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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento de Ica, Provincia de Palpa, Distrito de Río Grande, Caserío "San Jacinto", en 1941. Egresado de la UNM"SAN MARCOS", Facultad de Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES RECIBIDAS: •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA DE RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL DE LITERATURA INFANTIL, AREA EXPRESIONES POÉTICAS,MED •RECONOCIMIENTO EN MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS" otorgada por la UNAP (Junio, 2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Gerencia Promoción Cultural del GORE LORETO., Condecorado con la orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín.

REFLEXIONES EDUCACIONALES PARA EL COMIENZO DE AÑO

EDITORIAL

LA EDUCACIÓN EN NUESTRA REGIÓN

Una de las mayores deficiencias que afectan a la educación en actual desarrollo en nuestra región es el carecer de un norte orientador proveniente de una clara visión de lo que queremos hacer colectivamente, como sociedad organizada, con nuestra Amazonía.

Nunca ha sido diseñada para el logro de propósitos regionales, concordantes con sus características esenciales, potencialidades geo-ecológicas y socioculturales y expectativas sociales,

Es decir, nunca la hemos pensado en función a logros pre establecidos en un plan de desarrollo explícito, consensuado, participativo, etc. de nuestra región.

Sólo como parte de un país con muy poco afecto por ella, pues la ignora de muchas maneras.

Hasta el momento todo su dinamismo está en función a disposiciones emanadas del poder central, en donde, bien sabemos, no existe una información ni actitudes que propicien adecuadas decisiones respecto a la Amazonía.

Sólo somos un apéndice insignificante a pesar de nuestra grandiosidad.

Siempre la hemos hecho caminar en base a mandatos ineludibles, nebulosas intenciones, inciertas probabilidades, obediencias ciegas, criterios de procedencias desconocidas, agentes mal informados y peor formados.

Sólo somos escenario de ejecución de decisiones exógenas.

Por su parte, los dirigentes políticos regionales la piensan siempre sólo como sucursal del centro hegemónico. Incapaces de construir una propuesta de raigambre forestal, en el más trascendente de los sentidos, siempre la han percibido en función a los intereses de sus centros políticos costeños. Carentes de una mirada holística de nuestra realidad, siempre la han asumido como un territorio de conquista político-ideológica para fortalecer sus nexos con el centro de poder nacional. Para complacer apetencias de la dirigencia central. En todo caso, para garantizar dominio partidario en el nivel nacional.

Los políticos surgidos en el seno de nuestras sociedades regionales han sido incapaces de construir una propuesta comprensiva, amplia, sólida, coherente con nuestra realidad. Sólo la han pensado dentro del marco de tendencias políticas nacionales. Si algún político regional se atrevió a asumir a la Amazonía como propósito, lo hizo a título de inspiración personal, sin una plataforma social que compartiera objetivos, doctrina, ideales. En el fondo, sólo para captar adherentes para el movimiento, pero sin ningún compromiso real con la construcción de una región con mejores niveles cualitativos de vida social y ambiental.

Sólo para satisfacer apetencias personales: capturar el poder.


domingo, 19 de febrero de 2017

PREPARÁNDONOS PARA VOTAR POR NUESTRA AMAZONÍA

Pensando en nuestra región

                                                                            Prof. Gabel Daniel Sotil García




Ha empezado ya el "ruido político", generado en las aspiraciones, legítimas por cierto, de quienes quieren disfrutar de las glorias del poder.

Por la experiencia que venimos teniendo con nuestros representantes en el Congreso de la República, podemos deducir que terminan representado no a nuestros intereses regionales sino los de sus partidos o los intereses personales. Su desconocimiento de nuestra realidad tanto en lo histórico como geográfico, social, cultural, económico, ecológico, etc. impide cualquier gestión en favor de nuestra Amazonía.

Por ello, es bueno que, con el aporte ciudadano, podamos brindar a los actuales aspirantes a políticos, una buena base informativa para que presenten proyectos y luchen por lograrlos en favor de esta parte inmensa del Perú.

He aquí algunas reflexiones para dichos aspirantes, ya declarados o por declararse. 

A pesar de su extensión (63% del territorio nacional), nuestra región aún no entra al imaginario nacional en su real dimensión geográfica, social, cultural, económica, axiológica, bio-ecológica, etc. 

Pese a que siempre la representamos con un intenso color verde en todos nuestros mapas oficinescos y escolares, no logramos verla por más que los miremos, en especial por parte de los gobernantes y quienes tienen poder político.

El énfasis histórico puesto en las regiones de costa y sierra, sea por preponderancia minera, agrícola o política, ha posibilitado una percepción incolora, deslucida de la Amazonía, respecto a los intereses económicos de las clases dominantes.

En la época colonial, los intereses virreinales se centraron en el oro y la plata de la sierra. En la republicana, los grandes terratenientes y hacendados priorizaron la agricultura en los valles costeños. Visiones que aún perduran en detrimento de nuestra inmensa Amazonía.

Es recién, a partir del tercer tercio del siglo XIX, que la selva es vista no como una región poblada por seres humanos, con diversidad de grandiosas culturas, sino como emporio de riqueza material.

Caucho, madera, resinas (palo rosa, sangre de grado), oro, petróleo, peces, café, cacao, sacha inchi, camu camu, etc. todo susceptible de exportación depredando al bosque, ríos, cochas, diversidad biológica.

No solo al bosque, sino también la riqueza espiritual de los Pueblos Originarios, hoy menospreciada por quienes tienen una visión mercantilista, despectiva, “moderna” de nuestras culturas. 

Es así como hoy encontramos a nuestra región agredida para satisfacer los intereses de enriquecimiento de empresas foráneas, que solo quieren aprovechar, a cualquier costo, hasta la destrucción, los recursos naturales que son parte de un circuito de vida, que hacen que la selva tenga un valor para el equilibrio funcional de nuestro planeta.

