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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento de Ica, Provincia de Palpa, Distrito de Río Grande, Caserío "San Jacinto", en 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad de Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES RECIBIDAS: •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA DE RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL DE LIT. INFANTIL, AREA EXPR. POÉTICAS,MED •RECONOCIMIENTO EN MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (Junio, 2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, l GORE LORETO., Condecorado con la orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) por MINEDU.

PARA CONSTRUIRNOS COMO REGIÓN

EDITORIAL

PARA CONSTRUIRNOS COMO REGIÓN

Construirnos como regiones amazónicas implica asumir colectivamente nuestra diversidad cultural, nuestra esencial forestalidad, nuestro pasado común, nuestro compromiso de compartir armónicamente el poder entre todos los Pueblos que habitamos esta región; es aceptarnos como el espacio de grandiosas potencialidades, que aún no conocemos a plenitud, pero que debemos dinamizar; percibirnos como regiones privilegiadas por la presencia prodigiosa de infinidad de ríos, condición que aún no aceptamos ni aprovechamos adecuadamente para nuestro desarrollo; es reconocer en cada comunidad la existencia de sólidas fuerzas psicosociales capaces de ser dinamizadas para generar su propio desarrollo; es aprender a valorar y utilizar nuestro potencial hídrico; es aprender a mirar al mundo desde nuestro bosque portentoso. Es, en fin, construirnos una identidad multicultural que debe concretarse diferencialmente en cada uno de los Pueblos que hoy conformamos esta grandiosa región, cuya vocación es la de seguir creando diversidad biológica y cultural, a menos que nosotros interfiramos tales designios.

Asumir la AMAZONEIDAD como particularidad de la PERUANIDAD es aceptar que debemos construir nuestros futuros regionales enraizados en nuestras gestas creativas milenarias, que tenemos que aprender a valorar. Es reconocer y asignar a cada uno de nosotros, como personas y como pueblos, el rol protagónico en la creación de condiciones cada vez mejores para hacer de nuestras vidas, en los individual y lo social, un emporio de riquezas espirituales con aportes culturales diversos.

Construirnos como región es, pues, el reto fundamental que debemos afrontar los Gobiernos Regionales y Pueblos hoy existentes en la Gran Región Amazónica: LORETO, UCAYALI, SAN MARTÍN, MADRE DE DIOS, AMAZONAS, como la consecuencia más trascendente de nuestro actuar político-administrativo a largo plazo. Pueblos que deben aprender en forma permanente a actuar constructivamente; para lo cual se requiere la toma de conciencia, entre otras, del respectivo proceso histórico, para entender no sólo su dinámica sino, también, su orientación y asumir una posición y un rol dentro del mismo.

lunes, 11 de diciembre de 2017

¿Y PARA CUÁNDO LAS REFLEXIONES SOBRE LA EDUCACIÓN AMAZÓNICA?

Pensando nuestra educación

Prof. Gabel Daniel Sotil García

Por  razones históricas, nuestra educación, hasta hoy, no ha sido objeto de una profunda reflexión, para comprenderla en su esencia y trascendencia, para identificar sus características más íntimas, para darle la esencial instrumentalidad que debe tener para nuestro desarrollo regional, entendido éste como proceso permanente de elevación de la calidad de nuestras vidas individuales y sociales. Para hacer que nuestra Amazonía siga siendo el emporio de diversidad biológica y sociocultural.

Hasta hoy  solo hemos asumido un rol meramente ejecutor de las decisiones adoptadas desde la lejanía del centralismo nacional, aproximándonos a ella con todos los prejuicios  tejidos respecto a nuestra región, prejuicios que no nos hemos atrevido a desmontar sistemáticamente con propuestas nacidas de nuestra interioridad.

Hasta hoy no hemos sentido la necesidad de pensar a nuestra educación  desde la intimidad misma del bosque amazónico, desde nuestra propia y esencial realidad, permitiendo que los enfoques foráneos, sesgados por la influencia de antiguas percepciones de nuestra realidad, alcancen preeminencia y tergiversen un pensar coherente que pudiéramos elaborar.

Y es que, también, nos hemos eximido de la responsabilidad de hacer de nuestra región amazónica el objeto de nuestras preocupaciones intelectuales. La tónica que hemos asumido es solo tratar de aprovechar sus recursos de la forma más productiva para las empresas y más desastrosa para nosotros, indígenas y mestizos.

Hasta hoy hemos dejado que otros piensen por nosotros. Que nos digan qué y cómo debemos hacer las cosas. Que nos digan qué rutas seguir. Es decir, hemos aceptado que otros decidan por nosotros, que nos digan qué debemos consumir, cómo alegrarnos, cómo entristecernos. Si hasta hemos aceptado quitarle a nuestra vida la alegría de vivir en el Bosque.

Nos ha resultado más cómodo dejar esa responsabilidad a quienes no viven en nuestra región, a quienes no la conocen, a quienes no la aman.

¿Qué resultados hemos logrado?

Carencia de una idea clara de qué queremos hacer con nuestra Amazonía.

