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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento Ica, Provincia Palpa, Distrito Río Grande, Caserío "San Jacinto", 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL LIT. INFANTIL, ÁREA EXPR. POÉTICAS, MED •RECONOCIMIENTO MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, GORE LORETO., Condecorado con orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) MINEDU. DIPLOMA DE HONOR, por Congreso de la República. 21-03-2019

sábado, 20 de octubre de 2012

NECESIDAD DE LA EDUCACIÓN FORESTAL EN NUESTRA REGIÓN



Prof. Gabel Daniel Sotil García


LA EDUCACIÓN FORESTAL, ¿QUÉ ES?

El BOSQUE, con toda su diversidad,  es
el escenario de nuestra vida, tanto
individual como social.
La educación ambiental es la promoción, en todos los que vivimos en un ambiente determinado, adultos y niños, del más profundo conocimiento, del más intenso amor y respeto al lugar en donde vivimos, el más férreo compromiso con la defensa de nuestro hogar, de nuestra comunidad, nuestro barrio, nuestra ciudad, etc., como escenarios indispensables para hacer una vida con calidad humana; es decir, dentro de condiciones estimulantes para hacer que cada día de nuestra vida sea mejor que el anterior.

Pero, es el caso que, para ser coherentes con nuestras características regionales, y superando estrecheces conceptuales tradicionales, en nuestra región debe denominarse EDUCACIÓN FORESTAL, pues el referente formativo es nuestro BOSQUE, esa unidad ecológica denominada BOSQUE HÚMEDO TROPICAL, y que es una de nuestras peculiaridades.

Educarnos forestalmente, entonces, no es sino promover el más puro, fuerte y concreto amor a nuestro suelo patrio partiendo del amor a nuestro suelo familiar, vecinal y comunal.

¿Por qué es necesaria?

Con sus recursos satisfacemos
nuestras diversas necesidades.
Pues porque nuestro ambiente, NUESTRO BOSQUE, viene siendo agredido, destruido, indeteniblemente desde que la cultura nuestra, la cultura mestiza, cambiara los patrones que tradicionalmente establecían los pueblos originarios con la naturaleza.

Después de casi cinco siglos de una práctica depredatoria de nuestros recursos naturales y de una sistemática destrucción de nuestras riquezas espirituales, ya tenemos suficientes evidencias de que el modelo extractivo-mercantilista, de carácter exportador, que nos fuera impuesto “para lograr nuestro desarrollo regional”, es absolutamente negativo para nuestros intereses regionales.

Los “mejores” productos que de dicho modelo hemos obtenido son:

-    la sobre-explotación de algunos recursos forestales,
-        la deforestación y la consiguiente degradación de nuestro suelo,
-        la contaminación de ríos, quebradas y cochas,
-        la extinción de algunas especies faunísticas y florísticas,
-        la degradación de algunos ecosistemas particulares.
-       etc.

Estos, en lo ecológico.

En lo social, sus consecuencias son:

- la lenta, pero indetenible, destrucción de nuestra grandiosa riqueza espiritual constituida por la diversidad étnica y lingüística,
- la malnutrición, que en nuestra niñez avanza como un monstruo devorador, dejando terribles secuelas, orgánicas y psíquicas,
-   la morbi-mortalidad materno-infantil, que se sigue incrementando,
Es en la íntima relación con el bosque en
donde se sustenta el afecto y respeto que los
pueblos originarios sintieron por el bosque. 
-   en general, la pobreza que, en una especie de círculo vicioso, es causa de mayor pobreza.

Estas consecuencias no son sino el producto natural de la lógica cultural que ha venido imponiéndose en nuestra región en dicho lapso.

Lógica dentro de la cual el bosque, y cuanto recurso provenga de él, es pasible de extracción y exportación. Es ésta, precisamente, la práctica predominante y característica de estos últimos cinco siglos.

¿Qué hacer?

Por todo ello es que se hace impostergable la vigencia de un nuevo modelo de desarrollo: el desarrollo sustentable, que tiene que ser el fruto de una nueva ética que se ponga en vigencia en las relaciones con nuestro bosque: una relación armónica entre el hombre y la naturaleza.

En el marco de este MODELO DE DESARROLLO SUSTENTABLE, inspirado en lo más lúcido de la creación indígena, el énfasis tiene que ser puesto en el valor de nuestras fuerzas psicosociales internas, cuya movilización tiene que ser promovida para buscar mejores condiciones de vida social.

En este nuevo modelo de desarrollo, debemos enfatizar el rol del hombre, como individuo y como grupo organizado, en cuyas fuerzas psicosociales radican las posibilidades de lograr mejores niveles de satisfacción de nuestras necesidades.

Es a esto a lo que llamamos auto desarrollo, en cuyo marco conceptual la ayuda externa, el capital foráneo y transnacional, NO es la condición sine qua non para lograr nuestros propósitos sociales.

Con la vigencia del modelo de desarrollo sustentable o sostenible, será posible:

-        el uso racional de nuestros recursos naturales,
-        la protección de nuestro ambiente ecológico,
-        el respeto a nuestros Pueblos y Culturas Indígenas y Mestizas,
-        el fortalecimiento de nuestra identidad cultural,
-        la práctica del dialogo intercultural,
-        nuestro protagonismo en las decisiones y acciones de trascendencia social,
-        el fortalecimiento de nuestras fuerzas psicosociales,
-        etc.

Pero, poner en vigencia este modelo de desarrollo requiere no sólo de buenas intenciones, como las que expresamos en este documento, sino, fundamentalmente, acertadas decisiones que, a nuestro entender, tienen que comenzar en el campo educacional.

Y tienen que comenzar, precisamente, con una educación forestal bien planteada.