De los 368,852 km2 de extensión de nuestro Loreto, lo que podríamos llamar áreas urbanas, es ínfimo, aunque en estas se concentra su mayor presencia demográfica.

Iquitos, Yurimaguas, Requena, Contamana, Nauta, Caballo Cocha y San Lorenzo son nombres asociados a medianos centros de concentración poblacional, los más grandes de nuestra región.

Pero, si observamos bien, frente a ellos, chimbando el río en cuyas riberas se asientan estos núcleos, empieza un mundo diferente, tanto cualitativa como cuantitativamente, que se expresa tanto en el entorno ambiental como en la dinámica sociocultural que se da en ellos.
Estamos, entonces, en lo que llamamos área rural, área ribereña, de bosques continuos, de silencios plácidos, de amaneceres canoros, de brisas forestales, de atardeceres anonadantes por su belleza, de lunas esplendentes, de tempestades trepidantes y de olores naturales procedentes de la fronda cercana.

Es decir, de expresión plena de la naturaleza, en donde se siente el respirar telúrico del bosque.

Pero, también, sin ruidos motorizados, sin trepidares mecánicos, aunque a veces sin corriente eléctrica, sin servicios básicos (agua, desagüe, postas), sin sueños interrumpidos…

Habitada por gente tempranera, laboriosa, obsequiosa dentro de su pobreza, amable por naturaleza. Personas dialogantes con las plantas, los animales, el río, la cocha, el cielo, las nubes, las tempestades, los silencios.

Toda una riqueza espiritual que se expresa en el marco de una naturaleza pródiga, dadivosa, que solo espera un gesto, una señal del ribereño para entregarle sus bondades. 
Gestos que deben expresarse en planes de desarrollo, en proyectos de vida superior, de satisfacción mejor de sus necesidades, de respeto a su idiosincrasia cultural, a sus sueños, a sus aspiraciones.

Por todo ello es que debemos ir  preparándonos para ejercer el privilegio de dar nuestro voto a las personas que mejor encarnen nuestras aspiraciones de construir una Amazonía que sea nuestro hogar para todos los que vivimos en ella y la queremos.

Pensemos con toda la antelación posible, a fin de no seguir dando, a través de las ánforas, poder a quienes no valoran esta riqueza espiritual y natural de la que estamos dotados.
Nuestra Amazonía merece ser representada por personas políticas que encarnen los más grandes ideales ético-morales e intereses superiores de nuestra región.

Y es que la historia no es sólo el pasado. Es, también, el camino hacia el presente y éste una trocha hacia el futuro. Trocha que tenemos que construir haciendo un esfuerzo por interpretar nuestra realidad, tratando de entenderla a partir de una lectura crítica desde nuestras actuales circunstancias.

El ejercicio del poder es uno de esos caminos privilegiados que nos llevan a la construcción de nuestro futuro; por ello es que, quienes aspiran a ejercerlo, tienen una inmensa tarea para responder a las necesidades de nuestra región, no solo de sus partidos que, seguramente, ni las toman en cuenta por tratar de mirar al país.














domingo, 5 de febrero de 2017

SOBRE LA EDUCACIÓN RURAL EN NUESTRA REGIÓN

¿PARA CUÁNDO LA EDUCACIÓN RURAL EN NUESTRA REGIÓN?
Escuela de Alto Tapiche


 Prof. Gabel Daniel Sotil García

Espero que las declaraciones de la actual ministra de educación, respecto a que va a dar prioridad a la educación de las áreas rurales de nuestro país se hagan realidad, pues será muy poco lo que se avance en el cambio educativo si es que seguimos mirando sólo desde las áreas urbanas de nuestra selva

Y es que necesitamos aprender a mirar desde la intimidad del bosque, desde donde aún perduran otras formas de ser y actuar en las personas y con el entorno ambiental, para tomar nuevas decisiones, que nos lleven al logro de nuevos resultados.

Nuestro Loreto, conformante de nuestra Amazonía, es un espacio predominantemente rural, salvo pequeñas extensiones en donde se concentra más del ochenta por ciento de la población regional; sin embargo, la educación formal que allí venimos desarrollando, proviene de diseños elaborados para ambientes urbanos de nuestro país, generando muy diversos conflictos por las contradicciones que ello significa, revelándose así la carencia de una política de desarrollo educativo pertinente para estas áreas, tanto en el nivel nacional como regional.
Atardecer, río Putumayo
Foto: E. Rodríguez

Esos conflictos tienen su máxima expresión en la indetenible marcha migratoria del campo a la ciudad, sobre todo del segmento etario joven, que se desplaza en búsqueda de condiciones de vida inducidas por los mensajes de la educación.

Salvo los intentos del Ministerio de Educación, de diseñar programas para atender las áreas rurales de nuestro país, con muy poca pertinencia en nuestro caso, aún carecemos de una política educativa regional para la atención específica con programas coherentes con las características propias y diferenciales de la zona rural, elaborados con la necesaria fundamentación en sus características y necesidades.

