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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento Ica, Provincia Palpa, Distrito Río Grande, Caserío "San Jacinto", 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL LIT. INFANTIL, ÁREA EXPR. POÉTICAS, MED •RECONOCIMIENTO MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, GORE LORETO., Condecorado con orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) MINEDU. DIPLOMA DE HONOR, por Congreso de la República. 21-03-2019

sábado, 19 de noviembre de 2011

ALGUNAS LEYENDAS MESTIZAS DE NUESTRA REGIÓN (I)

Para conocer a nuestra Amazonía

Prof. Gabel Daniel Sotil García, FCEH –UNAP (*)

Seres que pueblan el mundo mítico amazónico.
Acuarela de José Morey Ríos.
Un componente fundamental de la cultura amazónica mestiza son las diversas leyendas o cuentos populares que eran relatados en el seno familiar y comunal, sea con fines de control social  o de transmisión de los valores culturales y que han dado una especial característica a nuestro imaginario popular. En ellas se han conjugado aportes culturales externos con elementos culturales indígenas. Veamos algunas de ellas.

EL CHULLACHAQUI

El bosque es venero de creaciones
culturales como el CHULLACHAQUI, 
que adquiere expresiones según
la percepción del artista.

También es conocido como SHABSHICO y YASHINGO. Es un personaje que vive en el bosque. Es el amo del bosque. Quienes han tenido la oportunidad de haberlo visto, lo describen de baja estatura, un pie más pequeño que el otro, de rengo caminar, orejas grandes, ojos pequeños y destellantes, nariz aplastada, boca redonda, tez trigueña, cara redonda, barrigón (buchisapa), de aspecto bonachón. Su labor es la de cuidar los frutos, animales y plantas del bosque. Suele descansar en las aletas de la lupuna, a las que golpea con el pie deforme, produciendo un sonoro ruido, que se expande entre los árboles como un eco. Su carácter travieso y burlesco ocasiona grandes problemas a los montaraces, quienes se ven obligados a dejarle algunos regalos (mapacho, trago), para merecer sus favores y les facilite un buen mitayo (caza de animales silvestres). Algunas veces, si presiente malas intenciones, se dedica a hacer que se pierdan los exploradores o simples caminantes de las trochas de la selva, recurriendo a su conversación agradable y entretenida con su víctima, a la que con indicaciones falsas le hace perder en las profundidades del bosque, que muchas veces tienen resultados trágicos. Una vez desorientado el explorador o caminante sentirá  las burlonas y estremecedoras carcajadas del Chullachaqui, que serán repetidas por ecos escalofriantes.
También suele hacer una chacra (el huerto del Chullachaqui) que cuida con especial esmero, a la que puede facilitar el acceso cuando la persona le cae en simpatía.
La tradición aconseja que cuando una persona se encuentra con otra en el bosque, lo primero que tiene que hacer es mirar detenidamente sus pies, porque los pies del Chullachaqui no son iguales (chulla=desigual, chaqui=pie), pues corre el riesgo de ser desorientada  y extraviarse en la selva.

LA YACUMAMA

La YACUMAMA protege los ríos, las cochas,
las tahuampas y una ciudad acuática a la que
sólo ella permite penetrar.
Art. J. Morey Ríos.
Es otro personaje fabuloso de la mitología amazónica. También se la conoce como AHUARA (en idioma kukama-kukamiria). Vive en las cochas y ríos selváticos más profundos y aparece como una descomunal serpiente que aterra o hace naufragar a los navegantes por el oleaje enorme que hace al desplazarse. Su nombre significa MADRE DEL AGUA, protectora de las grandes profundidades. Quienes han tenido la oportunidad de haberla visto dicen que sus ojos son centelleantes, despidiendo una fuerte luz, ubicados en una cabeza enorme que paraliza de terror. Cuando se desplaza de uno a otro lugar deja una enorme huella en el barro con árboles derribados, que indica sus enormes dimensiones.

LA RUNA MULA
                                                                El silencio forestal y las características propias del bosque
                                                             posibilitan expresiones artísticas diversas de este personaje
                                presente en la dinámica cultural ribereña.

Este personaje fabuloso tiene diferentes relatos. Se dice que las mujeres que tienen relaciones adúlteras con algún vecino del pueblo o caserío o con el párroco, sufren una transformación que las convierte en una mula. En la medianoche de los martes y jueves salen transformadas emitiendo estridentes relinchos corriendo a gran velocidad  por el caserío y echando fuego por sus ojos, boca y trasero, atemorizando a los pobladores. Su jinete es  el amante furtivo, quien la lleva castigándola en la oscuridad de la noche.  Si un vecino se hace del valor suficiente para enfrentarla y saber de quién se trata, todo lo que tiene que hacer es arrojarle la resina de la jagua chapeada en el rostro. Al día siguiente la mujer que ha recibido el colorante amanecerá con el rostro manchado; entonces, todos sabrán quién es la runamula del pueblo. Otra forma de identificar a la persona que se transforma en runamula es organizar una persecución por parte de un grupo de vecinos y castigarla en el momento en que pasa por un punto determinado. Al día siguiente la mujer será identificada por los moretones por los golpes en su cuerpo.