En este sentido, las actuales instituciones educativas tienen que ser consciente de que hay problemas en el ambiente, de que hay malos olores en la ciudad, provenientes de los basurales y desechos sociales. Tiene que aprender a escuchar los ayes lastimeros de las avecillas, que reclaman por la pérdida de sus árboles. Tiene que preocuparse por la deforestación, la sobre-explotación de nuestros recursos, la contaminación de los ríos y cochas, las especies en peligro de extinción por la voracidad mercantilista de un sector (poderoso económicamente) de nuestra sociedad.
La  conservación de la prodigiosa  provisión
de recursos para vivir debe ser enseñada
a las nuevas generaciones.


Estas instituciones, que son fundamentales para la formación de actitudes y valores ecologistas, tienen que asumir un férreo compromiso para superar su marginalidad, su lejanía, su indiferencia.

Para que en ellas nuestros niños no aprenden a salvar al mundo sin preocuparse de su entorno inmediato.

Esta indiferencia por nuestro presente y futuro de una institución tan importante tiene que terminar.

Es en la intimidad de las escuelas en donde nuestra niñez tiene que sensibilizarse a los problemas de su entorno ambiental. A tomar posición frente a ellos.

Es allí en donde tiene que comenzar a comprometerse en la práctica de comportamientos individuales y grupales que no dañen a su entorno.

El no brindar a nuestra niñez una fuerte y profunda educación forestal sólo beneficia a los grupos de poder económico que quieren seguir teniendo a nuestra región como la "gran despensa", en donde está guardado todo aquello que puedan extraer y exportar para seguir enriqueciéndose destruyendo nuestro ambiente.

La educación forestal garantiza el
desarrollo de actitudes de defensa
y preservación de nuestro ambiente.
Porque la ausencia de sensibilidad ante la explotación irracional de nuestros recursos permite y permitirá su indiferencia frente al saqueo de nuestras riquezas materiales y la destrucción de nuestra riqueza espiritual.

Es, entonces, de la mayor urgencia, para los más altos y trascendentales intereses regionales, que brindemos una adecuada educación forestal con propósitos no sólo cognoscitivos, sino, fundamentalmente, para formar personalidades decididamente defensoras de nuestro entorno ecológico y socio-cultural. Es decir, nuestro ambiente, integralmente considerado.

Nuestros centros educacionales, si quieren ser educativos, tienen que dejar su indiferencia y transformarse en agencias de formación de la estructura psíquica básica para que en nuestra  niñez germinen la sensibilidad, el deseo de conocimiento y el compromiso con nuestro entorno ambiental.

viernes, 12 de octubre de 2012

REFLEXIONES FRENTE AL 12 DE OCTUBRE



Prof. Gabel Daniel Sotil García


Las carabelas en las que
llegaran los mensajes de
una cultura diferente.
En  el proceso educativo formal, por el que la mayoría de peruanos hemos pasado, la fecha 12 DE OCTUBRE tuvo una especial relevancia.

Recuerdo que en cada institución educativa se ponía un notorio esmero en la celebración de esta efeméride: el DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA.

En los libros de historia y en las enciclopedias se le dedicaba significativos espacios para destacar la importancia del suceso histórico de dicha fecha. 

Todos los niños peruanos nos alegrábamos hasta el delirio con aquella frase del marino, acompañante del Gran Almirante Cristóbal Colón, que gritara “¡Tierra a la vista!”, cuando ya los ánimos de toda la tripulación estaban al borde del colapso. Y, también, nos hemos apenado hasta las lágrimas cuando nuestro profesor nos narraba el encadenamiento y prisión de nuestro héroe.

Esas alegrías y pesares ya no los podemos evitar. Sucedieron en nuestras almas infantiles y posiblemente dejaron profundas huellas en cada uno de nosotros.

Si bien esa forma de enseñarnos la Historia era coherente con los propósitos sociales de la educación de aquellas épocas, hoy, en las actuales circunstancias, tenemos (es una obligación moral)  que meditar profundamente tanto respecto al suceso mismo como con respecto a sus consecuencias.

El continente ABYA YALA de los pueblos
 indígenas originarios, que hoy conocemos 
como América.
No cabe duda de que la interpretación de los acontecimientos socio-históricos varía de época a época, sea por los criterios que se pongan en juego o por los intereses que se interpongan. No hay acontecimientos con valor absoluto.

En la educación nacional y regional le dimos el valor que nos enseñaron a darle desde la perspectiva de  quienes decidían lo que debíamos aprender, por tener el poder económico y político, como hasta ahora sucede.

Por ello es que nos es necesario enfatizar los cuestionamientos que desde hace algunos años se viene haciendo a esa interpretación que, de alguna manera, sigue vigente por la omisión del énfasis en el rol de las diversas culturas indígenas americanas y de las consecuencias destructivas socioculturales y biológicas que ellas sufrieran hasta el presente.

En nuestras instituciones educativas debemos dar vida a una explícita re-interpretación del suceso en las mentes de nuestros educandos, desde la perspectiva de los pueblos originarios de este continente. Pueblos que fueran y siguen siendo sus mayores víctimas.  

Variados y consistentes argumentos han sido expuestos en el marco de este cuestionamiento raigal por parte de pensadores peruanos y extranjeros, dedicados a reflexionar sobre nuestra historia americana, formulados en el sentido de generar en nosotros una profunda autocrítica de nuestro rol en este último medio milenio. Rol que ha consistido fundamentalmente en imitar todo cuanto era y es producido por la cultura de quienes impusieron sus dominios en este Continente desde 1492, bajo el supuesto de que los logros culturales de los pueblos originarios no tenían mayor valor, prejuicio que aún tiene plena vigencia en las sociedades mestizas y se evidencia en la mente de nuestros gobernantes.

El pleno uso de los propios recursos forestales
es una de las características de las culturas
amazónicas originarias.
La arrogancia etnocéntrica de quienes se hicieron de los mecanismos del poder condicionó en la mente de sus descendientes mestizos un profundo desprecio por todo aquello que hubiera tenido origen en estas tierras, hoy llamadas Americanas, pero que en el momento de ser descubiertas por los ojos de los europeos, se llamaba ABYA YALA (“Tierra pronta a dar sus frutos”, “Madre en preñez”, en idioma kuna, Panamá).

