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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento de Ica, Provincia de Palpa, Distrito de Río Grande, Caserío "San Jacinto", en 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad de Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES RECIBIDAS: •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA DE RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL DE LIT. INFANTIL, AREA EXPR. POÉTICAS,MED •RECONOCIMIENTO EN MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (Junio, 2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, l GORE LORETO., Condecorado con la orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) por MINEDU.

LA EDUCACIÓN Y LA CULTURA EN LA AMAZONÍA

LA EDUCACIÓN Y LA CULTURA EN LA
AMAZONÍA

Profesor Gabel Daniel Sotil García

Bien sabemos, por estudios científico-sociales, que nuestra región posee una maravillosa riqueza cultural.

Riqueza cultural que es nuestra riqueza espiritual, encarnada en la diversidad de Pueblos que, en el transcurso de los años de su existencia milenaria, han creado, en el más auténtico sentido de la palabra, sus propias maneras de responder a las condiciones del ambiente particular en el que decidieron hacer su vida social.

Pero, también sabemos que, pese a esta grandiosa riqueza cultural, la educación formal actual se ha puesto al servicio de la imposición de la cultura oficial, determinada por el centralismo omnímodo vigente en nuestro país. Por ello, es muy fácil que constatemos la gran ignorancia que hoy poseemos acerca de las culturas indígenas de nuestra región, a las que aún seguimos considerando como bárbaras, primitivas, atrasadas.

Es decir que, viviendo aquí en la Selva, somos quienes más ignoramos nuestra riqueza cultural.

Los textos escolares nacionales apenas si hacen referencias superficiales y anecdóticas a nuestra realidad cultural. Esa misma es la actitud predominante al interior de las denominadas instituciones educativas.

En ellas nuestros niños no aprenden a conocer, respetar y cultivar el aporte cultural regional. Antes bien, a despreciarlo.

Conocemos más de leyendas griegas o de dioses greco-latinos que de los de nuestras culturas. Los idiomas nativos no son usados como instrumentos de educación, como elementos portadores de culturas, como expresión de nuestro potencial creador. Los dioses que conforman el imaginario cultural indígena son unos grandes desconocidos. En resumen, nada de nuestras creaciones, indígenas y mestizas regionales, figura como contenido educativo.

miércoles, 13 de junio de 2018

LOS AMIGOS DEL BOSQUE Y DE LAS AGUAS


-cuentos amazónicos-

Autor: Luis Alfonso Pinedo Piña

PRÓLOGO (*)

El camino que recorre la formación de un educando, necesariamente tiene que cruzar los campos de la imaginación, para que tenga carácter integral.

Sobre este tema ya se ha hablado a los profesores, de muy diversas formas, para que asuman esta indispensable labor de estimular las muy diversas potencialidades que recibimos de nuestra especie desde nuestra concepción, entre las cuales se encuentra, precisamente, la imaginación, que se  transforma así en el instrumento que posibilita a cada persona desbordar los límites temporales y espaciales en los que hace su vida cotidiana.

Dicho propósito puede ser logrado de muy diversas maneras. Una de ellas, es evidentemente, el cuento, sea impreso, sea oral, pero siempre con una carga de plena intencionalidad  incitadora de las capacidades intrínsecas de cada niño escolar.

En el caso concreto de esta obra, “LOS AMIGOS DEL BOSQUE Y DE LAS AGUAS”, el autor, LUIS ALFONSO PINEDO PIÑA, pletórico de  vivencias forestales, ribereñas, ancestrales, abre diez caminos para llegar  a ese intrincado mundo interior, en donde moran las imágenes que esperan ser estimuladas en la intimidad cerebral.

Imágenes inducidas por la cotidianeidad del actuar de la sociedad, portador de la larguísima experiencia de trato con el bosque y sus criaturas, que constituyen el substrato psicocultural de todo viviente amazónico, en especial, ribereño.

En cada uno de los cuentos vemos fluir espontáneamente el accionar del ser humano con la sachavaca,  la tanrilla, el motelo, la carachama, el yacuruna, el majacito y el actuar, para el bien y el mal, del brujo.

En fin, cada cuento no es sino un virote estimulante al alma forestal, subyacente en cada niño amazónico, para incentivar el renacer del calor del clima, la brisa forestal, el susurro de las aguas, el cántico vesperal de las aves, el ulular de las aves nocturnas, el frescor de las lluvias sorpresivas y tempestuosas. Es decir, simplemente amor al bosque, aprendido desde que, hace ya muchos miles de años, los primeros pobladores llegaran y aceptaran vivir en su regazo.

 Esta obra se inscribe, pues, entre aquellos instrumentos didácticos indispensables para construir amazoneidad y desarrollar creatividad, en el marco del reforzamiento de su identidad, tan indispensables en los actuales momentos en que toda nuestra diversidad cultural sufre el ataque de los medios de comunicación social y toda nuestra identidad pluricultural se ve amenazada por un pseudouniversalismo incoloro, neutro e insípído.
En este sentido, la escuela tiene que asumir el rol de instrumento de reconstrucción de aquello que estamos perdiendo. Mucho dependerá del compromiso del docente en involucrarse en el óptimo uso de este material. En sus manos está el dinamizar los mensajes de este libro de cuentos, para ubicarlos en el contexto real de su labor profesional.

A su autor, a quien felicito efusivamente por la elaboración de estos cuentos y todo su trabajo en el campo pedagógico-didáctico que viene realizando, le pido complementar este instrumento con acciones de motivación y capacitación para un óptimo uso de sus potencialidades. Con ello redondearía y concretaría la intencionalidad formativa de estos cuentos que,  desde ahora quedarán en manos de los docentes de nuestra región.

Iquitos, 06 de junio del 2018.

Prof. GABEL DANIEL SOTIL GARCÍA

 (*) Prólogo al libro "LOS AMIGOS DEL BOSQUE Y DE LAS AGUAS" de pronta publicación.

lunes, 16 de abril de 2018

“LA UNAP: PENSANDO SU FUTURO” (*)



El autor desarrollando su exposición.
Gabel Daniel Sotil García

Señores………………………..