¿Hay, acaso, un consenso social acerca de ello? No, no ha entrado al interés colectivo ni de un grupo de personas o instituciones.

Por lo tanto, ni sabemos qué queremos hacer con nuestra Amazonía, para qué queremos formar a las nuevas generaciones, qué responsabilidades debemos asumir el magisterio, la sociedad civil y los alumnos; qué actitudes deben desarrollar, qué conocimientos deben tener nuestros estudiantes, qué valores deben regir su vida individual y social.

Adheridos a los enfoques de una nacionalidad etérea, impuestos por el interés de fortalecer y asegurar la continuidad de los mecanismos de imposición ideológico-política desde el centro del poder republicano, nos hemos dejado guiar, conducir hacia la construcción de un país que nos ignora de mil y una formas; que nos desconoce en cuanto a toma de decisiones para  estimular un desarrollo basado en nuestras ingentes potencialidades y riquezas materiales y espirituales.

En la dinámica socioeconómica y cultural solo contamos con servicios sociales con objetivos y operatividad incongruentes con nuestras características amazónicas.

¿Y en educación?

Una educación incompatible con las características y necesidades de nuestra región, que hasta hoy no es fuente y objeto de preocupaciones trascendentes, salvo para administrarla con criterios también foráneos.

Todo ello es una deuda acumulada, una factura pendiente de pago, salvo que queramos ignorarla haciéndole trampa a nuestra región.

Por lo tanto:

Moralmente estamos obligados a hacer esfuerzos colectivos, socialmente compartidos, para encontrar fórmulas de construcción  de la educación que requerimos; asumir la responsabilidad de recrearla desde la interculturalidad, su forestalidad, su ruralidad y su condición trifronteriza.

Convencernos colectivamente de que las soluciones que requiere nuestra educación tienen que ser buscadas y generadas por quienes mejor conocemos y amamos a la Amazonía: NOSOTROS.

En consecuencia, tenemos que asumir la actitud de considerar que la calidad de la educación amazónica tiene que ser nuestra obra, nuestra creación colectiva. No de quienes solo asumen un compromiso burocrático con su administración.

Tenemos que reconocer que somos cómplices de las omisiones que hasta hoy hemos cometido, tanto el país como nosotros mismos.

Si la sociedad en general y autoridades no lo han hecho, nosotros sí teníamos y tenemos la obligación de orientar el proceso de reflexión de nuestra educación.

De no hacerlo con prontitud, estaremos condenando a nuestra región a dejar de ser la fuente creadora de una cosmovisión que es esencial para la conservación de nuestro Planeta: la cosmovisión de los Pueblos Originarios.


Sí, esa forma de ver el mundo desde la unidad sustancial entre naturaleza y hombre es la única que garantiza la supervivencia de nuestra especie en este Planeta, que se ha construido para ser nuestra morada.










jueves, 30 de noviembre de 2017

¿PARA QUÉ LA EDUCACIÓN EN LORETO?

Reflexiones sobre nuestra educación
Prof. Gabel Daniel Sotil García
 
Como bien lo sabemos, la EDUCACIÓN  es un instrumento al servicio de los intereses ideológicos y políticos de quienes la organizan. No existe educación neutra.

En el caso nuestro, tenemos que hacer el esfuerzo para que nuestra EDUCACIÓN, se ponga al servicio de NUESTRA REGIÓN,  de sus Pueblos, de sus Culturas, de su diversidad ecológica, de su esencia forestal, etc. y no al servicio de los grupos de poder (de cualquier naturaleza) que dominan y que quieren perpetuar su dominio (político, económico, cultural, ideológico,  religioso, etc.) aprovechándose de sus grandiosos recursos.

En primer lugar, la EDUCACIÓN  debe ser INSTRUMENTO DE INTERCULTURALIDAD, pues nuestra diversidad cultural, que es nuestra mayor riqueza espiritual, debe ser preservada a partir de una educación que nos forme respetuosos de la cultura de los pueblos con quienes compartimos este espacio llamado Amazonía. Esta maravillosa riqueza, constituida por nuestra diversidad cultural y lingüística, ya no debe seguir siendo agredida, en los hechos, bajo pretextos etnocéntricos o ideologicos, pues el valor que tiene en sí esta diversidad cultural, debe merecer nuestros esfuerzos para conservarla.
 
La educación encuentra varios desafíos en este principio de siglo, entre ellos está el de promover el respeto a las diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, raciales, de género y de condiciones sociales que propicie la inminencia de una democracia plural, asentada en el reconocimiento del otro en su alteridad, lo que posibilitará la formación de un ciudadano participativo, libre y consciente de su importancia y su papel en la sociedad. En este sentido, una educación que elabore una propuesta que contribuya a la inclusión social es sumamente importante y esencial para minimizar las exclusiones sociales, propiciando, así, una práctica pedagógica fundamentada en una pedagogía fomentadora de las libertades individuales y colectivas de cada sujeto social en su identidad y en su diversidad cultural”. Tomado de: Educación intercultural: encuentro entre culturas, diálogo de saberes. Patrícia Cristina de Aragão Araújo. Universidad Federal de Paraíba. Dirección de Investigaciones. Serie Interculturalidad  N° 1, Lima – Perú 2005