Como consecuencia de ello, nuestros ojos nunca se dieron cuenta del valor de todo cuanto había sido creado por el esfuerzo de los múltiples Pueblos originarios de este Continente.

Envenenados por el desprecio y minusvaloración, fuimos incapaces de ver la potencialidad creadora, los grandiosos logros culturales de los que habían sido capaces estos Pueblos.

Hoy, y en la medida en que una nueva actitud frente a los Pueblos Indígenas de todo el mundo está logrando alcanzar mayores consensos, tenemos que aprender y enseñar a mirarnos hacia nuestra interioridad, para saber y valorar aquello de lo que fuimos capaces y para conocer nuestras potencialidades desde las cuales podemos y debemos contribuir con la humanización de nuestra especie.

Todo ello con miras a construir nuestro propio futuro, propio en la medida en que éste debe partir y ser construido desde nuestra peculiaridad histórica y actual situacionalidad.

Tenemos la obligación moral de enriquecer la cultura humana con nuestros propios aportes, utilizando esa capacidad que nuestros antepasados, nuestros ancestros, ya demostraron en su relación con su entorno ambiental: su creatividad.

Es preciso que hagamos de América un Continente con su propia personalidad construida desde sus propios valores milenarios, cuya validez ha sido demostrada plenamente, para dar respuestas coherentes con nuestras diversas realidades ecológicas y socio-culturales particulares. Sólo así superaremos la actual situación de la gran mayoría de países latinoamericanos, caracterizada por la desorientación axiológica, la pobreza, la desorganización socio-política, la injusticia social, la dependencia psíquica, las mutuas desconfianzas, la pérdida de fe en nosotros mismos, etc.
  

Manto con ideogramas de la cosmovisión 
de la cultura Shipibo.
Tenemos que educar a las nuevas generaciones con un profundo conocimiento de nuestro continente, con un sólido respeto por nuestras conquistas culturales, con una férrea confianza en nuestras capacidades creadoras y con fe en nuestro futuro colectivo, arraigado en un pasado que comenzó muchísimo antes del 12 de octubre de 1492, pues en ese momento ya teníamos una larguísima y proficua historia caracterizada por una asombrosa creatividad que nos había permitido generar diversas culturas cuyas conquistas más trascendentes fueron minusvaloradas desde aquel entonces, por lo que en el proceso educativo de las nuevas generaciones no se les dio mayor importancia

Que sea, pues, este y cada 12 DE OCTUBRE, una oportunidad propicia para nuestra reflexión colectiva sobre todos estos temas que nos atañen, superando para siempre, celebraciones y homenajes superficiales, que sólo han significado para nosotros el consolidar en nuestras mentes valores y actitudes que han hecho muchísimo daño a nuestros intereses continentales.

No nos parece conveniente que sobredimensionemos ni tergiversemos el suceso histórico, porque ello ha implicado para nosotros, un secular enceguecimiento respecto al valor de nuestras culturas originarias, en cuya potencialidades radican los fundamentos para construir un futuro propio, con la impronta de nuestro ser histórico original.

Habiendo sido una de las características de todas estas culturas el profundo conocimiento y coherencia con su entorno y la praxis de un universo axiológico que posibilitaba un sólido respeto por su escenario existencial, hoy  nos urge retomar todo ello y darle vigencia social para recuperar los tiempos perdidos en Latinoamérica.


jueves, 11 de octubre de 2012

LO QUE DECÍAMOS HACE 25 AÑOS (*)


Prof. Gabel Daniel Sotil García 

LA ESCUELA ESMERALDA

Carátula del libro.
Las piedras preciosas como la esmeralda, el diamante, etc. em­bellecen, revaloran los objetos en los cuales son adheridas, pero tienen la peculiari­dad de mante­ner su aislamiento respecto al objeto que las porta, propiedad ésta que posibilita su adhesión sin modificarse ellas mismas.


Ahora bien, si hacemos un análi­sis crítico evaluativo de la escuela actual, llegaremos a la conclusión de que ella es algo así como una hermosa esmeralda, que embe­lle­ce y revalúa los lugares (Comuni­dades) en donde se incrus­ta, pero sin establecer ninguna unión rai­gal con su entorno.


Funcionando en las diversas Co­munidades de nuestra Selva, ella más parece una piedra pre­ciosa engastada en cada una de ellas, a las que, más que servir­las, se sirve de ellas, generando en sus miembros un respeto cuasi idolá­trico  a su presencia, que impide poner en duda su necesi­dad y cuestionar los fines para los cua­les funciona.


Es así como ella ha devenido el lugar adonde va el alumno a educarse en la práctica de valo­res universales, en el manejo de abstractos culturales, en la deifi­cación del saber, en la absoluti­zación de su persona, en la teori­za­ción inocua, etc.


Como producto de ello, nuestros alumnos alcanzan su superación sintiéndose superiores porque aprenden las reglas de tránsito en donde no hay vehículos motorizados, conocen historias de príncipes y princesas en castillos misteriosos, entonan cantos a objetos desconocidos, aprenden a leer en libros con palabras extrañas que tienen que memorizar sin comprender, hacen adivinanzas referidas a objetos de los cuales tal vez nunca tendrán una experiencia directa.


Tales aprendizajes conforman a niños y jóvenes sin conocimiento de su realidad (salvo el que la Comunidad les propicia), sin cariño por lo suyo, despectivos respecto a las acciones culturales de la gente de su ambiente social, ignorantes de los problemas inmediatos, indiferen­tes ante su solución, etc. En fin, un extraño en su entorno, que sólo piensa en emigrar lo antes posible para "superarse".


Es que ella, la Escuela, viene siendo considerada un elemento ornamental, antes que funcional, en cada Comunidad. Funcionando en diversas realidades, no estable­ce nexos vitales con ellas. Impermeable respecto a la problemática local, funciona indiferente a las necesi­dades de todo tipo que hay en todas y cada una de las Comunida­des. Es ella una Escuela Esmeralda.