Permítanme agradecer a todos ustedes por esta oportunidad, que la aprovecharé para expresar algunas de las más importantes reflexiones que, de una u otra manera, he vertido a lo largo de estos 35 últimos años de servicios a esta institución, en escritos que he venido entregando en cuanta oportunidad he considerado pertinente, muchos de las cuales constan en el archivo digital de la webunap.

Hoy, 57 años después de su creación, las expectativas de la UNAP por recorrer el camino se van clarificando con el paso de los años y los objetivos, primigeniamente planteados, se van dilucidando y transformando en faros con mayor luminosidad.

Nuestro afán de contribuir con  tales expectativas y objetivos nos ha venido impulsando, en estos últimos años, a una permanente actitud crítica y cuestionadora, pero fundamentalmente aportante, de nuestro actuar institucional, coadyuvante de los esfuerzos realizados por otras personas, para darle a nuestra universidad, los insumos fundamentales para  construirse una personalidad existencial con características muy propias, pues consideramos que nuestro afán se viene centrando en parecernos, lo más posible, a otras universidades, a las que tomamos como paradigmáticas.

Claro, no podemos dejar de parecernos en esencia a otras instituciones universitarias, pero se hace indispensable que nos construyamos como diferentes en la medida en que tenemos un entorno con características y necesidades propias y, por lo tanto, compromisos históricos peculiares, racionalmente diferenciales, pues dichos factores deben ser los vectores que orienten e impulsen nuestra organización y direccionalidad y justifiquen nuestra existencia institucional.

Es bajo esta premisa que paso a proponer algunas reflexiones que tienen que ver, precisamente, con nuestra institución, con el afán de generar una atmósfera, tanto interna como externa, dentro de la cual ir construyéndonos de una manera distinta; es decir, dar vida a una universidad original, sui géneris, pertinente a sus circunstancias y de plena trascendencia para contribuir con el proceso de humanización de nuestra HUMANIDAD desde nuestras perspectivas, pues el entorno dentro del cual desarrollamos nuestra dinámica no nos limita, pero sí es el venero del cual deben provenir los principales impulsos que guíen nuestro actuar.

Tomo conciencia, en primer lugar, del paso de estos 57 años en que hemos venido desarrollando un modelo organizativo-funcional que nos ha permitido consolidar nuestra institucionalidad con las características que le conocemos en concordancia con los criterios prevalentes en las circunstancias históricas que hemos vivido.

Sin embargo, se nos hace indispensable buscar nuevos caminos en los cuales ir plasmando nuevas ideas en búsqueda de nuevas formas de ser sin dejar de responder a esos mandatos sociales que nos han consolidado como la institución formadora del potencial profesional en nuestra región, de acuerdo a las urgencias, paradigmas y aspiraciones que fueron sus referentes.

Para ello necesitamos que nuestra UNAP, agente de transformación y preservación a la vez, en esta región, asuma un mayor compromiso de presencia en la intimidad misma de nuestra sociedad amazónica, teniendo siempre presente que nuestra universidad “Nació y germinó en el humus de las frustraciones sociales que las generaciones de una época experimentaran frente a un sistema político-social marginante y despectivo con nuestra región; pero, también como una propuesta de esperanza y optimismo para demostrar que en este reino de los árboles también se pueden construir sólidas estructuras que desafían al tiempo, para demostrar nuestras capacidades colectivas para dar forma cultural a nuestros anhelos más sentidos y abonadas por la fortaleza reivindicativa que insufla el poder marginante y centralista”. (*)

Es, por lo tanto, un reto de primer orden el propiciar que nuestra región eleve su estatus de reconocimiento en el consenso nacional. Que, de esa situación incolora, difuminada que hoy nos lacera, como si nuestro país careciera de su existencia, nuestra universidad debe proponerse, conjuntamente con otras instituciones, darle relieve a su presencia en las dimensiones psicoafectivas e intelectuales de los pueblos de nuestro país. Vivir en una situación de casi anonimato, repercute en una especie de semiclandestinidad frente a los poderes legales de nuestra nación, lo cual posibilita que seamos vistos como si fuéramos una región de segundo orden en cuanto a las prioridades que se establecen en el manejo político-administrativo nacional.

Por otra parte, se hace indispensable fortalecer nuestra presencia en la dinámica del tejido sociocultural de nuestras comunidades regionales. No es suficiente que la colectividad “sepa” que existimos como institución sino que nos “vea” en acción de orientación, de estímulo, de creación, de injerencia planteando, generando respuestas, apoyando iniciativas ciudadanas, generando opiniones, orientando la búsqueda de soluciones a los problemas, ayudando a pensar, opinando, pronunciándonos, dejando oír nuestra voz, marcando rutas intelectuales. En este aspecto es necesario que la UNAP asuma un rol de mayor presencia y protagonismo en el concierto de la ciudadanía amazónica.

Contando con el potencial académico-investigativo del cual  hoy dispone la UNAP, que le está permitiendo consolidar su rol de institución formadora de profesionales, su presencia, más allá de los límites burocráticos debe traducirse en un mayor dinamismo de apoyo al pensar y actuar ciudadanos.   

Dinamismo que debe expresarse en una gestión más agresiva para superar el extractivismo mercantilista de carácter exportador (primario) que hoy signa toda la actividad económica regional, con todos los efectos depredantes de nuestras riquezas materiales y culturales que venimos observando. La diversificación de nuestra dinámica productiva tiene que contar con nuestra presencia de una manera sobresaliente a través de  nuestros egresados, quienes deben ser equipados psicológicamente para dar un óptimo uso a nuestros recursos. Hay que tener presente que el desarrollo regional, sustentable, endógeno e intercultural de nuestra región solo será posible con la más plena participación de nuestra universidad.

