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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento Ica, Provincia Palpa, Distrito Río Grande, Caserío "San Jacinto", 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL LIT. INFANTIL, ÁREA EXPR. POÉTICAS, MED •RECONOCIMIENTO MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, GORE LORETO., Condecorado con orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) MINEDU. DIPLOMA DE HONOR, por Congreso de la República. 21-03-2019

viernes, 29 de mayo de 2009

NUESTRAS RESPONSABILIDADES AMBIENTALES


POR EL DIA MUNDIAL DEL AMBIENTE

Gabel Daniel Sotil García


Quienes hemos asumido profundas responsabilidades en la lucha por promover una conciencia ambientalista, que poco a poco felizmente somos más, no podemos dejar de insistir en comprometer a más personas en esta lucha que, por lo que venimos constatando especialmente en nuestra región, requiere de la participación de todos para revertir las consecuencias negativas que muchos años de actuación irresponsable han ocasionado en nuestro bosque amazónico.

A esta altura de nuestro devenir social, todos los que vivimos en esta región deberíamos ser conscientes de que nuestra vida social e individual la venimos haciendo en el marco maravilloso de un tesoro ecológico, que brinda a nuestra existencia las condiciones materiales, psicológicas y espirituales propicias para desarrollarnos de la forma más trascendente posible y, como consecuencia de ello, retribuir a nuestro entorno ambiental una actuación social lo menos perjudicial posible, para que dichas condiciones perduren por siempre y sigan siendo el mismo escenario portentoso para las nuevas generaciones de amazónicos.

Sin embargo, por acción de una serie compleja de factores confluyentes, esto dista mucho de ser realidad, pues es muy fácil constatar que muchos de los comportamientos que emitimos en nuestra actuación social cotidiana, sea como personas, sea como instituciones o sea socialmente, son profundamente agresivos, destructores de nuestro ambiente.

Son comportamientos que hemos adquirido en una atmósfera de valores (desvalores, mejor dicho) marginales o ajenos a nuestras reales circunstancias sociales y que, por lo tanto, nos han proveído de esquemas mentales negativos o perjudiciales para nuestro ambiente regional, y que, en sus consecuencias más trascendentes, vienen siendo causas del cambio climático mundial en pleno desarrollo.

Es, precisamente, el aspecto axiológico de nuestra actuación social en el que tenemos que centrar nuestros mayores esfuerzos comunes para revertir esta situación “incómoda” en que hemos puesto a nuestro ambiente y, cuyas consecuencias, las venimos pagando todos.

En este camino correctivo social, tenemos que comenzar por ser conscientes de la fuente o manantial de donde fluyen estos desvalores que se han instalado en nosotros y que vienen dirigiendo u orientando, sin que nos demos cuenta, por cierto, nuestra actuación individual y social.

A nuestro parecer, esa fuente está dada por una percepción tergiversada de nuestro bosque, que ha hecho que lo veamos como una simple cosa mercancía) de la que debemos aprovecharnos lo más que podamos; visión que nos fuera impuesta hace ya muchos siglos por quienes fueran nuestros conquistadores culturales en consonancia con su escala propia de valores creada en circunstancias históricas muy diferentes a las nuestras. Esa extrapolación de valores, efectivizada dentro de un marco de dominación política, significó la ruptura, el trastoque, de la tradicional y ancestral relación armoniosa que los Pueblos originarios de esta región supieron establecer con su entorno, producto de la milenaria sabiduría acumulada.

Este cambio de valores tuvo como consecuencia un cambio raigal en la actitud de las personas (hombres y mujeres), pasando de ser un protectoras o defensoras del bosque a transformarse en sus principales destructoras para satisfacer su voracidad mercantilista aprovechando, hasta los límites del agotamiento, los recursos naturales, tan pródigamente ofrecidos.

Esta actitud antiforestal es la que se ha asentado entre nosotros desde los albores de la época colonial y es ella, precisamente, la que tiene que ser erradicada a partir de una educación inteligentemente planteada, para formar en las nuevas generaciones una responsable y respetuosa relación con nuestro ambiente amazónico.