Además de ello, la educación debe, en estos momentos históricos, ser explícitamente INSTRUMENTO DE DESMITIFICACIÓN, para destruir los mitos ideológicos que hoy envenenan nuestras mentes haciéndonos ver una falsa realidad, falsedad que sólo sirve, como ya lo hemos dicho, a los intereses de quienes quieren seguir teniendo a nuestra región como espacio de  libre disposición. Falsedades como la de hacernos creer que los Pueblos Indígenas solo pueden contribuir con el desarrollo del país a condición de “modernizarse”; o la creencia de que, dada la gran fertilidad de nuestro suelo, se debe incentivar y expandir la práctica de la agricultura y la ganadería; el desprecio por el bosque y todas sus manifestaciones,  etc.

El desmontaje de estos mitos sólo puede hacerse a partir de la incentivación del pleno conocimiento científico de nuestra diversa y compleja realidad, en todos sus aspectos. Un nuevo currículo deberá ser diseñado para propiciar este conocimiento, transformando en contenido educativo toda la información científica que venimos logrando, todo ello complementado con la incentivación de nuevos valores que hagan factibles nuevos comportamientos sociales e individuales para generar amor por nuestras riquezas y el compromiso con su defensa.


Otra función que debe asumir nuestra educación es la de ponerse al servicio de nuestro desarrollo; es decir, ser verdaderamente INSTRUMENTO DEL DESARROLLO HUMANO Y SUSTENTABLE, formando en nuestros educandos las actitudes y destrezas operativas y proporcionándoles los conocimientos científicos y técnicos necesarios para incorporarse a la dinámica productiva de cada una de las comunidades a partir del uso racional de nuestros recursos naturales o materias primas, sin cuyo requisito nos será imposible lograr el desarrollo autónomo o autógeno que requerimos. Haciendo que las nuevas generaciones aprendan a transformar nuestras materias primas en bienes para satisfacer nuestras necesidades sociales, haremos de la educación un instrumento para producir riqueza material al servicio de nuestro bienestar social. Es decir, superar el extractivismo mercantilista que hoy predomina en el uso de nuestros recursos.

Un rol nuevo que debe asumir la nueva educación es el de ser INSTRUMENTO PARA FORTALECER LA IDENTIDAD CULTURAL de cada uno de los pueblos amazónicos. Identidad que, como ya hemos visto, ha venido siendo debilitada en un lento proceso de alienación, lo cual nos hace presas fáciles de la admiración de lo exógeno y desprecio por lo endógeno, lo regnícola. En este proceso de pérdida de identidad la educación tradicional ha tenido un rol preponderante al ignorar el valor de nuestras conquistas culturales, tanto  indígenas como mestizas y excluirlas del universo formativo de los contenidos curriculares.

 “Para muchísimas personas (sean profesionales o no), e instituciones (sean oficiales o privadas: empresariales, sindicales, recreacionales, etc.), tanto el ribereño como el indígena viven en un mundo de ignorancia del cual tenemos la obligación de sacarlos. Para ellas, las palabras “ribereño”, “chacarero”, “indio”, etc. se asocian con suma facilidad con la palabra “ignorante”, “primitivo” “atrasado”.  “El indio es un ignorante” o “El ribereño es ignorante”, son expresiones que traducen una “realidad fácilmente comprobable” para sus esquemas mentales y, por lo tanto, suenan de la forma más natural, para ellas. Para su percepción, el poblador nativo, es carente de todo conocimiento válido, a quien  hay que enseñar a vivir en su ambiente.”

“Este prejuicio nos ha llevado a desconocer el valor de las grandes conquistas de los pueblos indígenas, como por ejemplo la relación armoniosa, de equilibrio, que supo establecer con la naturaleza; el percibirse como parte consustancial de ella, su cosmovisión forestal, la curación de enfermedades a partir del uso de infinidad de plantas, la domesticación de animales y plantas, el descubrimiento de técnicas agrícolas (policultivo, rotación en el uso del suelo, etc.), el conocimiento de las propiedades de las plantas (alimenticias, medicinales, psicotrópicas, ornamentales, etc.), uso agrícola adecuado de los suelos de acuerdo a sus propiedades, uso racional de los recursos forestales, etc. Con lo que quedaría demostrado que la tal ignorancia no es real, sino supuesta, atribuida interesadamente para justificar nuestras acciones (agresiones) respecto de ellos.”


domingo, 26 de noviembre de 2017

LA REFLEXIÓN EN TORNO A NUESTRA EDUCACIÓN

Más reflexiones en torno a nuestra región.

 Gabel Daniel Sotil García

Sin temor a equivocarme, puedo decir que uno de los mayores problemas que afronta la educación en nuestra región es que, hasta el momento, todos los criterios con los que hemos tomado decisiones respecto al campo educacional se han inspirado en visiones externas a nuestra realidad amazónica; es decir, con enfoques foráneos, pues quienes las han tomado han sido personas con muy poco o nulo conocimiento de la realidad amazónica actual e histórica, sin mayor afecto por ella, con una percepción impertinente de su trascendencia local, continental y planetaria y carentes de un compromiso con la perduración de su pluriculturalidad, multilingüismo y forestalidad.