Marginarnos de esta responsabilidad o mediatizarla, solo significará traicionar nuestro compromiso moral con nuestra región.

En lo que corresponde a la PROYECCIÓN SOCIAL institucional, nuestra universidad debe estimular la elevación de las cualidades intelectuales de la comunidad, proponer y generar orientaciones o corrientes de opinión, debe ofrecer alternativas a la solución de los problemas sociales, ambientales, compromisos actitudinales, movilizar a la comunidad, tanto interna como externa, a la búsqueda de mejores condiciones de vida.

Es decir, la Universidad no puede ser un ente para sí mismo, enclaustrado y prisionero de sus propias dimensiones físicas. En este sentido, el rol de nuestra universidad, no es funcionar simplemente, sino funcionar movilizando a la sociedad de su entorno.

Generar movimiento social creativo, debe ser su máxima aspiración. Ello implica una actitud de inconformidad permanente del colectivo institucional, que debe nacer de una práctica de constante disconformidad, pero no para destruir sino para proponer. Y que debe expresarse en una coherente actitud de auscultación de su escenario existencial para detectar los vacíos generados por su omisión funcional.

En este sentido se hace indispensable que el potencial profesional de la UNAP se ponga al servicio de una mayor comunicación con el colectivo social, generando una extensa gama de nexos de comunicación escrita, en los diversos campos de formación profesional, en donde la colectividad espera que seamos nosotros quienes mejor comuniquemos los hallazgos de nuestra realidad. Escribir para comunicar, escribir para motivar, escribir para orientar, escribir para construir formas de pensar, corrientes de opinión, enfoques de análisis, etc.

En este aspecto, adolecemos de un gran déficit: estamos escribiendo solo para la comunidad investigativa, que es muy reducida y tiene objetivos muy puntuales.

El Sr. rector, Dr. Heiter Valderrama, dirigiéndose
a los asistentes.
Respecto al bosque, nuestro hábitat natural, la conservación del bosque húmedo tropical deberá constituirse en un núcleo temático recurrente y globalizador de sus acciones a partir de un plan de desarrollo social que, elaborado en su interioridad, deberá imbricarse con programas de acción de defensa ecológica  de carácter regional, interinstitucional.

El enfrentamiento de esta cuestión deberá hacerse desde dos perspectivas, claramente definidas: la científica y la de los Pueblos Indígenas amazónicos.

Desde la perspectiva científica, recurriendo a los aportes de la ciencia y la tecnología modernas, selectivamente aplicados.

Desde la perspectiva de los Pueblos Indígenas amazónicos, recurriendo  al conocimiento de su milenaria experiencia de trato armónico con su entorno ecológico.

Requerimos, entonces, tomar plena conciencia  de que las culturas indígenas amazónicas constituyen el aporte más claro y evidente de que nuestro bosque húmedo tropical requiere una relación muy específica, que tiene que ser conocida y reactivada por quienes, desde la cultura mestiza, de raigambre euro-occidental, venimos demostrando el desconocimiento de sus leyes poniendo en práctica comportamientos individuales, sociales e institucionales negativos para su conservación.

El recurrir a la sabiduría ancestral de nuestros pueblos originarios, reivindicados  hoy en día por haber sabido  establecer una relación que haríamos muy bien en calificar de la más auténtica sustentabilidad, obliga a nuestra universidad a revitalizar la estructura de valores dentro de la cual fue posible este tipo de relación con el medio ambiente.

Será, entonces, una misión de la mayor necesidad promover el más profundo conocimiento de esa atmósfera axiológica y asumirla como praxis institucional, tanto al interior como en las relaciones interinstitucionales.

En este sentido, nuestra Universidad debe proponerse que la formación de nuestros estudiantes evidencie una definida  direccionalidad intercultural en el marco del fortalecimiento de nuestra identidad cultural regional, como instrumentos actitudinales básicos e indispensables para afrontar los retos de un milenio en el que el lema "Unidad en la diversidad” deberá ser la norma de convivencia pacífica entre los hombres y entre las culturas.

Por cierto que todo este proceso implica un gran esfuerzo creativo para modernizar a nuestra universidad en concordancia con los criterios de contextualización institucional a la que aspiramos, que son los que garantizarán su pertinencia, base para juzgar su calidad.

Es decir, a futuro pretendemos una universidad actuante en el proceso de cambios que viene operándose en nuestra interioridad regional; cambios que deben merecer una respuesta de nuestra universidad, desarrollando un proceso formativo de los nuevos profesionales con  aptitudes y actitudes para crear y producir, con lo cual lograremos la más absoluta significatividad social ya planteada, que es la base para el logro de nuestra acreditación institucional, tanto la de carácter burocrático formal como la de carácter social, a las que aspiramos realistamente, en concordancia con las exigencias de tal condición.
El sustentante de la exposición.

Prefiguramos, pues, un futuro promisorio social, académico e investigativo para nuestra universidad, en base a la plena participación creativa, aportante, comprometida de todos sus miembros, más allá de divisionismos internos que solo obstruyen nuestros logros históricos.

Tengo la impresión, y lo digo con absoluta franqueza, que no hemos sabido aprovechar la entrada en vigencia de la nueva ley universitaria, Ley 30220, cuyo propósito fundamental es la búsqueda y concreción de la calidad, según lo expresado en su Art. 01: “Promueve el mejoramiento continuo de la calidad educativa de las instituciones universitarias como entes fundamentales del desarrollo nacional, de la investigación y de la cultura.” Es decir, no la garantiza, la promueve y quienes tienen que buscarla, somos nosotros adoptando las decisiones pertinentes.

El cambio de un instrumento normativo por otro y su entrada en vigencia debió haber sido precedido por un amplio proceso evaluativo de nuestro accionar en este primer medio siglo de existencia. Nos era indispensable tener un diagnóstico integral para determinar nuestros logros, omisiones, deficiencias, tergiversaciones, frustraciones, potencialidades, posibilidades y necesidades concordantes con las nuevas condiciones mundiales, nacionales y regionales.