En el nivel humano, no basta vivir. Nos es necesario reflexionar sobre las consecuencias de nuestros actos, sean individuales o sean sociales, sobre nuestro propio entorno ambiental, pues de esta actitud crítica y reflexiva sobre nuestro comportamiento, va a depender nuestro propio futuro.

Tenemos la obligación moral de formarnos en un desempeño existencial pleno de responsabilidades ambientales, que es lo que le dará un significado trascendente a nuestra vida individual y social.
Foto: Río Marañón, del autor,



viernes, 22 de mayo de 2009

AMAZONÍA PERUANA, ¿NO ES NECESARIO CONOCERLA?


Reflexiones para la diversificación curricular (4)

Gabel Daniel Sotil García

Pruebas del profundo desprecio de la riqueza cognoscitiva ancestral y el desconocimiento de nuestra región son las sucesivas épocas de falsas ilusiones sociales generadas en los encuentros de recursos de duración pasajera que, más que soluciones, han significado la profundización de nuestros problemas o la creación de nuevos problemas (boom del caucho, de la madera, de las resinas, del oro, del petróleo). Lo prueba el extractivismo mercantilista, que nos empeñamos en practicar, pese a sus efectos negativos. Lo prueba, también, el protagonismo excluyente que la sociedad mestiza viene desempeñando al margen de los diversos grupos socioculturales presentes en este escenario, cuyo núcleo de dominación tiene como principal propósito centralizar el poder y aprovechar los recursos naturales, al margen de consideraciones de carácter ético y axiológico, tales como la equidad, el respeto, la democracia intercultural, etc.

Nos encontramos, pues, en una región esencialmente considerada, en la percepción nacional y regional, sólo como proveedora de materia prima, en la cual el estado se hace presente sólo en forma controlista y punitiva, como protector de los bienes que le significan divisas, provenientes de las exportaciones, para las arcas nacionales. El rol promotor, organizador, estimulante que debería asumir para crear condiciones endógenas para nuestro desarrollo, se ve sobrepasado por la presencia impositiva que cada gobierno central se empeña en ejercer para demostrarnos su poder, a través de representantes que sólo esperan cumplir las órdenes que les imparten sin importarles sus consecuencias

Por todo ello es que, podemos afirmar, lo más ausente en todo este panorama relacional entre el país y esta región es la necesidad de conocerla y de promover su conocimiento certero, real, más allá de perjudiciales fantasías, que no hacen sino tergiversar nuestra realidad, y, por ende, generar incorrectas decisiones.

Bien podemos afirmar que en estos momentos la Amazonía es la gran desconocida en nuestro país. Y también dentro de nuestra propia región.

Por ello es que no nos extraña que todos los gobiernos centrales se hayan propuesto “desarrollar la Amazonía”. Es decir, actuar en ella para mejorar sus condiciones; pero, ¿qué condiciones? Si no las conocen, mal pueden mejorarlas. Las personas e instituciones que los vienen representando por casi quinientos años, siempre han sido pasajeras; han durado lo que duraba, y a veces mucho menos, la intención de los gobiernos de turno. Quienes venían, con pocas excepciones, lo hacían para ejecutar órdenes, es decir, con un libreto a cumplir para poner en vigencia disposiciones adoptadas muy lejos de la región por gente que la ignoraba en sus peculiaridades, y que no tenía más compromiso que el de cumplir con su encargo burocrático, con agenda pre-establecida, en la cual no cabía ni la más remota posibilidad de buscar respuestas, de crear soluciones a los problemas regionales, pues el guión venía escrito; luego de lo cual, se regresarían seguramente que sin haber visto un solo problema de gran importancia.

