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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento Ica, Provincia Palpa, Distrito Río Grande, Caserío "San Jacinto", 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL LIT. INFANTIL, ÁREA EXPR. POÉTICAS, MED •RECONOCIMIENTO MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, GORE LORETO., Condecorado con orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) MINEDU. DIPLOMA DE HONOR, por Congreso de la República. 21-03-2019

jueves, 7 de febrero de 2013

PROCESO HISTÓRICO DEL ASPECTO POLÍTICO-ADMINISTRATIVO EN LA REGIÓN AMAZÓNICA PERUANA


GABEL DANIEL SOTIL GARCÍA
          
INTRODUCCIÓN

Mapa topográfico del Obispado de Truxillo del Perú, elaborado por el Obispo
Baltazar J. Martínez Compañón, que comprendía a la región amazónica
La organización político-administrativa de un país o región es consecuencia de las decisiones que toman quienes tienen el poder político respecto a cómo ejercerlo. Estas decisiones son el producto de una serie de condicionantes de diversa naturaleza, que son los que determinan esa forma de ejercerlo.

Desde que en nuestro país se produjera la presencia de una cultura originada fuera de este ámbito, las formas tradicionales del ejercicio del poder fueron alteradas profundamente.

Desde tiempos inmemoriales hasta ese momento, cada pueblo determinaba,  de acuerdo a su propia experiencia histórica, su forma de organización para buscar y lograr el bienestar común.

Durante este período, que denominaremos de los Desarrollos Autónomos, cada etnia se organizaba respondiendo a sus propios patrones mentales expresados en su cultura. La grandiosa diversidad de pueblos, con sus respectivas culturas, generada en lo que es hoy nuestro territorio, se expresaba también en diversidad de sistemas de autogobierno, con algunos rasgos comunes, por cierto, dentro de ámbitos territoriales bajo su propio control en concordancia con sus necesidades de subsistencia.

Pero, en el período de Desarrollo Dependiente, producido a partir de la presencia española en nuestro país, los conquistadores se tuvieron que enfrentar al problema de organizar un espacio, personas y pueblos totalmente desconocidos.

Esta situación los llevó a ensayar sucesivamente diversas formas de organización para ejercer mejor el control sobre los territorios descubiertos, formas que, naturalmente, se establecían a partir de los propios paradigmas que ellos traían de su mundo cultural de procedencia, por lo que recurrieron a imponer diversas formas de organización y administración del territorio dominado.

Por cierto que estas formas de organización político-administrativas eran concordantes con los intereses y exigencias de la conquista y colonización de los inmensos territorios descubiertos, para los cuales, dado el carácter fortuito de su descubrimiento, los mismos conquistadores no habían tenido nada preparado para su administración.

Esto los llevó a ensayar sucesivamente diversas formas que pretendían responder a sus intereses de dominación, pero todas ellas alejadas y ajenas a los intereses de los Pueblos de nuestra región.

Ya en el período republicano, los nuevos gobernantes nacionales, herederos psico-culturales de los gobernantes coloniales, no hicieron sino seguir, por inercia, similares patrones de comportamiento político con el conjunto de nuestra región amazónica, dando forma a las actuales condiciones que caracterizan a nuestra realidad política.

Veamos, desde sus más lejanos orígenes, cómo se ha venido generando nuestra actual realidad regional, en lo político-administrativo, a partir del Siglo XVI, en que se estableciera el poder colonial en nuestro país y en nuestra región, cuyos efectos aún siguen vigentes.

LA ADMINISTRACIÓN POLÍTICA EN LA EPOCA COLONIAL.

Una primera decisión que tomara la Corona Española, respecto a los territorios descubiertos, fue la creación de un organismo que se ocupara de todos los asuntos relacionados con ellos. Éste fue la denominada CASA DE CONTRATACIÓN, creada en Sevilla, en 1503, con múltiples funciones, no sólo comerciales como su nombre pudiera sugerir.

Para mejorar su funcionamiento, esta CASA DE CONTRATACIÓN, se vio en la necesidad de crear el CONSEJO SUPREMO DE INDIAS, en 1524, que funcionó como una especie de lo que hoy pudiéramos llamar Ministerio de las Colonias, que se encargó de la nominación de todas las autoridades coloniales, desde las de mayor categoría hasta la de menor jerarquía desde su sede en Madrid. Este Consejo tenía atribuciones políticas, legislativas y judiciales, indistintamente: en el campo legislativo, era el que aprobaba las llamadas LEYES DE INDIAS; en el campo judicial, era el Tribunal Supremo en el que se ventilaban todos los grandes pleitos en los territorios conquistados  y designaba a todas los denominados JUECES RESIDENCIARIOS, encargados de juzgar la labor de todos los funcionarios designados por la Corona Española.

Una primera decisión jurisdiccional que la Corona tomó en América fue el establecimiento de los dos Virreinatos: el de México o Nueva España y el del Perú, que se creó en 1542 y comprendía todos los territorios españoles de América del Sur. Posteriormente, éste sería subdividido en otros dos virreinatos: en 1717 se crearía  el de Nueva Granada y en 1776 el de Río de la Plata. En cada uno de ellos era el Virrey la máxima autoridad que representaba a la Corona Española. En el caso peruano, los Virreyes iniciaron sus gestiones desde 1544.

Pretendiendo una mejor administración, el Virreinato del Perú fue dividido en AUDIENCIAS, que tenían jurisdicciones amplias, por lo que fueron dividida en CORREGIMIENTOS, a cargo de un CORREGIDOR. Fue esta la división política que estuvo vigente hasta la rebelión de TUPAC AMARU II, en 1780, luego de  la cual el rey Carlos II dispuso la creación de las INTENDENCIAS en 1784. Éstas asumieron funciones administrativas y económicas. Y las que se  establecieron fueron Trujillo (que posteriormente cambiaría su nombre por el de La Libertad), Lima, Tarma, Huamanga, Huancavelica, Cuzco y Arequipa. A su vez, éstas fueron subdivididas en PARTIDOS. La Intendencia de Trujillo comprendía los territorios de la margen derecha del Marañón hacia el oriente y  nororiente de la selva, siendo así la más extensa, por lo cual el poder colonial tomó diversas medidas especiales.