No lo hicimos pese a tener un equipo de profesionales con el más alto nivel académico (doctores y magísteres).

Equívoco que nos va a costar muy caro en cuanto a que no sabemos críticamente  cómo hemos funcionado en este medio siglo, tiempo en el cual todo ha cambiado, desde lo ideológico a lo social, cultural, psicológico, etc. respecto a nuestras condiciones primigenias y, por lo tanto, estamos sujetos a la posibilidad de la comisión de los mismos errores y, si tenemos aciertos, serán productos de las probabilidades no de una búsqueda intencionada, como lo implica la ley.

Que necesitamos hacer cambios en los currículos formativos de las Facultades es innegable; pero, ¿cómo hacerlos sin tener un documento normativo de la  institución que dé unidad fundamentadora y direccional respecto a lo que nuestra UNAP aspira para devenir en institución trascendente para el desarrollo de nuestra región?

Que nos es necesario plantearnos, nosotros mismos como unidad institucional, un camino de acción para enfrentar nuestro futuro, pero, ¿cómo hacerlo sin tener un documento normativo que oriente y nos ubique como parte de un conjunto de organismos que tienen una meta común, compartida, es decir, si no tenemos un Plan de Desarrollo Regional al cual servir?

En verdad, tenemos que preguntarnos hacia dónde nos dirigimos, qué queremos en el tiempo, a qué futuro contribuimos. Una necesaria, inevitable, auscultación institucional.

Nuestro accionar no tiene un norte consensuado con nadie. Estamos actuando en la más absoluta orfandad respecto a nuestro entorno social, cultural, económico, geográfico, ecológico, etc. Como si de nosotros nomás dependiera el avance sociocultural, económico, científico, tecnológico, etc. de nuestra región.

Invitados, docentes, alumnos y público en general,
participando de la ceremonia. 

 Y si miramos nuestro interior, cada Facultad está en las mismas condiciones. ¿Qué nos unifica?, ¿Cómo nos complementamos? ¿Cómo sabemos que no nos estamos interfiriendo, duplicando funciones, gastos, esfuerzos, etc.? ¿Cómo sabemos que estamos caminando hacia donde queremos ir? ¿Y cómo sabemos si  este caminar es hacia donde debemos ir? Ni siquiera podemos saber la contribución de cada Facultad al logro institucional y menos a la sociedad.

¿Y con la sociedad? ¿Cuál es nuestra contribución? ¿Cuánto la tenemos en cuenta en nuestros planes de desarrollo? ¿Cómo nos perciben los pueblos a los que creemos servir? ¿Cómo nos evalúan en nuestro actuar respecto a ellos? ¿Cómo nos ven respecto a la satisfacción de sus demandas: el desarrollo, la defensa de nuestros recursos, el fortalecimiento de nuestras potencialidades, etc.? La verdad, no lo sabemos con certeza científica. Todo ello debe ser objeto de la más seria investigación.

No debemos olvidar el efecto destructivo de la deforestación, de la contaminación de nuestras aguas, del arrebato de los territorios indígenas, de la pérdida de nuestra riqueza lingüística, de la pérdida de nuestra biodiversidad, del debilitamiento de nuestra etnodiversidad al ofrecer formación profesional a los jóvenes indígenas con currículos de profundo mestizaje?  ¿Qué  de la degradación de nuestro suelo selvático, del racismo, de la desnutrición infantil, etc. ¿Qué estamos haciendo por enfrentarlos y evitarlos? ¿Cómo estamos preparando a nuestros egresados para afrontar dichos fenómenos? ¿Con qué actitudes y valores? Más parece que el énfasis está puesto en su preparación para enfrentar fenómenos y problemas globales.

 
Tengo la impresión que esta es una de nuestras mayores deficiencias, pues una universidad debe contribuir con la calidad de vida de la sociedad: un conocer mejor, un pensar mejor, un actuar mejor, un uso superior de los recursos que posee, la creación de una actitud optimista  frente a su futuro, una predisposición para la creación coherente no destructiva de su entorno material y espiritual, una mejor comunicación con los pueblos de su entorno, una mejor relación intra e intercultural, etc. En suma, la defensa de nuestra integridad regional.

En fin, creo que tenemos que hacer un especial y serio esfuerzo institucional para replantear nuestra orientación y dinámica. Pero, este esfuerzo tiene que ser colectivo: un acto de toma de conciencia de nuestras responsabilidades y de cómo las estamos cumpliendo frente al encargo que la sociedad nos ha encomendado. Un involucramiento total de toda la comunidad unapense, en una acción plenamente reflexiva frente a lo que ella es y lo que puede ser.

Solo la reflexión respecto a nuestro destino socio-histórico nos permitirá superar el pragmatismo del cual podemos ser víctimas.


(*) Conferencia Magistral en la ceremonia de apertura del Año Académico – 2018 –UNAP
      Iquitos, 13- 04- 2018, Aula magna.


miércoles, 11 de abril de 2018

APORTES PARA UNA REFLEXIÓN ACADÉMICA CON LOS ESTUDIANTES DE EDUCACIÓN




Prof. Gabel Daniel Sotil García
Estimados alumnos:

La reflexión sobre lo que hacemos y, más aún, sobre lo que vamos a hacer es de suma necesidad para clarificarnos en cuanto a lo que deseamos lograr.

Por esta razón, aunque ya no en condición de profesor, sí como un ciudadano interesado en que sigamos construyendo colectivamente esa nueva Región Amazónica, que todos deseamos, es que me atrevo a plantearles estas líneas que pretenden ser aportes para su formación integral, por los años que pasé como docente, tratando de estimular sus capacidades para ser los profesores que ella necesita.

Empezaré por decirles que siempre que iniciamos un nuevo camino lo hacemos con una especial predisposición tanto por la expectativa de recorrerlo como por el logro de los objetivos a que nos conduce. Es natural y necesario que sea así.