Hasta hoy, el país no ha diseñado un plan de acercamiento para conocerla, comprenderla y comprometerse con su desarrollo. Ha preferido mantenerse en el marco conceptual y actitudinal coherente con los prejuicios y esa falsa imagen generada sobre ella a partir de la ignorancia. Por ello es que sólo la viene usando como fuente de recursos (lo más fácil, por cierto) con la complicidad de las propias autoridades regionales, a los que aprovecha explotándolos hasta su extinción. Las pruebas las tenemos en recientes decisiones del más alto nivel gubernamental, todas ellas lesivas a los intereses de esta región.

Hasta hoy, también, muchas instituciones se acercan a ella sólo para conquistarla, es decir, para incorporarla a sus dominios unas veces conceptuales, otras veces axiológicos y, algunas otras, prácticos; pero siempre para servirse de ella, nunca para servirla en sus más altos intereses. Para muchas instituciones (sobre todo religiosas y políticas) y personas, todavía, a la selva se debe llegar con armas de conquista, de imposición, como serían los arcabuces en su tiempo.

El “atraso” de su gente no amerita otra actitud, según esta equívoca, falsa, percepción.

Parecería, por lo tanto, que nuestra región está condenada a sufrir un avasallamiento tras otro. Primero, la evangelización y la castellanización de los “indios” por parte de los conquistadores; más tarde, las acciones de civilización de los “salvajes” por parte de los programas estatales; luego serían los programas de colonización de este “inmenso territorio deshabitado”; hoy, la “modernización” de nuestras formas de vivir mediante las concesiones petroleras, madereras, auríferas, que no son sino mecanismos para viabilizar la desnaturalización de nuestras formas de vida. Los partidos políticos, las organizaciones religiosas a través de sus muy diversas confesiones, las empresas nacionales y trasnacionales, etc. vienen con esa misión: conquistar nuestra región, enseñorearse en ella.

Es decir, siempre objeto de imposición; nunca de conocimiento y comprensión.

Nunca de respeto.
Foto: del autor
Art. publicado en KANATARI, 31-05-09


jueves, 7 de mayo de 2009

LA SELVA, ¿SÓLO ESCENARIO DE CONQUISTAS?


Reflexiones para la diversificación curricular (3)

Gabel Daniel Sotil García

Este proceso de toma de conciencia, trabajado en la intimidad del hogar y en los ambientes sociales que, además, ha recibido el aporte de muy diversos sucesos políticos, culturales, económicos, administrativos, etc., tanto foráneos como internos, es el que ha contribuido a que en nuestra región hayamos venido adoptando actitudes muy poco comprendidas por el resto del país: gobernantes y sociedad civil.

Pues, vista la región en su conjunto desde la perspectiva de los prejuicios geográficos, raciales, culturales, etc., vigentes y frutos de la ignorancia sobre nuestra realidad, la Amazonía aún no logra ser percibida como lo que es sino como se cree que es.

Y esto ha originado que se haya venido tomando decisiones absolutamente erradas respecto a sus actuales condiciones, como lo podemos comprobar en los más recientes periodos gubernamentales nacionales, durante los cuales la mayoría de decisiones tomadas por el Poder Central ha terminado siendo instrumento para ampliar y profundizar nuestros problemas ecológicos, psicosociales, económicos, socioculturales, etc., evidencias de las cuales están a nuestra disposición en estos precisos momentos en el acontecer nacional.

Es decir, nuestra Amazonía no deja de ser percibida con los iniciales mitos ideológicos generados por el conquistador europeo, a los cuales se han adicionado otros creados por sus herederos políticos (que el ribereño es haragán, que el indio es el freno para el desarrollo, que las culturas nativas son la causa de nuestro subdesarrollo nacional, que la selva es el infierno verde, que en la selva se hace dinero fácil y rápidamente, etc.), con la misma finalidad encubridora de aquéllos.

En el marco de este racismo formalizado en nuestro país, nuestra región no deja de ser vista como un escenario de conquistas, en el cual se viene experimentando sucesivamente la extrapolación de modelos alienígenas, foráneos, incompatibles con nuestra realidad, en un vano intento por forzar su realidad para adecuarla a tales esquemas. Por lo tanto, siempre signados por el fracaso.

