Datos personales

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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento de Ica, Provincia de Palpa, Distrito de Río Grande, Caserío "San Jacinto", en 1941. Egresado de la UNM"SAN MARCOS", Facultad de Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES RECIBIDAS: •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA DE RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL DE LITERATURA INFANTIL, AREA EXPRESIONES POÉTICAS,MED •RECONOCIMIENTO EN MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS" otorgada por la UNAP (Junio, 2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Gerencia Promoción Cultural del GORE LORETO., Condecorado con la orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín.

REFLEXIONES EDUCACIONALES PARA EL COMIENZO DE AÑO

EDITORIAL

LA INTERCULTURALIDAD, ¿CÓMO CONCRETARLA?

Gabel Daniel Sotil García

Siendo la nuestra una región con diversidad de culturas y, por ende, con diversidad de lenguas, lo mínimo que podemos hacer socialmente es promover las más óptimas relaciones entre todas las culturas, en especial las que establece la cultura dominante (mestiza) con las originarias, hoy plenamente vigentes en la dinámica sociocultural amazónica.

Por cierto que este propósito social no se logra de la noche a la mañana o por obra de milagros de alguna deidad. Ello tiene que ser el logro del esfuerzo compartido que hagamos, entre otras, instituciones rectoras de las fuerzas psicosociales de una comunidad como lo es la Escuela.

¿Y cómo se logran esas óptimas relaciones entre las diversas culturas de nuestro país y región? He aquí algunos intentos de respuestas:

- Promoviendo el mutuo conocimiento de las culturas originarias y la cultura oficial y dominante en toda su riqueza espiritual,

- Desarrollando una actitud de apertura y tolerancia hacia la diversidad lingüístico-cultural entre nuestros alumnos,

- Fortaleciendo la propia identidad cultural y el respeto a la identidad de otros pueblos: aceptación de “otras formas de ser y actuar” tan válidas como las mías.

- Incorporar contenidos relacionados con los logros culturales de los Pueblos Indígenas (antropólogos, sociólogos, historiadores, sabios indígenas, etc.) en todas las asignaturas posibles.

- Capacitar al cuerpo docente en el desarrollo de una actitud intercultural.

- Desarrollar nuevos conceptos: bienestar, buen vivir, desarrollo sostenible intercultural, modernidad intercultural, etc.

jueves, 19 de enero de 2017

CONGRESO LATINAMERICANO DE HUMANIDADES



EDUCACIÓN, CIENCIA Y CULTURA

Coordinadoras
Josefa Alegría Ríos Gil y 
Martha Vergara Fregoso

Fondo Editorial Universitario - UNAP
2016

Prólogo

APORTES A LA REFLEXIÓN  EN NUESTRA AMÉRICA LATINA

Hacer de nuestra América Latina el referente de las preocupaciones  intelectuales para construir un discurso descriptivo, explicativo, reflexivo y propositivo respecto a sus características constitutivas y posibilidades de ser en el tiempo, es una deuda que  aún tenemos pendiente  pues, por la vigencia de esquemas mentales  heredados de las épocas colonial y republicana, por las que hemos transitado todos los países que la conformamos, nuestras preocupaciones han estado  centradas en la asimilación del universo cognoscitivo construido con material y metodología foráneas, extra regionales, de supuesta o aparente similitud, que nos fueran presentados como referentes a imitar.

Es fácil, entonces, colegir que los modelos de acción intelectual han tenido un origen exógeno y se los ha implantado sin mayores preocupaciones por la coherencia con nuestras realidades ecológica, social y cultural, pese a sus particularidades, de las cuales recién estamos tomando conciencia.

El resultado de ello es que no hemos logrado un pleno conocimiento y adecuada comprensión de sus características, lo cual imposibilita la elaboración de planes de desarrollo funcionales con las mismas.

Por lo tanto, durante todo el trayecto hasta hoy caminado en nuestra historia latinoamericana no hemos sino replicado fórmulas de estudio exógenas, profundizando la marginación e ignorancia de nuestras realidades locales, pues debemos tener muy presente que, desde la época colonial, estas diversas realidades nacionales no han sido motivo de preocupación para conocerlas sino de dominación para extraer y aprovechar sus recursos, como lo siguen siendo hasta el presente. Diversos pensadores de nuestro subcontinente nos han puntualizado al respecto, advirtiéndonos de sus peligros e incongruencias.

Por todo ello es que es aleccionador el desarrollo de este CONGRESO LATINOAMERICANO DE HUMANIDADES en el que una pléyade de científicos investigadores del campo de las humanidades ha expuesto el resultado de sus trabajos orientados a hacer la exégesis de nuestras diversas realidades prevalentes en nuestra región, enfatizando la búsqueda del entendimiento de la dimensión humana en cada una de ellas, con el propósito de dar forma a lo que podríamos llamar “humanidad latinoamericana”, que exprese una manera peculiar de ser humanos, dentro del marco situacional de las características y esencias que compartimos milenariamente desde el tiempo en que comenzaran a llegar los primeros grupos humanos a desplazarse por este continente.

En el marco de nuestra prodigiosa heterogeneidad subcontinental, los trabajos aquí expuestos reflejan muy diversos intereses investigativos, obedeciendo a circunstancias propias de cada país y en concordancia con prioridades que surgen de su particular situación respecto a su contribución a la concreción de políticas nacionales.

Emana de lo dicho, el interés de los investigadores tanto para construir un corpus de conocimientos de alcances  supranacionales como para contribuir con la solución de problemas o situaciones propias de cada realidad nacional.

Con ello, el material que conforma este documento sirve tanto para la construcción a futuro de un marco teórico que pudiera expresar las particularidades del conjunto latinoamericano como para proveer elementos de base para la toma de decisiones en cada realidad particular, habida cuenta que la base experiencial sobre la que se asienta cada trabajo se ubica en una realidad concreta y situada, generada por la peculiaridad de la acción socio-cultural a lo largo de su historia particular.  