En este caso, consideremos que este semestre, al que van a darle inicio,  es un nuevo camino, pero en un nivel superior a los que vienen ya recorriendo para lograr su formación profesional. Para ello deben poner interés y responsabilidad en el aprendizaje de los contenidos previstos en cada una de sus asignaturas, lo cual les posibilitará el logro de muy diversas  capacidades instrumentales de mayor jerarquía en su formación como futuros miembros profesionales del magisterio; en especial la de APRENDER A APRENDER, que es la que les permitirá un autónomo e indetenible proceso de autoformación permanente, que progresivamente se fortalecerá en ustedes, dependiendo de su esfuerzo por lograrla.

Es por esta razón que vuestro proceso de formación profesional debe ser asumido con la mayor racionalidad posible de su parte. Quiere esto decir, administrarlo con sensatez: ser consciente de lo que quieren lograr, tener claridad de metas, esforzarse cotidianamente para lograrlas, percibirse como personas de suma trascendencia e importancia para el desarrollo de nuestra región, fortalecer su autoestima hasta convencerse de ser capaces de lograr lo que se proponen. En suma, poner en juego su inteligencia.
 
Es necesario que tengan en cuenta que todo logro cualitativo en vuestra formación profesional depende, fundamentalmente, de su decisión  por concretarlo.

Predispónganse, en consecuencia, a tener un fructífero proceso de aprendizaje en este semestre. Tengan siempre presente que la razón por la que están en esta Facultad es la  DECISIÓN que cada uno de ustedes tomó para hacerse PROFESIONALES DEL MAGISTERIO. La toma de conciencia de esta acción que cada uno realizó, es el factor predisponente más importante para que hagan todos los esfuerzos necesarios para fortalecer su MOTIVACIÓN para dicho logro.

Lo más importante en el desarrollo de este semestre académico no será lo que hagan sus profesores, sino lo que ustedes, individual y colectivamente, realicen para transformar los contenidos que se desarrollen en mensajes con efectos formativos en cada uno de ustedes. Es decir, USTEDES SERÁN LOS PROTAGONISTAS. De ustedes dependerá la calidad de los aprendizajes que logren.

Piensen que, de la calidad que logren en su proceso de formación, que ahora están desarrollando, dependerá la calidad de su desempeño profesional en el futuro.

Cada clase o sesión de aprendizaje, debe ser tomada por ustedes como una oportunidad que deben aprovechar para formarse mejor; por ello, al término de cada una de ellas, pregúntense sobre los logros obtenidos. ¿Qué aprendí?, ¿Qué nuevos conocimientos?, ¿Nuevos valores?, ¿Nuevas actitudes?, ¿Nueva forma de ver su realidad?, ¿Nueva forma de expresarse?, ¿Nueva forma de relacionarse con los demás?, ¿Nueva forma de percibir la profesión a la que aspiran?, etc. Sólo así irán siendo actores  y testigos de su formación. Sean severos consigo mismos. Exíjanse. Plantéense mayores exigencias cada vez. Corrijan sus deficiencias. Sean valientes para aceptarlas y más lo serán si las superan.

Traten de lograr su autonomía comportamental. Intuyan, anticípense a lo que deben hacer  no sólo aquí sino en su hogar, en su vecindad, etc. No esperen que se lo indiquen. Con ello irán logrando la ruptura de su dependencia psicológica, que es la que no nos permite tomar iniciativas y nos condena a ser  dependientes de voluntades y criterios de otras personas. Deben tener en cuenta que uno de los grandes problemas de nuestra Amazonía es lo que se denomina “el colonialismo mental”. Aún no hemos aprendido socialmente a tomar decisiones propias en función a nuestros particulares intereses, debilidad esta que aprovecha el centralismo para manipularnos de acuerdo a “sus” intereses: imponer su voluntad para continuar haciéndonos más dependientes; mientras, sigue depredando nuestras riquezas. Aprendan a ser autónomos practicando la autonomía.

Les será indispensable que cultiven su sensibilidad frente a los múltiples problemas de nuestra región. Desarrollen su capacidad de sentirse conmocionados por las carencias que afectan a nuestra sociedad y que se expresan en múltiples formas de injusticias, tragedias, males sociales, expoliaciones, corrupción y cuanta lacra social viene siendo descubierta en quienes deberían ser paradigmas de moral social, etc. Superen su indiferencia y comprométanse a prepararse lo mejor posible para incorporarse a la defensa de nuestra sociedad en lo ético-moral, cultural,  ecológico,  jurídico, etc. Ubíquense en su momento histórico, comprometiéndose organizadamente con su tiempo. Reconóscanse formadores de nuevas personalidades: loretanos conscientes y orgullosos de sus riquezas y defensores acérrimos de su heredad.

Consideren que los cursos que son desarrollados en sus planes de estudio, no son solo instrumentos de formación académica. Son instrumentos, en lo fundamental, para que se formen como ciudadanos amazónicos para que luchen, desde el ejercicio de su profesión, eL MAGISTERIO, por los intereses de nuestra Región y, por ende, de nuestro país. Tenemos que aprender a defenderlos, no a asociarnos con quienes sólo quieren aprovecharse de nuestras riquezas materiales y espirituales, sin importarles las consecuencias socioculturales y ecológicas.  No se  hagan cómplices por su indiferencia.

Espero, por lo tanto, que asuman un rol activo en su proceso de formación. Los aprendizajes que los docentes propicien deben ser logrados activamente por ustedes, pues todos ellos tienen carácter estimulante de muy diversas capacidades que deben ir desarrollando para construir su personalidad de futuros profesores y de ciudadanos, miembros de una comunidad en la que ejercerán su “profesionalidad humana”, poniéndose al servicio de los intereses superiores de la HUMANIDAD.

