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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento de Ica, Provincia de Palpa, Distrito de Río Grande, Caserío "San Jacinto", en 1941. Egresado de la UNM"SAN MARCOS", Facultad de Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES RECIBIDAS: •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA DE RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL DE LITERATURA INFANTIL, AREA EXPRESIONES POÉTICAS,MED •RECONOCIMIENTO EN MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS" otorgada por la UNAP (Junio, 2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Gerencia Promoción Cultural del GORE LORETO., Condecorado con la orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín.

REFLEXIONES EDUCACIONALES PARA EL COMIENZO DE AÑO

EDITORIAL
FESTIVAL DEL BOSQUE

El ÁRBOL, como los demás seres vivos, nace, crece, se reproduce y muere. Ley natural, y por lo tanto inmutable, ésta.

En ese lapso de vida, de relativa duración, el ÁRBOL entrega sus beneficios a los demás seres vivos y también a los inertes. No es indiferente, no es pasivo, no es egoísta, pues nos brinda, generoso, frescor, agua, oxígeno, verdor, belleza y muchos otros beneficios más.

Construido por la naturaleza en un proceso de millones de años, ha venido respondiendo, en sus características y funciones, a la dinámica de aquélla, evolucionando de formas primigenias hasta alcanzar exuberancias existenciales que hoy podemos constatar en una fase de su evolución.

Una muestra de ellas queda aún en nuestra región, en donde lo podemos encontrar en presencia asombrosamente multiforme, conformando ese abigarrado, pero aún poco comprendido, mundo que llamamos BOSQUE, que supera los límites de nuestra imaginación, significando todo un reto para lograr su conocimiento y comprensión.

Compartió su existencia, desde épocas remotas, con los animales, a los que aún permite disfrutar de este planeta. Luego, vendríamos los seres humanos, que también buscaríamos su protectora y beneficiosa presencia.

Cuando comenzó a poblarse este continente, ya su presencia era imponente, tanto que los primeros pobladores no hicieron sino reconocer sus beneficios. Y aprendieron a respetarlo. Los pueblos originarios establecieron una relación especial con él.

Luego, vendrían malas épocas para él, cuando una nueva cultura, de origen europeo, se entronizara en nuestro país y región. Entonces el ÁRBOL sufriría graves vejaciones que le han causado también graves deterioros a su presencia física y a su significado.

Hoy, el ÁRBOL, aunque se escriba con una pequeña palabra, que pareciera no traducir su verdadera trascendencia, requiere ser reivindicado y resarcido por los vejámenes causados. Pero quienes en realidad tienen que reivindicarse ante él, somos nosotros los seres humanos, pues hemos perdido el sentido de su importancia, sin darnos cuenta que sin él, integrando el maravilloso bosque en el que vivimos, ponemos en peligro nuestra propia existencia como especie.

Por todo ello es que no es necesario aprender a respetarlo, valorarlo, defenderlo. Para eso es el FESTIVAL DEL BOSQUE.

sábado, 3 de diciembre de 2016

EN TORNO A LA GESTIÓN EDUCATIVA REGIONAL (*)

Reflexiones acerca de nuestra educación
Gabel Daniel Sotil García
 
Cuando hablamos de la gestión educativa, hacemos referencia al conjunto de decisiones que toman los agentes educacionales para dinamizar los servicios en las instituciones educativas, dentro de una determinada jurisdicción.

En este artículo vamos a referirnos al ámbito del Departamento de Loreto.

Lo primero que tenemos que decir a este respecto es que, hasta el presente, el tema de la gestión educativa en nuestra región lo hemos abordado sin hacernos algunas preguntas básicas.

Por ejemplo: ¿Para qué educar en nuestra región?, ¿Qué tipo de sociedad queremos construir?, ¿Qué modelo societal requerimos en función a nuestras características básicas: forestalidad y multiculturalidad de nuestra Amazonía?, ¿Es necesario imbricarla con el desarrollo de la región?, ¿Es posible construir una educación propia para nuestra Amazonía?

Es decir, nos hemos adherido al modelo nacional impuesto, en forma acrítica, irreflexiva, en cómoda actitud de obsecuencia ante el poder central. No cabe en nuestros esquemas mentales contradecir al Ministerio de Educación (MED) y, por lo tanto, no hemos hecho ni hacemos esfuerzos para fundamentar respuestas y propuestas orgánicas. Más cómodo nos resulta el acatamiento.

Aceptamos que la calidad de nuestra educación nos viene como un regalo tecnocrático del MED, y no como una creación nuestra.

No hemos elaborado un corpus teórico que fundamente nuestras propuestas educacionales. Olvidamos que sin fundamentos teóricos, nuestras propuestas carecen de basamentos en ideas, corrientes, doctrinas, etc., pasando a ser fácilmente rebatible por quienes quieren imponernos sus decisiones. La oralidad predominante en el magisterio no brinda los fundamentos que requerimos para tomar decisiones de trascendencia sociopolítica. Esta oralidad impide que contemos con un cuerpo de ideas y planteamientos fundamentadores de nuevas decisiones respecto a la educación en nuestra región. No queremos hacer los maestros el esfuerzo de plasmar nuestras ideas por escrito.

Esta omisión tiene como consecuencia que no seamos sino la colonia mental que siempre hemos sido desde medio milenio atrás, pues no nos hemos atrevido a generar y exponer nuevos argumentos alternativos.

En consecuencia, toda la riqueza de mensajes provenientes de nuestra realidad actual e histórica queda fuera de las aulas y del  procesamiento psíquico de las nuevas generaciones. Nuestra imagen de futuro regional la hemos hecho coincidir plenamente con la imagen de futuro nacional. En el marco de esta percepción, demás está decir que la región más desconocida es nuestra propia AMAZONÍA, no solo por nosotros sino por todo el país.