Diversos son los campos que se ven beneficiados por las investigaciones aquí expuestas; sin embargo, es el educacional el campo hacia donde confluyen la mayoría de ellas, tanto en su nivel fáctico como el teórico, de tal manera que los temas abordados se transforman en un venero inagotable para diseñar políticas educativas en diversas realidades del escenario escudriñado.

En consecuencia, la riquísima temática abordada por sus respectivos autores, intelectuales y dirigentes de instituciones de formación humanística, nos provee de un material que debe ser analizado a la luz del propósito de fortalecer el entendimiento de nuestras diversas realidades que, como países, hemos construido a lo largo de nuestras respectivas rutas históricas, tratando de superar deficiencias y desigualdades socioculturales, políticas y económicas que aún laceran a nuestros países latinoamericanos.


Prof. GABEL DANIEL SOTIL GARCÍA

miércoles, 11 de enero de 2017

LA UNAP: OTEANDO SU FUTURO

En su 56° aniversario

Gabel Daniel Sotil García

Acompañando a las crecientes y vaciantes de nuestra región Omagua en los últimos cincuentiséis años, la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana – UNAP, viene discurriendo por el cauce del tiempo cual flujo indetenible que surca hacia el futuro de nuestra región, desplazando su caudal por  la intimidad más profunda de nuestro portentoso bosque.

Y  así, adentrándose en aguajales, restingas y colinas, va formando muyunas,  tipishcas y meandros en nuestra  prodigiosa orografía, pues, la UNAP, nacida de la confluencia feliz de las demandas de los pueblos de nuestra región, se enrumba hacia nuevos horizontes de infinito verdor.

Respondiendo a esos mandatos sociales, se ha consolidado como la institución formadora del potencial profesional en nuestra región, de acuerdo a las urgencias, paradigmas y aspiraciones que fueron sus referentes en los tiempos por los que ha discurrido su actuar institucional.

De su decurso viene quedando en el recuerdo social la gesta de muchas generaciones que dieron  vida y sentido a su actuar transformador. Muchas de ellas ya no están en estas dimensiones, pero nos dejaron las estelas de sus esfuerzos por darle grandeza a su presencia en nuestra selva.

Hoy, en su fecha de aniversario en que, mirando el cauce recorrido, nos atrevemos a intuir su futuro, nos encontramos en la obligación moral de expresar, más que descriptiva, interpretativamente, su significado social, cultural, ecológico e histórico que se viene materializando en su actuar institucional desde que fuera creada por Ley 13498, un ya lejano 14 de enero de 1961.

Y es así como hoy, retrotrayéndonos en el tiempo, la vemos aún en ciernes prefigurándose como una lejana aspiración de las colectividades que ambicionaban un centro de formación de los profesionales que habrían de labrar las condiciones para vivir mejor en estos espacios naturales, en donde, siendo la pobreza un imposible, sin embargo nos lacera en lo más profundo de nuestro ser social.

Luego, la veríamos adquiriendo formas físicas en donde albergar a quienes le darían la dinámica que las circunstancias requerían, que luego iría acrecentándose  al compás de las normas y requerimientos sociales.

Al impulso de la dinámica que adquiriría nuestra región, iría también dando nuevas respuestas a las condiciones surgentes para expresar su raigal compromiso con los destinos superiores de pueblos y villorrios ribereños.

Hoy, en las actuales circunstancias, está dando inicio a una nueva etapa que debe caracterizarse por un acendrado compromiso con el desarrollo de los pueblos originarios y mestizos para responder, cada vez con mayor decisión, a la plena satisfacción de sus necesidades de profesionales que engarcen, con plena coherencia, con sus aspiraciones  de contar con un potencial que perciba su desarrollo desde las fibras culturales de sus creaciones ancestrales y sepan mirar a su mundo y al mundo desde los compromisos de mayor trascendencia con la preservación de su integridad espiritual, para crear riqueza desde sus propias entrañas.

Para ello necesitamos que nuestra UNAP, agente de transformación y preservación a la vez, asuma un mayor compromiso de presencia en la intimidad misma de nuestra sociedad amazónica, teniendo siempre presente que nuestra universidad “Nació y germinó en el humus de las frustraciones sociales que las generaciones de una época experimentaran frente a un sistema político-social marginante y despectivo con nuestra región; pero, también como una propuesta de esperanza y optimismo para demostrar que en este reino de los árboles también se pueden construir sólidas estructuras que desafían al tiempo, para demostrar nuestras capacidades colectivas para dar forma cultural a nuestros anhelos más sentidos y abonadas por la fortaleza reivindicativa que insufla el poder marginante y centralista”. (*)

Es, por lo tanto, un reto de primer orden el propiciar que nuestra región eleve su estatus de reconocimiento en el consenso nacional. Que, de esa situación incolora, difuminada que hoy nos lacera, como si nuestro país careciera de su existencia, nuestra universidad debe proponerse, conjuntamente con otras instituciones, darle relieve a su presencia en las dimensiones psicoafectivas e intelectuales de los pueblos de nuestro país. Vivir en una situación de casi anonimato, repercute en una especie de semiclandestinidad frente a los poderes legales de nuestra nación, lo cual posibilita una visión de segundo orden en cuanto a las prioridades que se establecen en el manejo político-administrativo nacional.