La ignorancia de la verdadera trascendencia de nuestra Amazonía ha llevado a los gestores educacionales foráneos a asignarle un simple rol de almacén o reserva  nacional, de emporio de exotismo, de campo de conquista para todo efecto y de instrumentalidad para satisfacer las necesidades del desarrollo económico del país, todo ello encubierto por un manto protector de diversos mitos ideológicos actuantes en la interioridad psíquica de quienes han tomado tales decisiones.

Sin mayores respetos por la personalidad geo-socio-cultural y espiritual de nuestra región, ella es hoy el campo de acción destructiva de diversos agentes económicos y empresariales,  que solo ven en ella un promisorio campo de acción extractiva, que viene profundizando los efectos malignos en toda su integridad.

A ellos tenemos que agregar la acción destructiva de la espiritualidad amazónica originaria que vienen desplegando infinidad de confesiones religiosas, cuyo propósito es la conquista confesional de los pueblos originarios, destruyendo sus paradigmas tradicionales de relación con el mundo circundante, por ser considerados impropios de la modernidad.

Objeto de decisiones al margen de su realidad, carente de análisis y reflexiones, la educación es hoy en la selva  el mayor obstáculo para impulsar su desarrollo, pues impide el equipamiento actitudinal-valorativo y cognoscitivo de sus miembros para tratarla con coherencia, para mirarla de manera distinta y para transformarla sin destruirla.

Siendo una región en donde se amalgaman el hombre y la naturaleza en una sola unidad, en una sola esencia trascendente, quienes pertenecen a la cultura mestiza, prejuiciosa y arrogante, desarrollan una educación que implica ver a quienes pertenecen a las culturas originarias como si fueran ignorantes de los códigos de relación con nuestro ambiente natural que es el bosque; una educación que pone como condición para lograr nuestro desarrollo la destrucción de nuestra riqueza forestal, que propugna la desaparición de la diversidad cultural como medio para eliminar la pobreza, etc.

 El poder central, con esmero especial, ha elaborado infinidad de mapas de segmentación para diversos recursos naturales que posee nuestra región, que son los referentes para hacer las ofertas internacionales: gas, petróleo, bosque, etc. Con ellos invita al empresariado internacional a “invertir” en la selva con los menores costos posibles pero sin tener en cuenta las consecuencias devastadoras en su riqueza social, cultural y ecológica.

En consecuencia, se hace necesario promover una profunda reflexión sobre la educación en nuestra región, para hacer propuestas desde nuestra perspectiva forestal y multicultural, para elaborar proyectos que contrapesen las imposiciones del centralismo administrativo-educacional, que nos está llevando a la praxis de una educación destructiva para los intereses de nuestra Amazonía, tal y como lo viene planteando la política re-centralizadora del Ministerio de Educación.

Es decir, para nosotros, y dadas las peculiaridades de nuestra región, nos es de suma urgencia construir propuestas desde nuestra propia intimidad socio-cultural y geo-ecológica, que expresen nuestra propia manera de ver y actuar en la realidad.

Reitero, modestamente, que gran parte de los problemas que afronta nuestra educación regional es la falta de reflexiones sobre ella y su entorno. Reflexiones que nos permitan desbrozar los caminos para verla con una imagen diferente a la que tenemos de ella en los actuales momentos.

Es decir, nos hemos abocado a hacer educación sin pensar en la educación y menos en la Amazonía, bajo la premisa de que todo lo que se diga de ellas en el nivel nacional es aplicable y pertinente al nivel regional.

Esta percepción ha obviado un acercamiento crítico, reflexivo, a sus circunstancias actuales, que ya no son las de hace medio milenio, con el inicio de las épocas colonial y su continuación en la época republicana.

Nos estamos olvidando que hoy la vemos como nos enseñaron a verla desde aquellas épocas, cuando una nueva cultura (foránea) se hizo presente en estos ámbitos, que  empezaron a ser  percibidos con el natural etnocentrismo de sus agentes. Y esto es válido tanto para la sociedad nacional como para quienes vivimos en esta región.

En lo básico de esos paradigmas mentales, no ha habido cambios que posibiliten vernos diferentes, desde nuevas perspectivas, con nuevas imágenes, con nuevos roles, con futuros coherentes a nuestra naturaleza.



sábado, 18 de noviembre de 2017

LA EDUCACIÓN Y LA CULTURA EN LA AMAZONÍA

Reflexiones sobre nuestra región
Gabel Daniel Sotil García

Las peculiaridades geoecológicas  y socioculturales
de nuestra región nos obligan a crear respuestas educacionales
coherentes  con su realidad.
Bien sabemos, por estudios científico-sociales, que nuestra región posee una maravillosa riqueza cultural.

Riqueza cultural que es nuestra riqueza espiritual, encarnada en la diversidad de Pueblos que, en el transcurso de los años de su existencia milenaria, han creado, en el más auténtico sentido de la palabra, sus propias maneras de responder a las condiciones del ambiente particular en el que decidieron hacer su vida social.