LA SIRENA
Diversas expresiones artísticas de este hermoso personaje de
nuestro mundo cultural.
Es uno de los diversos habitantes (la más encantadora, literalmente hablando)   de nuestros ríos y cochas, según las creencias tradicionales de nuestra región.


Las sirenas, además de ser sumamente hermosas, tienen cantos melodiosos  e irresistibles  a los oídos de los jóvenes pescadores, quienes pierden la orientación  y pueden ser llevados al desastre o ser secuestrados por estas bellas y fabulosas mujeres, mitad mujer y mitad pez, si es que son de su predilección. Por lo demás, es muy difícil que un hombre se resista a sus encantos, y quienes han tratado de hacerlo, no han podido vivir felices por la fascinación que en ellos provocó; lo más probable es que en el paroxismo de su desesperación  por encontrarse con ella, se lance al agua para buscarla en sus dominios acuáticos.

A veces, pueden ser sorprendidas  por los pescadores solitarios en islotes, troncos de árboles caídos o palizadas flotantes solazándose despreocupadas en el silencio de la selva, cantando hermosísimas y cautivantes melodías, pero rápidamente se sumergen al descubrir al intruso, si éste no es de su agrado.

EL YACURUNA
El bufeo colorado suele salir del río convertido en un joven apuesto y seductor, de tez blanca y rubicunda y se dedica a seducir a las jóvenes más bonitas del caserío, a las que conquista con sus maneras agradables. Una oportunidad muy especial que aprovecha para transformarse y hacer sus conquistas es cuando el pueblo  está de fiesta, entrando a una de ellas con mucha elegancia y sombrero puesto.
Una de las diversas formas de
representación plástica del
YACURUNA.
 El DELFÍN  ROSADO o bufeo colorado tiene
la propiedad de transformarse en un
apuesto galán para conquistar
a las jóvenes rebereñas.

El YACURUNA u HOMBRE DEL AGUA embaraza a las chicas que son de su agrado, engendrando un bufeo que, al nacer, abandona a la madre  y se va  en busca del río inmediatamente.

(*) Nota 1: Estas narraciones se han elaborado  sobre la base de entrevistas a algunas personas, sobre todo, ribereñas; pero, también se ha consultado la siguiente bibliografía:
        §  Panaifo T., Arnaldo. Mitos y leyendas de la selva peruana. Shamiro editores. Iquitos.1999.
        §  Angulo S., Ruth Isabel. Esplendorosa amazonía. Ed. San Marcos, Lima, 1997
        §  Jordana L., José Luis. Leyendas amazónicas.
               Nota 2: Las fotos e ilustraciones han sido bajadas de INTERNET sólo para
                             fines de difusión cultural.



EL CONOCIMIENTO DE NUESTRA REGIÓN COMO BASE PARA PROMOVER SU DESARROLLO SOSTENIBLE



Atardecer en río Marañón, San Lorenzo, Datem


Gabel Daniel Sotil García

Un aspecto de suma trascendencia para los intereses del desarrollo sostenible de nuestra región, ideal cuya concreción debe merecer la máxima prioridad, está referido al tipo y calidad de conocimientos y actitudes de quienes vivimos en ella.

Ahora bien, dicho tipo y calidad se definen en dos escenarios fundamentales, de los que, en los actuales momentos, no escapamos la mayoría de personas: la sociedad en general y las instituciones educativas. Es en el marco de ambos escenarios que adquirimos los conocimientos y las informaciones que nos permiten acercarnos a la comprensión de nuestro mundo, las destrezas psicofísicas para actuar sobre dicha realidad respondiendo a sus retos y  las actitudes y valores con los que definimos el sentido de nuestras  percepciones y actuaciones. Es a partir de estas adquisiciones que construimos, en nuestro interior, los significados que tiene, para cada uno de nosotros,  la realidad circundante.

Es decir, la calidad de actuación tanto individual como social en nuestro entorno ecológico y sociocultural, nuestro ambiente en suma, depende de la calidad de dicho equipamiento, el mismo que vamos conformando a lo largo de nuestra vida en las diversas circunstancias a las que nos enfrentamos en la dinámica social, sea en el proceso de socialización (educación informal), sea en el proceso educativo formal (el que se realiza en las instituciones educativas).