Por otra parte, se hace indispensable fortalecer nuestra presencia en la dinámica del tejido sociocultural de nuestras comunidades regionales. No es suficiente que la colectividad “sepa” que existimos como institución sino que nos “vea” en acción de orientación, de estímulo, de creación, de injerencia planteando, generando respuestas, apoyando iniciativas ciudadanas, generando opiniones, orientando la búsqueda de soluciones a los problemas, ayudando a pensar, opinando, pronunciándonos, dejando oír nuestra voz, marcando rutas intelectuales. En este aspecto es necesario asumir un rol de mayor presencia en el concierto de la ciudadanía amazónica.

Contando con el potencial académico-investigativo del cual  hoy dispone la UNAP, que le está permitiendo consolidar su rol de institución formadora de profesionales, su presencia, más allá de los alcances burocráticos debe traducirse en un mayor dinamismo de apoyo al pensar y actuar ciudadanos.    

Dinamismo que debe expresarse en una gestión más agresiva para superar el extractivismo mercantilista de carácter exportador (primario) que hoy signa toda la actividad económica regional, con todos los efectos depredantes de nuestras riquezas materiales y culturales que venimos observando. La diversificación de nuestra dinámica productiva tiene que contar con nuestra presencia de una manera sobresaliente a través de  nuestros egresados, quienes deben ser equipados psicológicamente para dar un óptimos uso a nuestros recursos.

Hay que tener presente que el desarrollo regional, sustentable, endógeno e intercultural de nuestra región solo será posible con la más plena participación de nuestra universidad. Marginarnos de esta responsabilidad o mediatizarla, solo significará traicionar nuestro compromiso moral.  
Debemos, en consecuencia, prepararnos para responder a la necesidad de construirnos de la mejor forma para responder con coherencia, tanto interna como externa, a las demandas que nos plantean los tiempos actuales.

(*) “UNAP, 50 años en la historia de Loreto”, págs. 14 – 15, Iquitos.


martes, 3 de enero de 2017

UNA APROXIMACIÓN AL CONOCIMIENTO HISTÓRICO DE IQUITOS

 A propósito del nuevo aniversario de la declaración de Iquitos como
puerto fluvial sobre el Amazonas
Prof. Gabel Daniel Sotil García


En verdad, Iquitos no tuvo una fundación formal como sí la tuvieron otros núcleos demográficos de nuestro país y región, y que hoy han alcanzado la categoría de ciudades.

Iquitos nació bucólico, humilde y forestal,  arrullado por los trinos y cantares de diversas y bellas aves silvestres que revoloteaban en el ramaje de una floresta exuberante y protectora y mirando siempre a su río entrañable, a veces ingrato y casquivano, pues se va y regresa silente a brindarle su incansable discurrir.

Fueron ignotas voces las que surcaron primigeniamente su espacio de azul profundo, allá en un tiempo que la memoria ya no registra. Pero eran voces claras, firmes, que expresaban la alegría de vivir en estos parajes  en aquellos tiempos aurorales. En su suelo ya no quedan huellas físicas de aquellos primeros vivientes, pero aún subsisten sus mensajes refugiados en la entraña más profunda del bosque. Es decir, de lo que queda de él.

La historia convencional nos dice que lo que hoy conocemos como Iquitos ciudad, fue allá por el siglo XVIII el escenario de una Reducción o Pueblo Misional formado por los Jesuitas con indígenas mayoritariamente Iquitos y Napeanos que hacia 1761 se ubicara en la planicie alta que hoy ocupa esta  ciudad, con el nombre de San Pablo de Nuevo Napeanos, organizada por el P. Bahamonde.  Seguramente que miembros de las etnias Omagua y Cocama compartieron esta reducción, que tenía sus antecedentes en otras que desde 1740 habían comenzado a organizarse en el ámbito ancestral de los Iquitos.

Según la relación que, en 1785, hiciera Dn. Francisco de Requena, Gobernador de Maynas por aquella época, casi veinte años después de que las  Reducciones fueran desactivadas por la expulsión de los Jesuitas, entre los pueblos establecidos a las orillas del Marañón y el Amazonas aparece el nombre de uno llamado Napeanos, ubicado en el lado norte de la explanada en donde hoy se encuentra nuestra ciudad, habitado aún por miembros de ambas etnias: Iquitos y Napeanos, indígenas sumamente emparentados entre sí.

Pero, en los documentos oficiales que elaborara dicho Gobernador a partir de dicho año, aparece sólo la denominación de IQUITOS, para referirse a este poblado, dado que, al parecer, los indígenas napeanos, iban abandonándolo progresivamente, dejando en mayoría a los iquitos.

Ya en el informe del Obispo de Maynas de aquel entonces, P. Hipólito Sánchez Rangel, que en 1808 elaborara sobre la cantidad de habitantes de los pueblos de Maynas colonial, el caserío de los Iquitos aparece mencionado con 171 habitantes. Seis años después, en el censo hecho por el mismo Sánchez Rangel, en 1814, Iquitos aparece con 81 pobladores: 51 varones y 29 mujeres, todos nativos, y 1 varón español. Podría suponerse que la disminución poblacional se debió a pestes o al abandono de los Napeanos.

Hasta esta fecha la presencia de pobladores nativos fue predominante, como puede verse en los números reportados. Sin embargo,  en 1840 habría de suceder un hecho que tendría grandes repercusiones en la composición demográfica de Iquitos y, por lo tanto,  su configuración cultural: el pueblo de Borja, fundado dos siglos antes, fue atacado y destruido por la furia rebelde  de Wampis (Huambisas) y Awajún (Aguarunas). A los sobrevivientes no les quedó sino huir, dejándose llevar por las aguas del Marañón y recalar en estos terrenos altos, de los cuales ya tenían referencia.

Las familias refugiadas encontraron en Iquitos,  un pequeño caserío en ese entonces,  el pueblo que querían y se quedaron. El Iquitos de entonces recibió un nuevo contingente cultural: los mestizos.