En un somero diagnóstico de las acciones educativas que se viene desarrollando en dicha zona de nuestra región, podemos afirmar que:

o      Hasta el presente las preocupaciones referidas a la educación rural amazónica se han agotado en la construcción  de centros educativos con diseños y material de  procedencia urbana, dirigida a aplacar las exigencias comunales,
Escuela de Nuevo Tiwinza
o      El currículo y el deficiente material didáctico con que cuentan estas escuelas son incompatibles con las respuestas que requieren los pueblos rurales,
o      Los locales escolares, los horarios, los calendarios, la dinámica institucional que caracterizan a la actual educación rural, expresan una total incongruencia con el entorno cultural, ecológico, económico, etc.
o      La calidad de la misma no ha merecido una real y auténtica preocupación por parte de nuestras autoridades regionales,
o      Las instituciones educacionales (escuelas) rurales vienen funcionando con roles y finalidades impuestas, razón por la cual no han respondido a las reales necesidades de desarrollo rural de nuestra región, a pesar del proceso de regionalización político administrativa en actual ejecución. Son cajas de resonancia de las decisiones administrativas urbanas.
o      Las normas que las rigen son las mismas que se aplican a las escuelas urbanas, a pesar de las profundas diferencias que hay entre unas y otras,
o      La formación de los profesores para que ejerzan una acción formativa coherente con las características humanas, sociales, culturales y ecológicas aún no se ha asumido en toda su trascendencia; no tiene la prioridad que debería dada su importancia para lograr la pertinencia pedagógica, ecológica y social que se requiere.

Son estas características del funcionamiento de las instituciones educativas del medio rural las que nos han llevado a calificarlas como “escuelas esmeraldas”, por cuanto sólo sirven de adorno a las comunidades, sin ningún significado trascendente para el mejoramiento de la calidad de vida de sus vivientes y la conservación del equilibrio ecológico que se requiere en los actuales momentos de amenazas reales del proceso de cambio climático que nos viene afectando a escala planetaria..

Por lo tanto, se hace indispensable que todas las instituciones concernidas dediquen un especial esfuerzo para diseñar una política educativa diferencial y específica, que posibilite una acción formativa que garantice la calidad de dichos servicios como instrumentos para el logro progresivo de nuestro desarrollo humano regional.

Familia indígena.
Estando a las puertas de un nuevo año escolar, se hace de suma urgencia el brindar la necesaria y pertinente atención a elaborar lineamientos administrativos para desarrollar una acción educacional con mayor pertinencia a nuestro medio rural, cuyas características exigen decisiones compatibles con sus características.


Bueno sería que, aprovechando las promesas de la actual ministra Sra.  Marilú Martens Cortés, se la invitara con su equipo técnico a trabajar nuevos lineamientos para afrontar este gran desafío que significa la educación rural amazónica

jueves, 19 de enero de 2017

CONGRESO LATINAMERICANO DE HUMANIDADES



EDUCACIÓN, CIENCIA Y CULTURA

Coordinadoras
Josefa Alegría Ríos Gil y 
Martha Vergara Fregoso

Fondo Editorial Universitario - UNAP
2016

Prólogo

APORTES A LA REFLEXIÓN  EN NUESTRA AMÉRICA LATINA

Hacer de nuestra América Latina el referente de las preocupaciones  intelectuales para construir un discurso descriptivo, explicativo, reflexivo y propositivo respecto a sus características constitutivas y posibilidades de ser en el tiempo, es una deuda que  aún tenemos pendiente  pues, por la vigencia de esquemas mentales  heredados de las épocas colonial y republicana, por las que hemos transitado todos los países que la conformamos, nuestras preocupaciones han estado  centradas en la asimilación del universo cognoscitivo construido con material y metodología foráneas, extra regionales, de supuesta o aparente similitud, que nos fueran presentados como referentes a imitar.

Es fácil, entonces, colegir que los modelos de acción intelectual han tenido un origen exógeno y se los ha implantado sin mayores preocupaciones por la coherencia con nuestras realidades ecológica, social y cultural, pese a sus particularidades, de las cuales recién estamos tomando conciencia.

El resultado de ello es que no hemos logrado un pleno conocimiento y adecuada comprensión de sus características, lo cual imposibilita la elaboración de planes de desarrollo funcionales con las mismas.

Por lo tanto, durante todo el trayecto hasta hoy caminado en nuestra historia latinoamericana no hemos sino replicado fórmulas de estudio exógenas, profundizando la marginación e ignorancia de nuestras realidades locales, pues debemos tener muy presente que, desde la época colonial, estas diversas realidades nacionales no han sido motivo de preocupación para conocerlas sino de dominación para extraer y aprovechar sus recursos, como lo siguen siendo hasta el presente. Diversos pensadores de nuestro subcontinente nos han puntualizado al respecto, advirtiéndonos de sus peligros e incongruencias.

Por todo ello es que es aleccionador el desarrollo de este CONGRESO LATINOAMERICANO DE HUMANIDADES en el que una pléyade de científicos investigadores del campo de las humanidades ha expuesto el resultado de sus trabajos orientados a hacer la exégesis de nuestras diversas realidades prevalentes en nuestra región, enfatizando la búsqueda del entendimiento de la dimensión humana en cada una de ellas, con el propósito de dar forma a lo que podríamos llamar “humanidad latinoamericana”, que exprese una manera peculiar de ser humanos, dentro del marco situacional de las características y esencias que compartimos milenariamente desde el tiempo en que comenzaran a llegar los primeros grupos humanos a desplazarse por este continente.

En el marco de nuestra prodigiosa heterogeneidad subcontinental, los trabajos aquí expuestos reflejan muy diversos intereses investigativos, obedeciendo a circunstancias propias de cada país y en concordancia con prioridades que surgen de su particular situación respecto a su contribución a la concreción de políticas nacionales.

Emana de lo dicho, el interés de los investigadores tanto para construir un corpus de conocimientos de alcances  supranacionales como para contribuir con la solución de problemas o situaciones propias de cada realidad nacional.

Con ello, el material que conforma este documento sirve tanto para la construcción a futuro de un marco teórico que pudiera expresar las particularidades del conjunto latinoamericano como para proveer elementos de base para la toma de decisiones en cada realidad particular, habida cuenta que la base experiencial sobre la que se asienta cada trabajo se ubica en una realidad concreta y situada, generada por la peculiaridad de la acción socio-cultural a lo largo de su historia particular.  