Por otra parte, en las ciudades que se iban fundando se conformaba el CABILDO o AYUNTAMIENTO, que estaban conformados por los ALCALDES y REGIDORES. Los Alcaldes eran elegidos dos por ciudad por los denominados VECINOS NOTABLES. En las ciudades de mayor importancia, los Regidores eran designados por el Virrey y en las de menor importancia por los mismos vecinos. Asumían el cargo el día de AÑO NUEVO, 1º de Enero.
En el aspecto religioso, los territorios recién conquistados fueron organizados para facilitar la evangelización, por lo que fueron divididos en ARZOBISPADOS, los que, a su vez, se subdividían en OBISPADOS, cuyas jurisdicciones eran denominadas Diócesis, que comprendían ciudades, villas, pueblos, anexos, doctrinas y curatos.
Para fines de control económico más cercano a la población conquistada (indígenas), fueron creadas las ENCOMIENDAS, que también asumieron funciones de control social y religioso. El ENCOMENDERO se hacía cargo de una determinada jurisdicción con todos los indios allí ubicados, a quienes hacía trabajar y les obligaba a pagar tributo, por su condición de vasallos (como en los antiguos feudos medievales), lo cual dio lugar a gravísimos abusos con los indios, a tal punto que los mismos reyes españoles las desactivaron, a partir de 1718, no sin la fuerte resistencia de los propios encomenderos, quienes habían adquirido gran poder económico y político.

Para fines de control judicial, la Corona Española creó lo que llamó CORREGIMIENTOS, a cargo de un CORREGIDOR, cuya misión era proteger y defender a los indígenas de los abusos de los ENCOMENDEROS, y se establecieron en 1564. En la práctica, resultaron tan nefastos para los indígenas como las propias Encomiendas.
           
Para fines de control religioso y a petición de la propia Iglesia, que tenía interés en el adoctrinamiento y la enseñanza de las “buenas costumbres” del modo de vivir de los españoles, en 1549 fueron creadas las REDUCCIONES, para concentrar a lo indios y hacer más fácil su aculturación.

Tanto en la Costa como en la Sierra, esta reducciones se crearon en las cercanías de las ciudades que  fundaban los conquistadores y a los centros mineros que se establecían, con la finalidad de controlar y “civilizar” a los indios, como ya se dijo.

Todas estas medidas decididas por el poder político tuvieron por finalidad asegurar de una y otra manera el control de los territorios conquistados, pero teniendo como focos principales la Sierra y la Costa. Nuestra región, la región amazónica, por ser diferente, desconocida y extensa, no mereció mayor atención.

Desde que en 1542, Dn. Francisco de Orellana llegara al Amazonas penetrando por el Napo, los españoles constataron que las leyendas sobre grandes riquezas no eran ciertas, por lo cual nuestra región   perdió interés político, restringiéndose este interés a lo religioso


         Mapa tomado de: Panorama histórico de la Amazonía Peruana. (Ver bibliografía)
                      Obsérvese la gran extensión de la Comandancia General de Maynas.

asumido  por los Misioneros Jesuitas y Franciscanos, en un comienzo, para su acción evangelizadora a partir del siglo XVII.

Fueron ellos quienes emprendieron la conquista, más que territorial, cultural de la región amazónica, razón por la cual todas aquellas formas de administración política que hemos descrito para la Costa y Sierra, no tuvieron mayor vigencia en esta región.

Los Jesuitas desde Quito, en donde tenían su sede misional como Compañía de Jesús, vía el Marañón y los Franciscanos, por la ruta de la Selva Central, desde Huánuco vía el Huallaga, avanzaron en su proceso de evangelización de los indígenas. Ambos crearon los llamados PUEBLOS MISIONALES, que no eran sino las REDUCCIONES DE INDIOS, creadas desde 1549 por el Rey de España, vigentes en Costa y Sierra para ese entonces, en donde éstos eran sometidos a un férreo proceso de aculturación para que abandonen sus patrones culturales ancestrales, tales como su idioma, su religión, sus  costumbres, etc.

Hasta el Siglo XVIII el territorio amazónico tuvo una administración esencialmente político-religiosa, teniendo en las ciudades que se iban fundando, los focos de irradiación del poder de los conquistadores. Cuando éstos se dan cuenta de la inmensidad del territorio selvático, crean la COMANDANCIA GENERAL DE MAYNAS, integrante de la Intendencia de Trujillo (que posteriormente cambiaría de nombre por el de La Libertad), que comprendía los actuales departamentos de San Martín, Loreto, Ucayali y parte de Amazonas. El nombre de Maynas le es asignado por las etnias pertenecientes a la familia Jíbaro (Awajún, Wampis, Jíbaros, etc.) a las que se conocía bajo esa denominación en el área del Alto Marañón, en donde ofrecieron férrea resistencia al avance de soldados y misioneros.
Desde 1580 los Misioneros Franciscanos habían iniciado su accionar evangelizador, teniendo como centro de operaciones el Convento de Huanuco y como ruta de inicio el Huallaga, que luego se extendería a la cuenca del Ucayali, pese a la férrea resistencia de los aborígenes.

A partir de 1638 los misioneros Jesuitas, cuyo centro de operaciones estaba en Quito, se incorporan a las acciones de cristianización por la zona del Marañón, hasta su expulsión por orden del rey Carlos III, en 1769. Con su salida las Reducciones bajo su mandato se desorganizan y los indígenas trataron de retornar, muy difícilmente, a sus patrones culturales ancestrales.

En verdad, Maynas, que comprendía casi toda la región Amazónica en su calidad de Comandancia General, transcurrió todo el período colonial como escenario de imposición religiosa, sin merecer ningún interés administrativo. Tanto que, en 1717, y hasta 1722, su administración pasó a depender del Virreinato de Nueva Granada, creado en dicho año, volviendo a pertenecer al Virreinato del Perú luego de cinco años; pero, dieciséis años después, desde 1739, volvería a pertenecer a Nueva Granada, hasta 1802, en que, por Real Cédula de 1802, emitida por el rey Carlos IV y en base a un informe elaborado por don Francisco de Requena, en el que solicitaba tal decisión de parte de la Corona Española, por ser más accesible desde el Perú, la Comandancia General de Maynas vuelve a ser incorporada al virreinato del Perú.

Sin embargo, en ese largo período, sin mayor atención de la Corona Española, van germinando, en su forma de Reducciones de Indios o Pueblos Misionales y de ciudades españolas, algunos de los centros demográficos que devendrían, con el transcurrir de los años, en los centros del poder político, tales como Chachapoyas, Huánuco, Moyobamba, Borja (primera ciudad en la Selva Baja, 1619), Barranca, Jeberos (1638), Lagunas (1670) San Joaquín de Omaguas, Orán, Iquitos, Yurimaguas (1713), Requena, Nauta (1731), etc.