Como tal, ella es un producto de una antigua con­cep­ción preciosis­ta de la educación, nacida en los albores de la Época Colonial de nuestro país, a partir de la cual se inició la imposición de modelos extraños, pero concebi­dos como superiores, en nuestro quehacer educacio­nal nacio­nal.


Traída por la cultura dominante y generalizada vía mecanismos político - administrativos, ha tenido en las ciudades amazónicas los focos de irradiación más efica­ces, tanto que hoy es ésta la concepción que predomi­na en la praxis pedagógica de la Región.


Su rigidez funcional, su carácter depredatorio de las culturas regionales, su indiferencia frente a la riqueza ecológica y problemas socio-culturales de la comunidad, son las características más evidentes de esta Escuela Esmeralda. Pero, además, ella viene actuando como el terminal de un inmenso, pero invisible, ducto a través del cual las ciudades selváticas succionan la riqueza del campo, induciendo en los niños y jóvenes ribereños pseudo expectativas de modernidad que terminan trocán­dose en crudas realidades en los asentamientos urbano - marginales, que no son sino los escenarios en donde el migrante rural pierde su identidad para asumir un mundo cultural con valores distintos y contradictorios.


Con ello, el despoblamiento del campo, la disminución de la producción, el hacinamiento, la promiscuidad, los problemas psico-sociales, etc.


Si bien es cierto que no podemos, y no debemos, culpar exclusivamente a la Escuela de estas consecuen­cias, tampoco debemos dejar de asignarle una importancia significativa como elemento condicionante.


¿Cómo aceptar en la Selva, nuestra Selva, una Escuela en donde uno de los grandes ausentes es el Bosque, en donde no hay historia regional y en donde se ignora el patrimonio cultural nativo?¿Una escuela que ignora los problemas de salud, de alimentación, de organización, etc. de su comunidad?. ¿Una escuela que no contribuye a elevar los niveles de conciencia de los problemas que afectan a los poblado­res?, ¿que restringe su acción a sólo las necesidades cognosciti­vas de sus alumnos?


No. 

 En la Selva se necesita una Escuela que sea parte del Bosque. Por cierto que no de la denotación física del bosque, sino de la connotación cultural que tiene el bosque en esta realidad. 

Se necesita una Escuela que sea el fruto del esfuerzo creador que está adormilado en nues­tras comunidades. Adormecimiento, precisamente, producido por la actual Escuela, esa Escuela Esmeralda que tan linda se la ve en muchos poblados, pero que tan indife­rente y distante se muestra respecto a los mismos.


 Nota: Bajo este epígrafe vamos a publicar los artículos conformantes del Libro “Escuela árbol, una propuesta de educación para la selva”, editado por la Derrama Magisterial en 1991. 
El autor agradece el interés de  jóvenes profesores que me han solicitado la publicación, por este medio, de las reflexiones y propuestas contenidas en  dicho libro.

miércoles, 10 de octubre de 2012

DESAFÍOS Y PERSPECTIVAS DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN LA AMAZONÍA PERUANA

El contacto intenso con la realidad regional
es requisito para la mejora de la calidad  de
formación de los profesionales.
 Prof.  Gabel Daniel Sotil García

Una  de las consecuencias más importantes que ha tenido la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, realizada por la UNESCO en París, en 1998, es el reforzamiento de la toma de conciencia acerca de la importancia fundamental que tiene la educación superior para el desarrollo sociocultural y económico y para la construcción del futuro de cualquier sociedad; logro que se expresa en los documentos que fueran elaborados en dicho foro: la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Accióny el “Marco de Acción Prioritaria para el Cambio y el Desarrollo de la Educación Superior”.

Dicha toma de conciencia se ratifica en la reciente realización de la Conferencia Regional de la Educación Superior en América Latina y El Caribe – CRES 2008 –, realizada en Cartagena de Indias, Colombia, en junio de dicho año, en la que también se ha hecho una declaración, luego del análisis de la situación de la educación superior en América Latina y El Caribe.

En dicha declaración se afirma que los retos y las oportunidades de la educación superior en América Latina y El Caribe deben plantearse a la luz de la integración regional y de los cambios en el contexto global; es decir, respecto a la dinámica interna de los países de la región y respecto al entorno mundial; los mismos que son los siguientes: reforzar el compromiso o responsabilidad social de la universidad, mejorar su calidad y pertinencia y consolidar su autonomía, teniendo como referente el logro de una educación superior para todos y todas, y como meta el logro de  una  mayor cobertura social con calidad, equidad y compromiso con nuestros pueblos.

Es decir, una educación superior en contacto intenso y extenso con su entorno interno y externo.

Es bajo esta percepción que vamos a analizar los desafíos y perspectivas de la educación superior en la Amazonía Peruana, teniendo como propósitos centrales los referidos al logro de su calidad y la construcción de su pertinencia, en el marco de la premisa  de que la educación superior tiene  valor esencial para la construcción de un futuro mejor para nuestros pueblos amazónicos.

En la formación de profesionales el conoci-
miento científico debe abrirse paso entre
la selva de fantasías y falacias creadas
acerca de lo que somos como región.
Ahora bien, a nuestro entender, tales desafíos y  perspectivas de la educación superior en relación a la Amazonía Peruana, prioritariamente debemos buscarlos, en primera instancia, en la propia Amazonía Peruana. Es decir, este hermoso y complejo escenario, llamado selva, es el mayor desafío y ofrece la más amplia perspectiva que tiene la educación superior en esta región.