Diversos son los campos que se ven beneficiados por las investigaciones aquí expuestas; sin embargo, es el educacional el campo hacia donde confluyen la mayoría de ellas, tanto en su nivel fáctico como el teórico, de tal manera que los temas abordados se transforman en un venero inagotable para diseñar políticas educativas en diversas realidades del escenario escudriñado.

En consecuencia, la riquísima temática abordada por sus respectivos autores, intelectuales y dirigentes de instituciones de formación humanística, nos provee de un material que debe ser analizado a la luz del propósito de fortalecer el entendimiento de nuestras diversas realidades que, como países, hemos construido a lo largo de nuestras respectivas rutas históricas, tratando de superar deficiencias y desigualdades socioculturales, políticas y económicas que aún laceran a nuestros países latinoamericanos.


Prof. GABEL DANIEL SOTIL GARCÍA

miércoles, 11 de enero de 2017

LA UNAP: OTEANDO SU FUTURO

En su 56° aniversario

Gabel Daniel Sotil García

Acompañando a las crecientes y vaciantes de nuestra región Omagua en los últimos cincuentiséis años, la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana – UNAP, viene discurriendo por el cauce del tiempo cual flujo indetenible que surca hacia el futuro de nuestra región, desplazando su caudal por  la intimidad más profunda de nuestro portentoso bosque.

Y  así, adentrándose en aguajales, restingas y colinas, va formando muyunas,  tipishcas y meandros en nuestra  prodigiosa orografía, pues, la UNAP, nacida de la confluencia feliz de las demandas de los pueblos de nuestra región, se enrumba hacia nuevos horizontes de infinito verdor.

Respondiendo a esos mandatos sociales, se ha consolidado como la institución formadora del potencial profesional en nuestra región, de acuerdo a las urgencias, paradigmas y aspiraciones que fueron sus referentes en los tiempos por los que ha discurrido su actuar institucional.

De su decurso viene quedando en el recuerdo social la gesta de muchas generaciones que dieron  vida y sentido a su actuar transformador. Muchas de ellas ya no están en estas dimensiones, pero nos dejaron las estelas de sus esfuerzos por darle grandeza a su presencia en nuestra selva.

Hoy, en su fecha de aniversario en que, mirando el cauce recorrido, nos atrevemos a intuir su futuro, nos encontramos en la obligación moral de expresar, más que descriptiva, interpretativamente, su significado social, cultural, ecológico e histórico que se viene materializando en su actuar institucional desde que fuera creada por Ley 13498, un ya lejano 14 de enero de 1961.

Y es así como hoy, retrotrayéndonos en el tiempo, la vemos aún en ciernes prefigurándose como una lejana aspiración de las colectividades que ambicionaban un centro de formación de los profesionales que habrían de labrar las condiciones para vivir mejor en estos espacios naturales, en donde, siendo la pobreza un imposible, sin embargo nos lacera en lo más profundo de nuestro ser social.

Luego, la veríamos adquiriendo formas físicas en donde albergar a quienes le darían la dinámica que las circunstancias requerían, que luego iría acrecentándose  al compás de las normas y requerimientos sociales.

Al impulso de la dinámica que adquiriría nuestra región, iría también dando nuevas respuestas a las condiciones surgentes para expresar su raigal compromiso con los destinos superiores de pueblos y villorrios ribereños.

Hoy, en las actuales circunstancias, está dando inicio a una nueva etapa que debe caracterizarse por un acendrado compromiso con el desarrollo de los pueblos originarios y mestizos para responder, cada vez con mayor decisión, a la plena satisfacción de sus necesidades de profesionales que engarcen, con plena coherencia, con sus aspiraciones  de contar con un potencial que perciba su desarrollo desde las fibras culturales de sus creaciones ancestrales y sepan mirar a su mundo y al mundo desde los compromisos de mayor trascendencia con la preservación de su integridad espiritual, para crear riqueza desde sus propias entrañas.

Para ello necesitamos que nuestra UNAP, agente de transformación y preservación a la vez, asuma un mayor compromiso de presencia en la intimidad misma de nuestra sociedad amazónica, teniendo siempre presente que nuestra universidad “Nació y germinó en el humus de las frustraciones sociales que las generaciones de una época experimentaran frente a un sistema político-social marginante y despectivo con nuestra región; pero, también como una propuesta de esperanza y optimismo para demostrar que en este reino de los árboles también se pueden construir sólidas estructuras que desafían al tiempo, para demostrar nuestras capacidades colectivas para dar forma cultural a nuestros anhelos más sentidos y abonadas por la fortaleza reivindicativa que insufla el poder marginante y centralista”. (*)

Es, por lo tanto, un reto de primer orden el propiciar que nuestra región eleve su estatus de reconocimiento en el consenso nacional. Que, de esa situación incolora, difuminada que hoy nos lacera, como si nuestro país careciera de su existencia, nuestra universidad debe proponerse, conjuntamente con otras instituciones, darle relieve a su presencia en las dimensiones psicoafectivas e intelectuales de los pueblos de nuestro país. Vivir en una situación de casi anonimato, repercute en una especie de semiclandestinidad frente a los poderes legales de nuestra nación, lo cual posibilita una visión de segundo orden en cuanto a las prioridades que se establecen en el manejo político-administrativo nacional.

Por otra parte, se hace indispensable fortalecer nuestra presencia en la dinámica del tejido sociocultural de nuestras comunidades regionales. No es suficiente que la colectividad “sepa” que existimos como institución sino que nos “vea” en acción de orientación, de estímulo, de creación, de injerencia planteando, generando respuestas, apoyando iniciativas ciudadanas, generando opiniones, orientando la búsqueda de soluciones a los problemas, ayudando a pensar, opinando, pronunciándonos, dejando oír nuestra voz, marcando rutas intelectuales. En este aspecto es necesario asumir un rol de mayor presencia en el concierto de la ciudadanía amazónica.