Esta situación explicaría los deficientes niveles de aprendizaje de nuestros educandos, que se evidencian en las evaluaciones que se vienen administrando en el nivel nacional, por el propio ente que debería asegurar la mejor calidad de dichos aprendizajes  a partir de una gestión educativa nacional eficiente.

De acuerdo con el modelo nacional impuesto, la gestión educativa viene privilegiando el acatamiento, destruyendo todo intento de propuesta discrepante, propiciando una praxis magisterial de cumplimiento de las disposiciones;  es decir, el imperio de la homogeneización.

Como consecuencia de esta imposición que implica este acatamiento generalizado, nuestros educandos no se forman con capacidades para dinamizar nuestras riquezas naturales y transformarlas en riqueza social.
Si miramos la dinámica anual de las instituciones educativas, todo su acontecer está predeterminado por el MED, desde el “buen inicio” hasta el buen término, pasando por eventos como “el día del logro”, el PELA, el soporte pedagógico, etc., cuyos frutos se diluyen cada fin de año en las páginas de las pruebas de la ECE, que nos ubica con crudeza en el último casillero del ranking nacional.

La educación se transforma así en instrumento generador de más pobreza, con lo cual cierra el círculo vicioso: educación, pobreza, subdesarrollo, que tiene en el extractivismo mercantilista su máxima expresión y muestra de la pobreza de propuestas para diversificar nuestra producción.

Sin tecnificación de la formación básica de nuestras nuevas generaciones, nos mantendremos en el nivel teoricista de la estimulación de sus capacidades, predisponiendo a nuestras nuevas generaciones para emigran hacia otras realidades, con lo cual, la escuela anemiza, empobrece las fuerzas psicosociales de las comunidades.


A ello se debe agregar que, por disposiciones del ente central, se sigue consolidando el divorcio entre educación, salud, nutrición. Se sigue insistiendo en la separación artificial entre acción formativa y conservación de la salud, con lo cual se pierde la oportunidad de una estrecha colaboración entre ambos sectores cruciales para cualquier sociedad. Educación y salud,   que deberían actuar socialmente como una unidad operativa, se los mantiene desligados por razones meramente burocráticas.

(*) Art. publicado en KANATARI, 04 - 12 - 16

viernes, 18 de noviembre de 2016

La interculturalidad como principio en la nueva educación (*)