El notable incremento demográfico que significó la llegada de las familias borjeñas, posibilitó que, a pedido del Obispo de Maynas, P. José María Arriaga, el 8 de junio de 1842, el hasta entonces caserío de Iquitos fuera elevado a la categoría de Pueblo y de Distrito, siendo su primera autoridad política Dn. Liberato Rengifo hasta 1846. Luego, sería reemplazado por Dn. José Ramírez  hasta 1850. En esos momentos, Iquitos ya contaba con cerca de 200 habitantes, la mayoría mestizos, pues los indígenas Iquitos, incómodos con la presencia de los mestizos, buscaron otros lugares, lejos de los recién llegados, refugiándose en el medio y alto Nanay.

Desde estos momentos, en las intimidades pueblerinas de Iquitos bullen nuevas inquietudes, otros referentes, ya no salidos del bosque plenamente como hasta entonces, que serían el germen de lo que, con el paso de los años,  alcanzaría formas conceptuales que hoy se están concretando.

Por ello es bueno conocer que en el Siglo XIX, cuando aún Iquitos  era una aldea plenamente rural, fue visitada por varios científicos que habían hecho del mundo el escenario de su peregrinaje para satisfacer sus ansias de conocer diversos pueblos y culturas. Al pasar por estos lugares recogieron testimonios que constituyen hoy valiosísimas fuentes de información para conocer los inicios de la que es hoy nuestra ciudad, en aquellos tiempos en que recién se animaba  a dar sus primeros pasos en búsqueda de sus rutas propias.

Uno de estos ilustres viajeros fue el francés Paul Marcoy, quien al promediar el siglo XIX (más o menos 1848) pasó por Iquitos y nos dejó esta descripción:

“Visto desde una distancia, Iquitos aparece como un muro vertical cubierto de cortinas de vegetación, plantas trepadoras y lianas de la más caprichosa apariencia ...
            Visto de más cerca, Iquitos aparece como un conjunto de chozas colgadas y desgarradas en partes, semejando a un viejo marinero con sus mechones de cabello escaso. Estas chozas, 32 en número, forman dos agrupaciones distintas que los lugareños llaman barrios.
            La población consiste en 85 individuos, de ambos sexos, quienes viven y se multiplican bajo la recelosa mirada del Alcalde, a quien dan el título de Corregidor, con tanta adulación como temor.
            De 1791 a 1817 esta aldea de misiones, que ahora es nada más que un pobre centro de comercio, estuvo situada tierra adentro, compuesta de personas de la nación Iquitos.
            Los Iquitos se habían mezclado con los Omaguas y los Cocamas, sus vecinos de la derecha, y con los Ticuna sus vecinos a la  izquierda. No resulta exagerado afirmar que la sangre de las cuatro tribus se halla mezclada en sus venas.
            “De las 32 chozas que constituyen la aldea, y la cual, como hemos dicho, se divide en dos distintos barrios, 19 corresponden a la población nativa. Las 13 restantes están pobladas por algunos indios pobres y mestizos de español, a quienes los Huambizas del Pastaza arrojaron hace algunos años de las villas de Borja y Barranca, tras saquear y quemar sus propiedades.
            La mayor circunspección norma las relaciones entre los dos barrios. Por igual que los descendientes mestizos de los españoles, los pobladores de las 13 chozas se dirigen uno al otro con los títulos de don y de doña, considerándose ellos mismos como pertenecientes a la raza blanca, aunque sus colores varían bastante entre el marrón y el claro. Tomarían como una subvaluación confundirlos libremente con los de piel indígena.
            Estos representantes de la aristocracia iquiteña llevan una corta camisa y pantalones azules y un sombrero de paja fabricado por ellos mismos; corrientemente van descalzos por carencia de zapatos. Todos cultivan un pequeño trozo de tierra para sostenerse.” (*)

Es decir, Iquitos ya empezaba a respirar y transpirar nuevos humores culturales.

Otro viajero que nos visitó y nos dejó por escrito sus observaciones fue don Joao Wilkens de Mattos,  quien pasó por nuestra ciudad  en 1872, es decir, unos veinte años después de Marcoy.  De Iquitos dice lo siguiente:

“Antes de ser instalada la Comandancia General del Departamento Marítimo- Militar, Iquitos era apenas una aldea en decadencia, que contenía poco más de 200 moradores. En 1854 era una población de pescadores, con 227 habitantes de los cuales 98 mestizos borjeños, que  emigraron de San Borja, y de otros puntos del Alto Marañón, perseguidos por los Huambisas.
Después de 1864, Iquitos comenzó a prosperar y hoy su comercio es importantísimo. Consta de unas treinta empresas de comercio, pero sólo cinco son importadoras y efectúan un  movimiento económico de mil millones de reales cada año.
Posee también Iquitos 4 talleres de sastrería, 3 zapaterías, 3 panaderías y una confitería.
La iglesia es espaciosa, pero está por acabar y carece de ornamentos.
Con excepción de una media docena de casas  con techo de tejas, las demás están aún cubiertas de paja, lo cual presenta un aspecto menos agradable. Con todo, su edificación es sólida y confortable.
La población iquiteña es superior a los dos mil habitantes.
El clima es magnífico; el suelo arenoso y plano. Produce excelente caña de azúcar, tabaco y café. Lamentablemente, la falta de brazos es la causante que la agricultura de estos productos no llegue a una mayor escala.
Es Iquitos lugar de gran futuro. Así los indios de la provincia podrán gozar directamente de los beneficios de las normas que el Gobierno de la República dicta en los últimos tiempos a fin de proteger a esta gente nativa contra los vejámenes que sufría de parte de algunas autoridades.”  (*)