¡FELIZ APRENDIZAJE!




jueves, 8 de marzo de 2018

VALORIZANDO LA DIVERSIDAD LINGÜÍSTICA DE LA AMAZONÍA PERUANA


AVANCES DEL PROYECTO "CABECERA"


Familia IKITO en el Pintuyacu.
                                                 
            Lev Michael (*) 


En la amazonía peruana se encuentra un total de 42 idiomas que aún sobreviven, agrupados en 14 familias lingüísticas. Se puede comparar esta diversidad con la de Europa, que tiene solamente tres familias lingüísticas en todo el continente. El Perú tiene la mayor cantidad de hablantes de idiomas amazónicos de todo los países amazónicos, aun sobrepasando a Brasil. Sin embargo, la mayoría de peruanos desconoce esta diversidad lingüística, y, aun en las zonas amazónicas, personas mestizas no reconocen las diferencias entre los idiomas indígenas ni la complejidad de cada idioma.

Cada idioma humano refleja una historia de elaboración cognitiva, cultural y artística, que viene realizándose en cada hablante del idioma de tal manera que el idioma es, a la vez, un artefacto comunal y cultural y, también, individual y expresivo.

Los idiomas amazónicos son como enciclopedias que guardan conocimientos sobre todos los aspectos del bosque. En el contexto del  proyecto de investigación y recuperación del idioma Iquito, por ejemplo, nos hemos encontrado con más de 250 palabras para peces comestibles. El conocimiento de los hablantes del idioma Iquito es tan detallado que ni se puede traducir la mitad de estas palabras al castellano, mostrando, de una manera muy concreta, la riqueza del idioma Iquito.
Reunión comunal en San Antonio de Pintuyacu

Y es que un idioma no es simplemente una colección de palabras, sino también un juego de relaciones dinámicas por lo cual se crea significados complejos por medio de las relaciones entre palabras y grupos de palabras. Este sistema de relaciones se denomina  la gramática de un idioma.

En las últimos décadas los lingüistas ha reconocido que los idiomas amazónicos son algunos de los idiomas más complejos en todo el mundo, desde la perspectiva gramatical, y que se encuentra en estos idiomas patrones gramaticales poco conocidos en los demás idiomas del mundo.

Volvemos al idioma Iquito para dar un ejemplo corto para ilustrar esto. En cada idioma se puede identificar un orden básico de palabras en oraciones sencillas. Este orden básico identifica el orden en que aparece el sujeto, verbo, y objeto de una oración. El orden básico en el idioma Iquito es igual al del castellano, es decir, sujeto - verbo - objeto, como se ve en el siguiente ejemplo:

                                       Sujeto                       Verbo                       Objeto
Oración en Iquito:                 Iina icuani                  nuniquii                      iina m+saji.
Oración en Castellano:        El hombre                  está mirando a             la mujer.

Sin embargo, se ha descubierto que en el idioma Iquito se puede formar oraciones de orden sujeto - objeto - verbo que, sin cambiar la forma de las palabras, tiene el efecto de cambiar el significado para comunicar que la acción indicada por el verbo se realizará en el futuro, como se puede ver en el siguiente ejemplo:

                                         Sujeto             Objeto                   Verbo
Oración en Iquito:                 Iina icuani      iina m+saji                 nuniquii.
Oración en castellano:         El hombre      va a mirar a               la mujer.

En resumen, en el idioma Iquito se puede comunicar información temporal con el simple cambio de orden de las palabras.
Doña Agustina Yareja, una de las últimas
nativohablantes del IKITU. Ya  fallecida.

Se debe destacar que la gran mayoría de la riqueza de los idiomas amazónicos no es conocida fuera de las comunidades en que se habla. Además, muchos pueblos amazónicos sufren del desprecio y prejuicios de personas ignorantes de las riquezas de los idiomas y culturas amazónicas.

En el caso de algunos idiomas, ya ha pasado la hora de ayudar a trastocar los efectos de siglos de racismo y desprecio. En los alrededores de Iquitos no se escuchan más las voces de los idiomas Muniche, Yameo y Cahuarano.

Sin embargo, subsisten muchos idiomas que están luchando por su sobrevivencia. Es obligación  de quienes tanto nos hemos beneficiado de ellos, apoyar las luchas que vienen librando estos Pueblos.


(*) Ph. D., Antropólogo y Lingüista, University of California in  Berkeley 

      Director de Investigación Lingüística, Proyecto de Recuperación del Idioma Iquito

 


           
En la foto, el autor, su esposa (también antropóloga y lingüista) Chris Beier y una pobladora ikitu de San Antonio de Pintuyacu.
Para cualquier información, dirigirse a:

www.cabecera.org

martes, 6 de marzo de 2018

AL INICIO DE UN NUEVO AÑO ESCOLAR

  Necesarias reflexiones

Gabel Daniel Sotil García

Ya está por iniciarse un nuevo año académico escolar.

¿Qué significa ello?

Pues que vamos a iniciar las acciones formativas con nuestros niños aplicando las disposiciones administrativo-curriculares que el Ministerio de Educación ha dispuesto para todo el país. Así de simple.

Pero, habría que hacerse algunas preguntas que expresen nuevas reflexiones sobre un tema del cual depende la calidad de futuro del que disfrutemos o padezcamos como sociedad.

Y es que sin ellas, las reflexiones, seguiremos aplicando criterios interpretativos de nuestra realidad propios de otros tiempos y, en función a ellos, seguiremos desarrollando una educación coherente con tales  criterios.

Que somos una región urbana, que somos una región mestiza, que somos  una región sin historia, que tenemos una riqueza inagotable, que todo está por ser conquistado, que somos un gran y enorme vacío demográfico y muchas otra características que subyacen en la dinámica formativa de las nuevas generaciones sin que nos demos cuenta de ello.

En fin, nos seguimos percibiendo como un gran enigma, un gran vacío, una gran interrogante respecto a qué somos más allá de ser percibidos, en lo pragmático, como una gran fuente de riqueza material hasta límites inagotables. 

Aquello de la “gran despensa” sigue funcionando para todo efecto, pues nos percibimos como una región con recursos materiales disponibles para la extracción desmedida del capital transnacional.

