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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento Ica, Provincia Palpa, Distrito Río Grande, Caserío "San Jacinto", 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL LIT. INFANTIL, ÁREA EXPR. POÉTICAS, MED •RECONOCIMIENTO MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, GORE LORETO., Condecorado con orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) MINEDU. DIPLOMA DE HONOR, por Congreso de la República. 21-03-2019

lunes, 28 de enero de 2019

DESAFÍOS Y PERSPECTIVAS DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN LA AMAZONÍA PERUANA


Reflexiones sobre nuestra educación superior amazónica

Gabel Daniel Sotil García


Una  de las consecuencias más importantes que ha tenido la Conferencia Mundial Sobre la Educación Superior, realizada por la UNESCO en París, en 1998, es el reforzamiento de la toma de conciencia acerca de la importancia fundamental que tiene la educación superior para el desarrollo sociocultural y económico y para la construcción del futuro de cualquier sociedad; logro que se expresa en los documentos que fueran elaborados en dicho foro: la “Declaración mundial sobre la educación superior en el Siglo XXI: Visión y Acción” y el “Marco de acción prioritaria para el cambio y el desarrollo de la educación superior”.

Dicha toma de conciencia se ratifica en la reciente realización de la Conferencia Regional de la Educación Superior en América Latina y el Caribe – CRES 2008 – realizada en Cartagena de Indias, Colombia, en junio del presente año, en la que también se ha hecho una declaración, luego del análisis de la situación de la educación superior en América Latina y el Caribe.

En dicha declaración se afirma que los retos y las oportunidades de la educación superior de América Latina y el Caribe deben plantearse a la luz de la integración regional y de los cambios en el contexto global; es decir, respecto a la dinámica interna de los países de la región y respecto al entorno mundial; los mismos que son los siguientes: reforzar el compromiso o responsabilidad social de la universidad, mejorar su calidad y pertinencia y consolidar su autonomía, teniendo como referente el logro de una educación superior para todos y todas, y como meta el logro de  una  mayor cobertura social con calidad, equidad y compromiso con nuestros pueblos.

Es decir, una educación superior en contacto intenso y extenso con su entorno interno y externo.

Es bajo esta percepción que vamos a analizar los desafíos y perspectivas de la educación superior en la Amazonía peruana, teniendo como propósitos centrales los referidos al logro de su calidad y la construcción de su pertinencia, en el marco de la premisa  de que la educación superior tiene  valor esencial para la construcción de un futuro mejor para nuestros pueblos amazónicos.

Ahora bien, a nuestro entender, tales desafíos y  perspectivas de la educación superior en relación a la Amazonía Peruana, prioritariamente debemos buscarlos, en primera instancia, en la propia Amazonía Peruana. Es decir, este hermoso y complejo escenario, llamado selva, es el mayor desafío y ofrece la más amplia perspectiva que tiene la educación superior en esta región.

Y es que hasta hoy la educación superior, así como toda la educación en desarrollo en la Amazonía Peruana, no han sido pensadas desde y para esta realidad, pues el trasfondo ideológico sobre el cual se sustentaran las decisiones para su diseño se ha nutrido de una percepción fundamentada en prejuicios y carencias; por lo tanto, equívoca y tergiversada. Trasfondo cuyo componente fundamental es la visión de la Amazonía como tierra de conquista para todo efecto.
En el documento “Amazonía peruana: investigación para el desarrollo sostenible”, publicado por el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana –IIAP, el Proyecto  FAO y el Tratado de Cooperación Amazónica, en 1998(1) al hacer el análisis de la percepción que la sociedad civil y científica han venido teniendo de nuestra región, estas instituciones expresan “ la falta de categorías epistemológicas para interpretar la diversidad con criterios de diferencia han atribuido a este esplendoroso universo fantasías y falacias que carga a cuestas hasta hoy y que hacen se la ignore en su verdad esencial, en la potencialidad de sus recursos singulares y en las decenas de culturas que mantienen aún, a pesar de la permanente voluntad integradora de la sociedad envolvente, sus raíces milenarias en un armónico diálogo con el hábitat.
Espacio fértil, vacío, homogéneo, pulmón del mundo, sociedades originarias obstáculo para el desarrollo, etc., han sido algunas de las voces que en el fondo han significado una ausencia de entendimiento entre el centro, entrampado en la visión lineal del occidente, y los diferentes espacios y grupos humanos que lo pueblan”(2).
Fantasías y falacias que han funcionado y  vienen funcionando como un conjunto de velos encubridores y deformantes de la realidad amazónica, que han impedido verla a plenitud y en su certeza.