Podemos colegir que ya para esta época, nuestra ciudad contaba con una población compuesta por nativos y por mestizos, tanto borjeños y sus descendientes como los funcionarios traídos para la administración estatal, pues el estado peruano ya se hacía presente luego de la declaración de Iquitos como puerto fluvial sobre el río Amazonas, entrando en funcionamiento con la llegada, en 1864, de los barcos que mandara construir el Mariscal R. Castilla.  Pero, es a partir de aquí que el panorama demográfico y cultural se hará más diverso en cuanto a composición, pues ingresarían los migrantes chinos hacia 1880, momento en que también se iniciaría la época de explotación del caucho (boom del caucho). En la siguiente década estarían llegando los migrantes judíos y otros migrantes tanto europeos como nacionales, atraídos por el llamado “oro negro”. Recordemos que hacia el final del siglo (1897) don Nicolás de Piérola declara a Iquitos capital del Departamento de Loreto, en reemplazo de Moyobamba.
De allí en adelante, Iquitos sufrirá una metamorfosis social, cultural, política, económica, etc., que continúa hasta el presente.

(*) Citas tomadas de:
VEGA, J. J.;  Viajeros ilustres en Iquitos en   el Siglo XIX (obra inédita).

Obra consultada:
Morey Alejo, Humberto y Gabel D. Sotil García. Panorama histórico de la Amazonía Peruana, una visión desde la Amazonía. Imp. Amazonas, Iquitos, 2000.



martes, 27 de diciembre de 2016

FCEH: REFLEXIONES EN SU 55º ANIVERSARIO

FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN Y HUMANIDADES – FCEH - UNAP

Gabel Daniel Sotil García

Aunque la dinámica académica de nuestra Facultad ha sufrido diversas alteraciones en su desarrollo en el presente año,  sin embargo, ello no es óbice para que hagamos un ejercicio crítico-reflexivo acerca de su ser y actuar al cumplir sus 55 años de funcionamiento.

Debo comenzar diciendo que una de las mayores obligaciones morales que tenemos quienes trabajamos en su seno es dirigir nuestras capacidades de análisis, reflexión crítica y propuestas tanto hacia su interioridad institucional como a su entorno contextual para aproximarnos, en la medida de lo posible, al entendimiento de lo que es nuestra Facultad en lo que ella significa como institución que cumple un encargo social, pues es necesario reafirmar que ella no está donde se  encuentra por una decisión burocrática de la universidad, sino en respuesta a necesidades y demandas de carácter sociocultural, que son las que deben determinar su direccionalidad.

Concebir que ella obedece enteramente a requerimientos administrativo-burocráticos nos ha llevado a percibirla aislada de su entorno geo-socio-cultural, a imprimirle una dinámica interna per se, a despreocuparnos de las situaciones problemáticas que afectan a los pueblos circundantes, a los avatares ambientales, a los conflictos rural-urbanos, a las inquietudes poblacionales, a las necesidades de desarrollo personal, a sus relaciones con el escenario externo, etc.

Por ello es que postulamos que una acción de la mayor urgencia es el análisis comportamental de cómo hemos cursado la etapa anterior a la actual, considerando que la entrada en vigencia de una nueva ley, que es un nuevo ordenamiento normativo, requiere tener claramente visualizado este trayecto de los primeros cincuenta años de vida institucional, para proyectarnos mejorando lo que haya que mejorar e introduciendo los cambios que sean indispensables para darle a nuestra Facultad una nueva significatividad socio-cultural y académica, en concordancia con los nuevos tiempos cronológico-culturales.
Obviar este paso es consolidar una manera de “ser facultad” acrítica, irreflexiva, sin mayores compromisos con el mejoramiento cualitativo consigo misma y con nuestra región. En suma, una Facultad en sí y para sí, que abdicaría de las capacidades de su potencial profesional de primer nivel cualitativo con que ahora cuenta, y que le permitiría abrirse al entendimiento de la necesidad de romper la inercia institucional.

Una mirada hacia nuestra interioridad, pues, nos va a permitir expresar y consensuar nuestras reflexiones, críticas y opiniones acerca de cómo hemos venido afrontando el encargo social de formar a los futuros maestros con las capacidades óptimas para garantizar el logro de los anhelos sociales: disfrutar de mejores condiciones de vida individual y colectiva, que para eso es la educación.

La praxis de esta actitud nos permitiría demostrar que no tomamos a nuestra Facultad como un simple campo de trabajo, en donde solamente vamos a cumplir obligaciones laborales, sino que, coherentemente con nuestra condición de profesionales de la educación, dotados de especiales capacidades académico-investigativas y de responsabilidad social, somos capaces de procesar nuestras experiencias y transformarlas en criterios para tomar mejores decisiones en cuanto a su dinámica y orientación.

Por otro lado, nos es imperativo también abordar nuestro compromiso institucional con la colectividad a la que nos debemos y que nos sirve de referencia en el servicio social que brindamos como retribución. Me estoy refiriendo al contexto físico-social que sirve de soporte a nuestro actuar.

En este sentido cabe, por necesario, que hagamos una minuciosa auscultación de las relaciones  que hemos venido estableciendo con dicho entorno. Tomar conciencia de las modalidades de respuestas dadas a tales desafíos, nos permitirá someterlas a una severa crítica evaluativa de nuestra actuación en concordancia con las circunstancias que hemos afrontado como unidad institucional a través de los años.

Ello nos permitirá medir nuestro grado de sensibilidad a los mensajes del entorno; la importancia que hemos dado a uno u otro componente de la realidad; el grado de conciencia con el que hemos actuado dentro de nuestro escenario, las prioridades en cuanto a las necesidades formativas, la coherencia con las prioridades regionales, etc.