Muy pocos son los intentos por dar una mirada crítica y cuestionadora a lo que venimos haciendo en nuestra región. El pensarla desde su interioridad aún no tiene ninguna prioridad para nosotros. Siempre nos ha sido más fácil dejarnos llevar por lo que nos dicen de ella. Y, entonces, el MINEDU nos impone su visión que tiene de nuestra región, que es la que hemos expresado líneas arriba. El esfuerzo nuestro por desentrañar lo que es y significa, no queremos hacerlo.

Por todo ello es que vemos a nuestras autoridades concentradas en acciones administrativas de personal, logística, organización, etc. menos en el esfuerzo por dotar al magisterio regional de nuevos enfoques sobre el significado de nuestra Amazonía y el rol de la educación para concretar dicho significado.

Nuevos enfoques que les brinde nuevas claridades sobre el para qué educar en nuestra región, dado que hasta ahora venimos orientando la educación amazónica exclusivamente por los propósitos diseñados por el MINEDU, olvidándonos que somos una región que tiene sus propias características, sus propios problemas, sus propias necesidades, sus propios propósitos trascendentes que deben ser los elementos orientadores del para qué educar en esta región.

Es decir, venimos enseñando a nuestros niños amazónicos lo  que nos dice dicha instancia central, saltándonos a la garrocha, la temática regional.

Si bien como país compartimos aspectos comunes, la costa, la sierra y la selva tienen sus peculiaridades, en función a las cuales debemos educar a las nuevas generaciones. Y es que la homogeneización que viene promoviendo la educación administrada desde el MINEDU desde su creación, tiene que dar paso a una educación diferencial para cada realidad, tal y como hace ya muchos años se viene planteando, incluyendo las dos últimas leyes generales del sector.

Habiendo el MINEDU renegado de este postulado, son las instancias administrativas del sistema las que deben impulsar el logro de este propósito.

Es por esta razón que, en nuestro caso, el de Loreto, las autoridades educacionales deben brindar más atención a la satisfacción de esta necesidad.

El equipamiento exclusivamente técnico o técnico pedagógico o didáctico es necesario para afinar el desarrollo de las acciones didácticas (cómo enseñar) del magisterio, pero, a mi entender, no es suficiente, salvo que no tengamos interés en incorporar el factor selvático en la gestión curricular.

Incorporar dicho factor implica enfatizar el conocimiento de la realidad amazónica en la formación/capacitación de los maestros. Nuestra realidad es sumamente compleja vista desde la intimidad de la selva. Vista desde afuera, pierde riqueza, diversidad.

Es esa complejidad la que tenemos que asumir si realmente queremos hacer de la educación el instrumento para el desarrollo amazónico.

El fracaso de la actual educación se hace cada vez más evidente no solo por los resultados cuantitativos y cualitativos que venimos obteniendo en cuento a niveles de aprendizaje de los educandos, sino, también y en mayor medida, por la situación general de nuestra Amazonía.

Si bien es verdad que siempre se nos ha dicho que la educación es instrumento de desarrollo, la realidad nos dice que eso no es verdad. En todo caso es una verdad a medias, pues si fuera así nuestra región ya sería desarrollada, es decir, con mejores niveles cualitativos de vida.

No siendo así, entonces nos es necesario aseverar que la educación es instrumento de desarrollo a condición solo de ser diseñada para lograr dicho desarrollo.

No cualquier educación.


domingo, 25 de febrero de 2018

¿PARQUE BICENTENARIO?


En ciernes, un atropello más a la Amazonía

Extensión  del Perú  en 1810, reconocida
por las leyes de entonces (Uti Possidettis)
Prof. Gabel Daniel Sotil García

 Desde hace algún tiempo,  en varios medios de comunicación de nuestra ciudad, se viene hablando de un PARQUE, el cual sería denominado BICENTENARIO, no sé por voluntad o decisión de quién. Pero el hecho es que ya, muy subliminalmente, se nos viene acondicionando psicológicamente,  para que los loretanos aceptemos dicha denominación, sin habernos consultado; es decir, sin el más mínimo respeto por nuestros derechos culturales.

¿Por qué dar esa denominación de BICENTENARIO, a una obra (el parque) que debería expresar mejores significados simbólicos relacionados con nuestra cultura, o nuestra gesta histórica, o nuestras características geo-ecológicas, etc.?

Al parecer, los mismos mecanismos que siempre nos marginaron en diversos aspectos de nuestra dinámica sociocultural, se vienen movilizando para que, una vez más, aceptemos lo que se decide sobre nosotros.

Este suceso no expresa sino una larga historia en que a los loretanos se nos ha venido despojando de un elemental derecho a decidir, haciéndonos simples objetos o destinatarios de decisiones que se toman muy lejos de nosotros.

Veamos, si no, esta pequeña historia:

Extensión del Perú luego de las cesiones territoriales.
Ya  en 1542, Dn. Francisco de Orellana se ha de encontrar con una inmensidad acuática, cuyo nombre era Paraguanasú, Paranatinga, Tungurahua, Parón Ewá, de acuerdo al sector de su recorrido, frecuentado milenariamente por los indígenas. Como ninguno de esos nombres fue del agrado de los españoles, pues le pusieron el nombre que quisieron: “Amazonas”. Es decir, ninguno de los anteriores.

Es así que, durante toda la época colonial, los topónimos (nombres de los lugares) a donde llegaban los conquistadores, fueron cambiados, eliminando los originarios y puestos bajo la advocación de un símbolo cultural (político, religioso, etc.).

Ya en el período republicano, bajo un sistema centralista férreo, la tónica siguió el mismo patrón de comportamiento respecto a nuestra Amazonía. Era Lima de donde procedía la iconografía nominativa para monumentos, calles, plazas, lugares, etc.