Y es que hasta hoy la educación superior, así como toda la educación en desarrollo en la Amazonía Peruana, no han sido pensadas desde y para esta realidad, pues el trasfondo ideológico sobre el cual se sustentaran las decisiones para su diseño se ha nutrido de una percepción fundamentada en prejuicios y carencias; por lo tanto, equívoca y tergiversada. Trasfondo cuyo componente fundamental es la visión de la amazonía como tierra de conquista para todo efecto.
En el documento “Amazonía Peruana: investigación para el desarrollo sostenible”, publicado por el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana –IIAP, el Proyecto  FAO y el Tratado de Cooperación Amazónica, en 1998 (1) al hacer el análisis de la percepción que la sociedad civil y científica han venido teniendo de nuestra región, estas instituciones expresan“ ...la falta de categorías epistemológicas para interpretar la diversidad con criterios de diferencia han atribuido a este esplendoroso universo fantasías y falacias que carga a cuestas hasta hoy y que hacen se la ignore en su verdad esencial, en la potencialidad de sus recursos singulares y en las decenas de culturas que mantienen aún, a pesar de la permanente voluntad integradora de la sociedad envolvente, sus raíces milenarias en un armónico diálogo con el hábitat.
El contacto vivencial con la realidad regional
es el mejor recurso para destruir los mitos
ideológicos acerca de ella.
Espacio fértil, vacío, homogéneo, pulmón del mundo, sociedades originarias obstáculo para el desarrollo, etc., han sido algunas de las voces que en el fondo han significado una ausencia de entendimiento entre el centro, entrampado en la visión lineal del occidente, y los diferentes espacios y grupos humanos que lo pueblan”(2).
Fantasías y falacias que han funcionado y  vienen funcionando como un conjunto de velos encubridores y deformantes de la realidad amazónica, que han impedido verla a plenitud y en su certeza.

Por cierto que, en la conformación de estas imágenes mentales, interesadas y falsas, el elemento que ha tenido un rol preponderante, aunque no exclusivamente, ha sido el conjunto de mitos ideológicos que circulan en todas las esferas sociales, induciendo una falsa realidad que, sin embargo, ha sido el referente inspirador de tales decisiones. Mitos que han sido y siguen siendo causa y efecto en este círculo vicioso que hoy tiene manifestaciones contundentes en nuestra región.
        
Algunas de esas manifestaciones no son sino el extractivismo - mercantilista, de predominante carácter exportador, producto de la supuesta inagotabilidad de nuestros recursos naturales, que hoy destruye nuestra riqueza ecológica y sociocultural; los solapados, unas veces y abiertos otras, enfrentamientos interculturales productos del racismo, construido sobre el supuesto falso de la inferioridad de las culturas nativas, que nos corroe a todos e impide el logro de los necesarios consensos para lograr nuestro desarrollo, destruyendo nuestra riqueza espiritual; nuestra progresiva despersonalización cultural producida por una persistente y sólida campaña de penetración ideológica mediática, de libre ejercicio destructor y al servicio de intereses transnacionales; la persistencia de  una férrea condición colonial en los paradigmas predominantes que guían nuestra actuación social, esquemas mentales que  nutren y sustentan el universo de decisiones equivocadas al servicio de la consolidación del estatus de dominación en el que hemos caído y del que nos cuesta escapar, por cierto.

Es esta muyuna conceptual la que nos viene proporcionando los criterios con los cuales enfrentamos los diversos problemas que deseamos resolver tanto en el campo educacional como en los demás de importancia social. Por lo tanto, no debe llamarnos la atención el hecho de que la consecuencia más trascendente de esas decisiones sea la pobreza que hoy nos aflige tan dura, tan despiadadamente, a pesar de ser una de las regiones  con mayores recursos naturales y culturales, recursos que significan riqueza potencial para satisfacer nuestras necesidades sociales a condición de aprender a utilizarlos racionalmente, pero que, sin embargo, vienen siendo mal utilizados, desperdiciados, en su finalidad social.

Desde su postulación, el potencial humano
debe sentirse inspirado en nuevas motivaciones.
Conforma, por lo tanto, este marco de equívocos históricos la toma de decisiones relativas a la formación del potencial humano, inspiradas en una percepción tergiversada de la Amazonía, que ya hemos puntualizado y un marco axiológico que sólo ha llevado a formar un capital humano apto para descapitalizar a nuestra región, para atentar contra ella, para destruir sus riquezas; pues la direccionalidad básica de esa formación ha sido la defensa de intereses foráneos, que siempre fueron priorizados frente a los intereses de nuestra región.

El haber considerado a nuestra región como un escenario de exclusivo cumplimiento de las decisiones que se toman fuera de ella; el habernos percibido como la gran despensa de inagotables recursos; el no valorarnos como sujetos agentes de historia; el ignorar nuestra complejidad y peculiaridad situacionales, no son sino las consecuencias lógicas y las expresiones de esa falsa percepción que ha inspirado, entre otros, todo el proceso de formación del potencial humano en  esta región y que continúa siendo la plataforma de sustento incuestionada de dicha formación.

Tengo la impresión vivencial de que las instituciones de educación superior, universitarias y no universitarias, de formación técnica o profesional, no han brindado mayor importancia a dicho entorno ideológico, permitiéndole la más plena libertad de acción para condicionar nuestras decisiones en dicho campo. Es decir, hasta hoy, tales instituciones no han hecho objeto de análisis y reflexión dicho sustrato psicosocial, dándole así, libre curso de acción para ejercer sus influencias.

Entonces, el desbrozamiento de esa tupida maraña o floresta mental, que hemos construido los peruanos, y en especial los mismos amazónicos, desde la invasión de la cultura europea, constituye  el primer reto de la educación superior, pues el mismo viene inspirando, desde lo más profundo de nuestra estructura psiquica, las decisiones que se toman respecto  a la formación de nuestros profesionales.

Sólo una nueva estructura axiológica de los
estudiantes posibilitará la superación del
extractivismo mercantilista de carácter
exportador en el ejercicio de su profesión.
Postulamos, por lo tanto, la necesidad de replantearnos el tema de la formación del potencial humano con miras a establecer nuevos criterios que posibiliten formar personas cuyo comportamiento traduzca una plena coherencia con nuestras características, necesidades e intereses   regionales más trascendentes.