Evidentemente, ambos escenarios y procesos poseen su propia diversidad y riqueza, así como también ejercen sus propias influencias, positivas o negativas, en la definición de la personalidad de los miembros de la comunidad. Es decir, cada uno de ellos propicia determinados conocimientos, habilidades, destrezas, informaciones, actitudes, valores, etc., que cada individuo procesa de una manera peculiar para su actuación en el entorno social.

A estar por los efectos que individual y colectivamente venimos causando en este grandioso escenario existencial que es la Selva para nosotros, podemos afirmar que no estamos equipados convenientemente para desarrollar una dinámica social positiva respecto a su conservación, al mantenimiento de sus potencialidades, a la defensa de sus intereses, para que siga siendo una región forestal generadora de diversidad biológica, social, cultural.
Sector de bosque amazónico

La actuación destructiva de los últimos siglos, desplegada por quienes pertenecemos a la cultura mestiza, en toda su diversidad, evidencia que lo que hemos aprendido de ella no es lo que deberíamos haber aprendido; que lo que sabemos de ella, en toda su complejidad, no corresponde a su realidad.

Más aún hoy, en que nos es indispensable pensar nuestro futuro colectivamente (no por unos cuantos) y diseñar nuestro desarrollo para beneficio de todos los pueblos y personas que habitamos esta región (no para unos cuantos), nos  encontramos con que carecemos de los conocimientos básicos, de los valores y actitudes indispensables, de las destrezas intelectuales apropiadas para abordar tan trascendente tarea social.

En verdad, aprendemos mucho en las instituciones educativas, sabemos bastante, casi enciclopédicamente; pero, lo que hemos aprendido  y sabemos no nos es útil, en estas circunstancias,  para pensar y pensarnos de manera distinta, único camino para superar nuestra pobreza, nuestro subdesarrollo, los graves problemas que nos afectan socialmente, ambientalmente y culturalmente. Y es que casi todo lo que hemos aprendido y venimos aprendiendo no tiene como referente a nuestra realidad; con ello, no nos capacitamos ni para conocerla y menos  para transformarla constructivamente; es decir, sin destruirla.

Entonces, es hoy cuando debemos, en actitud de gran valor autocrítico, dedicarnos a conocer en profundidad y certeramente, a este hermoso escenario para aprender a quererlo, a defenderlo de las insanas agresiones de que es objeto, de las cuales nosotros mismos seremos víctimas. Para que seamos capaces de tomar las decisiones pertinentes, en su beneficio.

No olvidemos que la defensa de nuestra región es una opción que tomamos libremente, opción que en las instituciones educativas debería ser predominante, tanto en docentes como en directivos.

Fotos del autor.

domingo, 13 de noviembre de 2011

ARQUEOLOGÍA AMAZÓNICA: MENSAJES DEL PASADO PARA CONOCERNOS MEJOR



Prof. Gabel Daniel Sotil García, FCEH - UNAP


Para lograr el objetivo de conocernos mejor como región, tenemos disponibles muchos caminos en la actualidad. Unos más claros que otros, por cierto; pero, todos útiles para lograr una comprensión cada vez mayor.

Es éste el caso de la ARQUEOLOGÍA,  una de las disciplinas integrantes de las denominadas Ciencias Sociales, que nos provee de información acerca de estadios lejanos, cronológicamente hablando, de nuestro proceso cultural.

En la medida en que se logra mayores avances en las investigaciones en este campo, vamos confirmando que nuestra región ha sido asiento de Pueblos que, desde muchos miles de años atrás, decidieron establecerse, sea temporalmente, sea definitivamente en un determinado lugar, transformándolo en su hábitat.

Estos estudios vienen arrojando interesantísimos resultados, tanto en el aspecto cultural como en el referido a las características geográficas, climáticas, geológicas, etc. de este extenso territorio en el que se ubica hoy nuestra región.

Restos arqueológicos en La Luna, río Morona, Datem
investigaciones de Arqueólogo Santiago Rivas

(foto Prof. J. Trigoso)
En lo relativo al aspecto físico-geográfico, hay evidencias de que en los últimos veinte mil años ha sufrido profundos cambios en su configuración externa. Debemos imaginarla como una zona boscosa, inestable relativamente, pues ha tenido grandes períodos (miles de años) en que ha dejado de ser, por lo menos en dos oportunidades, un bosque homogéneo y continuo, que es como lo vemos hoy en día. En esos largos períodos milenarios, en que la temperatura general descendiera por lo menos unos 3º C, por efectos de los períodos de glaciación en los Andes, el bosque fue profundamente impactado,  a tal punto que se formaron islas o refugios de bosque circundadas por sabanas o llanuras áridas, dentro de las cuales, el hombre amazónico ya presente, se vio obligado a dar respuestas culturales adecuadas a estas condiciones nuevas.