LA ADMINISTRACIÓN POLÍTICA DURANTE EL PERÍODO REPUBLICANO

Al producirse la Independencia del Perú, la Comandancia de Maynas, ya reincorporada a nuestro país, cuya capital era Moyobamba, jura también la independencia, el 19 de agosto de 1821, expresando su voluntad de seguir perteneciendo al Perú.
A pesar de este cambio de régimen político a nivel nacional, la selva siguió siendo un territorio casi ignorado y sin mayor importancia. Prácticamente el único cambio que se  produjo fue la desactivación de la Gobernación General de Maynas en concordancia con el cambio de nombre de las Intendencia por el de Departamentos y el de Partidos, que eran integrantes de aquéllas por el de Provincias, ahora integrantes de éstos, que dio a nuestro país una nueva nomenclatura político-administrativa, sin mayores consecuencias prácticas para nuestra región.

Aunque no haya tenido mayor importancia política para efectos prácticos, es necesario recordar que en abril de 1822, en el marco de un Reglamento General de Elección que expidió la nueva administración nacional, la aún denominada Comandancia General de Maynas, integrante del Departamento de Trujillo, como ya lo dijéramos, es establecida como un Departamento independiente de Trujillo, con el nombre de Quijos y Maynas; pero  fue una demarcación que pasó totalmente ignorada.

En 1832, durante el Gobierno de Dn. Agustín Gamarra se produce la creación del DEPARTAMENTO DE AMAZONAS, sobre la base de las Provincias del Departamento de La Libertad que quedaban al oriente del río Marañón, según la anterior demarcación: Chachapoyas, Pataz y MAYNAS. Su capital fue Chachapoyas.

Sin embargo, la creación del Departamento de Amazonas, que comprendía casi todo el territorio selvático más algo de la Sierra, no tuvo mayores repercusiones para nuestra región, pues siguió siendo percibida como lo había sido durante la Colonia.

Reconocida la enorme extensión de la ahora Provincia de Maynas, integrante del nuevo Departamento de Amazonas, ella fue dividida en Distritos, cuyas capitales fueron Loreto  (el  antiguo Loreto Yacu, que fue el que daría nombre a todo nuestro departamento) y Nauta, mediante una resolución suprema de 1842.

En 1853, mediante un Decreto de Dn. Rufino Echenique, se creó el GOBIERNO POLÍTICO Y MILITAR DE LORETO sobre la base de dicho distrito, pero en julio de 1857 se crea la PROVINCIA LITORAL DE LORETO, cuya capital fue Moyobamba.

En 1861, esta Provincia Litoral se convierte en DEPARTAMENTO MARÍTIMO MILITAR, mediante un Decreto del Gobierno de Dn. Ramón Castilla, el mismo que por disposición del gobierno de Dn Mariano Ignacio Prado adquiere la condición plena de DEPARTAMENTO DE LORETO, en 1866, condición ratificada por el Congreso de 1868, cuya capital fue Moyobamba.


Maynas al iniciarse el período de la República en nuestro país

Bajo esta nueva designación y categoría, el Departamento de Loreto es dividido políticamente en cuatro provincias: Cercado de Moyobamba, capital Moyobamba, que, a su vez era capital del departamento; Huallaga, capital Tarapoto; Alto Amazonas, capital Balsa Puerto y Bajo Amazonas, capital Iquitos. Como podemos comprobar, el nombre Maynas desaparece de la nomenclatura administrativa a partir de esta división política.

Esta situación se prolongaría hasta 1897 en que, mediante  Ley dada por Dn. Nicolás de Piérola, Iquitos es declarada ciudad capital del Departamento de Loreto, decisión que no fue aceptada por el pueblo de Moyobamba, el mismo que logró que el gobierno de Dn. José Pardo creara el Departamento de San Martín por Ley de 1906, conservando Moyobamba la condición de ciudad capital e integrado por diez provincias: Moyobamba, Rioja, Lamas, San Martín, El Dorado,  Bellavista, Huallaga, Mariscal Cáceres, Picota y  Tocache.

De esta manera el primigenio Departamento de Loreto quedaría reducido a lo que son los actuales departamentos de Loreto y Ucayali.

Esta demarcación política estaría vigente hasta 1980, año en que, mediante D.L. 23099, se crea el Departamento de Ucayali, cuya capital fue designada la ciudad de Pucallpa que, en su condición de caserío había sido fundada en 1888. De esta manera el Departamento de Loreto queda conformado por seis provincias: Maynas, Loreto, Alto Amazonas, Requena, Ucayali y Ramón Castilla y el nuevo Departamento de Ucayali con cuatro: Coronel Portillo, Padre Abad, Atalaya y Purús. Nótese que recién reaparece el nombre de Maynas para designar a una de las provincias del departamento de Loreto, después de muchos años en que había dejado de ser usado.

En lo referente a Madre de Dios, que es la otra Región (antes departamento) ubicada íntegramente en la región amazónica, podemos decir que en lo político-administrativo ha tenido igual proceso evolutivo que las  otras regiones a las que acabamos de referirnos. En la actualidad su capital es Puerto Maldonado, ciudad que fuera creada oficialmente en 1902 y sus provincias son: Tambopata, Manu y Tahuamanu.

Esta división política de nuestro país ha tenido una pequeña interrupción cuando la Asamblea Constituyente de 1979 dispuso la creación de los GOBIERNOS REGIONALES, los cuales recién entraron en vigencia cuando se elaboró  el Plan Nacional de Regionalización en 1988. Es al año siguiente que comienzan a entrar en vigencia esta regiones: Madre de Dios formó parte de la Región Inca; Ucayali, formó una sola región; Loreto también se constituyó en  una sola región y San Martín, luego de integrar la región San Martín-La Libertad, logra escindirse y conformar una sola región en 1992.

En el caso de Loreto es bueno recordar que, inicialmente, fue designado con el nombre de REGIÓN AMAZÓNICA  en 1988, pero casi de inmediato su nombre fue cambiado por el de REGIÓN DEL AMAZONAS, que tuvo vigencia hasta febrero de 1990, en que fue cambiado por el de REGIÓN LORETO. Tanto  la Región Grau como  la de Loreto, fueron las primeras en las cuales se convocó a elecciones para designar a sus respectivos Gobiernos Regionales.

Este proceso descentralizador sólo tuvo un corto tiempo de experimentación, pues el Congreso Constituyente Democrático, elegido en 1992 durante el gobierno de A. Fujimori, dispuso la creación de 24 Consejos Transitorios de Administración Regional – CTAR, que estuvieron en vigencia hasta que, mediante la Ley de Bases de la Descentralización, se establecieron los Gobiernos Regionales, cuya norma, la Ley 27867, fuera publicada el 16 de noviembre del 2002, estableciendo 25 Gobiernos Regionales, sobre la base de los Departamentos (más la Provincia Constitucional del Callao) vigentes en la demarcación política nacional; Gobiernos Regionales que entraron en vigencia el 01 de enero del 2003, luego del respectivo proceso eleccionario.