Todo ello se transformará en un mensaje de la mayor trascendencia formativa tanto para nuestros alumnos como para la sociedad en general,  que esperan de nosotros las evidencias de que en nuestra Facultad hay un grupo humano que está procesando sus propias experiencias para aprender de ellas y proyectarse a mejores niveles cualitativos para generar superiores condiciones de vida social.

Desarrollar un flujo informativo con estas características nos permitirá hacernos presentes en la dinámica sociocultural como entidad actuante en permanente proceso de construcción de su ser con plena coherencia con las necesidades formativas que plantea el actuar de la comunidad que, como bien sabemos, se encuentra en permanente proceso de cambios. Dicho diálogo, en consecuencia, nos va a permitir ajustar nuestra dinámica institucional a las aspiraciones y necesidades de nuestro entorno contextual.

Se hace, pues, necesario tomar distancia de nosotros mismos para juzgarnos como una entidad actuante dentro del espacio amazónico, para determinar los aciertos y deficiencias que hayamos impreso a nuestro actuar  durante esta primera fase de nuestra institucionalidad.

Sólo así lograremos construir una cabal imagen de lo que hemos sido para proyectarnos hacia un deber ser plenamente coherente con los tiempos actuales y venideros.


martes, 20 de diciembre de 2016

CAMBIOS EN EL MINISTERIO DE EDUCACIÓN

Reflexionando sobre nuestro quehacer educativo
Gabel Daniel Sotil García
Aunque no son los que más deseamos y necesitamos, se vienen produciendo cambios en el Ministerio de Educación, productos de una serie de deficiencias  estructurales normativas y de actuación de los miembros de nuestra sociedad nacional.
Acaba de juramentar, a muy poco tiempo de iniciado el actual gobierno, una ministra en el sector  educación. Remplaza a un ministro sobre el cual se han dicho muchos asertos, aunque no todos verdaderos.   
Su nombre: MARILÚ DORIS MARTENS CORTEZ.

Educadora de procedencia, después de muchos años de transitar por diversas dependencias, tanto fuera como dentro del Ministerio de Educación, llega al más alto cargo administrativo del sector. Y llega después de muchos ministros no educadores, precedida de lejanos recuerdos de las doctoras Gloria Helfer y Mercedes Cabanillas, ambas preclaras educadoras ministras también.
Algunas reflexiones nos provoca su designación, que queremos compartir.

Espero, esperamos mejor dicho, que sea una profesional que se interese y mire hacia el interior de nuestro país y sepa y acepte que somos diversos, heterogéneos, con diversas culturas, infinidad de idiomas, una geografía de lo más variada, una riqueza inconmensurable que sirve de marco, por deficiencias de gestión social,  a graves injusticias, desigualdades, pobreza, subdesarrollo, por lo cual requiere que se estimule respuestas educativas diversas, apropiadas a cada contexto social, para generar el desarrollo y la superación de la pobreza que nos castiga inmisericordemente.
Esperamos que enfatice la formación de los peruanos para construir una mejor sociedad nacional, para solucionar nuestros problemas a partir de un profundo conocimiento de nuestra realidad, su compromiso con la búsqueda de sus soluciones y la práctica de valores propios de nuestras raíces culturales. Soluciones que debemos crear con esfuerzos de quienes vivimos y amamos a este país. No traídas, no copiadas de otras realidades.

Espero, también, que no caiga en el error de afirmar que estamos viviendo un proceso de "reforma educativa" en nuestro país. Unos cuantos cambios circunscritos que se han efectuado en algunos aspectos del sistema, no justifican el calificativo de REFORMA EDUCATIVA. Acuñó la frase el anterior ministro para dar relieve a su gestión, pero aceptar dicha calificación es exagerar las dimensiones. Una reforma, entendida en su plenitud, implica reorientar el sistema, en cuanto a sus objetivos o propósitos, establecer nuevos roles a sus gestores, ponerlo al servicio del desarrollo de nuestras sociedades, generar una nueva dinámica de las potencialidades de nuestro país.
Una Reforma Educativa es asignarle a la educación un rol actuante en la generación de condiciones para construir nuestro desarrollo; no solo el crecimiento económico.
No se olvide, Sra. Ministra, del aforismo de que "el desarrollo de un país sólo llega hasta donde se lo permite su educación.
Espero, también, que la nueva ministra, tenga la necesaria lucidez para avocarse al replanteamiento de la actual educación con la participación no solo de técnicos del ministerio, que los sabemos ajenos a nuestras realidades, sobre todo a la realidad de nuestra selva, que la desconocen a plenitud y, sin embargo, se atreven a tomar decisiones sobre su educación. El Ministerio no es el Perú, así como tampoco lo es Lima.
Si usted desea generar una verdadera Reforma Educativa, señora Ministra, empiece por el currículo. Es de ese manantial de donde beberán los nuevos valores, las nuevas actitudes, los nuevos conocimientos, el desarrollo de nuevas capacidades las nuevas generaciones de peruanos, que se pongan al servicio del mejoramiento continuo, indetenible, de las condiciones de vida de nuestras sociedades, transformando en riqueza social y cultural todo ese potencial que la pródiga naturaleza nos ha dado, pero para el beneficio de todos, sin exclusiones, sin discriminaciones.
Necesitamos, Sra. Ministra, que usted estimule la creatividad del magisterio, no el acatamiento y el simple cumplimiento. Genere condiciones para que los maestros nos sintamos estimulados en el uso de nuestra creatividad, para buscar nuevas formas de educar.
Sepa que las provincias tenemos desarrollos educativos diferenciados, por lo tanto se necesita disposiciones diferenciadas, no homogeneizantes, para buscar las soluciones propias, no las impuestas por el ministerio. Somos un país pluricultural, por lo tanto, tenemos grandes posibilidades de generar diversidad de respuestas, no las que vienen de afuera, generadas en otras realidades.
En fin, señora ministra, Marilú Doris Martens Cortez, le damos la bienvenida en esta Amazonía de prodigiosa diversidad  en todo cuanto usted pueda imaginar; sin embargo, marginada, invisibilizada por efectos de una política educativa centralista y homogeneizante, que ni siquiera distingue lo rural de lo urbano.
Estaremos atentos a sus decisiones, esperando que sean las mejores para dar inicio a un proceso de mejoramiento de nuestras calidades de vida en cada uno de los pueblos, originarios y mestizos, que conforman esta hermosa y pródiga región.



domingo, 11 de diciembre de 2016

PUNTOS CRÍTICOS DE LA GESTIÓN EDUCATIVA

Reflexiones sobre nuestra educación
Gabel Daniel Sotil García
Casi cuatro mil kilómetros lineales de frontera 
comprende nuestro Departamento de Loreto.