Consideramos prioritario el inducir, en este proceso formativo del potencial técnico y profesional, una estructura axiológica que posibilite la superación del extractivismo mercantilista que hoy nos agobia, y la vigencia de un proceso de elevación de la calidad de nuestra vida social a partir de un uso racional de nuestros recursos y manteniendo el equilibrio ecológico, tal y como se viene planteando formalmente, por acuerdo de foros del más alto nivel mundial,  en el marco doctrinal del desarrollo sostenible; que posibilite la superación de mecanismos de imposición ideológico-política sobre las culturas indígenas y la vigencia de relaciones armónicas con miras a lograr una auténtica democracia intercultural; que posibilite la actuación transformadora sobre nuestros recursos naturales en el marco de una sostenibilidad económica, social y ecológica; que promueva el fortalecimiento de los mecanismos psíquicos que posibiliten asumir a plenitud el protagonismo en nuestras propias decisiones, única forma de hacer frente al centralismo, enseñoreado por nuestra propia desidia.

Pero, también es necesario enfatizar la capacitación operativa del nuevo potencial técnico y profesional, en el marco de un fuerte énfasis en la estimulación de la creatividad que posibilite la búsqueda de diversas formas de innovación de los procesos de transformación de nuestros recursos, para un óptimo aprovechamiento de los mismos. Debemos tener muy en cuenta que en los momentos actuales, el proceso de desarrollo y modernización en que está empeñado el gobierno central se basa no sólo en la introducción de conquistas culturales sino en la priorización de la atención a las demandas foráneas (mercado internacional), que no son el producto de nuestra creatividad ni de nuestras necesidades y que, por lo tanto, van a significar la perpetuación de nuestra condición de país subdesarrollado y región con los más altos índices de deficiencias estructurales: pobreza, desnutrición, agresión ambiental, enfrentamientos interculturales, inequidades, etc., todo ello enmascarado por un crecimiento económico excluyente, que sólo favorece a quienes tienen el poder.

Como consecuencia de nuestra maduración social, todo este trasfondo ideológico, debemos someterlo, pues, a los más profundos, serios cuestionamientos y generar  nuevos comportamientos sociales e institucionales para que nuestra realidad regional comience a ser percibida desde nuevos parámetros, desde su esencia interior: su forestalidad y su pluriculturalidad.

Son, entonces, las instituciones de educación superior las que deben asumir este reto,  para que devengan en instituciones socialmente significativas, en concordancia con un nuevo universo conceptual para dar nuevas respuestas, orgánicamente planteadas.

Un  segundo reto para la educación superior en nuestra región lo constituye la promoción  de la construcción de un nuevo proyecto sociopolítico y cultural, dado que  los proyectos colonial y criollo hasta hoy desarrollados en el lapso de casi medio milenio de historia ajena, sólo han tenido  consecuencias socioculturales, psicológicas, ideológicas, económicas y ecológicas negativas para nuestra región.

Son dichas consecuencias las que nos tienen que llevar a asumir la responsabilidad social de plantear un nuevo proyecto político-social que nos posibilite el desarrollo integral de nuestra región con características cualitativamente distintas.

La comprensible alegría en las ceremonias de
graduación debe, también, significar una
férrea decisión para superar el paradigma
 centralista que nos agobia.
Por ello es que  uno de los propósitos sociales que con mayor urgencia debemos plantearnos es el construirnos mentalmente como una región esencialmente diversa en lo cultural y ecológico. Es decir, formar una imagen socialmente compartida que sea el correlato coherente con nuestras características regionales; una imagen organizativa, orientadora e impulsora de nuestra actuación social.

Tener un gobierno regional, como que ya los tenemos, no garantiza que “ya somos una región”, si es que en el fuero íntimo de cada uno de nosotros no está bien definida esa imagen. La entidad “región”, desde el punto de vista político, se constituye fundamentalmente por el reconocimiento genérico de que tenemos características diferenciales, respecto al resto de nuestro país, que ameritan compartir una dinámica administrativa conducida por un gobierno reconocido jurídicamente como regional.  Pero, eso es lo formal, pues el fondo esencial y sustento trascendente de nuestra región debe ser la praxis social que desarrollemos, individual y colectivamente, teniéndola como referente cognoscitivo, axiológico-actitudinal y espiritual.

Debemos tener muy en cuenta que este estatus jurídico de región, hoy logrado,  se está concretando luego de una larguísima experiencia nacional de sojuzgamiento por las fuerzas de un centralismo que conformó en cada uno de nosotros una estructura psicológica propia de una situación de dominación y exclusión total respecto a un centro de poder subyugante, deslumbrante, omnipresente e impositivo, que actuó algunas veces burdamente y otras sutilmente, como hasta hoy lo viene haciendo.

Es decir que, por una parte, hemos sido condicionados psicológicamente para obedecer, para acatar decisiones tomadas por quienes han venido usufructuando del poder en las sucesivas épocas de nuestra historia regional. Tenemos hoy, por lo tanto, un substrato psicológico propicio para la espera de las soluciones, no para crearlas, en este marco psicológico de dependencia neo-colonial. De aquí que nos resulte más cómodo esperar que nos digan qué hacer que buscar y construir, con esfuerzo creativo, las soluciones a nuestros problemas.

Por otra parte, el paradigma centralista, dentro del cual venimos actuando en los últimos cinco siglos, ha condicionado a quienes ejercen el poder no sólo para seguir viéndonos en el rol de simples cumplidores de sus órdenes, sino para poner en juego mecanismos que perpetúen dicha situación. Es decir, mandante y mandado compaginan perfectamente en sus respectivos roles para complementarse, de manera que desde Lima se nos sigue viendo como los que debemos obedecer sus diversas decisiones y nosotros nos percibimos como quienes las debemos obedecer.