Hasta aquí el aspecto descriptivo de nuestro proceso político-administrativo, tanto a nivel nacional como en lo que respecta a nuestra región.

Sin embargo se hace necesario hacer algunas reflexiones acerca de todo lo vivido hasta el presente.

UNA MIRADA REFLEXIVA.

Límites de nuestro país y extensión de la
 región amazónica en la actualidad.
Es fácil colegir que hasta el momento, luego de la fase de desarrollos autónomos, los mecanismos de administración política en nuestra región amazónica han tenido un origen exógeno y se los ha implantado sin mayores preocupaciones por la realidad ecológica, social, cultural, etc. en que se los ha pretendido hacer funcionar; por lo tanto, nunca han resultado beneficiosos para nuestras regiones (Loreto, Ucayali, San Martín, Madre de Dios), aunque sí para quienes detentan el poder en sus diversas formas: económico, político, religioso, ideológico, etc.

Durante la época colonial la Amazonía, como queda dicho, no mereció mayor atención una vez que los conquistadores se convencieron de que no tenía el valor económico, a su manera de ver, que ellos supusieron. Sólo mereció valor como campo de evangelización para aculturar a la población indígena por acción de los misioneros.

Superado el período colonial, durante los primeros años de la República, sólo se produjeron cambios formales en la vida política de la Amazonía, pues siguió siendo ignorada, mirada con indiferencia; es decir, sin brindar mayor atención a sus características diferenciales, razón por la cual no mereció decisiones políticas especiales. Salvo reestructuraciones nominales que sólo buscaban hacer más eficaz el dominio de los gobernantes sobre el territorio y la población amazónicos, no hubo mayores cambios respecto a la situación que habíamos tenido desde los tiempos coloniales.

Es recién a partir de la segunda mitad del Siglo XIX que los pueblos de la Amazonía, en especial nuestra región Loreto, adquieren una cierta importancia política que origina la dación de normas específicas pero sólo para el mejor aprovechamiento de nuestros recursos y asegurar la presencia controladora del Estado. Pero, muy lejos estuvo el interés de emitir normas para el logro del bienestar común. Todo lo contrario, pues la población indígena, que mayoritariamente habitaba esta región casi no era percibida como merecedora de decisiones políticas de importancia. En todo caso, todas las leyes protectoras y de defensa de los indígenas, que desde la época colonial se habían dado, siempre habían sido letra muerta para quienes sucesivamente se turnaban en el usufructo del poder.

Por otra parte, debemos tener en cuenta que las poblaciones de base, las comunidades en sí, nunca tuvieron mayor participación en la decisión de las diversas formas de organización política y administrativa dadas por el gobierno central. Todas ellas eran decididas desde el centro del poder y se aplicaban al margen de las realidades en que deberían funcionar. Aunque sí es necesario reconocer que en el único aspecto en el que la población mestiza de la Amazonía tenía un resquicio de participación fue en la elección de los Cabildos o Ayuntamientos, que luego devendrían en las Municipalidades para los gobiernos locales, aunque durante la época republicana fueron mayoritariamente designados por el gobierno central.

Por lo tanto, salvo lo que acabamos de puntualizar, la población amazónica, mestiza e indígena, rural y urbana, jamás tuvo una participación trascendente en la determinación de sus formas de organización político-administrativa, lo que le impidió tener un aprendizaje social de gobierno para la búsqueda de su bienestar común desde sus propias perspectivas culturales y en concordancia con sus características ecológicas, geopolíticas, económicas, etc.

En resumen, podríamos decir que, en lo político-administrativo nuestra región se ha caracterizado por:

·  Haberse regido por sistemas o modelos organizacionales de origen externo, incompatibles con su realidad.
·  Haber carecido de un adecuado proceso de aprendizaje social en cuanto a participación de la población de base en la gestión administrativa y política de sí misma.
· Haber tenido como actores principales de dicha gestión a personas  (funcionarios, autoridades, políticos, empresarios, etc.) que, por lo general, no han representado sus intereses.
·  Sólo en las últimas décadas del Siglo XX ha recibido una mayor atención de parte de los Gobiernos nacionales, a partir de sus acciones de lucha por recibir un trato adecuado a sus características.

Esto no quiere decir que dicha población haya aceptado pasiva y resignadamente esta situación. La población indígena nunca aceptó ni la dominación colonial ni  la  republicana; de mil formas expresó su rechazo y jamás se rindió ante el yugo opresor, franco o embozado, ejercido por los misioneros, funcionarios, empresarios, etc. Por su parte, la población mestiza, en la medida de su gradual toma de conciencia de su situación marginal respecto al usufructo del poder, expresó su descontento  reclamando mecanismos administrativos más racionales al servicio de las mayorías.

Por ello es que podemos constatar sucesivas acciones de rechazo del sistema imperante desde el siglo XIX hasta la actualidad: unas de franca esencia federalistas, otras separatistas y hoy, regionalistas, que han venido expresando la raigal actitud ANTICENTRALISTA  de la población amazónica.

Pero, por cierto que nuestra responsabilidad va más allá de la simple posición opositora. Ella tiene que centrarse, en el futuro inmediato, en la construcción de nuestras respectivas REGIONES: Loreto, Ucayali, Madre de Dios, San Martín , no sólo en la formalidad legal o nominativa, sino en la búsqueda de una forma de ser REGIÓN concordante con nuestras características actuales e históricas, nuestra pluriculturalidad, nuestra forestalidad, nuestras necesidades sociales, nuestra idiosincrasia, etc.

Debemos tener en cuenta que tener un gobierno regional, como que ya los tenemos, no garantiza que “ya somos una región”, si es que en el fuero íntimo de cada uno de nosotros no está bien definida esa imagen. La entidad “región”, desde el punto de vista político, se constituye fundamentalmente por el reconocimiento genérico de que tenemos características diferenciales que ameritan compartir una dinámica administrativa conducida por un Gobierno reconocido jurídicamente como Regional, condición que es el fundamento de las actuales REGIONES en nuestro país.  Pero, eso es lo formal, pues el fondo esencial y sustento trascendente de nuestras regiones debe ser la praxis social que desarrollemos, individual y colectivamente, teniéndolas como referente cognoscitivo, axiológico- actitudinal y espiritual.

Debemos tener muy en cuenta que este estatus jurídico de región, hoy logrado,  se concreta luego de una larguísima experiencia nacional de sojuzgamiento por las fuerzas de un centralismo que conformó en cada uno de nosotros una estructura psicológica propia de una situación de dominación y exclusión total respecto a un centro de poder subyugante, deslumbrante, omnipresente e impositivo, que actuó algunas veces burdamente y otras sutilmente.