Contando con el potencial académico-investigativo del cual  hoy dispone la UNAP, que le está permitiendo consolidar su rol de institución formadora de profesionales, su presencia, más allá de los alcances burocráticos debe traducirse en un mayor dinamismo de apoyo al pensar y actuar ciudadanos.    

Dinamismo que debe expresarse en una gestión más agresiva para superar el extractivismo mercantilista de carácter exportador (primario) que hoy signa toda la actividad económica regional, con todos los efectos depredantes de nuestras riquezas materiales y culturales que venimos observando. La diversificación de nuestra dinámica productiva tiene que contar con nuestra presencia de una manera sobresaliente a través de  nuestros egresados, quienes deben ser equipados psicológicamente para dar un óptimos uso a nuestros recursos.

Hay que tener presente que el desarrollo regional, sustentable, endógeno e intercultural de nuestra región solo será posible con la más plena participación de nuestra universidad. Marginarnos de esta responsabilidad o mediatizarla, solo significará traicionar nuestro compromiso moral.  
Debemos, en consecuencia, prepararnos para responder a la necesidad de construirnos de la mejor forma para responder con coherencia, tanto interna como externa, a las demandas que nos plantean los tiempos actuales.

(*) “UNAP, 50 años en la historia de Loreto”, págs. 14 – 15, Iquitos.


martes, 3 de enero de 2017

UNA APROXIMACIÓN AL CONOCIMIENTO HISTÓRICO DE IQUITOS

 A propósito del nuevo aniversario de la declaración de Iquitos como
puerto fluvial sobre el Amazonas
Prof. Gabel Daniel Sotil García


En verdad, Iquitos no tuvo una fundación formal como sí la tuvieron otros núcleos demográficos de nuestro país y región, y que hoy han alcanzado la categoría de ciudades.

Iquitos nació bucólico, humilde y forestal,  arrullado por los trinos y cantares de diversas y bellas aves silvestres que revoloteaban en el ramaje de una floresta exuberante y protectora y mirando siempre a su río entrañable, a veces ingrato y casquivano, pues se va y regresa silente a brindarle su incansable discurrir.

Fueron ignotas voces las que surcaron primigeniamente su espacio de azul profundo, allá en un tiempo que la memoria ya no registra. Pero eran voces claras, firmes, que expresaban la alegría de vivir en estos parajes  en aquellos tiempos aurorales. En su suelo ya no quedan huellas físicas de aquellos primeros vivientes, pero aún subsisten sus mensajes refugiados en la entraña más profunda del bosque. Es decir, de lo que queda de él.

La historia convencional nos dice que lo que hoy conocemos como Iquitos ciudad, fue allá por el siglo XVIII el escenario de una Reducción o Pueblo Misional formado por los Jesuitas con indígenas mayoritariamente Iquitos y Napeanos que hacia 1761 se ubicara en la planicie alta que hoy ocupa esta  ciudad, con el nombre de San Pablo de Nuevo Napeanos, organizada por el P. Bahamonde.  Seguramente que miembros de las etnias Omagua y Cocama compartieron esta reducción, que tenía sus antecedentes en otras que desde 1740 habían comenzado a organizarse en el ámbito ancestral de los Iquitos.

Según la relación que, en 1785, hiciera Dn. Francisco de Requena, Gobernador de Maynas por aquella época, casi veinte años después de que las  Reducciones fueran desactivadas por la expulsión de los Jesuitas, entre los pueblos establecidos a las orillas del Marañón y el Amazonas aparece el nombre de uno llamado Napeanos, ubicado en el lado norte de la explanada en donde hoy se encuentra nuestra ciudad, habitado aún por miembros de ambas etnias: Iquitos y Napeanos, indígenas sumamente emparentados entre sí.

Pero, en los documentos oficiales que elaborara dicho Gobernador a partir de dicho año, aparece sólo la denominación de IQUITOS, para referirse a este poblado, dado que, al parecer, los indígenas napeanos, iban abandonándolo progresivamente, dejando en mayoría a los iquitos.

Ya en el informe del Obispo de Maynas de aquel entonces, P. Hipólito Sánchez Rangel, que en 1808 elaborara sobre la cantidad de habitantes de los pueblos de Maynas colonial, el caserío de los Iquitos aparece mencionado con 171 habitantes. Seis años después, en el censo hecho por el mismo Sánchez Rangel, en 1814, Iquitos aparece con 81 pobladores: 51 varones y 29 mujeres, todos nativos, y 1 varón español. Podría suponerse que la disminución poblacional se debió a pestes o al abandono de los Napeanos.

Hasta esta fecha la presencia de pobladores nativos fue predominante, como puede verse en los números reportados. Sin embargo,  en 1840 habría de suceder un hecho que tendría grandes repercusiones en la composición demográfica de Iquitos y, por lo tanto,  su configuración cultural: el pueblo de Borja, fundado dos siglos antes, fue atacado y destruido por la furia rebelde  de Wampis (Huambisas) y Awajún (Aguarunas). A los sobrevivientes no les quedó sino huir, dejándose llevar por las aguas del Marañón y recalar en estos terrenos altos, de los cuales ya tenían referencia.

Las familias refugiadas encontraron en Iquitos,  un pequeño caserío en ese entonces,  el pueblo que querían y se quedaron. El Iquitos de entonces recibió un nuevo contingente cultural: los mestizos.

El notable incremento demográfico que significó la llegada de las familias borjeñas, posibilitó que, a pedido del Obispo de Maynas, P. José María Arriaga, el 8 de junio de 1842, el hasta entonces caserío de Iquitos fuera elevado a la categoría de Pueblo y de Distrito, siendo su primera autoridad política Dn. Liberato Rengifo hasta 1846. Luego, sería reemplazado por Dn. José Ramírez  hasta 1850. En esos momentos, Iquitos ya contaba con cerca de 200 habitantes, la mayoría mestizos, pues los indígenas Iquitos, incómodos con la presencia de los mestizos, buscaron otros lugares, lejos de los recién llegados, refugiándose en el medio y alto Nanay.