Racismo que también se expresa en la desconfianza que nosotros, los mismos amazónicos, tenemos en las capacidades de los pueblos y personas de esta región para buscar y encontrar soluciones a nuestros propios problemas, a pesar de ser quienes mejor los conocemos.

La visión del conquistador europeo aún perdura tanto en los agentes del gobierno central como en las personas e instituciones que se acercan a la Amazonía, víctimas de engaños o prejuicios con los cuales justifican sus agresiones y ansias de dominación.

En vez de acercarse a ella para tener un mejor conocimiento y comprensión de su realidad y potencialidades, se ha optado, en el ámbito nacional, oficial y no oficial, por imaginarla atribuyéndole características que no tiene, pero que sirven de referentes a la hora de tomar decisiones con respecto a ella. Una de las cuales es, precisamente, el considerar un absoluto ignorante al poblador nativo, carente de todo conocimiento válido, a quien hay que enseñar a vivir en su ambiente, desconociendo el valor de sus grandes y milenarias conquistas como, por ejemplo, la relación armoniosa, de equilibrio, que supo establecer con la naturaleza, el percibirse como parte consustancial de ella, su cosmovisión forestal, la consideración del bosque como un valor, la curación de enfermedades a partir del uso de infinidad de plantas, la domesticación de animales y plantas, el descubrimiento de técnicas agrícolas (policultivo, rotación en el uso del suelo, etc.), el conocimiento de las propiedades de las plantas (alimenticias, medicinales, psicotrópicas, ornamentales, etc.), uso agrícola adecuado de los suelos de acuerdo a sus propiedades (en lo que pudiéramos calificar de uso práctico de la zonificación económica ecológica, de reciente descubrimiento en la ciencia occidental), uso racional de los recursos forestales (en lo que podríamos denominar uso sustentable de nuestros recursos), etc., que, de ser valorados, tendríamos allí todo el universo de conocimientos, ya validados pues por ellos ha sobrevivido miles de años.

Conocimientos que requerimos para construir un modelo de desarrollo coherente con nuestras características y potencialidades regionales; acervo que, enriquecido con los aportes científicos, tecnológicos y humanísticos actuales, nos permitiría una mayor eficacia y eficiencia sociales para construir nuestro futuro con la más sólida fundamentación factual, en el marco doctrinal del desarrollo sostenible e intercultural.

Nosotros los amazónicos mismos hemos caído en la trampa de la falsa percepción y, hoy, el actuar colectivo de los mestizos, no traduce sino el más profundo desprecio de aquel acervo cognoscitivo ancestral que yace en las comunidades indígenas y ribereñas y también un profundo desconocimiento de nuestro escenario existencial, que se manifiesta a través de las incompatibilidades y efectos negativos evidenciados en esa actuación individual y social.

Foto: del autor. Árbol de ubos

EL URCUTUTU

Gabel D. Sotil García


En la rama cimera de un árbol cercano
y orlando el silencio tintineante,
el urcututu, con sonido misterioso,
ha lanzado su cántico ondulante.

Con sus ojos abiertos a lo arcano
y evocando tiempos extinguidos,
su canto me suena melodioso,
ritual, de augurios muy temidos.

Y al conjuro de ese canto milenario
silvestres sombras se convocan,
surgiendo informes, presurosas,
a expresarle reverente pleitesía.