Gabel Daniel Sotil García
Desde que se diera la ley 28044, Ley General de Educación (2003), se estableció que uno de los principios que debería regir al sistema educativo nacional sería el de INTERCULTURALIDAD.
Por su parte, la nueva ley que rige la dinámica de la educación superior, Ley 30220 (2014), también dispone, entre otros, que el principio de interculturalidad debe estar presente en el desarrollo de la educación universitaria.
Pero, ¿qué es la interculturalidad? ¿Por qué es necesaria para nuestra educación? ¿Qué repercusiones tiene en la dinámica sociocultural de nuestro país y región?
Para tener una comprensión de su naturaleza y rol, tenemos que partir del reconocimiento de que nuestra especie, a la que denominamos Homo Sapiens, se distribuye sobre la faz de nuestro planeta en diversidad de culturas, productos de la interrelación de los grupos humanos con sus respectivos entornos ambientales; diversidad que tiene un valor intrínseco según la UNESCO, pues vale en sí misma, siendo la mayor creación de la humanidad, con lo cual expresa su vocación esencial: la diversidad como norma de concreción.
Pero, es el caso que, infelizmente, a lo largo de nuestro devenir prehistórico e histórico, las relaciones entre los diversos mundos culturales no han sido pacíficas, respetuosas de las diferencias.
Al contrario, en la mayoría de los casos en que han entrado en contacto culturas diferentes, la beligerancia se ha impuesto como norma de relación, con consecuencias desastrosas para ambos bandos. Confrontación a causa de una natural y espontánea actitud: el etnocentrismo: toda cultura se auto percibe como superior respecto a las otras culturas.
El punto culminante de estos enfrentamientos fueron las dos fatídicas guerras mundiales en la primera mitad del Siglo XX.
Es a partir de dichos acontecimientos que las mentes más lúcidas de las propias naciones que se habían enfrentado y ante la comprobada inutilidad del desastre causado, se reúnen en un foro multinacional y pluricultural para elaborar un acuerdo que pusiera las bases para una convivencia pacífica y respetuosa de las diferencias y para buscar soluciones a los conflictos entre países sin recurrir al enfrentamiento bélico.
Es de este foro multinacional que nace la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS, promulgada en 1948, en la que se precisan los derechos que todo ser humano tiene desde que nace. Entre ellos, el de la pertenencia cultural.
Luego, en 1976, se habría de promulgar la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS, a la que le seguirá el CONVENIO 169 –OIT, en 1989. En 1993 se reunirán los países en el marco de la CONFERENCIA MUNDIAL DE DERECHOS HUMANOS, donde se reafirma que “Los derechos humanos y las libertades fundamentales son patrimonios innatos de todos los seres humanos”.
Y en el año 2001, la UNESCO promulgaría la DECLARACIÓN SOBRE DIVERSIDAD CULTURAL, a la que le seguiría la DECLARACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS en el 2007, que sería seguida por el INFORME MUNDIAL DE LA UNESCO: INVERTIR EN LA DIVERSIDAD Y EL DIÁLOGO INTERCULTURAL, en el 2009.
Como puede verse, este conjunto de documentos normativos de carácter supranacional y orientador, pero no vinculante, expresa una gran preocupación por evitar toda posibilidad de confrontación entre pueblos y culturas, teniendo una clara direccionalidad: convencer y orientar a la humanidad de que todos somos iguales, teniendo los mismos derechos, que la paz es el ambiente más estimulante para nuestro engrandecimiento como especie y que nuestros conflictos no tienen que ser solucionados mediante el uso de la fuerza.
En consecuencia, se hace necesario educarnos en el pleno reconocimiento de esta igualdad esencial de los seres humanos y orientarnos a la práctica de un nuevo tipo de relaciones entre los individuos y entre las culturas, a pesar de nuestras diferencias aparenciales.
Si bien es verdad que aún no se logra este ideal, es cada vez más evidente para toda la humanidad “…que el respeto de la diversidad de las culturas, la tolerancia, el diálogo y la cooperación, en un clima de confianza y de entendimiento mutuos, son uno de los mejores garantes de la paz y la seguridad internacionales.” (Declaración Universal de la UNESCO sobre la diversidad cultural).
En el caso de nuestro país, se ha establecido que nuestra diversidad cultural, en la actualidad se expresa en la existencia de, por lo menos, 54 culturas, la mayoría de las cuales se encuentra en nuestra región amazónica y tiene un origen milenario. Sí, objetivamente milenario. Ellas son las culturas originarias.
Sin embargo, es necesario que puntualicemos que, por razones estrictamente de carácter político, es decir del ejercicio del poder, las relaciones actualmente vigentes que se han establecido entre estas culturas no son armoniosas, respetuosas unas de otras.
Todo lo contrario: entre las originarias y la que tiene el poder político, que es la mestiza, hay toda una relación confrontacional, conflictiva, en detrimento de aquéllas, que se inició en el momento mismo en que entraran en contacto el mundo eurógeno con las culturas originarias. Anima esta relación un propósito homogeneizante, para hacer desaparecer a las culturas ancestrales, bajo la falsa percepción de ser la causa de nuestro subdesarrollo, razón por la cual, desde el inicio de esta relación los gobernantes tuvieron como propósito la castellanización, evangelización y modernización (europeización) de los pueblos indígenas.
Asumido y ejercido el poder político por los miembros de la cultura de extracción europea desde una perspectiva etnocéntrica, todo el aparato estatal fue diseñado para la imposición de dicha cultura.
Luego de la época colonial, los herederos republicanos del poder político no hicieron sino continuar con estos propósitos que, bajo otras modalidades, siguen actuando solapadamente unas veces y abiertamente en otras, hasta el presente, como bien lo podemos comprobar.
El hecho de la hegemonización de la cultura mestiza viene repercutiendo en el progresivo debilitamiento de las demás culturas, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo. La progresiva desestructuración del mundo indígena, la invisibilización de su diversidad, la pérdida de sus valores, por la agresividad de la cultura dominante, la difuminación de su cosmovisión, la pérdida de sus territorios, la afectación de sus modos de vida por la imposición de modelos económicos incompatibles con su medio, el deterioro de los bienes con los cuales satisfacen sus diversas necesidades por la satisfacción de las demandas del mercado internacional (extracción de gas, oro, petróleo, narcotráfico), el fortalecimiento del extractivismo mercantilista como única forma de explotación de los recursos naturales, la imposición de sistemas lingüísticos totalmente ajenos a sus necesidades de comunicación, etc., son consecuencias negativas más que evidentes de esta organización vertical que ha adoptado el país.
Frente a ello se vienen alzando voces de protesta de diversas procedencia: las dilucidaciones sociales, los diversos análisis culturales, políticos, etc. de nuestra situación actual, hechos por pensadores y científicos sociales, insignes y comprometidos, el reclamo cada vez más airado de las organizaciones representativas de los pueblos originarios, las presiones provenientes de los acuerdos internacionales a los que ha tenido que adherirse nuestro país, han posibilitado el darnos cuenta que mucho de dicha situación se debe al tipo de relaciones vigentes entre las diversas culturas al interior de nuestro país.
Es este reconocimiento o toma de conciencia el que nos viene impulsando a promover una nueva forma de relación entre nuestras diversas culturas, relación en cuyo marco cada peruano y cada pueblo se perciban en un nivel de igualdad, que se exprese en un comportamiento respetuoso de las herencias culturales de los demás. En que cada peruano se sienta un valor en sí mismo por el hecho de pertenecer a una determinada cultura con la que se identifica, como el agua de un manantial.
Es ésta la relación que se denomina INTERCULTURAL: una relación en la que se expresa el orgullo de pertenencia y el respeto hacia la diferencia. Es decir, vigencia de la tolerancia ante la diversidad de formas de ser y actuar.
Esta relación tiene en el diálogo intercultural su óptimo instrumento de concreción. El diálogo intercultural “no supone abandonar las convicciones propias, sino mantener una actitud de apertura de espíritu. Debe contemplarse como un proceso complejo, siempre abierto y sin fin.” (Invertir en la diversidad cultural y el diálogo intercultural, UNESCO)
Ahora bien, esta relación tiene que ser un constructo social, un producto de la creación del conjunto de pueblos existentes en nuestro territorio. En su concreción tienen que participar todas las culturas involucradas, a corto, mediano y largo plazo.
Por esta razón es que se ha visto que el mejor vehículo para llegar a ese estado ideal es la EDUCACIÓN. Pero no cualquier educación, sino una educación ex profesamente diseñada para lograrlo.
No la actual, por cierto.
Esa educación es la que se viene denominando Educación Intercultural, en cuyo marco doctrinal los educandos sean formados para el respeto de las diferencias culturales, que acepten que la diversidad es una oportunidad que tienen los pueblos para construir un mejor entendimiento. Que ella entraña el esfuerzo común de aprender a mirarse como miembros de la especie humana, tanto como a un mundo de valores compartidos que deben ser respetados, tolerados, como expresión de riqueza que debemos perfeccionar en un marco de convivencia pacífica.
Por cierto que esto implica reorientar la actual educación vigente en nuestro país: capacitar al profesorado en esta nueva perspectiva, reestructurar el currículo, incorporando nuevos contenidos pertinentes a dicho propósito, modificar las normas organizativas de las instituciones educativas, etc. Es decir, cambiar la praxis pedagógico-didáctica desde la intimidad de las aulas de clase.
Debemos tener en cuenta que la Interculturalidad no es solo un concepto o un dato frío de la realidad, sino fundamentalmente, un valor, una actitud, que debemos construir y asumir individual y socialmente, con la que debemos afrontar una nueva dinámica en nuestro país y región para lograr su desarrollo en la plenitud de su significado. De su concreción ha de emerger la más auténtica democracia: la democracia intercultural, una forma superior de vida social para la satisfacción plena de nuestras necesidades.
Reconocemos, con ello, que desde nuestra región amazónica estamos en la obligación de contribuir con la construcción de este proceso que ha de permitir llevar a nuestra humanidad a un nivel superior de su desarrollo espiritual.