Desde estos momentos, en las intimidades pueblerinas de Iquitos bullen nuevas inquietudes, otros referentes, ya no salidos del bosque plenamente como hasta entonces, que serían el germen de lo que, con el paso de los años,  alcanzaría formas conceptuales que hoy se están concretando.

Por ello es bueno conocer que en el Siglo XIX, cuando aún Iquitos  era una aldea plenamente rural, fue visitada por varios científicos que habían hecho del mundo el escenario de su peregrinaje para satisfacer sus ansias de conocer diversos pueblos y culturas. Al pasar por estos lugares recogieron testimonios que constituyen hoy valiosísimas fuentes de información para conocer los inicios de la que es hoy nuestra ciudad, en aquellos tiempos en que recién se animaba  a dar sus primeros pasos en búsqueda de sus rutas propias.

Uno de estos ilustres viajeros fue el francés Paul Marcoy, quien al promediar el siglo XIX (más o menos 1848) pasó por Iquitos y nos dejó esta descripción:

“Visto desde una distancia, Iquitos aparece como un muro vertical cubierto de cortinas de vegetación, plantas trepadoras y lianas de la más caprichosa apariencia ...
            Visto de más cerca, Iquitos aparece como un conjunto de chozas colgadas y desgarradas en partes, semejando a un viejo marinero con sus mechones de cabello escaso. Estas chozas, 32 en número, forman dos agrupaciones distintas que los lugareños llaman barrios.
            La población consiste en 85 individuos, de ambos sexos, quienes viven y se multiplican bajo la recelosa mirada del Alcalde, a quien dan el título de Corregidor, con tanta adulación como temor.
            De 1791 a 1817 esta aldea de misiones, que ahora es nada más que un pobre centro de comercio, estuvo situada tierra adentro, compuesta de personas de la nación Iquitos.
            Los Iquitos se habían mezclado con los Omaguas y los Cocamas, sus vecinos de la derecha, y con los Ticuna sus vecinos a la  izquierda. No resulta exagerado afirmar que la sangre de las cuatro tribus se halla mezclada en sus venas.
            “De las 32 chozas que constituyen la aldea, y la cual, como hemos dicho, se divide en dos distintos barrios, 19 corresponden a la población nativa. Las 13 restantes están pobladas por algunos indios pobres y mestizos de español, a quienes los Huambizas del Pastaza arrojaron hace algunos años de las villas de Borja y Barranca, tras saquear y quemar sus propiedades.
            La mayor circunspección norma las relaciones entre los dos barrios. Por igual que los descendientes mestizos de los españoles, los pobladores de las 13 chozas se dirigen uno al otro con los títulos de don y de doña, considerándose ellos mismos como pertenecientes a la raza blanca, aunque sus colores varían bastante entre el marrón y el claro. Tomarían como una subvaluación confundirlos libremente con los de piel indígena.
            Estos representantes de la aristocracia iquiteña llevan una corta camisa y pantalones azules y un sombrero de paja fabricado por ellos mismos; corrientemente van descalzos por carencia de zapatos. Todos cultivan un pequeño trozo de tierra para sostenerse.” (*)

Es decir, Iquitos ya empezaba a respirar y transpirar nuevos humores culturales.

Otro viajero que nos visitó y nos dejó por escrito sus observaciones fue don Joao Wilkens de Mattos,  quien pasó por nuestra ciudad  en 1872, es decir, unos veinte años después de Marcoy.  De Iquitos dice lo siguiente:

“Antes de ser instalada la Comandancia General del Departamento Marítimo- Militar, Iquitos era apenas una aldea en decadencia, que contenía poco más de 200 moradores. En 1854 era una población de pescadores, con 227 habitantes de los cuales 98 mestizos borjeños, que  emigraron de San Borja, y de otros puntos del Alto Marañón, perseguidos por los Huambisas.
Después de 1864, Iquitos comenzó a prosperar y hoy su comercio es importantísimo. Consta de unas treinta empresas de comercio, pero sólo cinco son importadoras y efectúan un  movimiento económico de mil millones de reales cada año.
Posee también Iquitos 4 talleres de sastrería, 3 zapaterías, 3 panaderías y una confitería.
La iglesia es espaciosa, pero está por acabar y carece de ornamentos.
Con excepción de una media docena de casas  con techo de tejas, las demás están aún cubiertas de paja, lo cual presenta un aspecto menos agradable. Con todo, su edificación es sólida y confortable.
La población iquiteña es superior a los dos mil habitantes.
El clima es magnífico; el suelo arenoso y plano. Produce excelente caña de azúcar, tabaco y café. Lamentablemente, la falta de brazos es la causante que la agricultura de estos productos no llegue a una mayor escala.
Es Iquitos lugar de gran futuro. Así los indios de la provincia podrán gozar directamente de los beneficios de las normas que el Gobierno de la República dicta en los últimos tiempos a fin de proteger a esta gente nativa contra los vejámenes que sufría de parte de algunas autoridades.”  (*)

Podemos colegir que ya para esta época, nuestra ciudad contaba con una población compuesta por nativos y por mestizos, tanto borjeños y sus descendientes como los funcionarios traídos para la administración estatal, pues el estado peruano ya se hacía presente luego de la declaración de Iquitos como puerto fluvial sobre el río Amazonas, entrando en funcionamiento con la llegada, en 1864, de los barcos que mandara construir el Mariscal R. Castilla.  Pero, es a partir de aquí que el panorama demográfico y cultural se hará más diverso en cuanto a composición, pues ingresarían los migrantes chinos hacia 1880, momento en que también se iniciaría la época de explotación del caucho (boom del caucho). En la siguiente década estarían llegando los migrantes judíos y otros migrantes tanto europeos como nacionales, atraídos por el llamado “oro negro”. Recordemos que hacia el final del siglo (1897) don Nicolás de Piérola declara a Iquitos capital del Departamento de Loreto, en reemplazo de Moyobamba.
De allí en adelante, Iquitos sufrirá una metamorfosis social, cultural, política, económica, etc., que continúa hasta el presente.