Del análisis  que hemos realizado referente a la gestión educativa en nuestro Departamento, se desprende que algunos de los puntos críticos o “nudos gordianos”, que debemos intentar afrontar para avanzar en la búsqueda de la calidad de nuestra educación, podrían ser los siguientes:

 -    Reconocimiento y viabilidad  a la predominancia rural y trifronteriza de nuestra región, para lo cual se requiere establecer lineamientos administrativo-educacionales diferenciales para lo rural, urbano y fronterizo. El medio rural viene siendo agredido por modelos económicos ajenos a sus potencialidades. Narcotráfico, contaminación, deforestación, etc. son atentados contra el AGUA y el BOSQUE, que son las dos grandes riquezas de la Amazonía, sobre las cuales debería fundamentarse nuestro desarrollo. A ello hay que agregar que el poblador rural tiene paradigmas o modelos de comportamiento adaptados a sus respectivos entornos. En consecuencia, la educación debe fortalecer estos comportamientos, estas maneras de actuar del poblador ribereño y orientarlos hacia un mejor uso de sus recursos. El agua y el bosque deben ser los factores en los que se fundamente el desarrollo sostenible de nuestra región. Ambos están a nuestra plena disposición para darles un uso óptimo recurriendo a los avances tecnológicos hoy disponibles.

La gran mayoría de pueblos tiene carácter rural.
-      Fortalecimiento de la educación intercultural para propiciar la relación armónica de las diversas culturas de nuestra región como única estrategia para construir nuestro desarrollo sustentable, participativo, endógeno  e intercultural. En consecuencia, se debe poner en vigencia el denominado Diálogo Intercultural, para lo cual se debe elaborar material didáctico portador de la riqueza cultural tanto de los Pueblos Originarios  como de los Mestizos, con lo cual se superaría el propósito homogeneizante de la actual educación mestiza. Para ello se requiere una nueva capacitación del personal docente para que asuma esta tarea de desmontar el racismo, el segregacionismo que aún se refugia en las aulas de nuestras escuelas.

-      Implementación de una estrategia para el procesamiento de las diversas propuestas que vienen siendo elaboradas  respecto a la educación regional: análisis, reflexiones, críticas, materiales de enseñanza, ensayos socioeducativos, etc. Bien sabemos que, por iniciativa y compromiso particulares de algunos profesores se viene planteando aportes para el mejoramiento de nuestra educación, los cuales no son aprovechados por privilegiar el material de elabora el MED. La creación de un centro u oficina en donde se acopien y procesen las diversas ideas que se propongan para el mejoramiento de la educación regional, resulta indispensable en los actuales momentos, para aprovechar los aportes creativos de nuestros profesionales.

Predominan los comportamientos de
vida rural
-      Elevación de la calidad de la administración educacional capacitando tanto a directores como especialistas en el enfoque integral de la gestión educativa con nuevos conocimientos, nuevo equipamiento axiológico-actitudinal y una nueva visión de la Amazonía. El actual director de las II. EE. está condicionado para ser el fiel cumplidor de las disposiciones que le llegan a su institución, pues toda la dinámica anual está predeterminada y controlada por las disposiciones del MED. Su formación requiere de una capacitación específica, que tendría que darse en una Escuela de Directores, en la cual el componente creatividad debe ser especialmente estimulado. Por su parte, los especialistas técnicopedagógicos están amoldados a la gestión de cumplimiento y no de propuesta. Gusta y disfruta de la complacencia al funcionario del MED. No cuestiona, no reflexiona. Asesora en el cumplimiento de las disposiciones que él mismo recibe del MINEDU. No asesora para la creación, para la innovación. No sistematiza su experiencia y, por ende, no produce aportes reflexivos, cuestionadores, propositivos. Pasa años en su condición de especialista, pero no contribuye a mejorar su propia función y menos la calidad de la educación, porque no se ve en la obligación de procesar, sistematizar, su propia experiencia. En resumen, no comparte su experiencia con el magisterio y la comunidad. Casi nunca escribe para la sociedad.

-      Finalmente, diremos que un punto crítico, de la mayor importancia es el relativo a la ausencia de la realidad amazónica, histórica y actual,  tanto en el currículo nacional como regional. Nuestra Amazonía es aún una gran desconocida en el concierto nacional; en consecuencia, se hace necesario priorizar  gestiones ante el MED para incorporar contenidos curriculares referidos a nuestra realidad, a sus problemas, a sus potencialidades, a sus características, etc., así como dar paso a la regionalización del currículo para darle pertinencia.

CONCLUSIONES:

Luego de todo lo dicho, podemos plantear las siguientes conclusiones:

-      La gestión educativa regional adolece de deficiencias estructurales que imposibilitan la generación de una educación que responda a nuestras características y necesidades amazónicas.

En la actividad económica predomina el uso de los recursos
del bosque.
-      Se caracteriza, en lo fundamental, por tener solo carácter aplicativo de las decisiones que se toman en el centro político nacional, partiendo de una visión tradicional colonialista de la Amazonía.