Uno de estos Pueblos es el que vivió en el área que hoy ocupa la cuenca del río Chambira, por lo cual se la llama CULTURA CHAMBIRA, cuyos restos arqueológicos evidencian haberse desarrollado en un período en que nuestra región vivió un largo período de alteración climática, formándose grandes sabanas áridas alternadas con grandes extensiones boscosas, llamadas éstas “refugios de bosque”.

Es en una de estas sabanas áridas, en que se convirtiera el sector del Chambira, en donde se desarrolló, hace algunos miles de años, esta cultura que nos ha dejado sus creaciones, a partir de cuyos restos, estudiados a la luz de la ciencia actual, podemos inferir algunas de sus características. Una de las cuales, es precisamente, que su hábitat no fue el de un área boscosa sino un área carente de vegetación y con un clima seco. El tipo de objetos de arcilla (alfarería de botellas) y los componentes de la misma, así lo confirman.

Estos resultados, por cierto que provisionales por ahora, pero con el fundamento de las evidencias arqueológicas, conjugados con los resultados que se vienen obteniendo en otros campos científicos (estudios paleoclimáticos y biológicos), vienen dando fuerza, cada vez mayor, a la teoría de los REFUGIOS DE BOSQUE, que nos permitiría comprender la enorme y maravillosa diversidad biológica de nuestra actual región.

Ceramio de etnia amazónica actual
De esta manera, vamos logrando tener un panorama explicativo de muchas de las características  de nuestra Amazonía. El esfuerzo de algunos pocos científicos, interesados en lograr cada vez un mejor conocimiento de esta región va dando estos hermosos frutos, que nos permiten conocer la presencia humana en ella desde ¿algo más de veinte mil años? y seguir su  trayectoria creativa en todo este lapso y saber que en todo este período, quienes nos antecedieron en tan lejanas épocas, siempre supieron dar respuestas propias, originales, concordantes plenamente con su entorno, construyéndose su propia manera de vivir. Con lo cual queda, pues, demostrada nuestra gran capacidad creadora, para enfrentar las diversas condiciones que nos ha tocado vivir, adquirida a través de un milenario ejercitamiento social.

Todas estas reflexiones se las debemos al Arqueólogo DANIEL MORALES CHOCANO (*), quien viene aportando al conocimiento y comprensión de nuestro lejano pasado a partir de las investigaciones científicas que viene realizando con su equipo de trabajo.

Él es una de los pocos científicos  que viene haciendo grandes esfuerzos para desentrañar los secretos que aún yacen escondidos en las entrañas del suelo amazónico y que poco a poco vienen siendo develados, permitiéndonos una mejor y más cabal comprensión de nuestro pasado, sin la cual no podemos entender nuestro presente y menos prepararnos para enfrentar racional y coherentemente nuestro futuro.


(*)   Dr. Daniel Morales Chocano, Arqueólogo y Profesor de la Facultad 
        de Ciencias Sociales de la UNM SAN MARCOS.
 


martes, 8 de noviembre de 2011

LA EDUCACIÓN AMAZÓNICA Y LOS MITOS IDEOLÓGICOS




Prof. Gabel Daniel Sotil García, FCEH – UNAP


El asumir como pretensión social el cambio de la educación en nuestra región nos exige abordar su análisis crítico desde perspectivas cualitativamente diferentes a las tradicionales, en las cuales se privilegió el aspecto cuantitativo y organizacional de la educación en el nivel descriptivo y se la evaluó como un fin en sí misma. Como resultado de esta que llamaríamos actitud ingenua, nunca se cuestionó su relación con el entorno ecológico y sociocultural ni sus relaciones con los mecanismos de poder que se ejercían a través de ella.

Pero, en los momentos actuales, y con la vigencia de nuevos criterios evaluativos, la educación que venimos ejecutando en nuestra región tiene que ser visualizada desde nuevos enfoques, para lograr una mejor comprensión de su forma de concreción en las circunstancias características de nuestra región.

Es con este propósito que hacemos entrega de este aporte contributivo hacia la teorización de nuestra educación.

La relación armoniosa, en el marco de la cual el nativo creó una serie de mitos y comportamientos rituales protectores para tratar al bosque, es quebrada a partir de la llegada del hombre europeo.

Entonces, el bosque pasaría a ser un simple territorio que se incorpora a los dominios de la Corona Española. Adquiere la condición de riqueza material, simple y llanamente. Sin ningún significado espiritual.

Detrás de los descubridores y conquistadores vendrían los misioneros y este bosque se transformaría en campo de evangelización, tanto con los jesuitas, como con los franciscanos.