Y la noche, madre fantasía,
poblada de formas sigilosas,
se llena de seres que provocan
miedo, pavor y encanto temerario.



domingo, 19 de abril de 2009

¿POR QUÉ LA AUSENCIA DE LA AMAZONÍA EN LA EDUCACIÓN NACIONAL


Reflexiones para la diversificación curricular (2)

Gabel Daniel Sotil García

Para encontrar explicaciones a la ausencia de nuestra región en la educación nacional y regional, tenemos que dar una mirada crítica y reflexiva a la historia que hemos vivido en los últimos quinientos años, lo cual nos posibilitará determinar lo que hemos heredado de los tiempos anteriores así como para precisar nuestra contribución colectiva, si es que la hemos tenido, en tiempos que estuvieron aparentemente bajo nuestro pleno control.
En este sentido, es necesario que seamos conscientes de que en nuestra Región hemos tenido un muy extenso período multimilenario, de total autonomía creativa, durante el cual los Pueblos Indígenas fueron hegemónicos, autoconstruyéndose desde su propia experiencia. Aunque disponemos de poca información histórica acerca de dicho lapso, sin embargo, contamos con la contundente presencia física y cultural de sus descendientes en la actualidad.
Dicho periodo fue continuado por otro de casi quinientos años, que transcurren hasta hoy, en el que se han configurado dos fases con sus propias características cada una: la colonial y la republicana, bajo un común esquema de imposición de modelos socioculturales foráneos, que aún seguimos sufriendo.
En verdad, entre Colonia y República nunca se produjo un cambio sustancial para nuestra Amazonía en la condición general dentro de nuestro país. Ambas fases históricas han tenido una connotación impositiva en nuestra dinámica interna, tanto que bien pudiéramos denominar a la primera como época de la colonización franca, desembozada, y a la segunda, que llega hasta el presente, como la época de la colonización encubierta, velada, pues durante ésta nuestra condición general no fue impactada en forma diferente a la que tenía en la anterior. Salvo cambio de nombres, designaciones, intenciones, declaraciones nuevas, pero nada sustancial que revelara una nueva forma de percibirnos por parte de la sociedad nacional y su dirigencia.
Si algo hubo de diferente para nosotros, fue el inicio de una presencia más impositiva, punitiva y amenazadora del poder central, sobre todo desde mediados del Siglo XIX, en nombre de un Estado peruano que recién empezaba a tomar conciencia (y que, dicho sea de paso, aún no termina de hacerlo) de las dimensiones geográficas, sociales, culturales, etc. y de la complejidad de nuestra región. Las instituciones que pretendían representarlo carecían de sentido para la nueva realidad en la que se instalaban, pues el escenario selvático era y es muy diferente respecto al contexto nacional.
Deviene así nuestra selva en escenario del ejercicio de un poder caracterizado por la inercia de sus representantes, indolencia cómplice que tiene su mayor expresión en las sucesivas pérdidas de territorio amazónico peruano sufridas desde mediados del siglo XIX, sin el costo siquiera de una lágrima de los demás peruanos, pues siempre les fueron encubiertos o escondidos dichos sucesos, ocultamiento que aún se empeña en mantener al dejar de lado la enseñanza de la historia regional.
Víctima de esquemas mentales coloniales, heredados del régimen que duró trescientos años, la población mestiza avizora su futuro sólo preocupada por consolidar su hegemonía dentro de la región, sobre todo en el dominio sobre las poblaciones originarias o indígenas y en el aprovechamiento destructivo de sus recursos naturales, pero, sin mayores preocupaciones por las consecuencias de su actuar en el entorno cultural y ecológico, actitud en la que hasta hoy, infelizmente, persiste.
Pero, también, en dicha población comienza a tomar forma, aunque difusamente, un sentimiento que, con el paso del tiempo y diversos acontecimientos, se haría cada vez más nítido, fuerte y trascendente: el sentimiento de abandono, el sentimiento de ser considerada una región sin mayor importancia para los destinos del país. Comienza, entonces, la toma de conciencia, por parte de los amazónicos, de la mirada lejana, sin interés, indiferente del resto de nuestra nación. Este sentimiento sería, en gran parte, el responsable de muchos acontecimientos de esta época (movimientos separatistas, federalistas, regionalistas y de protesta civiles) y cada vez más reforzado por las actitudes y decisiones de una clase política nacional, que contó con la complicidad de la clase política regional, ignorante de nuestras características, sin capacidad de auto crítica y sólo abrazada a su interés por centralizar el poder y gozar de sus prebendas. Como lo sigue siendo hasta hoy.
Por todo ello es que, hacia la mitad del Siglo XX, algunas definiciones empiezan a producirse en el sentimiento amazónico:
1° Que, en el consenso nacional, no hay conciencia de nuestra existencia, salvo que somos una región exótica, con gente que debe ser conquistada y civilizada;
2° Que el poder central es, además, centralista y prisionero de una visión equívoca sobre nosotros;
3° Que somos una región desconectada, desarticulada, del resto del país;
4° Que aún seguimos siendo considerados un freno para el desarrollo del país, a menos que cambiemos radicalmente, dejando de ser lo que somos;
5° Que no inspiramos confianza en nuestras capacidades sociales para encontrar solución a nuestros propios problemas;
6° Que sólo servimos para ser gobernados y que, por lo tanto, debemos obedecer todo lo que se disponga sobre nosotros desde el centro del poder nacional.