Por cierto que, en la conformación de estas imágenes mentales, interesadas y falsas, el elemento que ha tenido un rol preponderante, aunque no exclusivamente, ha sido el conjunto de mitos ideológicos que circulan en todas las esferas sociales, induciendo una falsa realidad que, sin embargo, ha sido el referente inspirador de tales decisiones. Mitos que han sido y siguen siendo causa y efecto en este círculo vicioso que hoy tiene manifestaciones contundentes en nuestra región.
        
Algunas de esas manifestaciones no son sino el extractivismo - mercantilista, de predominante carácter exportador, producto de la supuesta inagotabilidad de nuestras recursos naturales, que hoy destruye nuestra riqueza ecológica y sociocultural; los solapados, unas veces y abiertos otras, enfrentamientos interculturales productos del racismo, construido sobre el supuesto falso de la inferioridad de las culturas nativas, que nos corroe a todos e impide el logro de los necesarios consensos para lograr nuestro desarrollo, destruyendo nuestra riqueza espiritual; nuestra progresiva despersonalización cultural producida por una persistente y sólida campaña de penetración ideológica mediática, de libre ejercicio destructor y al servicio de intereses transnacionales; la persistencia de  una férrea condición colonial en los paradigmas predominantes que guían nuestra actuación social, esquemas mentales que  nutren y sustentan el universo de decisiones equivocadas al servicio de la consolidación del estatus de dominación en el que hemos caído y del que nos cuesta escapar, por cierto.

Es esta muyuna conceptual la que nos viene proporcionando los criterios con los cuales enfrentamos los diversos problemas que deseamos resolver tanto en el campo educacional como en los demás de importancia social. Por lo tanto, no debe llamarnos la atención el hecho de que la consecuencia más trascendente de esas decisiones sea la pobreza que hoy nos aflige tan dura, tan despiadadamente, a pesar de ser una de las regiones  con mayores recursos naturales y culturales, recursos que significan riqueza potencial para satisfacer nuestras necesidades sociales a condición de aprender a utilizarlos racionalmente, pero que, sin embargo, vienen siendo mal utilizados, desperdiciados, en su finalidad social.

Conforma, por lo tanto, este marco de equívocos históricos la toma de decisiones relativas a la formación del potencial humano, inspiradas en una percepción tergiversada de la Amazonía, que ya hemos puntualizado y un marco axiológico que sólo ha llevado a formar un capital humano apto para descapitalizar a nuestra región, para atentar contra ella, para destruir sus riquezas; pues la direccionalidad básica de esa formación ha sido la defensa de intereses foráneos, que siempre fueron priorizados frente a los intereses de nuestra región.

El haber considerado a nuestra región como un escenario de exclusivo cumplimiento de las decisiones que se toman fuera de ella; el habernos percibido como la gran despensa de inagotables recursos; el no valorarnos como sujetos agentes de historia; el ignorar nuestra complejidad y peculiaridad situacionales, no son sino las consecuencias lógicas y las expresiones de esa falsa percepción que ha inspirado, entre otros, todo el proceso de formación del potencial humano en  esta región y que continúa siendo la plataforma de sustento incuestionada de dicha formación.

Tengo la impresión vivencial de que las instituciones de educación superior, universitarias y no universitarias, de formación técnica o profesional, no han brindado mayor importancia a dicho entorno ideológico, permitiéndole la más plena libertad de acción para condicionar nuestras decisiones en dicho campo. Es decir, hasta hoy, tales instituciones no han hecho objeto de análisis y reflexión dicho sustrato psicosocial, dándole así, libre curso de acción para ejercer sus influencias.

Entonces, el desbrozamiento de esa tupida maraña o floresta mental, que hemos construido los peruanos, y en especial los mismos amazónicos, desde la invasión de la cultura europea, constituye  el primer reto de la educación superior, pues el mismo viene inspirando, desde lo más profundo de nuestra estructura psíquica, las decisiones que se toman respecto  a la formación de nuestros profesionales.