Para entonces, ya habría hecho su aparición una típica manifestación de las culturas dominantes: el etnocentrismo, que diera origen a uno de los primeros mitos ideológicos justificatorios: la inferioridad de las culturas nativas; prejuicio que ha posibilitado, hasta hoy, ignorar las creaciones de los pueblos originarios, darlas como no existentes, sin categoría de culturas, sometidos a sucesivos procesos de evangelización, civilización, castellanización, modernización; en suma, de europeización en su momento.

Proceso que llevaría a obligar a los nativos a vivir en reducciones o pueblos misionales, primero; luego, ser esclavizados y, finalmente, simple mano de obra; es decir, siempre objetos de decisiones ajenas.

El mito de la inferioridad de los nativos, personal y culturalmente, serviría para justificar la erradicación de sus tierras, su hacinamiento en reducciones (rechazadas férreamente desde un primer momento por los indígenas), obligándolos a dejar de creer en sus dioses, a olvidar su idioma, a dejar de ser personas (recordemos que en su respectivo idioma, el nombre con el cual se autodenominaban estos Pueblos siempre significa “gente”, “persona”), en definitiva.

Mantenido hasta hoy, ese mito  sigue alimentando decisiones, entre otros campos, en el educacional. Para la educación de hoy, mestiza, oficial y etnocéntrica, los logros culturales de los Pueblos nativos de la Selva, simple y llanamente no existen, no merecen ser incorporados al proceso formativo de nuestros educandos, por lo cual nunca aparecen en los currículos que elabora el Ministerio de Educación.

Obligados a vivir en las llamadas reducciones, erradicados de su medio natural, perseguidos por su ignorancia de los códigos culturales del conquistador, los nativos comenzaron a ver, sin comprender la razón, la destrucción de su bosque.

Y es que ese bosque, para ellos la gran morada verde de sus dioses protectores, que daba sentido a sus vidas, había pasado a ser simple y únicamente una fuente de recursos, una prosaica despensa de la cual extraer las materias primas.

Primero, como botín de conquista, luego como campo misional; el bosque termina siendo visto como emporio de riqueza, fuente inagotable de recursos naturales.

Vistas su frondosidad, su exuberancia, su enorme biodiversidad, el bosque fue concebido como objeto mercantil. Todo en él podía y tenía que ser extraído y vendido. Incluyendo personas. Sí, con personas y todo, como hoy mismo podemos comprobar en la subasta de la que es objeto el bosque amazónico.

Se delinea así y adquiere forma final la actitud extractivo-mercantilista que, aún hoy, signa la relación hombre-bosque.

Y que es alimentada en la actual educación.

La frase que se atribuye al sabio A. Raimondi, "El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro", que resumiría el mito de la riqueza inagotable del bosque, riqueza aún pasiva, aplicada a la Selva, expresa una interesada interpretación equívoca, que ha tenido desastrosas consecuencias para nuestra región, pues la atención se fijó en “el banco de oro” y no en “el mendigo”, que es a quien hay que revalorar.

La explotación del caucho, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, configura el período de mayor crueldad genocida y esclavista en nuestra Región; período en el cual, aún nos duele el decirlo, miles de nativos fueron objetos de destrucción y pueblos enteros desaparecieron.

Agotado el caucho, vendría el palo-rosa, otras maderas, resinas, pieles, peces, aves, petróleo, etc. todo extraído depredantemente y exportado irracionalmente.

La gran justificación: la riqueza inagotable de nuestro bosque.

Este mito aún sigue siendo difundido en nuestra educación oficial. En la Escuela actual se sigue condicionando, principalmente por omisión, la actitud de nuestra niñez en el sentido de encontrar justificación a la explotación y exportación indiscriminada e irracional de nuestros "inacabables recursos naturales".

Hoy, nuestra niñez y juventud perciben al bosque como una despensa en donde tenemos guardado todo lo que podemos vender, por lo tanto, se hacen indiferentes a la exportación inmisericorde y depredatoria de nuestros recursos naturales.

A ello se ha adicionado otro mito: sólo si vendemos nuestros recursos alcanzaremos nuestro desarrollo.

Creencia inconmovible en nuestros educandos, futuros ciudadanos.

Pero, examinemos nuestra historia nacional de los últimos cinco siglos y la regional de los últimos dos siglos y constataremos que ello no es cierto. Nuestra actual situación de pobreza nacional y regional se ha moldeado en la fragua de un intenso proceso de exportación de nuestros recursos naturales. De la Costa, de la Sierra y de nuestra Selva han salido ingentes cantidades de nuestros recursos naturales, cuyos beneficios nunca han llegado a la población mayoritaria, hoy empobrecida como nunca.

La exportación de todos sus recursos no ha redundado en mejores niveles de vida de la población regional.

Al contrario.

Los únicos beneficiarios han sido unos cuantos: familias, grupos, castas laborales. La población general siempre fue marginada de tales beneficios.