(*) Citas tomadas de:
VEGA, J. J.;  Viajeros ilustres en Iquitos en   el Siglo XIX (obra inédita).

Obra consultada:
Morey Alejo, Humberto y Gabel D. Sotil García. Panorama histórico de la Amazonía Peruana, una visión desde la Amazonía. Imp. Amazonas, Iquitos, 2000.



martes, 27 de diciembre de 2016

FCEH: REFLEXIONES EN SU 55º ANIVERSARIO

FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN Y HUMANIDADES – FCEH - UNAP

Gabel Daniel Sotil García

Aunque la dinámica académica de nuestra Facultad ha sufrido diversas alteraciones en su desarrollo en el presente año,  sin embargo, ello no es óbice para que hagamos un ejercicio crítico-reflexivo acerca de su ser y actuar al cumplir sus 55 años de funcionamiento.

Debo comenzar diciendo que una de las mayores obligaciones morales que tenemos quienes trabajamos en su seno es dirigir nuestras capacidades de análisis, reflexión crítica y propuestas tanto hacia su interioridad institucional como a su entorno contextual para aproximarnos, en la medida de lo posible, al entendimiento de lo que es nuestra Facultad en lo que ella significa como institución que cumple un encargo social, pues es necesario reafirmar que ella no está donde se  encuentra por una decisión burocrática de la universidad, sino en respuesta a necesidades y demandas de carácter sociocultural, que son las que deben determinar su direccionalidad.

Concebir que ella obedece enteramente a requerimientos administrativo-burocráticos nos ha llevado a percibirla aislada de su entorno geo-socio-cultural, a imprimirle una dinámica interna per se, a despreocuparnos de las situaciones problemáticas que afectan a los pueblos circundantes, a los avatares ambientales, a los conflictos rural-urbanos, a las inquietudes poblacionales, a las necesidades de desarrollo personal, a sus relaciones con el escenario externo, etc.

Por ello es que postulamos que una acción de la mayor urgencia es el análisis comportamental de cómo hemos cursado la etapa anterior a la actual, considerando que la entrada en vigencia de una nueva ley, que es un nuevo ordenamiento normativo, requiere tener claramente visualizado este trayecto de los primeros cincuenta años de vida institucional, para proyectarnos mejorando lo que haya que mejorar e introduciendo los cambios que sean indispensables para darle a nuestra Facultad una nueva significatividad socio-cultural y académica, en concordancia con los nuevos tiempos cronológico-culturales.
Obviar este paso es consolidar una manera de “ser facultad” acrítica, irreflexiva, sin mayores compromisos con el mejoramiento cualitativo consigo misma y con nuestra región. En suma, una Facultad en sí y para sí, que abdicaría de las capacidades de su potencial profesional de primer nivel cualitativo con que ahora cuenta, y que le permitiría abrirse al entendimiento de la necesidad de romper la inercia institucional.

Una mirada hacia nuestra interioridad, pues, nos va a permitir expresar y consensuar nuestras reflexiones, críticas y opiniones acerca de cómo hemos venido afrontando el encargo social de formar a los futuros maestros con las capacidades óptimas para garantizar el logro de los anhelos sociales: disfrutar de mejores condiciones de vida individual y colectiva, que para eso es la educación.

La praxis de esta actitud nos permitiría demostrar que no tomamos a nuestra Facultad como un simple campo de trabajo, en donde solamente vamos a cumplir obligaciones laborales, sino que, coherentemente con nuestra condición de profesionales de la educación, dotados de especiales capacidades académico-investigativas y de responsabilidad social, somos capaces de procesar nuestras experiencias y transformarlas en criterios para tomar mejores decisiones en cuanto a su dinámica y orientación.

Por otro lado, nos es imperativo también abordar nuestro compromiso institucional con la colectividad a la que nos debemos y que nos sirve de referencia en el servicio social que brindamos como retribución. Me estoy refiriendo al contexto físico-social que sirve de soporte a nuestro actuar.

En este sentido cabe, por necesario, que hagamos una minuciosa auscultación de las relaciones  que hemos venido estableciendo con dicho entorno. Tomar conciencia de las modalidades de respuestas dadas a tales desafíos, nos permitirá someterlas a una severa crítica evaluativa de nuestra actuación en concordancia con las circunstancias que hemos afrontado como unidad institucional a través de los años.

Ello nos permitirá medir nuestro grado de sensibilidad a los mensajes del entorno; la importancia que hemos dado a uno u otro componente de la realidad; el grado de conciencia con el que hemos actuado dentro de nuestro escenario, las prioridades en cuanto a las necesidades formativas, la coherencia con las prioridades regionales, etc.

Todo ello se transformará en un mensaje de la mayor trascendencia formativa tanto para nuestros alumnos como para la sociedad en general,  que esperan de nosotros las evidencias de que en nuestra Facultad hay un grupo humano que está procesando sus propias experiencias para aprender de ellas y proyectarse a mejores niveles cualitativos para generar superiores condiciones de vida social.

Desarrollar un flujo informativo con estas características nos permitirá hacernos presentes en la dinámica sociocultural como entidad actuante en permanente proceso de construcción de su ser con plena coherencia con las necesidades formativas que plantea el actuar de la comunidad que, como bien sabemos, se encuentra en permanente proceso de cambios. Dicho diálogo, en consecuencia, nos va a permitir ajustar nuestra dinámica institucional a las aspiraciones y necesidades de nuestro entorno contextual.