Postulamos, por lo tanto, la necesidad de replantearnos el tema de la formación del potencial humano con miras a establecer nuevos criterios que posibiliten formar personas cuyo comportamiento traduzca una plena coherencia con nuestras características, necesidades e intereses   regionales más trascendentes.

Consideramos prioritario el inducir, en este proceso formativo del potencial técnico y profesional, una estructura axiológica que posibilite la superación del extractivismo mercantilista que hoy nos agobia, y la vigencia de un proceso de elevación de la calidad de nuestra vida social a partir de un uso racional de nuestros recursos y manteniendo el equilibrio ecológico, tal y como se viene planteando formalmente, por acuerdo de foros del más alto nivel mundial,  en el marco doctrinal del desarrollo sostenible; que posibilite la superación de mecanismos de imposición ideológico-política sobre las culturas indígenas y la vigencia de relaciones armónicas con miras a lograr una auténtica democracia intercultural; que posibilite la actuación transformadora sobre nuestros recursos naturales en el marco de una sostenibilidad económica, social y ecológica; que promueva el fortalecimiento de los mecanismos psíquicos que posibiliten asumir a plenitud el protagonismo en nuestras propias decisiones, única forma de hacer frente al centralismo, enseñoreado por nuestra propia desidia.

Pero, también es necesario enfatizar la capacitación operativa del nuevo potencial técnico y profesional, en el marco de un fuerte énfasis en la estimulación de la creatividad que posibilite la búsqueda de diversas formas de innovación de los procesos de transformación de nuestros recursos, para un óptimo aprovechamiento de los mismos. Debemos tener muy en cuenta que en los momentos actuales, el proceso de desarrollo y modernización en que está empeñado el gobierno central se basa no sólo en la introducción de conquistas culturales sino en la priorización de la atención a las demandas foráneas (mercado internacional), que no son el producto de nuestra creatividad ni de nuestras necesidades y que, por lo tanto, van a significar la perpetuación de nuestra condición de país subdesarrollado y región con los más altos índices de deficiencias estructurales: pobreza, desnutrición, agresión ambiental, enfrentamientos interculturales, inequidades, etc.

Como consecuencia de nuestra maduración social, todo este trasfondo ideológico, debemos someterlo, pues, a los más profundos, serios, cuestionamientos y generar  nuevos comportamientos sociales e institucionales para que nuestra realidad regional comience a ser percibida desde nuevos parámetros desde su esencia interior: su forestalidad y su pluriculturalidad.

Son, entonces, las instituciones de educación superior las que deben asumir este reto,  para que devengan en instituciones socialmente significativas, en concordancia con un nuevo universo conceptual para dar nuevas respuestas, orgánicamente planteadas.

Un  segundo reto para la educación superior en nuestra región lo constituye la construcción de un nuevo proyecto sociopolítico y cultural, dado que  los proyectos colonial y criollo hasta hoy desarrollados en el lapso de casi medio milenio de historia ajena, sólo han tenido  consecuencias socioculturales, psicológicas, ideológicas, económicas y ecológicas negativas para nuestra región.

Son dichas consecuencias las que nos tienen que llevar a asumir la responsabilidad social de plantear un nuevo proyecto político-social que nos posibilite el desarrollo integral de nuestra región con características cualitativamente distintas.

Por ello es que  uno de los propósitos sociales que con mayor urgencia debemos plantearnos es el construirnos mentalmente como una región esencialmente diversa en lo cultural y ecológico. Es decir, formar una imagen socialmente compartida que sea el correlato coherente con nuestras características regionales; una imagen organizativa, orientadora e impulsora de nuestra actuación social.

Tener un gobierno regional, como que ya los tenemos, no garantiza que “ya somos una región”, si es que en el fuero íntimo de cada uno de nosotros no está bien definida esa imagen. La entidad “región”, desde el punto de vista político, se constituye fundamentalmente por el reconocimiento genérico de que tenemos características diferenciales, respecto al resto de nuestro país, que ameritan compartir una dinámica administrativa conducida por un gobierno reconocido jurídicamente como regional.  Pero, eso es lo formal, pues el fondo esencial y sustento trascendente de nuestra región debe ser la praxis social que desarrollemos, individual y colectivamente, teniéndola como referente cognoscitivo, axiológico-actitudinal y espiritual.