Pero, también sabemos que, pese a esta grandiosa riqueza cultural, la educación formal actual se ha puesto al servicio de la imposición de la cultura oficial, determinada por el centralismo omnímodo vigente en nuestro país. Por ello, es muy fácil que constatemos la gran ignorancia que hoy poseemos acerca de las culturas indígenas de nuestra región, a las que aún seguimos considerando como bárbaras, primitivas, atrasadas.

Es decir que, viviendo aquí en la Selva, somos quienes más ignoramos nuestra riqueza cultural.

Un aspecto de la realidad educacional de nuestra región.
Los textos escolares nacionales apenas si hacen referencias superficiales y anecdóticas a nuestra realidad cultural. Esa misma es la actitud predominante al interior de las  denominadas instituciones educativas.

En ellas nuestros niños no aprenden a conocer, respetar y cultivar el aporte cultural regional. Antes bien, a despreciarlo.

Conocemos más de leyendas griegas o de dioses greco-latinos que de los de nuestras culturas. Los idiomas nativos no son usados como instrumentos de educación, como elementos portadores de culturas, como expresión de nuestro potencial creador. Los dioses que conforman el imaginario cultural indígena son unos grandes desconocidos. En resumen, nada de nuestras creaciones, indígenas y mestizas regionales, figura como contenido educativo.

Aunque en los últimos años se ha querido cambiar esta situación en el marco declarativo de la Educación Intercultural Bilingüe, lo cierto y real es que esta política dista mucho de tener prioridad para las esferas oficiales. Es decir, sigue estando la educación al servicio del mestizaje u homogeneización cultural, iniciado desde la época de la Conquista.

EL AMAZONAS AL REVÉS

Por ello es que en los grandes centros urbanos selváticos cada vez más se viene respirando una atmósfera indefinida, “universal”, que es lo más próximo a no ser nada. Por allí entran aportes culturales externos, asumidos sólo por el hecho de ser extranjeros. Y la escuela los enfatiza y consolida. Ella es un Amazonas a la inversa. En vez de formar su caudal con lo que viene de nuestra interioridad, lo forma con lo que viene de afuera. Y lo distribuye hacia todos los caseríos y comunidades de nuestra región, generando la cada vez mayor incomodidad de las nuevas generaciones con sus actuales condiciones, lo que las obliga a emigrar en búsqueda de nuevos y promisorios horizontes.

Vigencia plena de  los Pueblos Originarios en la lucha por sus
culturas
En nuestro ensayo, escrito hace ya cerca de treinta años, “Escuela  Árbol, una propuesta de educación para la selva” (Derrama Magisterial, 1991), al hacer el análisis de las relaciones de la escuela con la cultura nativa, expresábamos: “Todos sus logros axiológicos, actitudinales, cognosciti­vos, estéticos, lingüísticos, operativos, etc. no existen para la Escuela oficial. La Cultura Nativa, en sus múlti­ples versiones, es un complejo cuya historia y realidad actual se quedan en la puerta de la escuela. Como en el caso del bosque, tampoco ella ha sido transformada en mensaje educativo.

Realidad que debemos tener en cuenta
en un nuevo currículo
.
En los libros no está presente, en los cuentos que narramos a nuestros niños, no está presente. Invocando principios cuya validez y consistencia no hemos compro­bado, y dudamos que se pueda hacer desde el punto de vista antropológico (aunque sí desde el punto de vista ideopolítico), enseñamos a nuestros niños cantos, poesías, cuentos, etc. portadores de la cultura europea y de otras procedencias, menos de la cultura nativa, por cierto, como si ésta no tuviera mensajes morales, estéti­cos, sociales, económicos, científicos, etc. cuyo aprendi­zaje podemos, y debemos, promover en nuestros niños y jóvenes.

La Caperucita Roja, la princesita que vivía en el castillo, el príncipe valiente que venció a un dragón, etc. son los personajes comunes en las aulas de nuestras escuelas. No es inexplicable, entonces, que en muchos centros educativos tengamos murales con castillos brumosos, picos nevados, ardillas traviesas, osos gigan­tes, patos vanido­sos, etc. Como tampoco es inexplicable que nuestros jóvenes y adultos adopten actitudes negativas respecto a la cultura nativa y terminen convencidos de que ella tiene que desaparecer. ¿Les estamos enseñando a conocerla, a amarla, a valorarla? ¿Les enseñamos que todos en esta región, de una u otra manera, somos parte del complejo cultural nativo?”

Riqueza que queda al margen del conocimiento
de nuestros educandos por el tipo de currículo
que desarrollamos.
Eso decíamos pero, debo admitirlo, se han producido algunos cambios, pues el oso yogui, tribilín, Bugs Bunny, la Caperucita Roja, Blanca Nieves, etc. ya no son los personajes que nos dan la “bienvenida” a algunas instituciones educativas. Pero, esos son cambios superficiales, pues en cuanto al contenido del currículo, no hay mayores modificaciones.