(*) Tomado de: http://www.amazonia.org.pe/revista-n%C2%B0-10-octubre-de-2016/la-interculturalidad-como-principio-en-la-nueva-educaci%C3%B3n

EN TORNO A LA EDUCACIÓN INTERCULTURAL

Más reflexiones sobre nuestra educación
Gabel Daniel Sotil García

Una condición indispensable para el logro de nuestro desarrollo como región y como país es que logremos consensos mínimos que nos permitan plantearnos metas o propósitos compartidos.

Considerando que nuestra  región posee como característica una prodigiosa diversidad de culturas y, por ende, con diversidad de lenguas, lo mínimo que podemos hacer socialmente  para hacer realidad dicho propósito es promover las más óptimas relaciones entre todas las culturas, en especial las que establece la cultura dominante (mestiza) con las originarias.

Por cierto que esta exigencia no se logra de la noche a la mañana o por obra de milagros de alguna deidad. Ella  tiene que ser producto  del esfuerzo compartido que hagamos, entre otras, instituciones rectoras de las fuerzas psicosociales de una comunidad como lo es la Escuela, en donde las nuevas generaciones aprendan a relacionarse armónica, respetuosamente a pesar de sus diferencias culturales, reconociéndose miembros de una única especie: HOMO SAPIENS, que se vierte sobre la faz de la Tierra en diversidad de formas de actuar, ser y sentir.

Es a esto lo que denominamos EDUCACIÓN INTERCULTURAL y que tiene en el DIÁLOGO INTERCULTURAL su instrumento de mayor trascendencia sociocultural y política.

Pero, ¿qué es la educación intercultural? ¿Por qué es necesaria para nuestra educación? ¿Qué repercusiones tiene en la dinámica sociocultural de nuestro país y región?

Debemos partir del reconocimiento de que, a lo largo de nuestro devenir prehistórico e histórico, las relaciones entre los diversos mundos culturales no han sido pacíficas, respetuosas de las diferencias. Al contrario, en la mayoría de los casos en que han entrado en contacto culturas diferentes, la beligerancia se ha impuesto como norma de relación, con consecuencias desastrosas para ambos bandos. La causa de esta confrontación siempre ha sido una natural y espontánea actitud: el etnocentrismo: toda cultura se auto percibe como superior respecto a las otras culturas y, por ende, con derecho a ser dominante.

El punto culminante de estos enfrentamientos fueron las dos fatídicas guerras mundiales en la primera mitad del Siglo XX.

Es a partir de dichos acontecimientos que las mentes más lúcidas de las propias naciones que se habían enfrentado y ante la comprobada inutilidad del desastre causado,  se reúnen en un foro multinacional y pluricultural para elaborar un acuerdo que pusiera las bases para una convivencia pacífica y respetuosa de las diferencias y para buscar soluciones a los conflictos entre países sin recurrir al enfrentamiento bélico.

Para ello,  se hace necesario educarnos en el pleno reconocimiento de esta igualdad esencial de los seres humanos y orientarnos a la práctica de un nuevo tipo de relaciones entre los individuos y entre las culturas, a pesar de nuestras diferencias aparienciales.

En el caso de nuestro país, se ha establecido que nuestra diversidad cultural, en la actualidad se expresa en la existencia de, por lo menos, 54 culturas, la mayoría de las cuales se encuentra en nuestra región amazónica y tiene un origen milenario. Sí, objetivamente milenario. Ellas son las culturas originarias.

Sin embargo, es necesario que puntualicemos que, por razones estrictamente de carácter político, es decir, del ejercicio del poder, las relaciones actualmente vigentes que se han establecido entre estas culturas no son armoniosas, respetuosas unas de otras.
Todo lo contrario: entre las originarias y la que tiene el poder político, que es la mestiza, hay toda una relación confrontacional, conflictiva, en detrimento de aquéllas, que se inició en el momento mismo en que entraran en contacto el mundo eurógeno con las culturas originarias.

Anima esta relación un propósito homogeneizante, para hacer desaparecer a las culturas ancestrales, bajo la falsa percepción de ser la causa de nuestro subdesarrollo, razón por la cual, desde el inicio de esta relación los gobernantes tuvieron como propósito la castellanización, evangelización y modernización (europeización) de los pueblos indígenas.
Asumido y ejercido el poder político por los miembros de la cultura de extracción europea desde una perspectiva etnocéntrica, todo el aparato estatal fue diseñado para la imposición de dicha cultura.

Luego de la época colonial, los herederos republicanos del poder político no hicieron sino continuar con estos propósitos que, bajo otras modalidades, siguen actuando solapadamente unas veces y abiertamente en otras, hasta el presente, como bien lo podemos comprobar.