Es decir, que hemos sido condicionados psicológicamente para obedecer, para acatar decisiones tomadas por quienes han venido usufructuando del poder en las sucesivas épocas de nuestra historia regional.

Tenemos, pues, un substrato psicológico propicio para la espera de las soluciones, para acatarlas, para imitarlas, pero no para crearlas en este marco psicológico de dependencia neocolonial. De aquí que nos resulte más cómodo esperar que nos digan qué debemos hacer antes que buscar, con esfuerzo creativo, las soluciones a nuestros problemas. Situación que no nos ha permitido tomar decisiones a partir de nuestras características y para solucionar nuestros problemas, sino para cumplir mandatos exógenos y aceptar falsas características de nuestra región, inducidas por múltiples mecanismos y vías.

Esto es hoy uno de los mayores obstáculos para construir un gobierno regional cualitativamente diferente al gobierno nacional, que se nutrió (y sigue nutriéndose) de nuestra marginación, de nuestra obediencia impuesta, de nuestra lejanía, valiéndose tanto de sutiles como de burdos mecanismos de centralización política, ideológica, social y cultural; en cuyo marco la educación jugó y viene jugando un importantísimo papel impositivo y homogeneizador.

Esta atmósfera psicológica fácilmente nos podría llevar a construir gobiernos regionales reproductores de las características negativas del gobierno nacional; es decir, centralistas, marginantes, etnocéntricos, homogeneizantes, etc.

Hacer gobiernos regionales cualitativamente diferentes es hacer  gobiernos  participativos, creativos, construidos desde nuestras realidades, dinamizados desde nuestras potencialidades, promotores de las relaciones interculturales entre todos los Pueblos mestizos e indígenas, conductores de una relación armónica entre los Pueblos y la pródiga naturaleza que nos rodea, propiciadores de la incorporación de nuevos valores al universo axiológico ancestral para enriquecer nuestra actuación colectiva, revitalizadores de esos universos axiológicos con los que podemos enriquecer la cultura universal, etc.

Pero, para ello, requerimos  comunidades con un referente nítido en su mente, que les permita identificarse con la historia común, con la realidad actual que nos desafía por igual en el deber moral de modificarla respetuosamente, sin violentarla,  para bien de todos, y  con un futuro compartido en cuya construcción tenemos todos iguales responsabilidades.

Construirnos como regiones amazónicas implica asumir colectivamente nuestra diversidad cultural, nuestra esencial forestalidad, nuestro pasado común, nuestro compromiso de compartir armónicamente el poder entre todos los Pueblos que habitamos esta región; es aceptarnos como el espacio de grandiosas potencialidades, que aún no conocemos a plenitud, pero que debemos dinamizar; percibirnos como regiones privilegiadas por la presencia prodigiosa  de infinidad de ríos, condición que aún no aceptamos ni aprovechamos adecuadamente para nuestro desarrollo;  es reconocer en cada comunidad la existencia de sólidas fuerzas psicosociales capaces de ser dinamizadas para generar su propio desarrollo; es aprender a valorar y utilizar nuestro potencial hídrico; es aprender a  mirar al mundo desde nuestro bosque portentoso. Es, en fin, construirnos una identidad multicultural que debe concretarse diferencialmente en cada uno de los Pueblos que hoy conformamos esta grandiosa región, cuya vocación es la de seguir creando diversidad biológica y cultural, a menos que nosotros  interfiramos tales designios.

Asumir la AMAZONEIDAD como particularidad de la PERUANIDAD es aceptar que debemos construir nuestros futuros regionales enraizados en nuestras gestas creativas milenarias, que tenemos que aprender a valorar. Es reconocer y asignar a cada uno de nosotros, como personas y como pueblos, el rol protagónico en la creación de condiciones cada vez mejores para hacer de nuestras vidas,  en lo individual y lo social, un emporio de riquezas espirituales con aportes culturales diversos.

Construirnos como región es, pues, el reto fundamental que deben afrontar los Gobiernos Regionales hoy existentes en la Gran Región Amazónica: LORETO, UCAYALI, SAN MARTÍN, MADRE DE DIOS, como la consecuencia más trascendente de su actuar político-administrativo a largo plazo.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

·         BASADRE, Jorge; Historia de la República del Perú; La República”, Lima, 2000.
·         DOUROJEANNI, Marc J.; Amazonía, ¿qué hacer?; CETA, Iquitos, 1990.
·         MOREY A., Humberto y Gabel Sotil G.; PANORAMA HISTÓRICO DE  LA AMAZONÍA PERUANA, una visión desde la Amazonía; Imp. Amazonas, Iquitos, 2000.
·         RIOS ZAÑARTU, Mario C.; Historia de la Amazonía Peruana, compendio; “El Matutino”, Iquitos, 1995.
·         SAN ROMÁN, Jesús; Perfiles históricos de la Amazonía Peruana; CETA, CAAAP, IIAP, Iquitos, 1994.
·         SILVA SANTISTEBAN, Fernando; Historia del Perú; Ed. Buho, Lima, 1995.
·         TIBESAR, Antonio, OFM; Comienzos de los franciscanos en el Perú; CETA, Iquitos, 1991.
·       VILLAREJO, Avencio; Así es la Selva; CETA, Iquitos, 1988.


lunes, 28 de enero de 2013

LA UNAP ANTES DE SER UNAP


Prof. Gabel Daniel Sotil García 

Local central de la UNAP, plaza Serafín Filomeno.
Como los árboles de prodigiosa fronda, enraizados en fértiles bajiales de nuestras riberas, las instituciones fructuosas son productos de su tiempo físico pero, sobre todo,  de su tiempo cultural; ese tiempo en el que se expresa la dinámica de necesidades trascendentes, de sueños, de expectativas, de propósitos de una amalgama de personas que se compromete con la creación de su propio futuro, aun cuando no se lo tenga meridianamente prefigurado en el consenso colectivo, pues las ideas impulsoras, que motorizan los anhelos ciudadanos, nacen tenue, difusamente, para delinearse con claridad en el transcurso del tiempo y en la medida en que encarnen necesidades compartidas y sentidas en la profundidad de las convicciones sociales.

Son estas ideas, germinadas al calor de las necesidades sociales de una época, las que luego veremos expresarse en obras concretas cuando responden a necesidades nacidas en las constataciones de las carencias compartidas.