El petróleo, el gas, el oro, la madera, etc. nunca han sido considerados componentes de un plan de desarrollo integral de la Región. Simplemente, son explotados o entregados para su explotación por otros. Y nosotros, sólo miramos cómo van saliendo nuestras riquezas para engrosar los ingresos de élites regionales, nacionales y extranjeras.

Peor aún: nos enorgullecemos de ser los abastecedores de recursos naturales, siempre explotados según conveniencias ajenas.

Por ello, decimos que no es verdad que nos sea indispensable extraer y vender nuestras riquezas para alcanzar mejores niveles de vida.

Requerimos, entonces, una educación regional, que nos incite a utilizar nuestros recursos con sentido social, para beneficio de todos. Que nos prepare, que nos enseñe, que nos eduque, para producir no para vender. Que genere en la niñez y juventud de hoy,  mañana y siempre, la actitud transformadora de nuestras riquezas, que las tenemos, es verdad, en ingentes cantidades, pero cuya explotación no puede ni debe ser hecha de cualquier manera. No la actitud mercantilista que hoy rige nuestra actividad social y económica.

El mito de la despensa inagotable unido al mito de la fertilidad prodigiosa del suelo amazónico ha sido causa de graves problemas para nuestra región.

Marco de referencia de políticas gubernamentales, ha servido para justificar decisiones de los Gobiernos Centrales, que han afectado y vienen afectando gravemente nuestro medio ecológico y, fundamentalmente, a los Pueblos Amazónicos.

Allí están las sucesivas colonizaciones, dirigidas unas desde niveles gubernamentales, espontáneas otras, pero todas signadas por el fracaso inmediato o mediato, por la ignorancia de los migrantes para tratar al bosque, entre otras razones.

Las consecuencias depredatorias del medio ecológico por esta ignorancia han sido tan grandes como los arrebatos territoriales y culturales inferidos a los Pueblos Nativos.

El telón de fondo de estas expoliaciones ha sido otro mito: el del vacío amazónico.

Inexistentes para las políticas gubernamentales, los Pueblos Nativos, Indígenas y Mestizos, nunca han tenido un real reconocimiento oficial, salvo el que ellos mismos, con sus luchas reivindicativas, vienen logrando últimamente con base en  sus organizaciones  supra étnicas.

Ni los arrebatos inferidos, ni las luchas heroicas de los pueblos nativos, aparecen en la educación oficial.

En la mente de nuestros alumnos hay tal ausencia de la presencia y trabajo creador milenarios de los Pueblos Nativos que, efectivamente terminan convencidos de que la Selva es un inmenso vacío, una región despoblada.

De una u otra manera, pues, la actual educación alimenta esos mitos.

¿Cuánto de la historia de las Culturas Nativas conocen los educandos? ¿Y de sus luchas en defensa y resistencia emprendidas contra el avance de la cultura occidental? ¿Y de sus respuestas creativas?

No, nada de ello.

Por ello, bien podemos afirmar que la actual educación selvática es una educación mitificadora e ideologizante.

Y también, por ello, debemos preparar a los nuevos maestros para desmontar esos mitos, es decir, para ejercer una acción educativa desmitificadora.

La Selva debe ser vista de una manera distinta a la visión tradicional. Tal como es en realidad y sus potencialidades, sus bondades y sus limitaciones. No ideológicamente. No para encubrir intereses de grupos ni de clases.

Una Región con presencia humana milenaria. Con una creación cultural sui géneris, tan valiosa como la procedente de otros ámbitos. Con un bosque en verdad prodigioso, pero de fácil destrucción si no se lo conoce. Con recursos agotables al margen de una política racional de explotación con sentido social e imbricada a un Plan Regional de Desarrollo, elaborado con participación de todos los pueblos que en ella habitan.

Educar a las nuevas generaciones para la defensa y preservación de la Selva y toda su riqueza material y espiritual. Enseñarles a amarla y luchar por su desarrollo, a integrarse a la lucha por el respeto de la personalidad histórica de los Pueblos Nativos, deben ser parte de las tareas y objetivos a lograr con una nueva educación.

Fotos del autor.

domingo, 6 de noviembre de 2011

LA GLOBALIZACIÓN Y LOS PUEBLOS INDÍGENAS




 
Prof. Gabel D. Sotil García, FCEH - UNAP

Quiero decirles que creo que la GLOBALIZACIÓN  es un proceso de larga data en nuestra historia como especie, sólo que no nos dimos cuenta de su gestación sino hasta hace muy poco tiempo, relativamente hablando.

Este comienzo podríamos situarlo en el momento mismo en que, por su maduración, la humanidad tomó conciencia de su diversidad cultural; la misma que la impulsó a buscar canales de entendimiento intercultural y no para hacer desaparecer dicha diversidad.