Se hace, pues, necesario tomar distancia de nosotros mismos para juzgarnos como una entidad actuante dentro del espacio amazónico, para determinar los aciertos y deficiencias que hayamos impreso a nuestro actuar  durante esta primera fase de nuestra institucionalidad.

Sólo así lograremos construir una cabal imagen de lo que hemos sido para proyectarnos hacia un deber ser plenamente coherente con los tiempos actuales y venideros.


martes, 20 de diciembre de 2016

CAMBIOS EN EL MINISTERIO DE EDUCACIÓN

Reflexionando sobre nuestro quehacer educativo
Gabel Daniel Sotil García
Aunque no son los que más deseamos y necesitamos, se vienen produciendo cambios en el Ministerio de Educación, productos de una serie de deficiencias  estructurales normativas y de actuación de los miembros de nuestra sociedad nacional.
Acaba de juramentar, a muy poco tiempo de iniciado el actual gobierno, una ministra en el sector  educación. Remplaza a un ministro sobre el cual se han dicho muchos asertos, aunque no todos verdaderos.   
Su nombre: MARILÚ DORIS MARTENS CORTEZ.

Educadora de procedencia, después de muchos años de transitar por diversas dependencias, tanto fuera como dentro del Ministerio de Educación, llega al más alto cargo administrativo del sector. Y llega después de muchos ministros no educadores, precedida de lejanos recuerdos de las doctoras Gloria Helfer y Mercedes Cabanillas, ambas preclaras educadoras ministras también.
Algunas reflexiones nos provoca su designación, que queremos compartir.

Espero, esperamos mejor dicho, que sea una profesional que se interese y mire hacia el interior de nuestro país y sepa y acepte que somos diversos, heterogéneos, con diversas culturas, infinidad de idiomas, una geografía de lo más variada, una riqueza inconmensurable que sirve de marco, por deficiencias de gestión social,  a graves injusticias, desigualdades, pobreza, subdesarrollo, por lo cual requiere que se estimule respuestas educativas diversas, apropiadas a cada contexto social, para generar el desarrollo y la superación de la pobreza que nos castiga inmisericordemente.
Esperamos que enfatice la formación de los peruanos para construir una mejor sociedad nacional, para solucionar nuestros problemas a partir de un profundo conocimiento de nuestra realidad, su compromiso con la búsqueda de sus soluciones y la práctica de valores propios de nuestras raíces culturales. Soluciones que debemos crear con esfuerzos de quienes vivimos y amamos a este país. No traídas, no copiadas de otras realidades.

Espero, también, que no caiga en el error de afirmar que estamos viviendo un proceso de "reforma educativa" en nuestro país. Unos cuantos cambios circunscritos que se han efectuado en algunos aspectos del sistema, no justifican el calificativo de REFORMA EDUCATIVA. Acuñó la frase el anterior ministro para dar relieve a su gestión, pero aceptar dicha calificación es exagerar las dimensiones. Una reforma, entendida en su plenitud, implica reorientar el sistema, en cuanto a sus objetivos o propósitos, establecer nuevos roles a sus gestores, ponerlo al servicio del desarrollo de nuestras sociedades, generar una nueva dinámica de las potencialidades de nuestro país.
Una Reforma Educativa es asignarle a la educación un rol actuante en la generación de condiciones para construir nuestro desarrollo; no solo el crecimiento económico.
No se olvide, Sra. Ministra, del aforismo de que "el desarrollo de un país sólo llega hasta donde se lo permite su educación.
Espero, también, que la nueva ministra, tenga la necesaria lucidez para avocarse al replanteamiento de la actual educación con la participación no solo de técnicos del ministerio, que los sabemos ajenos a nuestras realidades, sobre todo a la realidad de nuestra selva, que la desconocen a plenitud y, sin embargo, se atreven a tomar decisiones sobre su educación. El Ministerio no es el Perú, así como tampoco lo es Lima.
Si usted desea generar una verdadera Reforma Educativa, señora Ministra, empiece por el currículo. Es de ese manantial de donde beberán los nuevos valores, las nuevas actitudes, los nuevos conocimientos, el desarrollo de nuevas capacidades las nuevas generaciones de peruanos, que se pongan al servicio del mejoramiento continuo, indetenible, de las condiciones de vida de nuestras sociedades, transformando en riqueza social y cultural todo ese potencial que la pródiga naturaleza nos ha dado, pero para el beneficio de todos, sin exclusiones, sin discriminaciones.
Necesitamos, Sra. Ministra, que usted estimule la creatividad del magisterio, no el acatamiento y el simple cumplimiento. Genere condiciones para que los maestros nos sintamos estimulados en el uso de nuestra creatividad, para buscar nuevas formas de educar.
Sepa que las provincias tenemos desarrollos educativos diferenciados, por lo tanto se necesita disposiciones diferenciadas, no homogeneizantes, para buscar las soluciones propias, no las impuestas por el ministerio. Somos un país pluricultural, por lo tanto, tenemos grandes posibilidades de generar diversidad de respuestas, no las que vienen de afuera, generadas en otras realidades.
En fin, señora ministra, Marilú Doris Martens Cortez, le damos la bienvenida en esta Amazonía de prodigiosa diversidad  en todo cuanto usted pueda imaginar; sin embargo, marginada, invisibilizada por efectos de una política educativa centralista y homogeneizante, que ni siquiera distingue lo rural de lo urbano.
Estaremos atentos a sus decisiones, esperando que sean las mejores para dar inicio a un proceso de mejoramiento de nuestras calidades de vida en cada uno de los pueblos, originarios y mestizos, que conforman esta hermosa y pródiga región.