 La educación oficial, diseñada en el centro del poder político-económico, inspirada en el racismo, sigue ignorando el valor de estos universos culturales, tratando de profundizar su debilitamiento, pese a las declaraciones que,  en sentido contrario, se viene haciendo al respecto por parte de las entidades oficiales. En términos generales, pues, dicha situación sigue igual o agravándose, pues el avasallamiento cultural, vía los nuevos medios de comunicación, productos de la revolución informática en actual desarrollo, se hace más intenso, en el marco del denominado proceso de globalización, frente al cual el Estado Peruano, a través de los Gobiernos Nacional y Regional, aún no diseña una política cultural que involucre a la educación en la defensa de nuestro patrimonio espiritual.



jueves, 12 de octubre de 2017

NUEVAS REFLEXIONES FRENTE AL 12 DE OCTUBRE


Prof. Gabel Daniel Sotil García



Las carabelas en las que
llegaran los mensajes de
una cultura diferente.
En  el proceso educativo formal, por el que la mayoría de peruanos hemos pasado, la fecha 12 DE OCTUBRE tuvo una especial relevancia.

Recuerdo que en cada institución educativa se ponía un notorio esmero en la celebración de esta efeméride: el DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA.

En los libros de historia y en las enciclopedias se le dedicaba significativos espacios para destacar la importancia del suceso histórico de dicha fecha. 

Todos los niños peruanos nos alegrábamos hasta el delirio con aquella frase del marino, acompañante del Gran Almirante Cristóbal Colón, que gritara “¡Tierra a la vista!”, cuando ya los ánimos de toda la tripulación estaban al borde del colapso. Y, también, nos hemos apenado hasta las lágrimas cuando nuestro profesor nos narraba el encadenamiento y prisión de nuestro héroe.

Esas alegrías y pesares ya no los podemos evitar. Sucedieron en nuestras almas infantiles y posiblemente dejaron profundas huellas en cada uno de nosotros.

Si bien esa forma de enseñarnos la Historia era coherente con los propósitos sociales de la educación de aquellas épocas, hoy, en las actuales circunstancias, tenemos (es una obligación moral)  que meditar profundamente tanto respecto al suceso mismo como con respecto a sus consecuencias.

El continente ABYA YALA de los pueblos
 indígenas originarios, que hoy conocemos 
como América.
No cabe duda de que la interpretación de los acontecimientos socio-históricos varía de época a época, sea por los criterios que se pongan en juego o por los intereses que se interpongan. No hay acontecimientos con valor absoluto.

En la educación nacional y regional le dimos el valor que nos enseñaron a darle desde la perspectiva de  quienes decidían lo que debíamos aprender, por tener el poder económico y político, como hasta ahora sucede.

Por ello es que nos es necesario enfatizar los cuestionamientos que desde hace algunos años se viene haciendo a esa interpretación que, de alguna manera, sigue vigente por la omisión del énfasis en el rol de las diversas culturas indígenas americanas y de las consecuencias destructivas socioculturales y biológicas que ellas sufrieran hasta el presente.

En nuestras instituciones educativas debemos dar vida a una explícita re-interpretación del suceso en las mentes de nuestros educandos, desde la perspectiva de los pueblos originarios de este continente. Pueblos que fueran y siguen siendo sus mayores víctimas.  

Variados y consistentes argumentos han sido expuestos en el marco de este cuestionamiento raigal por parte de pensadores peruanos y extranjeros, dedicados a reflexionar sobre nuestra historia americana, formulados en el sentido de generar en nosotros una profunda autocrítica de nuestro rol en este último medio milenio. Rol que ha consistido fundamentalmente en imitar todo cuanto era y es producido por la cultura de quienes impusieron sus dominios en este Continente desde 1492, bajo el supuesto de que los logros culturales de los pueblos originarios no tenían mayor valor, prejuicio que aún tiene plena vigencia en las sociedades mestizas y se evidencia en la mente de nuestros gobernantes.

El pleno uso de los propios recursos forestales
es una de las características de las culturas
amazónicas originarias.
La arrogancia etnocéntrica de quienes se hicieron de los mecanismos del poder condicionó en la mente de sus descendientes mestizos un profundo desprecio por todo aquello que hubiera tenido origen en estas tierras, hoy llamadas Americanas, pero que en el momento de ser descubiertas por los ojos de los europeos, se llamaba ABYA YALA (“Tierra pronta a dar sus frutos”, “Madre en preñez”, en idioma kuna, Panamá).

Como consecuencia de ello, nuestros ojos nunca se dieron cuenta del valor de todo cuanto había sido creado por el esfuerzo de los múltiples Pueblos originarios de este Continente.

Envenenados por el desprecio y minusvaloración, fuimos incapaces de ver la potencialidad creadora, los grandiosos logros culturales de los que habían sido capaces estos Pueblos.

Hoy, y en la medida en que una nueva actitud frente a los Pueblos Indígenas de todo el mundo está logrando alcanzar mayores consensos, tenemos que aprender y enseñar a mirarnos hacia nuestra interioridad, para saber y valorar aquello de lo que fuimos capaces y para conocer nuestras potencialidades desde las cuales podemos y debemos contribuir con la humanización de nuestra especie.