Publicado en semanario KANATARI, 12-04-09

martes, 24 de marzo de 2009

AUSENCIA DE LA AMAZONÍA EN LA EDUCACIÓN NACIONAL

Reflexiones para la diversificación curricular (1)

Gabel Daniel Sotil García

En la introducción del libro “Panorama Histórico de la Amazonía Peruana, una visión desde la Amazonía”, que escribiéramos con el historiador y periodista Humberto Morey Alejo, hemos expresado lo siguiente: “Cuando repasamos cualquier libro de Historia del Perú, actual o antiguo, de los que son usados en ambientes escolares, universitarios o generales, es casi nula o muy escueta la información relacionada con la región amazónica que podemos encontrar” .(1)

Por su parte, el profesor e historiador José Barletti Pasquale, en la presentación del libro anteriormente citado, expresa “Hace poco se ha publicado un voluminoso libro sobre la Historia del Perú, escrito por destacados historiadores nacionales. Al revisarlo, uno encuentra con tristeza, vacíos en lo que se refiere a los acontecimientos y procesos históricos que han tenido lugar en la Amazonía. De esta manera, una vez más, constatamos que la nuestra es considerada una región sin historia”.

Por mi parte, agrego que no sólo los de historia carecen de información sobre nuestra región, sino todos los utilizados en la educación formal, incluidos los que son elaborados y distribuidos por el propio Ministerio de Educación.

Para mayor abundancia de certificación, hemos revisado tanto el diseño curricular básico que elabora el Ministerio de Educación para el sistema educativo nacional, así como muchos libros en los cuales se aborda, por ejemplo, el tema de los primigenios pobladores peruanos, o el de las culturas prehispánicas en el ámbito selvático, pero hemos encontrado que en su desarrollo, en el mejor de los casos, apenas se hace mención tangencial y deslucida a la existencia de los pueblos y las culturas de la Amazonía. De esa manera, el propio ente rector de la educación en nuestro país se hace cómplice de esta injusticia con la Amazonía, evitando dar importancia a estos Pueblos, aún estando presentes en la dinámica sociocultural nacional.

A partir de esta constatación, podríamos ensayar las siguientes hipótesis explicativas: en primer lugar, quienes los escribieron no disponían de la información necesaria o no le dieron mayor importancia o, en segundo lugar, simple y llanamente, en sus esquemas mentales la Amazonía es inexistente. En cualquier caso, inevitablemente, los alumnos peruanos se forman con una total ausencia de la selva como escenario real, actual e histórico.

Entonces, no es sorprendente que los peruanos (incluidos los amazónicos), en cualquiera de nuestros roles sociales, políticos, administrativos, académicos, etc. ignoremos a esta región; es decir, la tengamos como “no existente” en nuestro imaginario y, por lo tanto, no sea un referente de importancia en y para nuestras decisiones.