Entonces, podríamos afirmar, a partir de esta premisa, que este proceso de GLOBALIZACIÓN es un mecanismo creado por la humanidad para entenderse por sobre sus diferencias culturales y no para hacer desaparecer tales diferencias, en el entendido de que si éstas surgieron naturalmente en el decurso evolutivo de nuestra cultura, este proceso de diferenciación cultural es, entonces, consustancial a nuestra especie.

De esto podríamos deducir las siguientes consecuencias:
  • Que el proceso de GLOBALIZACIÓN se encuentra en la actualidad en una de sus fases de desarrollo,
  • Que es un necesidad de nuestra especie, pues su propósito raigal es la búsqueda de comunicación y de disfrute común, pues nuestra interdependencia es cada vez mayor en mayores campos,
  • Que lo que se anhela es la concreción de un estado superior  para el entendimiento entre Pueblos, más allá de sus diferencias culturales,
  • Que, en un entendimiento cabal, la GLOBALIZACIÓN no implica la destrucción de nuestra diversidad cultural,
  • Que, por lo tanto, la GLOBALIZACIÓN buscada por la humanidad debe centrarse en el respeto al ser humano, a los Pueblos y a sus Culturas.

Sin embargo, nuestras constataciones históricas no se condicen con algunas de las deducciones que acabamos de puntualizar, pues hoy podemos ver que, tal y como se está  concretando en estos momentos, no responde a los anhelos de la humanidad, por intereses de quienes hoy detentan el poder mundial. Es decir, hay una evidente manipulación y utilización de este proceso, que calificaríamos de natural en nuestra especie, para favorecer a intereses subalternos de hegemonía mundial, de dominio económico, financiero, político, militar, instrumentado por el acelerado proceso de desarrollo científico y tecnológico con las respectivas consecuencias en las comunicaciones.

Se hace, pues, necesario que asumamos a la GLOBALIZACIÓN como:

  • Un proceso de conjugación de esfuerzos por parte de las sociedades humanas para construir y lograr el bien común,
  • Un proceso que implica un avance cualitativo de la humanidad hacia la concertación, el acuerdo consensual, para lograr, en forma conjunta, no excluyente, mejores niveles de calidad de vida humana. PARA QUE LA HUMANIDAD SE HAGA MÁS HUMANA.
  • Una aspiración  que expresa la profunda disconformidad que actualmente sentimos con nuestra forma de ser humanos; es decir, que si bien nuestra especie es humana, no es todo lo humana que debería ser y que,  por lo tanto, debemos buscar cada vez mejores formas de ser humanos, pues debemos reconocer que hay una potencialidad de ser humanos aún no desarrollada plenamente por nuestra especie y que podría ser lograda mediante la GLOBALILZACIÓN,
  • Y, por lo tanto, es obligación de cada persona y cada Pueblo, el contribuir con una mejor concreción de este anhelo.
Es aquí en donde se requiere la participación plena de los Pueblos Indígenas, para contribuir con su visión propia, desde sus respectivas culturas; pues hoy predomina la interpretación interesada proveniente de los países desarrollados y de sus respectivas instituciones y personas que buscan hegemonía mundial privilegiando y sesgando la GLOBALIZACIÓN hacia el campo económico y dándole un giro, que calificaríamos, de contra natura, al querernos convencer que ello implica la homogeneización cultural que, por cierto, implica también la creación de un único y gran mercado mundial, deleitoso para los apetitos económicos y financieros de las empresas transnacionales, concepción cuyas consecuencias negativas ya las venimos sufriendo a nivel mundial.

Este reconocimiento nos tiene que llevar a plantearnos estrategias desde nuestra visión  de Pueblos diversos que, reconociendo nuestra diversidad (y, más aún, la necesidad de ella), reconocemos también la necesidad de lograr consensos mundiales en aspectos fundamentales para el mejoramiento cualitativo de nuestra especie, tal y como lo venimos constatando a través de las normas jurídicas de vigencia universal, tales como LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS, el CONVENIO 169-OIT, la DECLARACIÓN DE LA TIERRA, DECLARACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS y otros logros superiores que nos convencen de la necesidad de profundizar la conjugación inteligente de nuestros esfuerzos para mejorar nuestra forma de ser humanos y la cada vez más contundente necesidad de una EDUCACIÓN INTERCULTURAL para toda la humanidad.

Es decir, que el mejor sentido que debemos darle a la GLOBALIZACIÓN es concebirla como un mecanismo e instrumento para la búsqueda y concreción de la EQUIDAD, razón por la cual podríamos decir que la GLOBALIZACIÓN es una fenómeno vocacional de la humanidad, a cuyo propósito estamos obligados moralmente a contribuir, dándole un significado rico, diverso, en concordancia con los intereses de nuestra especie y no sólo de los de las empresas transnacionales y países imperialista que buscan su hegemonía mundial.