Debemos tener muy en cuenta que este estatus jurídico de región, hoy logrado,  se está concretando luego de una larguísima experiencia nacional de sojuzgamiento por las fuerzas de un centralismo que conformó en cada uno de nosotros una estructura psicológica propia de una situación de dominación y exclusión total respecto a un centro de poder subyugante, deslumbrante, omnipresente e impositivo, que actuó algunas veces burdamente y otras sutilmente, como hasta hoy lo viene haciendo.

Es decir que, por una parte, hemos sido condicionados psicológicamente para obedecer, para acatar decisiones tomadas por quienes han venido usufructuando del poder en las sucesivas épocas de nuestra historia regional. Tenemos hoy, por lo tanto, un substrato psicológico propicio para la espera de las soluciones, no para crearlas, en este marco psicológico de dependencia neo-colonial. De aquí que nos resulte más cómodo esperar que nos digan qué hacer que buscar y construir, con esfuerzo creativo, las soluciones a nuestros problemas.

Por otra parte, el paradigma centralista, dentro del cual venimos actuando en los últimos cinco siglos, ha condicionado a quienes ejercen el poder no sólo para seguir viéndonos en el rol de simples cumplidores de sus órdenes, sino para poner en juego mecanismos que perpetúen dicha situación. Es decir, mandante y mandado compaginan perfectamente en sus respectivos roles para complementarse, de manera que desde lima se nos sigue viendo como los que debemos obedecer sus diversas decisiones y nosotros nos percibimos como quien las debemos obedecer.

Esto es hoy uno de los mayores obstáculos para construir un gobierno regional cualitativamente diferente al gobierno nacional, que se nutrió (y sigue nutriéndose) de nuestra marginación, de nuestra obediencia impuesta, de nuestra lejanía, valiéndose tanto de sutiles como de burdos mecanismos de centralización política, ideológica, social y cultural y, entre ésta, la educacional.

Todo lo cual no demuestra sino que nuestra región amazónica viene siendo profundamente afectada, pues los propósitos y mecanismos hasta hoy activados en el escenario del proyecto socio-político vigente, diseñados para otras realidades, son incompatibles para el logro de mejores condiciones de vida individual y social, dada su diversidad cultural y su forestalidad, equívocamente entendidas por sus agentes.

En este proceso de construcción social de un nuevo proyecto político – social regional, la educación debe jugar un  rol de primera importancia. Educación planteada ex - profesamente con dicho fin; la misma que debe ser asumida y actuante en cada uno de los profesionales que egresen de las aulas de formación con un referente nítido en su mente, que les permita identificarse con la historia común, con la realidad actual que nos desafía por igual en el deber moral de modificarla respetuosamente, sin violentarla,  para bien de todos, y  con un futuro compartido en cuya construcción tenemos todos, personas y pueblos, iguales responsabilidades.

Por todo ello es que nos es ineludible  introducir profundos cambios estructurales en las instituciones de educación superior para plantear una mejor inserción en nuestra realidad amazónica.

En este sentido, un primer criterio que debe tenerse en cuenta es su funcionalidad con nuestras características; es decir que, para modernizar a nuestra institución universitaria tenemos que hacerla funcional con las características propias y diferenciales de nuestra región, a través de la formación de los diversos profesionales para el fortalecimiento de nuestra diversidad sociocultural y la preservación de nuestra diversidad ecológica, en sus componentes biológico y paisajístico. Por otro, deben ser instrumentos para el fortalecimiento de nuestra idiosincrasia sociocultural, de la manera de ser que cada uno de los pueblos ha construido, algunos en un lapso multimilenario (indígenas) y otros en un lapso multisecular (mestizos).