Salvo referencias a su exotismo, a sus peligros, al salvajismo de sus pobladores, al atraso de sus comunidades, a su aislamiento, etc. la selva, al parecer, no ofrece más motivos para ocuparse de ella. Y quienes vivimos en ella, incluso, no nos escapamos de esta parcialización y tergiversación de percepción de nuestra propia región. Por ello, el Dr. Marc Dourojeanni, en su libro “Amazonía, ¿qué hacer?” (1) Dice: “...la selva es apenas conocida por la mayoría de los peruanos a consecuencia de la pobreza, de las deficiencias de la educación pública y del bajo nivel cultural en general. A esta realidad no escapan ni aquellos de las clases sociales más pudientes, que se educan en colegios privados y que alguna vez han visitado Iquitos o algún otro lugar de la Amazonía. Más aún, la ignorancia sobre el tema alcanza inclusive a los que radican en las rápidamente crecientes urbes de la propia selva, los que en su mayoría, jamás han puesto un pie en el monte. Es así como la Amazonía continúa siendo, hoy como en el pasado, inspiración para las más disparatadas opiniones y fantasías”.

A despecho de nuestros mapas, que colocamos en aulas, colegios, oficinas, etc., en donde la selva aparece ocupando los dos tercios de la superficie de nuestro país y pintada generalmente con un imponente color verde, en nuestros esquemas mentales sólo existen la costa y la sierra como escenarios de hechos históricos y actuales.

Es decir, todo un caudal de acontecimientos, más grande que el mismo río Amazonas, queda fuera del conocimiento, análisis y reflexión de los peruanos, a causa del centralismo y de la obnubilación de la casta conformada por quienes tienen el poder, en sus diversas formas, en nuestro país y que se han formado con una visión obsoleta del mismo, de la cual son víctimas.

Una información de calidad tan deficitaria, con vacíos tan amplios y profundos, es evidente que no nos capacita socialmente para tomar adecuadas decisiones a fin de elaborar proyectos factibles que nos permitan superar las actuales situaciones de indetenible destrucción de nuestra riqueza ambiental y cultural y de incomprensible pobreza y extrema pobreza en nuestra región, muy a despecho de la abundancia de nuestra grandes potencialidades, recursos naturales que poseemos y de nuestros logros históricos, germinados en la intimidad más profunda de nuestra propia realidad amazónica.

(*) Exposición del autor en el XI CONEED
(1) Pág. 19, CETA: Iquitos, 1990
Artículo publicado en el semanario KANATARI, Iq. 22-03-09

HACIA UNA EDUCACIÓN CON NUEVOS VALORES EN NUESTRA REGIÓN

GABEL DANIEL SOTIL GARCÍA

Desde hace ya un buen tiempo venimos escuchando a diversas personalidades que, para expresar su preocupación por nuestros diversos problemas sociales, hablan de la necesidad de poner en práctica una EDUCACIÓN EN VALORES.

Esto nos daría a entender que la educación que actualmente se viene desarrollando en nuestros centros educativos, es una EDUCACIÓN SIN VALORES, lo cual es totalmente un contrasentido, pues bien sabemos que toda educación conlleva una carga valorativa, proveniente del universo axiológico de quienes la organizan; pues, por definición educar es formar la personalidad de las nuevas generaciones, lo cual, por cierto, implica orientarlas hacia determinados valores.

Por esta razón es que se hace necesario hacer precisiones respecto a este tema, que lo consideramos de suma importancia para los intereses más trascendentes de nuestra región, pues la actual educación está impregnada de valores, como no puede ser de otra manera, sólo que éstos ya no son los que requerimos para tales propósitos.

No olvidemos que la función de los valores es orientar, regular desde la interioridad misma de cada persona, una vez instalados, su actuación dentro de su entorno sociocultural. Es por los valores que poseemos que aceptamos o rechazamos un objeto o acción; es por nuestros valores que hacemos o dejamos de hacer algo en nuestra vida. En fin, es por nuestros valores que percibimos una acción u objeto o persona como buena o como mala. Es por ellos que podemos juzgar los hechos o las cosas que nos rodean. Es por los valores que podemos ponernos al servicio de ciertas causas que consideramos valiosas, precisamente. Sin valores seríamos como cualquier animal, impulsados por nuestros instintos o atavíos.