En pocas palabras, la GLOBALIZACIÓN es para nosotros un reto que debemos asumir para darle y construirle un significado desde nuestras propias perspectivas culturales y que responda a nuestra condición de especie racional, a partir de una profunda actitud crítica frente a su actual forma de concretarse y una, también profunda, reflexión acerca del rol que les toca cumplir a los PUEBLOS INDÍGENAS de esta región y del mundo entero.

Fotos del Prof. Julio A. Trigoso Muñoz, San Lorenzo, Datem del Marañón

jueves, 3 de noviembre de 2011

NOVIEMBRE EN LA REGIÓN OMAGUA



LA EMERGENCIA DE LAS AGUAS (*)

N
oviembre  se construye desde el fondo de los lechos de nuestros ríos y cochas.

Surgen sus días al compás de la emergencia lenta de las aguas, que escalan las riberas para volver al bosque amado, impulsadas por fuerzas que vienen desde las entrañas de la Madre Tierra.

En la alternancia deleitosa de días grises, abrigados por férreos mantos de nubes, con aperturas luminosas de los cielos amazónicos, noviembre avanza renaciendo en las hojas y flores de los árboles prodigiosos  que  nos regalan el deleitoso perfume de los primeros y sabrosos mangos.

Lento ascenso de las aguas
Y es que noviembre se construye  silenciosamente cada noche para amanecer al pie de nuestras puertas y ventanas, fulgurante a veces, gris y triste otras.








Y así, conjugando el tiempo y el bosque, nos entrega el verdor de los árboles, el azul  del cielo infinito y el discurrir multiforme de las aguas que fluyen en los cauces cargando hojas, ramas y flores que juegan con palizadas de troncos, gramalote y huamas, mientras se deslizan lentamente en el viaje sin retorno.

En una de sus noches,  en las playas más lejanas, el ciclo germinativo de las charapas se completa en los profundos nidos por ellas excavados,  para dar vida a nuevos seres que quieren disfrutar de este mundo maravilloso.
 
Ellas sólo esperarán una noche bravía y tempestuosa, de lluvia en torrentes, con rayos, truenos y relámpagos, para salir en eclosión feliz, a expresar su alegre y reverente  saludo a la vida.

En el encuentro feliz con el agua de los ríos y las cochas, las charitos se incorporan  a esa  proverbial diversidad de vida, haciéndola más bella aún cuando se solean displicentes en los troncos y  cantos  de los ríos en las horas en que calienta el sol.


La naturaleza se esmera en presentarse en múltiples ropajes exóticos para ofrecernos su belleza, que parece renovarse cada día en creación continua para nuestra suprema complacencia.

Es así que, en sus noches apacibles, la luna llena se deleita contemplándose en las cochas y tahuampas de remota soledad y, en las tardes borrascosas, se dibuja la figura solitaria de una garza que otea la ignota inmensidad, adornando el encanto de los árboles enhiestos que desafían la indomable tempestad.

LAS CHARITOS

Cobijados por la arena
que su madre colocó,
los huevitos en el nido
tuvieron que esperar.
Eclosión de las crías de charapa (charitos)

El sol les dio calor,
las lluvias, humedad
Y el tiempo silencioso
los hizo germinar.

Hoy ya son charitos
Que salieron a la luz
Luciendo muy graciosas,
Su alegría de vivir.

Veloces van corriendo
Cruzando el arenal
Alegres van buscando
el agua celestial

Su gracia nos seduce
Y también nos compromete
 Pues ellas son riqueza
que debemos proteger. 

 Una lluvia prematura empieza a refrescar el ambiente anhelante de frescor y la tierra sedienta la absorbe presurosa para calmar su calor.

Preparando la fariña
Los peces esperan que se abran las puertas de las cochas, tahuampas y tipishcas para recuperar presurosos los dominios que tuvieron que abandonar, pero ya están depositando sus huevos en los primeros gramalotes y hojarascas, a la espera de la oportuna fertilización que asegure su reproducción.

Es noviembre el mes en que se cierra el círculo en la dinámica hídrica de nuestra región, pues en la sierra de nuestro país ya aparecen las primeras nubes anunciando las lluvias, cuyas aguas nos han de llegar muy pronto recorriendo los inumerables cauces  de ríos y riachuelos de  estos verdes espacios, en los cuales las lluvias y el calor  se combinan en perfecta armonía para generar un escenario propicio para el ser humano, las plantas y los animales en la mayor diversidad imaginable.

(*) Tomado del libro:"OMAGUA, canto al reino de las aguas y los árboles", del Prof. Gabel D. Sotil G.