Todo ello con miras a construir nuestro propio futuro, propio en la medida en que éste debe partir y ser construido desde nuestra peculiaridad histórica y actual situacionalidad.

Tenemos la obligación moral de enriquecer la cultura humana con nuestros propios aportes, utilizando esa capacidad que nuestros antepasados, nuestros ancestros, ya demostraron en su relación con su entorno ambiental: su creatividad.

Es preciso que hagamos de América un Continente con su propia personalidad construida desde sus propios valores milenarios, cuya validez ha sido demostrada plenamente, para dar respuestas coherentes con nuestras diversas realidades ecológicas y socio-culturales particulares. Sólo así superaremos la actual situación de la gran mayoría de países latinoamericanos, caracterizada por la desorientación axiológica, la pobreza, la desorganización socio-política, la injusticia social, la dependencia psíquica, las mutuas desconfianzas, la pérdida de fe en nosotros mismos, etc.
  

Manto con ideogramas de la cosmovisión 
de la cultura Shipibo.
Tenemos que educar a las nuevas generaciones con un profundo conocimiento de nuestro continente, con un sólido respeto por nuestras conquistas culturales, con una férrea confianza en nuestras capacidades creadoras y con fe en nuestro futuro colectivo, arraigado en un pasado que comenzó muchísimo antes del 12 de octubre de 1492, pues en ese momento ya teníamos una larguísima y proficua historia caracterizada por una asombrosa creatividad que nos había permitido generar diversas culturas cuyas conquistas más trascendentes fueron minusvaloradas desde aquel entonces, por lo que en el proceso educativo de las nuevas generaciones no se les dio mayor importancia

Que sea, pues, este y cada 12 DE OCTUBRE, una oportunidad propicia para nuestra reflexión colectiva sobre todos estos temas que nos atañen, superando para siempre, celebraciones y homenajes superficiales, que sólo han significado para nosotros el consolidar en nuestras mentes valores y actitudes que han hecho muchísimo daño a nuestros intereses continentales.

No nos parece conveniente que sobredimensionemos ni tergiversemos el suceso histórico, porque ello ha implicado para nosotros, un secular enceguecimiento respecto al valor de nuestras culturas originarias, en cuya potencialidades radican los fundamentos para construir un futuro propio, con la impronta de nuestro ser histórico original.

Habiendo sido una de las características de todas estas culturas el profundo conocimiento y coherencia con su entorno y la praxis de un universo axiológico que posibilitaba un sólido respeto por su escenario existencial, hoy  nos urge retomar todo ello y darle vigencia social para recuperar los tiempos perdidos en Latinoamérica.

jueves, 5 de octubre de 2017

DON ARNALDO HUANAQUIRI HA MUERTO

In Memorian:

DON ARNALDO HUANAQUIRI HA MUERTO. ¿QUIÉN ERA DON ARNALDO?

Zachary O'Hagan
Dn. Arnaldo Huanaquiri, en una de sus visitas a Iquitos.

Arnaldo Huanaquiri Tuisima, uno de los últimos hablantes de la lengua omagua, falleció en Iquitos, Loreto, Perú, el 20 de diciembre de 2016 a la edad de 83 años. Arnaldo nació el 7 de febrero de 1933 en San Joaquín de Omaguas – una comunidad en la margen izquierda del Río Amazonas, entre Nauta e Iquitos, siendo sus padres don Lizardo Huanaquiri Tamani y doña Amalia Tuisima Huaní.

Lizardo fue un hombre kukama nacido en los 1890 en Lagunas, en el Río Huallaga, hijo de Antonio Huanaquiri y Marcela Tamani. (Antonio quizás naciera en 1870 en Nauta.) Amalia fue una mujer omagua nacida  en 1900 en San Joaquín de Omaguas, hija de José María Tuisima Ipuchima (1872-1946) y Lucía Huaní Cahuasa (1873-1946).

En 1943, Arnaldo entró a la escuela primaria de San Joaquín, donde completó tres grados, aprendiendo a leer y escribir bien. Salió de la comunidad en 1948 en busca de trabajo, sirviendo en las fuerzas armadas y volviendo a San Joaquín en junio de 1965. Llegó a servir como teniente gobernador de la comunidad en varias oportunidades: desde octubre de 1965 hasta abril de 1968, desde mayo de 1973 hasta abril de 1978, y desde 1981 hasta agosto de 1989.

El 17 de setiembre de 1971 Arnaldo se casó con Celestina Marín Pizango (fallecida 2005), y tuvieron 13 hijos: Onila, Zoila, Welinson Arnaldo, Edinson Lizardo, Ricardo, Jaír, Lita Gertrudis, Emerson Luís, Luz Victoria, José Francisco, Sahuar, Nerci Amalia, y Pablo José.

En 2003 Arnaldo comenzó una colaboración con Lev Michael, Christine Beier, y Catherine Clark, antropólogos norteamericanos, para documentar la lengua omagua, la cual, junto con la lengua estrechamente emparentada kukama-kukamiria, pertenece a la familia lingüística tupí-guaraní, miembros de la cual estaban originalmente extendidos por la mayor parte de Sudamérica, desde la costa atlántica, tierra adentro hasta Bolivia, y en el norte desde Guyana hasta el Perú y por toda la Amazonía brasileña.