El problema que venimos afrontando actualmente en la educación que se desarrolla en nuestros centros educativos no es por falta de valores sino porque los valores que en ella se inducen no nos permiten actuar a favor de los intereses colectivos, de los intereses de los pueblos que viven en nuestra región, de la defensa de nuestro ambiente, etc.

Es decir, no vemos malo el contaminar nuestros ríos, no nos importa (lo que es una forma de estar de acuerdo con) la deforestación, la caza indiscriminada, la sobreexplotación de algunas especies, la destrucción de los nidos de los pajaritos, el corte caprichoso de las flores o plantas. No nos importa el bienestar de los demás. Nos parece algo natural que las personas indígenas sean discriminadas o que las culturas de los pueblos originarios de nuestra región sean destruidas, etc.,etc. Aceptamos como algo bueno asumir comportamientos creados por otros pueblos o dar mayor importancia a productos culturales provenientes de afuera en desmedro de los nuestros.

Es allí en donde expresamos los valores que tanto la educación formal como otros agentes han instalado en nosotros, tanto explícita como implícitamente. Cuando un profesor o profesora ambienta su aula con mensajes culturales provenientes de otras culturas, está induciendo valores en sus alumnos. Que se dé cuenta de ello o que no se dé cuenta, igual es el efecto. Cuando en una comunidad nativohablante (que habla un idioma nativo) se educa a sus niños utilizando el idioma castellano y no el propio, se le está induciendo el valor del desprecio a su idioma y el aprecio por el idioma ajeno. Se le está “diciendo” que su idioma tiene menor valor que el otro idioma; es decir, que no tiene mayor importancia respecto al otro idioma.

Allí están presentes los valores que van a regir la actuación de esos niños dentro de sus respectivas comunidades, pues ellos los van haciendo suyos. Serán parte de sus contenidos psicológicos con los que afrontará las situaciones de su vida.

Y es que la complejidad de situaciones frente a las que nos pone la vida cotidiana, siempre está exigiéndonos respuestas valorativas. No bastan los conocimientos, pues muy bien puedo saber que el color rojo del semáforo significa que debo detener mi vehículo, pero para detenerme realmente frente a dicha luz necesito aceptar dicha acción de detenerme como valiosa por los beneficios individuales y sociales que ella acarrea. Otro ejemplo sencillo: muy bien puedo saber (nivel cognoscitivo) que no debo botar en la calle las pepas de aguaje, pero las arrojo luego de comer el aguaje, pues no he asumido como un valor dicha acción (nivel valorativo o axiológico).

Por ello es que decimos que no hay educación con neutralidad axiológica, pues todo sistema educativo induce valores en las personas, sea por acción, sea por omisión. Cuando nos educamos, no bastan los conocimientos que vamos aprendiendo; pues tanto o más importantes son los valores y actitudes que vamos haciendo nuestras.

Para nuestra actuación social no bastan los conocimientos. Son indispensables los valores. Podemos hacer o dejar de hacer algo no sólo en función de que sepamos o no hacerlo, sino en función al valor que le demos. Si una persona sabe hacer algo, pero lo valora como negativo, no lo hará. Los delitos sociales no son cometidos sólo por personas carentes de determinados conocimientos, sino por personas con valores negativos. Las recientes experiencias vividas en nuestro país en que la coima, el soborno, el asesinato, el chantaje, el desfalco, etc. no han sido causadas por personas ignorantes o con deficientes conocimientos, sino por personas con un universo axiológico torcido, desquiciado, pleno de desvalores (valores negativos), aunque su universo de conocimientos haya sido inmenso.

Entonces, no es que la nuestra sea una educación sin valores, sino que dichos valores ya no sirven para construir una nueva sociedad cualitativamente diferente; razón por la cual debemos inducir en las nuevas generaciones diferentes valores.

(*) Acuarela de J. Choclote