En segundo lugar, la modernización de la formación de los profesionales es hacerla funcional con nuestras necesidades. Y la primera necesidad surge de la diversidad cultural que nos caracteriza, en el sentido de construir una formación profesional que propicie la comunicación intercultural, como ya no puede ser de otra manera. Es decir, que sea instrumento de interculturalidad; para las relaciones armónicas entre las culturas asentadas en esta inmensa región. Una segunda necesidad es la preservación de nuestras riquezas regionales: la diversidad biológica y diversidad cultural. Ambas constituyen para nosotros dos tesoros que debemos conocer y preservar, a partir de una formación profesional y una actuación institucional pensadas ex - profesamente para dicho fin, formando a todos los nuevos profesionales con los conocimientos, actitudes y valores que hagan posible una actuación individual y social que propicie la defensa y preservación de tales riquezas. Una tercera necesidad que tenemos en nuestra región es la puesta en vigencia del desarrollo sustentable, partiendo de la constatación de que el extractivismo mercantilista, hoy vigente,  es totalmente nocivo para la preservación de las riquezas ya mencionadas. En el logro de este propósito social, la formación que reciban los futuros profesionales tiene que jugar un papel de primera importancia, pues sólo ella posibilita la inducción de los contenidos psicológicos propicios tanto para superar el extractivismo mercantilista como para reemplazarlo por el sistema de uso racional de nuestros recursos naturales. Finalmente, una cuarta necesidad que tenemos en nuestra región es la de promover la vigencia de capacidades psicosociales caracterizadas por la autonomía decisional de las personas; es decir, que superen la dependencia, la pasividad y el conformismo, que hoy impiden a las comunidades asumir un rol protagónico en la solución de sus problemas y la construcción de proyectos sociales endógenos, que nazcan desde su propia interioridad. En este propósito, de la mayor importancia, la UNAP tiene una enorme responsabilidad.

Un tercer criterio que debemos tener en cuenta para la modernización de la educación superior, es que tenga potencialidad prospectiva. Con ello queremos decir que la formación de los nuevos profesionales debe ser pensada para que posibilite la búsqueda de mejores niveles de vida social. Que les provea de actitudes y habilidades analíticas, cuestionadoras, reflexivas, creativas y propositivas frente a nuestra realidad y con compromiso social y solidaridad. Además, debe proveerles de una visión a largo plazo, para superar el cortoplacismo que hoy signa nuestra percepción de la dinámica social. Con ello ganaríamos en capacidad previsora para elaborar proyectos sociales que involucren nuestro futuro y el uso racional de nuestros esfuerzos comunales para la búsqueda de nuestro bienestar social.

Es decir, pretendemos una universidad actuante en el proceso de cambios que viene operándose en nuestra interioridad regional; para reforzarlos, para consolidarlos;  cambios tales como la conciencia de nuestra peculiaridad regional, es decir, la conciencia de que somos una región que tiene sus propias características ecológicas, socioculturales, históricas, etc., debido a diversos factores que vienen actuando desde campos diferentes; conciencia del valor individual y social   de nuestro ambiente, que nos está haciendo sentir, cada vez con mayor urgencia la necesidad de una educación ambiental planteada para la defensa de nuestro entorno amazónico, a partir de una relación armoniosa con nuestra naturaleza; la conciencia de nuestra diversidad cultural, que cada vez es más evidente, pues somos más conscientes de que en nuestra región existen otras culturas diferentes a la mestiza, hoy hegemónica, lo cual exige una orientación intercultural, como ya fuera dicho. Otro cambio que se viene operando en nuestra sociedad, aunque no tan nítida y extensamente como sería deseable, es la percepción de nuestra diversidad cultural asumida como un potencial para nuestro desarrollo, con lo cual estamos superando el tradicional prejuicio de que nuestro atraso o subdesarrollo nacional y regional es causado por la presencia de los pueblos indígenas. Al anterior, debe agregarse el reconocimiento del derecho de los pueblos indígenas a ser protagonistas de su propio desarrollo, actitud que la vienen conquistando los propios pueblos indígenas con sus luchas reivindicativas, lucha que debe tener en nuestra universidad una institución plenamente comprometida; todo lo cual nos lleva al necesario debilitamiento de nuestro racismo y la necesidad de educar a las nuevas generaciones de profesionales en una nueva ética y valores concordantes con esta nueva actitud de respeto entre culturas. Finalmente, diremos que ya se hace evidente que requerimos de la sociedad nacional, gobierno central incluido, de un trato coherente con nuestras características regionales propias, reconocimiento en el que las instituciones de educación superior deben jugar un papel de suma importancia.


Todos estos cambios, que vienen operándose en la sociedad amazónica, deben merecer una respuesta de nuestra universidad e institutos superiores, desarrollando un proceso formativo de los nuevos profesionales con plena coherencia teleológica, con lo cual lograremos la más absoluta significatividad social.












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