El hecho de la hegemonización de la cultura mestiza viene repercutiendo en el progresivo debilitamiento de las demás culturas, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo.

La progresiva desestructuración del mundo indígena, la invisibilización de su diversidad, la pérdida de sus valores, por la agresividad de la cultura dominante, la difuminación de su cosmovisión, la pérdida de sus territorios, la afectación de sus modos de vida por la imposición de modelos económicos incompatibles con su medio, el deterioro de los bienes con los cuales satisfacen sus diversas necesidades para atender las demandas del mercado internacional (extracción de gas, oro, petróleo, narcotráfico), el fortalecimiento del extractivismo mercantilista como única forma de explotación de los recursos naturales, la imposición de sistemas lingüísticos totalmente ajenos a sus necesidades de comunicación, etc., son consecuencias negativas más que evidentes de esta organización vertical que ha adoptado el país.


Es este reconocimiento o toma de conciencia el que nos  viene impulsando a promover  una nueva forma de relación entre nuestras diversas culturas, relación en cuyo marco cada peruano y cada pueblo se perciban en un nivel de igualdad, que se exprese en un comportamiento respetuoso de las herencias culturales de los demás. En que cada peruano se sienta un valor en sí mismo por el hecho de pertenecer a una determinada cultura con la que se identifica, como el agua de un manantial. 

domingo, 6 de noviembre de 2016

LA ESCUELA ESMERALDA (*)

Más reflexiones sobre nuestra educación amazónica
 Gabel Daniel Sotil García

Las piedras preciosas como la esmeralda, el diamante, etc. em­bellecen, revaloran los objetos en los cuales son adheridas, pero tienen la peculiari­dad de mante­ner su aislamiento respecto al objeto que las porta, propiedad ésta que posibilita su adhesión sin modificarse ellas mismas.

Ahora bien, si hacemos un análi­sis crítico evaluativo de la escuela actual, llegaremos a la conclusión de que ella es algo así como una hermosa esmeralda, que embe­lle­ce y revalúa los lugares (Comuni­dades) en donde se incrus­ta, pero sin establecer ninguna unión rai­gal con su entorno.

Funcionando en las diversas Co­munidades de nuestra Selva, ella más parece una piedra pre­ciosa engastada en cada una de ellas, a las que, más que servir­las, se sirve de ellas, generando en sus miembros un respeto cuasi idolá­trico  a su presencia, que impide poner en duda su necesi­dad y cuestionar los fines para los cua­les funciona.

Es así como ella ha devenido el lugar adonde va el alumno a educarse en la práctica de valo­res universales, en el manejo de abstractos culturales, en la deifi­cación del saber, en la absoluti­zación de su persona, en la teori­za­ción inocua, etc.

Como producto de ello, nuestros alumnos alcanzan su superación sintiéndose superiores porque aprenden las reglas de tránsito en donde no hay vehículos motorizados, conocen historias de príncipes y princesas en castillos misteriosos, entonan cantos a objetos desconocidos, aprenden a leer en libros con palabras extrañas que tienen que memorizar sin comprender, hacen adivinanzas referidas a objetos de los cuales tal vez nunca tendrán una experiencia directa.

Tales aprendizajes conforman a niños y jóvenes sin conocimiento de su realidad (salvo el que la Comunidad les propicia), sin cariño por lo suyo, despectivos respecto a las acciones culturales de la gente de su ambiente social, ignorantes de los problemas inmediatos, indiferen­tes ante su solución, etc. En fin, un extraño en su entorno, que sólo piensa en emigrar lo antes posible para "superarse".

Es que ella, la Escuela, viene siendo considerada un elemento ornamental, antes que funcional, en cada Comunidad. Funcionando en diversas realidades, no estable­ce nexos vitales con ellas. Impermeable respecto a la problemática local, funciona indiferente a las necesi­dades de todo tipo que hay en todas y cada una de las Comunida­des. Es ella una Escuela Esmeralda.

Como tal, ella es un producto de una antigua con­cep­ción preciosis­ta de la educación, nacida en los albores de la Época Colonial de nuestro país, a partir de la cual se inició la imposición de modelos extraños, pero concebi­dos como superiores, en nuestro quehacer educacio­nal nacio­nal.

Traída por la cultura dominante y generalizada vía mecanismos político - administrativos, ha tenido en las ciudades amazónicas los focos de irradiación más efica­ces, tanto que hoy es ésta la concepción que predomi­na en la praxis pedagógica de la Región.

Su rigidez funcional, su carácter depredatorio de las culturas regionales, su indiferencia frente a la riqueza ecológica y problemas socio-culturales de la comunidad, son las características más evidentes de esta Escuela Esmeralda. Pero, además, ella viene actuando como el terminal de un inmenso, pero invisible, ducto a través del cual las ciudades selváticas succionan la riqueza del campo, induciendo en los niños y jóvenes ribereños pseudo expectativas de modernidad que terminan trocán­dose en crudas realidades en los asentamientos urbano - marginales, que no son sino los escenarios en donde el migrante rural pierde su identidad para asumir un mundo cultural con valores distintos y contradictorios.

Con ello, el despoblamiento del campo, la disminución de la producción, el hacinamiento, la promiscuidad, los problemas psico-sociales, etc.

Si bien es cierto que no podemos, y no debemos, culpar exclusivamente a la Escuela de estas consecuen­cias, tampoco debemos dejar de asignarle una importancia significativa como elemento condicionante.

¿Cómo aceptar en la Selva, nuestra Selva, una Escuela en donde uno de los grandes ausentes es el Bosque, en donde no hay historia regional y en donde se ignora el patrimonio cultural nativo?
¿Una escuela que ignora los problemas de salud, de alimentación, de organización, etc. de su comunidad? ¿Una escuela que no contribuye a elevar los niveles de conciencia de los problemas que afectan a los poblado­res?, ¿que restringe su acción a sólo las necesidades cognosciti­vas de sus alumnos?