-     Sin embargo, tenemos en nuestra región condiciones propias y diferenciales que ameritarían el diseño de una gestión educativa con características coherentes con su: forestalidad, pluriculturalidad, predominancia rural y carácter trifronterizo.

-    Una nueva gestión educativa debe poner énfasis tanto en el proceso formativo del educando, en cuanto a estimular sus potencialidades biopsicoculturales como en las necesidades de elevación de la calidad de vida de las respectivas comunidades, tanto ribereñas como urbanas. Sólo así le daremos la auténtica integralidad a la acción formativa de nuestros educandos.



sábado, 3 de diciembre de 2016

EN TORNO A LA GESTIÓN EDUCATIVA REGIONAL (*)

Reflexiones acerca de nuestra educación
Gabel Daniel Sotil García
 
Cuando hablamos de la gestión educativa, hacemos referencia al conjunto de decisiones que toman los agentes educacionales para dinamizar los servicios en las instituciones educativas, dentro de una determinada jurisdicción.

En este artículo vamos a referirnos al ámbito del Departamento de Loreto.

Lo primero que tenemos que decir a este respecto es que, hasta el presente, el tema de la gestión educativa en nuestra región lo hemos abordado sin hacernos algunas preguntas básicas.

Por ejemplo: ¿Para qué educar en nuestra región?, ¿Qué tipo de sociedad queremos construir?, ¿Qué modelo societal requerimos en función a nuestras características básicas: forestalidad y multiculturalidad de nuestra Amazonía?, ¿Es necesario imbricarla con el desarrollo de la región?, ¿Es posible construir una educación propia para nuestra Amazonía?

Es decir, nos hemos adherido al modelo nacional impuesto, en forma acrítica, irreflexiva, en cómoda actitud de obsecuencia ante el poder central. No cabe en nuestros esquemas mentales contradecir al Ministerio de Educación (MED) y, por lo tanto, no hemos hecho ni hacemos esfuerzos para fundamentar respuestas y propuestas orgánicas. Más cómodo nos resulta el acatamiento.

Aceptamos que la calidad de nuestra educación nos viene como un regalo tecnocrático del MED, y no como una creación nuestra.

No hemos elaborado un corpus teórico que fundamente nuestras propuestas educacionales. Olvidamos que sin fundamentos teóricos, nuestras propuestas carecen de basamentos en ideas, corrientes, doctrinas, etc., pasando a ser fácilmente rebatible por quienes quieren imponernos sus decisiones. La oralidad predominante en el magisterio no brinda los fundamentos que requerimos para tomar decisiones de trascendencia sociopolítica. Esta oralidad impide que contemos con un cuerpo de ideas y planteamientos fundamentadores de nuevas decisiones respecto a la educación en nuestra región. No queremos hacer los maestros el esfuerzo de plasmar nuestras ideas por escrito.

Esta omisión tiene como consecuencia que no seamos sino la colonia mental que siempre hemos sido desde medio milenio atrás, pues no nos hemos atrevido a generar y exponer nuevos argumentos alternativos.

En consecuencia, toda la riqueza de mensajes provenientes de nuestra realidad actual e histórica queda fuera de las aulas y del  procesamiento psíquico de las nuevas generaciones. Nuestra imagen de futuro regional la hemos hecho coincidir plenamente con la imagen de futuro nacional. En el marco de esta percepción, demás está decir que la región más desconocida es nuestra propia AMAZONÍA, no solo por nosotros sino por todo el país.

Esta situación explicaría los deficientes niveles de aprendizaje de nuestros educandos, que se evidencian en las evaluaciones que se vienen administrando en el nivel nacional, por el propio ente que debería asegurar la mejor calidad de dichos aprendizajes  a partir de una gestión educativa nacional eficiente.

De acuerdo con el modelo nacional impuesto, la gestión educativa viene privilegiando el acatamiento, destruyendo todo intento de propuesta discrepante, propiciando una praxis magisterial de cumplimiento de las disposiciones;  es decir, el imperio de la homogeneización.

Como consecuencia de esta imposición que implica este acatamiento generalizado, nuestros educandos no se forman con capacidades para dinamizar nuestras riquezas naturales y transformarlas en riqueza social.
Si miramos la dinámica anual de las instituciones educativas, todo su acontecer está predeterminado por el MED, desde el “buen inicio” hasta el buen término, pasando por eventos como “el día del logro”, el PELA, el soporte pedagógico, etc., cuyos frutos se diluyen cada fin de año en las páginas de las pruebas de la ECE, que nos ubica con crudeza en el último casillero del ranking nacional.

La educación se transforma así en instrumento generador de más pobreza, con lo cual cierra el círculo vicioso: educación, pobreza, subdesarrollo, que tiene en el extractivismo mercantilista su máxima expresión y muestra de la pobreza de propuestas para diversificar nuestra producción.

Sin tecnificación de la formación básica de nuestras nuevas generaciones, nos mantendremos en el nivel teoricista de la estimulación de sus capacidades, predisponiendo a nuestras nuevas generaciones para emigran hacia otras realidades, con lo cual, la escuela anemiza, empobrece las fuerzas psicosociales de las comunidades.


A ello se debe agregar que, por disposiciones del ente central, se sigue consolidando el divorcio entre educación, salud, nutrición. Se sigue insistiendo en la separación artificial entre acción formativa y conservación de la salud, con lo cual se pierde la oportunidad de una estrecha colaboración entre ambos sectores cruciales para cualquier sociedad. Educación y salud,   que deberían actuar socialmente como una unidad operativa, se los mantiene desligados por razones meramente burocráticas.

(*) Art. publicado en KANATARI, 04 - 12 - 16