Esto es hoy uno de los mayores obstáculos para construir un gobierno regional cualitativamente diferente al gobierno nacional, que se nutrió (y sigue nutriéndose) de nuestra marginación, de nuestra obediencia impuesta, de nuestra lejanía, valiéndose tanto de sutiles como de burdos mecanismos de centralización política, ideológica, social y cultural y, entre ésta, la educacional.

Uno de los propósitos de mayor trascendencia
de los estudios de posgrado debe ser la capacitación
cognoscitiva y actitudinal para la construcción
de un nuevo proyecto político-social en nuestra
región
Todo lo cual no demuestra sino que nuestra región amazónica viene siendo profundamente afectada, pues los propósitos y mecanismos hasta hoy activados en el escenario del proyecto socio-político vigente, diseñados para otras realidades, son incompatibles para el logro de mejores condiciones de vida individual y social, dada su diversidad cultural y su forestalidad, equívocamente entendidas por sus agentes.

En este proceso de construcción social de un nuevo proyecto político – social regional, la educación debe jugar un  rol de primera importancia. Educación planteada exprofesamente con dicho fin; la misma que debe ser asumida y actuante en cada uno de los profesionales que egresen de las aulas de formación con un referente nítido en su mente, que les permita identificarse con la historia común, con la realidad actual que nos desafía por igual en el deber moral de modificarla respetuosamente, sin violentarla,  para bien de todos, y  con un futuro compartido en cuya construcción tenemos todos, personas y pueblos, iguales responsabilidades.

Por todo ello es que nos es ineludible  introducir profundos cambios estructurales en las instituciones de educación superior para plantear una mejor inserción en nuestra realidad amazónica.

En este sentido, un primer criterio que debe tenerse en cuenta es su funcionalidad con nuestras características; es decir que, para modernizar a nuestra institución universitaria tenemos que hacerla funcional con las características propias y diferenciales de nuestra región, a través de la formación de los diversos profesionales para el fortalecimiento de nuestra diversidad sociocultural y la preservación de nuestra diversidad ecológica, en sus componentes biológico y paisajístico. Por otro, deben ser instrumentos para el fortalecimiento de nuestra idiosincrasia sociocultural, de la manera de ser que cada uno de los pueblos ha construido, algunos en un lapso multimilenario (indígenas) y otros en un lapso multisecular (mestizos).

En segundo lugar, la modernización de la formación de los profesionales es hacerla funcional con nuestras necesidades. Y la primera necesidad surge de la diversidad cultural que nos caracteriza, en el sentido de construir una formación profesional que propicie la comunicación intercultural, como ya no puede ser de otra manera. Es decir, que sea instrumento de interculturalidad; para las relaciones armónicas entre las culturas asentadas en esta inmensa región. Una segunda necesidad es la preservación de nuestras riquezas regionales: la diversidad biológica y diversidad cultural. Ambas constituyen para nosotros dos tesoros que debemos conocer y preservar, a partir de una formación profesional y una actuación institucional pensadas ex - profesamente para dicho fin, formando a todos los nuevos profesionales con los conocimientos, actitudes y valores que hagan posible una actuación individual y social que propicie la defensa y preservación de tales riquezas. Una tercera necesidad que tenemos en nuestra región es la puesta en vigencia del desarrollo sustentable, partiendo de la constatación de que el extractivismo mercantilista, hoy vigente,  es totalmente nocivo para la preservación de las riquezas ya mencionadas. En el logro de este propósito social, la formación que reciban los futuros profesionales tiene que jugar un papel de primera importancia, pues sólo ella posibilita la inducción de los contenidos psicológicos propicios tanto para superar el extractivismo mercantilista como para reemplazarlo por el sistema de uso racional de nuestros recursos naturales. Finalmente, una cuarta necesidad que tenemos en nuestra región es la de promover la vigencia de capacidades psicosociales caracterizadas por la autonomía decisional de las personas; es decir, que superen la dependencia, la pasividad y el conformismo, que hoy impiden a las comunidades asumir un rol protagónico en la solución de sus problemas y la construcción de proyectos sociales endógenos, que nazcan desde su propia interioridad. En este propósito, de la mayor importancia, la UNAP tiene una enorme responsabilidad.

Un tercer criterio que debemos tener en cuenta para la modernización de la educación superior, es que tenga potencialidad prospectiva. Con ello queremos decir que la formación de los nuevos profesionales debe ser pensada para que posibilite la búsqueda de mejores niveles de vida social. Que les provea de actitudes y habilidades analíticas, cuestionadoras, reflexivas, creativas y propositivas frente a nuestra realidad y con compromiso social y solidaridad. Además, debe proveerles de una visión a largo plazo, para superar el cortoplacismo que hoy signa nuestra percepción de la dinámica social. Con ello ganaríamos en capacidad previsora para elaborar proyectos sociales que involucren nuestro futuro y el uso racional de nuestros esfuerzos comunales para la búsqueda de nuestro bienestar social.

Es decir, pretendemos una universidad actuante en el proceso de cambios que viene operándose en nuestra interioridad regional; para reforzarlos, para consolidarlos;  cambios tales como la conciencia de nuestra peculiaridad regional, es decir, la conciencia de que somos una región que tiene sus propias características ecológicas, socioculturales, históricas, etc., debido a diversos factores que vienen actuando desde campos diferentes; conciencia del valor individual y social   de nuestro ambiente, que nos está haciendo sentir, cada vez con mayor urgencia la necesidad de una educación ambiental planteada para la defensa de nuestro entorno amazónico, a partir de una relación armoniosa con nuestra naturaleza; la conciencia de nuestra diversidad cultural, que cada vez es más evidente, pues somos más conscientes de que en nuestra región existen otras culturas diferentes a la mestiza, hoy hegemónica, lo cual exige una orientación intercultural, como ya fuera dicho. Otro cambio que se viene operando en nuestra sociedad, aunque no tan nítida y extensamente como sería deseable, es la percepción de nuestra diversidad cultural asumida como un potencial para nuestro desarrollo, con lo cual estamos superando el tradicional prejuicio de que nuestro atraso o subdesarrollo nacional y regional es causado por la presencia de los pueblos indígenas. Al anterior, debe agregarse el reconocimiento del derecho de los pueblos indígenas a ser protagonistas de su propio desarrollo, actitud que la vienen conquistando los propios pueblos indígenas con sus luchas reivindicativas, lucha que debe tener en nuestra universidad una institución plenamente comprometida; todo lo cual nos lleva al necesario debilitamiento de nuestro racismo y la necesidad de educar a las nuevas generaciones de profesionales en una nueva ética y valores concordantes con esta nueva actitud de respeto entre culturas. Finalmente, diremos que ya se hace evidente que requerimos de la sociedad nacional, gobierno central incluido, de un trato coherente con nuestras características regionales propias, reconocimiento en el que las instituciones de educación superior deben jugar un papel de suma importancia.

