero, ¿qué condiciones? Si no las conocen, mal pueden mejorarlas. Las personas e instituciones que los vienen representando por casi quinientos años, siempre han sido pasajeras; han durado lo que duraba, y a veces mucho menos, la intención de los gobiernos de turno. Quienes venían, con pocas excepciones, lo hacían para ejecutar órdenes, es decir, con un libreto a cumplir para poner en vigencia disposiciones adoptadas muy lejos de la región por gente que la ignoraba en sus peculiaridades, y que no tenía más compromiso que el de cumplir con su encargo burocrático, con agenda pre-establecida, en la cual no cabía ni la más remota posibilidad de buscar respuestas, de crear soluciones a los problemas regionales, pues el guión venía escrito; luego de lo cual, se regresarían seguramente que sin haber visto un solo problema de gran importancia.

Hasta hoy, el país no ha diseñado un plan de acercamiento para conocerla, comprenderla y comprometerse con su desarrollo. Ha preferido mantenerse en el marco conceptual y actitudinal coherente con los prejuicios y esa falsa imagen generada sobre ella a partir de la ignorancia. Por ello es que sólo la viene usando como fuente de recursos (lo más fácil, por cierto) con la complicidad de las propias autoridades regionales, a los que aprovecha explotándolos hasta su extinción. Las pruebas las tenemos en recientes decisiones del más alto nivel gubernamental, todas ellas lesivas a los intereses de esta región.

Hasta hoy, también, muchas instituciones se acercan a ella sólo para conquistarla, es decir, para incorporarla a sus dominios unas veces conceptuales, otras veces axiológicos y, algunas otras, prácticos; pero siempre para servirse de ella, nunca para servirla en sus más altos intereses. Para muchas instituciones (sobre todo religiosas y políticas) y personas, todavía, a la selva se debe llegar con armas de conquista, de imposición, como serían los arcabuces en su tiempo.

El “atraso” de su gente no amerita otra actitud, según esta equívoca, falsa, percepción.

Parecería, por lo tanto, que nuestra región está condenada a sufrir un avasallamiento tras otro. Primero, la evangelización y la castellanización de los “indios” por parte de los conquistadores; más tarde, las acciones de civilización de los “salvajes” por parte de los programas estatales; luego serían los programas de colonización de este “inmenso territorio deshabitado”; hoy, la “modernización” de nuestras formas de vivir mediante las concesiones petroleras, madereras, auríferas, que no son sino mecanismos para viabilizar la desnaturalización de nuestras formas de vida. Los partidos políticos, las organizaciones religiosas a través de sus muy diversas confesiones, las empresas nacionales y trasnacionales, etc. vienen con esa misión: conquistar nuestra región, enseñorearse en ella.

Es decir, siempre objeto de imposición; nunca de conocimiento y comprensión.

Nunca de respeto.
Foto: del autor
Art. publicado en KANATARI, 31-05-09


jueves, 7 de mayo de 2009

LA SELVA, ¿SÓLO ESCENARIO DE CONQUISTAS?


Reflexiones para la diversificación curricular (3)

Gabel Daniel Sotil García

Este proceso de toma de conciencia, trabajado en la intimidad del hogar y en los ambientes sociales que, además, ha recibido el aporte de muy diversos sucesos políticos, culturales, económicos, administrativos, etc., tanto foráneos como internos, es el que ha contribuido a que en nuestra región hayamos venido adoptando actitudes muy poco comprendidas por el resto del país: gobernantes y sociedad civil.

Pues, vista la región en su conjunto desde la perspectiva de los prejuicios geográficos, raciales, culturales, etc., vigentes y frutos de la ignorancia sobre nuestra realidad, la Amazonía aún no logra ser percibida como lo que es sino como se cree que es.