No.

En la Selva se necesita una Escuela que sea parte del Bosque. Por cierto que no de la denotación física del bosque, sino de la connotación cultural que tiene el bosque en esta realidad. Se necesita una Escuela que sea el fruto del esfuerzo creador que está adormilado en nues­tras comunidades. Adormecimiento, precisamente, producido por la actual Escuela, esa Escuela Esmeralda que tan linda se la ve en muchos poblados, pero que tan indife­rente y distante se muestra respecto a los mismos.


(*) Tomado de "Escuela Árbol, una propuesta de educación para la selva", IIEHAP, Iquitos, 2016.

viernes, 4 de noviembre de 2016

EN TORNO A LA HUELGA DE DOCENTES UNIVERSITARIOS

Hechos y reflexiones frente a la huelga de docentes universitarios

Gabel Daniel Sotil García

Los docentes de Educación Superior Universitaria nos encontramos en huelga.

La huelga es un derecho reconocido y establecido por nuestra Constitución Política (Art. 28°). Con ella expresamos nuestras protestas y reclamos frente a las injusticias que se nos infieren burlando nuestras conquistas laborales.

Como es el caso de estos momentos; pues habiendo sido dispuesta la HOMOLOGACIÓN de nuestros haberes por la Ley 30220, nueva Ley Universitaria, promulgada en julio del 2014, respecto a las remuneraciones de los Magistrados Judiciales (Art. 96: “Las remuneraciones de los docentes de las universidades públicas se homologan con las correspondientes a las de los Magistrados Judiciales”), hasta el momento, y pese al tiempo transcurrido y nuestras gestiones pertinentes, no se nos hace efectivo este derecho.

Cabe puntualizar que este derecho a la homologación ya fue reconocido y efectivizado al amparo de la Ley 23733 (Art. 53°), precedente de la actual ley universitaria.

Por ello es más incomprensible esta reticencia del Estado Peruano a dar cumplimiento a sus propias disposiciones, pues la Ley 30220 fue sancionada por el poder legislativo y promulgada por el ejecutivo. Es decir, el Estado desacata su propia disposición. O dicho de otra manera: el Estado peruano burlándose de sí mismo.

Superficialmente mirado este hecho (la negativa del Estado a dar cumplimiento a su propia disposición) podría significar una falta de voluntad política del Estado Peruano para atender las demandas del magisterio universitario o carencias de disponibilidad presupuestaria; pero, puede ser que se deba a otras razones.

¿Cuáles podrían ser algunas de dichas razones?

Veamos, en modo especulativo, cuáles podrían ser.

Podríamos suponer que los funcionarios del gobierno ignoren que los países que hoy ostentan la condición de desarrollados, la han logrado a partir de la educación, por cierto que no de cualquier educación, sino de una educación universitaria ex profesamente diseñada para generar el mejoramiento progresivo de la calidad de vida social, a partir de las cualidades inducidas a los profesionales en formación por un equipo de docentes plenamente motivado por condiciones estimulantes.

Podríamos conjeturar que desconozcan que para ello sus respectivos gobiernos tuvieron que destinar grandes recursos en docencia, infraestructura, equipamiento, etc., pues tuvieron que reconocer una ley socioeconómica: a mejor educación, mayor desarrollo; no a la inversa.

Precisamente es eso lo que reclamamos los docentes universitarios: oportunidad de contribuir, de mejor manera, al mejoramiento de la calidad de vida de nuestro país. Poner nuestros mejores esfuerzos para generar condiciones que garanticen un indetenible proceso de mejor satisfacción de las necesidades sociales, que es lo que se llama desarrollo.

Si hoy nuestro país presenta déficits en sus niveles de vida social es, precisamente, porque no está atendiendo adecuadamente a la formación de sus profesionales: en las áreas y características pertinentes.

Cuanto más se restrinjan los parámetros de calidad formativa de nuestros futuros profesionales por motivos presupuestarios, menores posibilidades formativas tendremos los profesores universitarios para estimular ese enorme potencial que llevan los estudiantes a las aulas formativas.

En consecuencia, nuestra lucha no se circunscribe a mejorar nuestras remuneraciones que, por lo demás, es motivo de disposición de la ley vigente, sino que hemos asumido a plenitud  nuestro reconocimiento de que los límites para nuestro desarrollo están definitivamente determinados por los linderos que la propia educación establece. Nunca el desarrollo de una sociedad podrá sobrepasar los límites de su propia educación. Otra ley socioeconómica que se quiere desconocer. En consecuencia, se necesita de una condición previa: mejorar la educación para generar desarrollo.

Querer desarrollarnos como sociedad, por lo tanto, exige transformar a la educación en el instrumento que, por lo demás, siempre se ha reconocido: sin educación pertinente nunca lograremos el anhelado desarrollo, en el sentido de crear condiciones propicias para generar oportunidades de desenvolvimiento de nuestras capacidades socioculturales y biopsicológicas.

Los maestros universitarios somos conscientes de ello: sin una adecuada educación jamás tendremos el desarrollo que requerimos, pues el camino hacia él, necesariamente pasa por los fértiles campos de la calidad formativa.

Somos conscientes, también, de que tal y como se encuentra nuestra actual universidad, ésta no es sino una entidad burocrática, repetitiva, ahistórica, sin mejores posibilidades de futuro, pero con un gran potencial de mejoramiento cualitativo que queremos activar en concordancia con los actuales momentos: regionales, nacionales y planetarios.

En consecuencia, nuestra lucha por la homologación, ya decretada en el más alto nivel legislativo, se explica por nuestro deseo de querer contribuir al desarrollo de nuestra región. 