Hasta hoy ese es un comportamiento consolidado: yo decido por ti, y tú acatas.
El caso actual, que analizamos, se refiere al denominado: PARQUE BICENTENARIO, cuya denominación se nos quiere imponer y sobre lo que ya se viene trabajando subliminalmente para que aceptemos tal decisión, con lo cual se nos arrebata, una vez más, un elemental derecho: el de decidir sobre el nombre que deseamos darle a nuestros símbolos culturales.

Por ello es que debemos preguntarnos, quienes vivimos y amamos a esta región, y tenemos el deber moral de defenderla, ¿qué significado tiene para nosotros el BICENTENARIO, no como palabra sino como lapso histórico?

Locales escolares inapropiados para la formación
integral de los  alumnos.
Por lo menos hagamos un recuento de los sucesos de mayor trascendencia para nuestra región acaecidos en el periodo que va del 1821 proyectándonos al 2021 (El Bicentenario), para ver si efectivamente merece que alguna expresión material o inmaterial de nuestra región tenga dicha denominación.

Empecemos por el aspecto territorial.

Hacia 1810, al término de la época colonial y ad portas de la época republicana, nuestro país tenía una extensión algo mayor a 2 millones de km2; sin embargo, en los actuales momentos nuestra extensión es de 1 285 215. km2, habiendo perdido, en estos doscientos años, en mesas diplomáticas, más de 633 721 km2, quedando reducida nuestra extensión selvática a 775 000 km2., con la complacencia del centralismo limeño. (*

Además de ello, desde la declaratoria de la Independencia, nuestra región no mereció sino el olvido, la indiferencia de la clase gobernante, a tal punto que fue Castilla, 40 años después, que se dio cuenta de nuestra falta de presencia en los ríos amazónicos, por lo que ordenó la construcción de los barcos que empezarían a llegar a partir de 1864.

Luego, el olvido nuevamente, la distancia, hasta la llegada en la década de los 80s  de la denominada época de caucho, período durante el cual se debilitan aún más los nexos con el resto del Perú, pasando la selva a ser una colonia abastecedora de Europa para satisfacer las demandas inglesas de caucho (hevea brasilensis).

Más de 200 000 ha. deforestadas anualmente.
Reforzada la “foraneidad” de nuestra región respecto al resto del país, el Perú dejó que, durante casi cuarenta años (1880-1915), tuviera como eje de referencia para todo efecto a Europa, manteniendo una relación formal de mínima influencia, que luego continuaría durante todo el periodo de reforzamiento del extractivismo, periodo  durante el cual la selva, nuestra selva, sería mirada con ojos despectivos, con gente de ínfima categoría, incapaz de decidir por sí misma, sin los suficientes  criterios para tomar decisiones, pero sí con inmerecidos grandiosos recursos naturales.

Concepciones que no expresaban sino los prejuicios heredados de la época colonial.

El palo rosa y resinas, las narcotráfico, las maderas, las pieles, los peces ornamentales, las aves silvestres, el oro, el gas, el petróleo, el narcotráfico, etc. tendrían sus respectivas épocas de auge en lo que va hasta el presente, pero todo al servicio de los intereses foráneos y sin mayor respeto por los intereses de los pueblos regionales, cuyos territorios quedaban depredados hasta el agotamiento.

Ríos y cochas contaminados por la
extracción del petróleo.
Miremos, entonces, el panorama selvático y nos daremos cuenta de la vaciedad del BICENTENARIO para nosotros como periodo histórico.

¿Qué hemos ganado en estos dos siglos?

Tala ilegal, narcotráfico, extracción de oro, degradación de suelo, cambio de uso de su suelo, expoliación de territorio indígena, epidemias y pandemias en las comunidades indígenas, carencias del servicios de salud, locales escolares mayoritariamente deficientes,  etc. todas ellas no son sino las lacras inferidas bajo la complacencia de la clase con poder económico y político del poder central.

Esa ha sido la tónica de siempre: decidir afuera e imponer adentro. Es decir, nuestra región siempre como destinataria de acuerdos o decisiones, tomadas por personas con muy poco interés por velar por su integridad, sin mayores lazos afectivos con su ser esencial, solo con lazos burocráticos.

El BICENTENARIO es, pues, para nosotros, una palabra hueca, un sinsentido, pues en estos dos siglos solo hemos sido objetos de la indiferencia, aunque sí la despensa pletórica de recursos para ofrecer al mercantilismo internacional. Ha sido y es una palabra plena de un significado peyorativo por el trato que sufrimos en todos los aspectos por parte de nuestro país.
Consecuencias de la extracción ilegal del oro.

¿Qué podemos rescatar de este lapso?

Solo nuestro gran e incomprensible amor a la nación que, apenas, si nos prodiga obligaciones múltiples, expoliaciones dolorosas, dado que pobladores originarios y mestizos vemos el flujo imparable de nuestros recursos que salen en un viaje sin retorno, dejándonos un territorio maltrecho, dolorosamente reconocido como nuestro.

¿Es  eso lo que queremos celebrar, con orgullo de pueblo castigado, marginado, minusvalorado, bajo la designación de   PARQUE BICENTENARIO?

En este sentido, pido a las organizaciones sociales, sindicales, deportivas, de gobierno, etc., que hagamos algo para detener este atropello a nuestra dignidad de región multicultural, región de elevados niveles de espiritualidad alcanzados por los pueblos originarios. 

Busquemos, en nuestras creaciones cultural-espirituales, una denominación de dicho parque que exprese nuestras intenciones, nuestros propósitos, nuestra idiosincrasia.

De una vez por todas, hagámonos respetar.

Digamos a nuestro país que en esta región vivimos personas, no solo recursos naturales. 
Deforestación por cambio de uso del suelo amazónico
Digamos a nuestro país que merecemos respeto de personas pensantes.

Digámosle, finalmente, que la palabra BICENTENARIO no nos dice nada, pues en ese lapso histórico hemos sido, y seguimos siéndolo, una región injustamente minusvalorada y en proceso de destrucción a causa de la política de  gobierno que aún no tiene conciencia de su presencia nacional.