Un aspecto del local  de la Facultad de Odontología
La UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA AMAZONÍA, nuestra universidad, nació así. Nació y germinó en el humus de las frustraciones sociales que las generaciones de una época experimentaran frente a un sistema político-social marginante y despectivo con nuestra región; pero, también como una propuesta de esperanza y optimismo para demostrar que en este reino de los árboles también se pueden construir sólidas estructuras que desafían al tiempo, para demostrar nuestras capacidades colectivas para dar forma cultural a nuestros anhelos más sentidos y abonadas por la fortaleza reivindicativa que insufla el poder marginante y centralista.

Desde el punto de vista político-administrativo, nuestra región amazónica siempre fue, y aún lo es, el gran escenario incoloro, deslucido, minusvalorado y casi desconocido por quienes tienen los poderes político y económico en el centro hegemónico de nuestro país desde los tiempos virreinales.

A partir del siglo XVI, en que se produce la invasión de la cultura europea, nuestra Amazonía, comprendida bajo la denominación de la Comandancia General de Maynas, esa inmensidad territorial portentosa pero ignota, pasa a incorporarse en condición de colonia al dominio virreinal español, en primer lugar como ámbito de búsqueda de más oro y especias (canela); luego, ámbito de conquista cultural (evangelización, castellanización); finalmente, ya en la época republicana, fuente de recursos naturales, cuya abundancia y diversidad ha dado origen al más exacerbado extractivismo mercantilista, fundamentalmente de carácter exportador, que hoy signa nuestra dinámica socioeconómica, pese a las consecuencias destructivas que tiene sobre la diversidad sociocultural y geo-eco-biológica
Ambiente interno de un sector de la Facultad de
Medicina Humana.

Pese a haber sido puesta en relieve por decisión del presidente Dn. Ramón Castilla y Marquesado, quien con visión geopolítica decide consolidar a Iquitos en su condición de puerto fluvial en el comercio con Europa, vía Amazonas y el océano Atlántico desde la mitad del siglo XIX, sin embargo,  nunca fue objeto de una política de estado específica y diferencial que, desbordando dichos límites mercantilistas, tomara en cuenta sus peculiaridades ecológicas, biológicas, sociales, culturales, lingüísticas y psico-espirituales.

Bien sabemos que, pasada la época del boom del caucho y terminada la Segunda Guerra Mundial, nuestro país se vio comprometido con el bloque triunfador y, por lo tanto, en condición de subordinado de quienes fijaban los parámetros de acción durante el lapso de la denominada Guerra Fría y luego en el conflicto coreano,  acontecimientos totalmente ajenos a nuestros intereses nacionales y regionales. Sin embargo, por decisiones de política nacional, a nuestra región se le asignó el rol de despensa de materias primas; es decir, el depósito de la riqueza con la que el Perú pagaba por ser considerado parte de dicho bloque.

Hacia  inicios de la mitad del Siglo XX, seguía tan olvidada como en el Siglo  XVI. Para esa época ya se habían consolidados algunos paradigmas comportamentales en la sociedad iquiteña iniciados desde la época del extractivismo cauchero, durante la cual las familias de mayores recursos económicos provenientes de dicha actividad, establecieron un lazo umbilical de dependencia con el continente europeo, de donde procedían, tanto para fines de satisfacción de las necesidades socio-económicas como para la educación de sus hijos, por las facilidades en la comunicación y el transporte brindado por la frecuencia de itinerario  de los barcos que se desplazaban por el río Amazonas y el Atlántico hacia Europa. En realidad, la clase poseedora de recursos económicos había hecho de Europa su centro de referencia económica, social y cultural; y, por ende, psicológica, que la llevaba a visualizar a dicho continente como su centro de atracción.
Equipamiento tecnológico de la Facultad de
Ingeniería de Sistemas

Todo ello en el marco objetivo de la desconexión de nuestra región, especialmente de Iquitos, con el resto del país. Recordemos que, antes de que se estableciera la aviación comercial entre la costa y nuestra ciudad, sólo existían dos vías terrestres para trasladarse entre ambos puntos: la vía del Pichis por la selva central, incluso usada para las acciones de evangelización, ruta que serviría de referente para la construcción de la carretera central, hoy denominada Federico Basadre, y la ruta de Moyobamba, muy posterior. Ambas insumían alrededor de un mes a los viajeros que se resignaban a hacer su recorrido, sorteando innumerables dificultades y los consiguientes peligros.

La década de los años 40s encuentra a Iquitos, denominada ciudad capital del Departamento de Loreto desde 1897, y la selva en su conjunto considerados como objetos de percepciones equívocas de parte de los gobiernos nacionales de turno. Es así cómo, hacia inicios de dicha década las opciones asumidas eran la colonización, a través de programas dirigidos por el propio estado, bajo el supuesto de que nuestra región carecía del necesario contingente poblacional para explotar sus recursos y, también, como objeto de una política de integración de las comunidades indígenas a la dinámica de la cultura dominante, a través de un proceso de mestizaje u homogeneización cultural.

Ya en la década de los años 50s, y como consecuencia de la acción de muy diversos factores, la comunidad iquiteña, con alrededor de cincuenta mil integrantes, asume un rol activo en el reclamo de la atención de sus necesidades por parte de las autoridades del gobierno central.

Frontis del local de la Facultad de Ciencias
Económicas y Negocios.
La  progresiva toma de conciencia social acerca de la necesidad de contar con una institución que forme los profesionales que requiere la dinámica socio-económica regional, pues la  lejanía de la ciudad capital nacional, la pérdida de la capacidad económica de las familias que imposibilitaba sufragar gastos en Europa y las dificultades y restricciones que ofrecía el limitado transporte aéreo, y otros factores más, hicieron que surgiera con la espontaneidad con la que nace la vida en nuestra región, un movimiento que, en la medida que se difundía, lograría mayor fuerza social: la creación de una institución de educación superior.

Este movimiento, si bien se inició en Iquitos, tuvo su germinación simultánea en las ciudades capitales de las provincias loretanas, en donde también se organizaron movimientos reivindicativos en dicho sentido.

El fruto de ello ya lo conocemos. Tiene un nombre con mayúsculas: UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA AMAZONÍA PERUANA, o simplemente UNAP, y su historia ya la conocemos pues ha sido escrita por todos quienes, desde dentro y desde afuera, hemos hecho nuestra vida teniéndola como referente cultural, de producción de conocimientos, de generación de actitudes, de propuestas de cambio, de sueños colectivos, de búsquedas incansables de nuevos horizontes en el verdor de nuestra selva.