Eso lo queremos, pero las condiciones en las que desempeñamos nuestras labores impiden que logremos ese propósito.

Unas reflexiones finales son necesarias en relación a este problema: ¿En verdad, el Estado Peruano quiere y busca el desarrollo de nuestro país?

Tenemos un país maravilloso en cuanto a recursos naturales. La naturaleza, tanto en el nivel nacional como regional, nos ha dotado de todo cuanto podríamos necesitar para satisfacer las necesidades sociales. Pero, para ello, hay que transformar esa riqueza natural en riqueza social. ¿Cómo? Formando a nuestro potencial profesional con las características que posibiliten un óptimo uso de dichas materias primas para superar el extractivismo mercantilista de carácter exportador que hoy signa la actividad económica en nuestra región. Para ello se requiere diversificar nuestros procesos productivos formando a los nuevos profesionales en consonancia con dicho propósito.

Es esto a lo que queremos contribuir como responsables de la formación de los profesionales que requiere una renovada actividad socioeconómica y cultural.
Nuestra huelga tiene esa finalidad.



martes, 18 de octubre de 2016

LA CULTURA NATIVA EN LA NUEVA ESCUELA (*)

Para concretar la interculturalidad en nuestra educación regional

Gabel Daniel Sotil García

Demos una mirada, muy grosso modo, al Complejo Cultural Nativo y veremos que el espectro de sus con­quistas es tan amplio como el de cualquier otra cultura, antigua o actual, sólo que diferente, propio. Que traduce un actuar y crear peculiares; como no podía ser de otro modo.

Su gama de logros culturales va desde conocimientos práctico - utilitarios para el uso de los objetos, hasta las concepciones más trascendentes del mundo, de la vida, de la muerte, a través de las cuales expre­san una cosmovi­sión, una concepción filosófica del mundo labrada por "su" tiempo.

No son ajenos a esos logros los valores estéticos, ético - individuales, ético - sociales, tabúes protectores del medio y del grupo humano, conocimientos medicinales, ex­pre­siones artísticas, etc. Es decir, todo cuanto podría­mos exigir para reconocer a una cultura como tal.

En verdad, la sorpresa que pudiéramos experimentar ante el conocimiento de sus logros sólo reflejaría el gran vacío que tenemos quienes vivimos en esta Región, generado, entre otros, por la Escuela actual, en cuyo seno aún no entra nada relacionado o proveniente de nuestras culturas nativas.

Veamos algunos aspectos.

En el Mundo Cultural Indígena hay mani­festaciones en las cuales se traducen las luchas entre el bien y el mal, conflicto que es común a todas las grandes y peque­ñas culturas madres de lo que hoy constitu­ye el patrimonio cultural de la Humanidad. Personajes mitoló­gicos esceni­fican, con nombres propios por cierto, colosales enfrenta­mientos en los cuales se decide la suerte o destino de los humanos luego de espectacula­res aconte­cimientos en mundos que son sólo dominio de los dio­ses.

Hay también tradiciones, mitos, leyendas que, de una u otra manera, expresan la preocupación de los Pueblos Nativos por explicar sus respecti­vos orígenes en el tiempo. En ellos, las metáforas desempe­ñan un papel de suma importancia para expresar el deseo, universal por lo demás, de saber cómo llegaron a ser lo que son.

Tampoco faltan en las Culturas Nativas visiones cosmo­gónicas que expresan las diversas formas en que se ha concebido el origen del mundo, de "su" mundo particu­lar, con la respectiva división en niveles o estratos organiza­cionales del Cosmos y de la Tierra, la Madre -  Tierra, presidida por una o varias entidades supremas. En ellas no faltan las mansiones o moradas de premio enfrentadas u opuestas a mansiones de castigo, lo cual expresa una clara concepción axiológica en donde lo bueno y lo malo, tienen un ámbito perfectamente definido y distinguible, a partir de lo cual se juzga el comporta­miento individual y grupal. En este sentido, la ética individual y la ética social devienen categorías estableci­das con criterios que trascien­den las circunstan­cias coyunturales por las que pudieran pasar el grupo humano.

En otro orden de cosas, las conquistas culturales de las Sociedades Nativas comprenden también logros en el campo de la Estética, traduciendo a través de sus mani­festaciones su particular forma de captar la belleza desde su propia perspectiva. En ellas no encontramos grandes pintores, músicos, escultores, etc. ni obras maestras de expresión estética; pero, sí encontramos diversas formas ligadas a sus ritos, costumbres, actividades laborales, etc., a través de las cuales manifiestan su adentramiento en el mundo de la belleza.

También en el dominio del conocimiento nuestros Pueblos Nativos han avanzado hasta la conquista de grandes secretos de la Naturaleza, conquistas que en la Cultura Occidental constituyen la Ciencia y la Tecnolo­gía. En este campo bien sabemos que su ciencia y su tecnología han sido coherentes con sus necesidades en la medida en que sirvieron para solucionar sus problemas cognoscitivos y operativos que su medio les ha presenta­do. En este sentido, huayos, semillas, cortezas, maderas, raíces, hojas, grasas, resinas, etc. han encontrado una eficaz utilización para fines medicinales, alimenticio - nutriciona­les, práctico - utilitarios, de intercambio comer­cial, estéticos, etc.

Especial referencia merece su profundo conocimiento del suelo y el bosque. Sobre todo, la especial deferencia que les mereció, y aún les merece, el bosque. Las técnicas de uso de la tierra y el respeto casi reverencial por el bosque, que originó la creación de una serie de mitos y tabúes que sirvieron para proteger ambos elemen­tos básicos para la subsistencia del grupo humano, así lo demuestran.