En este emprendimiento Arnaldo acompañó a su primo hermano Manuel Cabudivo Tuisima (1925-2010), y los primeros trabajos lingüísticos fueron hechos por Edinson Huamancayo Curi, en 2004, seguido en 2006 por Brianna Grohman, en ese entonces una estudiante de posgrado en la Universidad de Tejas en Austin (Estados Unidos).

Posteriormente, Arnaldo escribió doce cuadernos de cuentos en omagua con traducción al castellano, los cuales formaron una base de datos para el proyecto de un equipo de investigadores que empezó en la Universidad de California, Berkeley (Estados Unidos) en 2009.
Desde junio hasta agosto de 2010 Arnaldo continuó su trabajo lingüístico conmigo, con Clare Sandy, Tammy Stark, y Vivian Wauters en San Joaquín de Omaguas. Esto continuó en 2011 conmigo y con Clare Sandy. En 2013 él participó en investigaciones lingüísticas nuevamente conmigo durante una estadía de algunos días en San Joaquín.

Arnaldo vivió en su casa, aguas arriba del propio San Joaquín hasta 2014, año en que vino a vivir con su hija Zoila en Iquitos. Nunca pudo regresar a su casa, pero tenía la buena fortuna de poder visitar frecuentemente a su hermana mayor, Amelia, quien vive en Iquitos. Su deseo era estar enterrado al lado de su madre en el cementerio de San Joaquín, y su familia pudo devolver su cuerpo allí para el entierro.

Los Omagua, contactados primero en 1538, habitaban en el curso principal del alto Río Amazonas, desde aguas abajo de la desembocadura del Río Napo en Perú hasta el Río Putumayo/Iça en Brasil; dos grupos más pequeños habitaban en el Río Coca y en la desembocadura del Río Curaray, en la cuenca del alto Napo.

Los Omagua eran una de las sociedades más numerosas de la Amazonía, el resultado de una rápida migración por el Amazonas probablemente a principios del segundo milenio. De una población de probablemente muchas decenas de miles de personas, los omagua fueron gravemente reducidos, quizás a unos pocos miles, por  1710, siguiendo a severas epidemias y décadas de ataques y esclavitud por parte de los portugueses.

A mediados del siglo dieciocho se reagruparon en algunas comunidades afuera de su territorio tradicional, aguas arriba de la actual ciudad de Iquitos. San Joaquín parece ser el último sitio donde sobreviven los hablantes del omagua, pero puede ser que haya otros en localidades tales como San Salvador de Omaguas, Puritania, Porvenir, y otras.

Los Omagua nacidos en los primeros años de los 1920 aprendieron a hablar omagua como su lengua materna dominante, al menos cuando eran jóvenes. Sin embargo, cuando Arnaldo era niño en los últimos años de los 1930, muchas familias habían llegado a hablar castellano en sus casas; su hermana y él asocian el monolingüismo omagua con sus abuelos y tías, eso es, los que nacieron durante los treinta años desde 1870 hasta 1900.

Arnaldo no podría haber estado más orgulloso de su herencia omagua, y fue él quien principalmente motivó el comienzo del Proyecto de Documentación de la Lengua Omagua. Soñó con ver la lengua enseñada en la escuela primaria  de San Joaquín, sueño que todavía espera realizarse.

Arnaldo querría que leyeran más sobre la historia omagua, lo cual pueden hacer aquí:

Puede leer más sobre el Proyecto de Documentación de la Lengua Omagua aquí:

Sus cuadernos pueden ser leídos aquí:

 Y su historia de la comunidad y diccionario personal pueden ser descargados aquí: http://cla.berkeley.edu/item/23732.

El borrador de un diccionario del omagua, al cual Arnaldo contribuía de manera significativa, está disponible aquí:

Todos los materiales del Proyecto de Documentación de la Lengua Omagua a los cuales Arnaldo contribuyó pueden ser vistos aquí:


Obituario del don Lino Huanío Cabudivo, que queda solamente en inglés: (http://amazonzach.blogspot.com/2017/08/lino-huanio-cabudivo-1936-2017.html).

Nota: Quedan tres señoras que hablan omagua, Amelia Huanaquiri Tuisima (87), Alicia Huanío Cabudivo (84), y Guillermina Moena Cahuasa (87). La primera vive en Iquitos, y las demás en San Joaquín. Aparte de ellas no conozco a nadie más. Zachary O’Hagan


P.D. Conocí a don Arnaldo, con quien disfrutamos alguna conversación en su idioma materno, el Omagua. Fue una experiencia maravillosa escuchar, en boca de un nativohablante, un idioma tan forestal, tan amazónico, tan ribereño, tan ancestral. Se nos ha ido y una parte de la Amazonía se fue con él. Lo siento don Arnaldo, pero me queda su voz, su imagen y las ganas de seguir defendiendo el legado creativo de los pueblos originarios de nuestra región. (Gabel D. Sotil García)