El teatro y diversas expresiones artísticas
conforman el universo formativo de los estudiantes.
Y es que, desde antes de nacer, la UNAP  ya estaba signada por la necesidad de construirse de la mejor forma para responder con coherencia, tanto interna como externa, a las demandas que nos vienen planteando nuestros entornos geoecológico y sociocultural,  pues es nuestra vocación devenir una institución instrumental al servicio permanente del desarrollo humano, al que aspiran las colectividades regional, nacional y mundial, dando respuestas a los desafíos que viene  planteándonos, renovadamente, la humanidad en búsqueda de su plena realización.

Sólo así seguiremos construyéndonos con respuestas coherentes y comprometidas con los nuevos tiempos, para seguir siendo la institución con significatividad social en la formación de los profesionales que demanda el desarrollo humano, sustentable e intercultural de nuestra región.

domingo, 27 de enero de 2013

EDUCACIÓN Y CAMBIO CLIMÁTICO


28 de enero: “ Día mundial de la acción frente al calentamiento terrestre”

Prof. Gabel Daniel Sotil García


Nos es urgente educar a las nuevas generaciones
en el disfrute de la belleza de nuestro bosque.
La gradual toma de conciencia que venimos experimentando  respecto al avance depredador de nuestra actuación social e individual en cuanto a las consecuencias sociales, culturales, económicas y ecológicas no se debe sino, por una parte, a los movimientos  ecologista  e indigenista a nivel mundial, en constante fortalecimiento,   la acción difusora de instituciones y personas comprometidas y sensibles a los problemas ambientales y, por otra, a las constataciones vivenciales  que hacemos en nuestras experiencias cotidianas en nuestra propia región, las mismas que tienen un rango de afectación que se extiende a nuestro planeta TIERRA.

Es esta toma de conciencia de nuestras responsabilidades tanto en el proceso destructivo de nuestro ambiente como en la construcción de una sociedad respetuosa de su hábitat, la que viene comprometiéndonos, aunque aún no consensuada pero sí gradualmente, a incorporar, como propósito socialmente buscado, la educación de las nuevas generaciones para re-establecer y reconstruir las relaciones armónicas con nuestro ambiente, tanto en el nivel individual como social.

La contaminación de las aguas de
nuestros ríos es un factor del cambio
climático.
Preocupación que ya no es solo nuestra, sino de todos los Pueblos de la Tierra, quienes vienen reuniéndose cada cierto tiempo, en foros del más alto nivel, para hacer los llamados a la conciencia de quienes tienen los poderes políticos y económicos, a fin de que cambien su comportamiento para no seguir afectándola, pues somos cada vez más conscientes de que el estilo de vida, consumista y depredador, la producción de gases de efecto invernadero, entre otros, que hoy predomina en los llamados “países desarrollados” es una de las causas principales de esta situación planetaria a la que ya hemos llegado, poniendo en peligro nuestra subsistencia como especie.

Es precisamente éste el mensaje más trascendente de las Naciones Unidas al declarar el 28 de enero de cada año como “Día Mundial de la acción frente al calentamiento terrestre”, fecha a la que deberíamos darle un alto relieve en nuestra región amazónica, en la cual se vienen concretando las más grandes destrucciones de nuestro entorno ambiental, con consecuencias que, de no ser detenidas en estos momentos, tendrán carácter irreversible dentro de muy poco tiempo, si es que no lo tienen ya, pues las mediciones que periódicamente publican la NASA y otros organismos son cada vez más contundentes e inquietantes para el futuro de la humanidad.

En reciente reunión (Bolivia, 2009), se elaboró un documento en cuyos párrafos iniciales se lee:
Las crecientes de nuestros ríos, más
allá de los niveles acostumbrados, son
evidencias  del cambio climático que se está
produciendo. 

Foto de la inundación producida en el 2012.

“Hoy, nuestra Madre Tierra está herida y el futuro de la humanidad está en peligro.
De incrementarse el calentamiento global en más de 2º C, a lo que nos conduciría el llamado “Entendimiento de Copenhague”, existe el 50% de probabilidades de que los daños provocados a nuestra Madre Tierra sean totalmente irreversibles. Entre un 20% y un 30% de las especies estaría en peligro de desaparecer.
Grandes extensiones de bosques serían afectadas, las sequías e inundaciones afectarían diferentes regiones del planeta, se extenderían los desiertos y se agravaría el derretimiento de los polos y los glaciares en los Andes y los Himalayas. Muchos Estados insulares desaparecerían y el África sufriría un incremento de la temperatura de más de 3º C. Así mismo, se reduciría la producción de alimentos en el mundo con efectos catastróficos para la supervivencia de los habitantes de vastas regiones del planeta, y se incrementaría de forma dramática el número de hambrientos en el mundo, que ya sobrepasa la cifra de 1.020 millones de personas….”(*)

Predicciones que, infelizmente, se vienen haciendo realidad y con una fuerte tendencia al agravamiento.

En consecuencia, nuestra opción no puede ser otra que el reencuentro armónico con nuestra Madre Tierra, para lo cual debemos confiarle a la educación la formación en nuevos valores, actitudes y conocimientos favorables a la conservación de las condiciones propicias para el ser humano y la biodiversidad prodigiosa de nuestra región, revitalizando la sabiduría de los Pueblos Originarios quienes hicieron praxis social cotidiana de aquello que hoy llamamos desarrollo sustentable.

Sin embargo, es triste decirlo, las personas con poder de decisión aún no asumen este compromiso en esta región, pese a la abundante información acerca de la gravedad de esta situación. A la selva, nuestra selva, la seguimos viendo con los mismos paradigmas y percepciones de hace más de un siglo, en que creíamos, para fines de política nacional, que ella sólo servía para extraer sus riquezas, haciéndola víctima de las más inicuas agresiones mediante la práctica del más depredante mercantilismo extractivista, que hoy lo tenemos en su máxima expansión, por la diversidad de formas que viene adoptando.

La indetenible defortestación para el cambio de
uso de los suelos amazónicos es otro
factor desencadenante del cambio climático.
Este artículo no tiene sino la finalidad de ser un elemento coadyuvante en la formación de nuestra conciencia social respecto a las trascendentes responsabilidades que tenemos respecto a la defensa de nuestra región, en la cual la EDUCACIÓN, en la medida en que reflexionemos acerca de estos compromisos, debe ser transformada en el agente propulsor de una nueva conciencia.