Todos estos cambios, que vienen operándose en la sociedad amazónica, deben merecer una respuesta de nuestra universidad e institutos superiores, desarrollando un proceso formativo de los nuevos profesionales con plena coherencia teleológica, con lo cual lograremos la más absoluta significatividad social.









lunes, 1 de octubre de 2012

OCTUBRE EN LA REGIÓN OMAGUA


 Prof. Gabel Daniel Sotil García




EL CLAMOR DE LAS AGUAS 


Octubre es la conjugación de mitos y realidades,
de azules y verdores, de sueños y esperanzas.

Octubre tiene su propia manera de ser en nuestra región forestal, reino de las aguas, de los árboles, de la vida diversa, del calor y de la lluvia.

 Ámbito de la naturaleza pletórica de vida y energía.

Conjugación de mitos y realidades, de azules y verdores, de sueños y esperanzas, de pasados que siguen  vigentes y de futuros que se avizoran en cada fresco y fulgente  amanecer.

De realidades que debemos descifrar.

Las aguas  confinadas al fondo de los lechos sólo
esperan el impulso de nuevas aguas para
escalar las riberas.
Octubre es octubre en nuestra selva  donde el tiempo es diferente y nos reta a percibirlo así.


A estas alturas del año, la dinámica de la naturaleza ha posibilitado que las playas  estén rindiendo   sus frutos, transformando sus nutrientes en  sandías, choclos, chiclayos, melones, yucas, arroz, con los que generosamente han retribuido al esfuerzo creador y  laborioso de los hombres y mujeres de nuestras riberas.

Hombres y mujeres que aún saben mirar al cielo para hacerle mil  preguntas o elevarse a las alturas y volar con los gavilanes, las garzas, los tibes y las golondrinas vesperales, suspirar con la brisa del río y soñar con el cantar de las aves matinales.

Las extensas playas han rendido ya sus frutos y se preparan
para sumergirse bajo el impulso de nuevas aguas que han de
llegar desde las entrañas de los Andes.
Desde el fondo de los cauces de los ríos y quebradas y de los lechos de las cochas, las aguas claman por escalar las altas riberas para volver a acariciar, con su mirada de espejos infinitos, al cielo eternamente azul y las nubes pasajeras con sus mensajes de esperanza; esperanza que ha de convertirse, prontamente, en gotas de intensas lluvias que volverán a alagar y refrescar este prodigio natural.

Esperan ahora, el impulso de nuevas aguas que pronto han de llegar desde las entrañas mismas de nuestro país, pues hoy, confinadas a las honduras, discurren sofocadas por estrechos senderos, preparándose para volver a sus dominios naturales y enseñarnos que sin ellas, no es posible la vida a plenitud.

Octubre es pues,  un mes de expectativas.

El manguaré del tiempo ya nos anuncia el inicio de una nueva temporada de lluvias, cuyos mensajes nos llegan bogando silenciosos en las palizadas que discurren jubilosas en el regazo de nuestros ríos.

Es así cómo, río y tiempo, corren al mutuo encuentro para fundirse a plenitud en cada muyuna, en cada meandro, en cada estirón de nuestras vidas, impulsándonos a construir con optimismo nuestro futuro en las costas bravas de la existencia cotidiana.

El bosquesino asegura una buena provisión
de peces extraídos de ríos y cochas. 
En tierra firme, octubre nos entrega las exquisitas  y  jugosas piñas, las guabas y caimitos que  hacen su entrada a los mercados de las ciudades para mostrarnos la generosidad de esta tierra prodigiosa, que nos pide tan sólo conocerla  y quererla más.

Los peces, convertidos en deliciosos platos cotidianos, ratifican y enriquecen esta generosidad.

Foto Javier Del Águila Ch.
 
Pero allá, en la intimidad del bosque, en los aguajales y restingas, en los arroyos y quebradas, en las purmas y tipishcas, la vida prodigiosa se enhebra en la aguja del tiempo  para orlar los pliegues de  esta naturaleza que se nos ofrece a plenitud, reclamando tan sólo nuestra inteligencia colectiva para evitar su destrucción.

Es por ello que las lluvias, los amaneceres, el sopor,  las sombras de los árboles, el rumor de las quebradas, el estallido de los truenos son portadores de una súplica desde lo más profundo del bosque.


Un mensaje a nuestra conciencia, que nos pide deponer nuestra arrogancia y reconocer con humildad que somos, también, hijos del bosque como lo son la sachamama, el yanapuma, la yara y el chullachaqui, dioses, hadas y gnomos selváticos que aún sobreviven reclamándonos su derecho a la vida en los cielos forestales.

En octubre, pues, una plegaria se eleva a nuestras conciencias para hacernos más humanos. 

Un brillante sol matutino anuncia un nuevo
y caluroso día.
Como los demás meses, octubre también se ha de ir para volver, pero nuestras almas ya no serán las mismas.

Él se lleva parte de nuestras vidas, pero nos ha dejado en las puertas de nuestro futuro.

Generoso, cuando vuelva ya habremos caminado acompañando a nuestros ríos, por las sendas que se abren en el bosque de nuestras existencias.

¡Adiós octubre!