Y esto ha originado que se haya venido tomando decisiones absolutamente erradas respecto a sus actuales condiciones, como lo podemos comprobar en los más recientes periodos gubernamentales nacionales, durante los cuales la mayoría de decisiones tomadas por el Poder Central ha terminado siendo instrumento para ampliar y profundizar nuestros problemas ecológicos, psicosociales, económicos, socioculturales, etc., evidencias de las cuales están a nuestra disposición en estos precisos momentos en el acontecer nacional.

Es decir, nuestra Amazonía no deja de ser percibida con los iniciales mitos ideológicos generados por el conquistador europeo, a los cuales se han adicionado otros creados por sus herederos políticos (que el ribereño es haragán, que el indio es el freno para el desarrollo, que las culturas nativas son la causa de nuestro subdesarrollo nacional, que la selva es el infierno verde, que en la selva se hace dinero fácil y rápidamente, etc.), con la misma finalidad encubridora de aquéllos.

En el marco de este racismo formalizado en nuestro país, nuestra región no deja de ser vista como un escenario de conquistas, en el cual se viene experimentando sucesivamente la extrapolación de modelos alienígenas, foráneos, incompatibles con nuestra realidad, en un vano intento por forzar su realidad para adecuarla a tales esquemas. Por lo tanto, siempre signados por el fracaso.

Racismo que también se expresa en la desconfianza que nosotros, los mismos amazónicos, tenemos en las capacidades de los pueblos y personas de esta región para buscar y encontrar soluciones a nuestros propios problemas, a pesar de ser quienes mejor los conocemos.

La visión del conquistador europeo aún perdura tanto en los agentes del gobierno central como en las personas e instituciones que se acercan a la Amazonía, víctimas de engaños o prejuicios con los cuales justifican sus agresiones y ansias de dominación.

En vez de acercarse a ella para tener un mejor conocimiento y comprensión de su realidad y potencialidades, se ha optado, en el ámbito nacional, oficial y no oficial, por imaginarla atribuyéndole características que no tiene, pero que sirven de referentes a la hora de tomar decisiones con respecto a ella. Una de las cuales es, precisamente, el considerar un absoluto ignorante al poblador nativo, carente de todo conocimiento válido, a quien hay que enseñar a vivir en su ambiente, desconociendo el valor de sus grandes y milenarias conquistas como, por ejemplo, la relación armoniosa, de equilibrio, que supo establecer con la naturaleza, el percibirse como parte consustancial de ella, su cosmovisión forestal, la consideración del bosque como un valor, la curación de enfermedades a partir del uso de infinidad de plantas, la domesticación de animales y plantas, el descubrimiento de técnicas agrícolas (policultivo, rotación en el uso del suelo, etc.), el conocimiento de las propiedades de las plantas (alimenticias, medicinales, psicotrópicas, ornamentales, etc.), uso agrícola adecuado de los suelos de acuerdo a sus propiedades (en lo que pudiéramos calificar de uso práctico de la zonificación económica ecológica, de reciente descubrimiento en la ciencia occidental), uso racional de los recursos forestales (en lo que podríamos denominar uso sustentable de nuestros recursos), etc., que, de ser valorados, tendríamos allí todo el universo de conocimientos, ya validados pues por ellos ha sobrevivido miles de años.

Conocimientos que requerimos para construir un modelo de desarrollo coherente con nuestras características y potencialidades regionales; acervo que, enriquecido con los aportes científicos, tecnológicos y humanísticos actuales, nos permitiría una mayor eficacia y eficiencia sociales para construir nuestro futuro con la más sólida fundamentación factual, en el marco doctrinal del desarrollo sostenible e intercultural.

Nosotros los amazónicos mismos hemos caído en la trampa de la falsa percepción y, hoy, el actuar colectivo de los mestizos, no traduce sino el más profundo desprecio de aquel acervo cognoscitivo ancestral que yace en las comunidades indígenas y ribereñas y también un profundo desconocimiento de nuestro escenario existencial, que se manifiesta a través de las incompatibilidades y efectos negativos evidenciados en esa actuación individual y social.

Foto: del autor. Árbol de ubos