Nota: Artículo publicado en el semanario KANATARI, 27-01-13, www.ceta.org.pe 

sábado, 26 de enero de 2013

LO QUE DECÍAMOS HACE 25 AÑOS (3)




 NUESTRA REALIDAD REGIONAL

Prof. Gabel Daniel Sotil García
  

Mapa que representa la diversidad
cultural y riqueza lingüística
de la Amazonía peruana.
El bosque es la mayor riqueza de nuestra región; su única gran riqueza material, ecológica, que hace que sea ella lo que es; ago­table al margen de una política de conserva­ción y renovación y vulnerable por el delicado equili­brio de sus componentes.
La cultura nativa es la mayor riqueza espiritual, que ha sido construida por el esfuerzo mile­nario de las socieda­des asentadas en este ámbito geográfico, las mismas que han creado un arte, una concepción de vida (filoso­fía), una técnica, una ciencia, en total coherencia con su entorno, todo lo cual viene siendo redescubierto por las Ciencias Sociales.
Espécimen  de la riqueza
faunística amazónica.
La actuación de estas sociedades, y su consecuente creación cultu­ral, ha marcado ya una ruta histórica de desarrollo, cuyo desconocimiento por parte de las socieda­des emergentes viene poniendo en peligro el ecosistema selvático y, por ende, la vida. La cultura dominante, oficial y citadina, al ignorar y apartarse, por desconoci­miento o arrogan­cia, de dicha ruta cultural, ca­racterizada por el diálogo íntimo entre el hombre y su medio, viene actuando en forma depre­dante frente al bosque y a la cultura, olvidando que "Para las sociedades indígenas, medio ambiente y desarrollo social y económico, han sido siempre realidades armonizadas". (A. Chirif).
En consecuencia, cualquier políti­ca de desarrollo que adoptemos para nuestra región, sólo tendrá que ser una en la cual se tenga como paráme­tros inviolables las características ecológicas de nuestra región y la armonio­sa relación hombre - medio; de lo contrario, atentaremos contra su integridad y las posibilidades de vida de nuevas generaciones.
Las características del suelo selvático no posibilitan, al menos con la tecnología actual, un uso agrícola intensivo (cosa ya cono­cida por las sociedades nativas, que practi­caron el uso rotativo del suelo) y que, por tanto, la formación de grandes conglome­rados humanos (grandes ciuda­des), no es una praxis coherente con nuestro entorno físico. A no ser que se opte por el permanen­te abasteci­miento externo para satisfacer sus necesidades.
Muestra de la riqueza y peculiaridades
ecológicas de nuestra región.
Como consecuencia de la dinámi­ca social interna de la región se han configurado diversos escena­rios cuyas características socio-culturales los hacen diferentes unos de otros, requiriendo, por lo tanto, respuestas distintas para satisfacer sus necesidades y solu­cionar sus proble­mas. Tales escenarios de actuación socio-cultural están consti­tuidos por las áreas: nativa, mestizo - ribereña, urbana, urbano - marginal y fron­tera (que por razonas geopolíti­cas merece un tratamiento espe­cífico y singular).

Por razones geopolíticas, el des­poblamiento de grandes extensio­nes de nuestra región y de las zonas de frontera no debe ser promovido, por cuanto es un atentado en contra de nuestra integridad territorial y nuestra identidad regional -  nacional, al facilitar la penetración física y cultural por parte de los países fronterizos. Nuestros núcleos poblacionales (comunidades rurales, urbanas, y semiurbanas), por efectos de la injusticia social y de comportamientos culturales, son afectados por múltiples problemas: sanitarios, organizacio­nales, socio - educacionales, alimenticio - nutricionales, técnico - operati­vos, etc. que determinan una situación que debe ser atendida con urgencia por sus graves consecuencias en todo el espectro poblacional.

Miembro de la etnia Iquitos, doña Agustina Yareja,
en sus labores cotidianas en su pueblo.

A nuestro entender, son éstas las consideraciones funda­mentales que deben servir de base inicial y referen­cia final para determinar las características de una Educa­ción Regional, es decir, de una educación con personali­dad propia dentro del contexto nacional, que se haga realidad en una Escuela en íntima consonancia con nuestro contex­to físico - cultural, nuestro proyecto históri­co regional y nuestra realidad social actual.(*)



(*) Art. tomado de "Escuela árbol, una propuesta de educación para la selva", del mismo autor. Derrama Magisterial. Lima. 1991

sábado, 19 de enero de 2013

ALGUNOS LIBROS IMPORTANTES PARA EL CONOCIMIENTO DE LA AMAZONÍA PERUANA(2)


Prof. Gabel Daniel Sotil García

FORMABIAP-AIDESEP-TELEFÓNICA. El Ojo Verde, cosmovisiones amazónicas. Lima. 2004, 2ª. Ed. 363 pp.

“Los Pueblos Indígenas amazónicos en nuestra permanente relación con el bosque tropical húmedo hemos desarrollado un conjunto de formas y modos de concebir el mundo, de pensar, de comunicarnos, de comportarnos y organizarnos socialmente. En este contexto hemos desarrollado una forma de vida basada en la realización de diferentes actividades que nos permiten satisfacer nuestras necesidades biológicas, sociales y espirituales. Esto no sólo exige un minucioso conocimiento de los recursos que ofrece el bosque, sino también de los seres tutelares que en él existen y con los cuales el ser humano tiene que relacionarse para el desarrollo de sus actividades”

“En El Ojo verde: cosmovisiones amazónicas presentamos un conjunto de representaciones plásticas que nos permiten conocer las creencias y conocimientos que algunos pueblos amazónicos todavía tienen acerca del origen  del mundo y las relaciones básicas entre los hombres y el entorno natural” (*)
Son catorce los pueblos cuyas cosmovisiones son presentadas en este documento:
Achuar, Awajún, Wampis, Kandozi, Ashaninka, Nomatsiguenga, Shipibo, Shawi, Shiwilu, Kukama-kukamiria, Uitoto, Tikuna, Kichwa del Pastaza y Bóóraá.

(*) Párrafos tomados de la misma obra.
http://ojoverde.perucultural.org.pe


DOUROJEANNI, Marc J. Amazonía ¿Qué hacer? CETA. Iquitos. 1990. 444 pp

       “Este libro trata del pasado, del presente y del futuro de la Amazonía peruana. En él se sintetizan los conceptos que, en la última década, ha desarrollado el autor sobre el tema del desarrollo sostenido en la Selva, en base a investigaciones y estudios realizados desde 1960 en la Amazonía peruana y también en otros lugares, en especial en el Brasil…”
        “El tema del desarrollo amazónico es tan inmensamente complejo que no se pretende, de ninguna manera, que este trabajo sea exhaustivo…Por otra parte, el motivo del libro  no es hablar del desarrollo en general sino del desarrollo sostenido, lo que implica examinar el problema desde un ángulo particular.” (*)

     Puede ser consultado en la Biblioteca Amazónica: www.ceta.org.pe y e-mail ceta.iquitos@gmail.com


(*) Párrafos tomados del mismo libro.