El conocimiento de este legado es el que tiene que ser promovido por una Escuela nueva en nuestra Región. Aquí los científicos sociales tienen un papel trascendente en la divulgación de cuanto ya se sabe del complejo cultural nativo. Dicha información, muchas veces guarda­da celosamente por investigadores extranjeros, tiene que ser utilizada en la comprensión de las verdaderas dimen­siones alcanzadas por nuestras sociedades indígenas. No es posible que quienes vivimos en esta Región, continue­mos ignorando, por razones estrictamente ideo - políticas, lo que ha costado un esfuerzo milenario a nuestros pueblos y que muy bien puede ser utilizado para elaborar un proyecto de desarrollo social inte­gral, en el cual todos debemos estar interesados en que no sea marginante sino integrador de todos los aportes culturales que hoy tienen vigencia, en mayor o menor amplitud, en nuestra Región.


 (*) Tomado de: "Escuela árbol: una propuesta de educación para la                                     selva". IIEHAP, Iquitos, 2016 




domingo, 9 de octubre de 2016

12 DE OCTUBRE: PARA CONSTRUIR UN PERÚ ARMONIOSO, EN DIÁLOGO INTERCULTURAL

12 de octubre: DÍA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS Y DEL DIÁLOGO INTERCULTURAL

Gabel Daniel Sotil García

Hasta hace algunos años, en las instituciones educativas de nuestro país y en ceremonias cívico-patrióticas especiales, el 12 de octubre era dedicado a celebrar el denominado “Día de la Raza”, rememorando la llegada de la expedición de Cristóbal Colón a nuestro Continente que, para esa fecha, ya llevaba miles de años poblado por muy diversas culturas, que habían creado sus propios valores y riqueza espiritual, caracterizadas todas ellas por su gran y profundo amor a la naturaleza.

Celebrada la fecha como “El descubrimiento de América”, tuvo gran repercusión formativa en los estudiantes, despertando nuestra sumisión y adoración a lo foráneo, terminando por hacernos  creer que, efectivamente, en esa fecha fue descubierto nuestro Continente, cuyo nombre original, ABBYA YALA (en lengua kuna: madre pronta a dar sus frutos), no fue reconocido por los conquistadores europeos, poniéndosele el que hoy conocemos: AMÉRICA.

Por el despertar de nuestra conciencia social, nos dimos cuenta que, en realidad, no había nada que celebrar en dicho acontecimiento, dado que los conquistadores, guiados por su etnocentrismo no dudaron en destruir los logros de los pueblos  que iban conquistando. Es así como lo que pudo haber sido beneficioso para nuestras culturas, de haber sido asumido de una manera más constructiva por los invasores, dio como resultado toda una hecatombe sociocultural, cuyas consecuencias perduran hasta hoy.

Por esta razón, y por efectos de nuestra conciencia crítica colectiva,  es que se dio inicio a todo un proceso de cuestionamiento a la celebración de dicho acontecimiento, que tuvo su expresión culminante con la promulgación de la Ley 29421, mediante la que se dispone que en dicha fecha se ha de celebrar  “EL DÍA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS Y DEL DIÁLOGO INTERCULTURAL”  (08 de octubre del 2009).

En consecuencia, en especial para las instituciones educativas, esta norma genera un nuevo escenario celebratorio, que debe ser aprovechado para promover la toma de conciencia de nuestra diversidad cultural, de la riqueza que ello significa en nuestro país y, muy en especial, en nuestra región amazónica, en la cual existe la mayor diversidad cultural y, por lo tanto, lingüística.

También, se debe aprovechar esta festividad para promover el conocimiento mutuo entre las culturas originarias y la cultura mestiza, que es la dominante en estos momentos, que posibilite la ruptura de las relaciones de dominación, que se dan entre dichas culturas, relación jerarquizante que viene influyendo negativamente tanto en las culturas originarias como en la dinámica de todo nuestro país, pues esta incomunicación  impide nuestro desarrollo nacional.

Hay, pues, toda una agenda pendiente que debemos empezar a atender en la dinámica intercultural de nuestro país y región, haciendo que las nuevas generaciones de peruanos aprendan y practiquen lo que se viene denominando el diálogo intercultural, que no es sino el desarrollo y concreción de la mutua tolerancia entre las personas que conforman las diversas culturas que nos dan la riqueza espiritual y que, de ser plenamente asumido por las nuevas generaciones, ha de significarnos el pronto logro de mejores niveles de vida individual y colectiva, pues con ello habremos desmontado el racismo, que impide nuestro mutuo respeto, y las necesarias relaciones armónicas que posibiliten valorar nuestros respectivos acervos culturales y espirituales.

En consecuencia, la celebración del 12 DE OCTUBRE con este nuevo espíritu de enaltecer nuestra diversidad cultural como un valor de la más alta jerarquía y promover la práctica del diálogo intercultural entre los peruanos, ha de generar las condiciones estimulantes que requerimos para construirnos como un país respetuoso de su riqueza cultural, con relaciones armónicas entre todos los pueblos que lo conformamos.

Esperamos que las instituciones educativas hagan propicia esta fecha celebratoria para motivar a sus respectivos educandos en la práctica de una nueva visión de nuestra riqueza nacional, la que debemos aprender a apreciar y valorar con profundo respeto, pues es la obra que nos han legado nuestros antepasados, a quienes debemos honrar, pero con el necesario espíritu crítico que nos posibilite buscar permanentemente nuestro desarrollo, a través de la plena satisfacción de nuestras necesidades en un proceso inacabable de mejoramiento de nuestras condiciones de vida.

Pero, también, se hace necesario el fortalecimiento de nuestra autoestima social, que nos permita relacionarnos en condiciones de igualdad con las culturas foráneas, aprovechando sus logros, a la vez que aportando los nuestros.