Gabel Daniel Sotil García
Entre las falsas percepciones que tenemos los peruanos acerca de nosotros mismos está la de percibirnos sólo como un país andino. Mejor dicho, nos hem
os formado sin considerar nuestro inmenso e importante componente forestal.
Esta percepción excluyente ha tenido graves consecuencias para nuestro país, pues las clases dominantes han tomado decisiones siempre en el marco de esta perspectiva. Las diversas políticas de los gobiernos que han asumido el poder político, han expresado esta forma de percibirnos y es así, como parte central de nuestras preocupaciones, es nuestro crecimiento agrario o el desarrollo de nuestra minería, por lo cual tenemos ministerios de agricultura y de minería; pero carecemos de instituciones ministeriales encargadas de nuestro patrimonio forestal.
En nuestra misma selva, los asuntos forestales son asumidos por instancias organizativas de menor jerarquía dentro de una Dirección Regional de Agricultura, sabiendo muy bien que el potencial agrario y pecuario de nuestra región es muy inferior (ínfimo, diremos mejor) respecto al potencial forestal.
El centralismo omnímodo, predominante en nuestro país, nos ha impuesto una visión equívoca, falsa, de nuestra realidad regional y nacional y, por lo tanto, las decisiones políticas que tomamos son también equívocas, pues no nos permiten afrontar nuestra realidad sino un falso supuesto sustitutorio de ella. Como consecuencia, tenemos la persistencia, y agravamiento en muchos casos, de nuestros problemas nacionales.
Por ello, es urgente que aprendamos a vernos, también, como un país amazónico, predominantemente forestal, pues las dos terceras partes del mismo están cubiertas por esa unidad ecológica que llamamos Amazonía Peruana. Sólo entonces, la mirada de los gobernantes costeños lograrán mirar más allá de los Andes, y valorar a nuestra región como un verdadero potencial para nuestro desarrollo nacional en el marco de una estrategia adecuada a sus características, superando la tradicional actitud de percibirla como un simple reservorio de materias primas que sólo sirven para explotarlas hasta su extinción.
Entre las falsas percepciones que tenemos los peruanos acerca de nosotros mismos está la de percibirnos sólo como un país andino. Mejor dicho, nos hem
Esta percepción excluyente ha tenido graves consecuencias para nuestro país, pues las clases dominantes han tomado decisiones siempre en el marco de esta perspectiva. Las diversas políticas de los gobiernos que han asumido el poder político, han expresado esta forma de percibirnos y es así, como parte central de nuestras preocupaciones, es nuestro crecimiento agrario o el desarrollo de nuestra minería, por lo cual tenemos ministerios de agricultura y de minería; pero carecemos de instituciones ministeriales encargadas de nuestro patrimonio forestal.
En nuestra misma selva, los asuntos forestales son asumidos por instancias organizativas de menor jerarquía dentro de una Dirección Regional de Agricultura, sabiendo muy bien que el potencial agrario y pecuario de nuestra región es muy inferior (ínfimo, diremos mejor) respecto al potencial forestal.
El centralismo omnímodo, predominante en nuestro país, nos ha impuesto una visión equívoca, falsa, de nuestra realidad regional y nacional y, por lo tanto, las decisiones políticas que tomamos son también equívocas, pues no nos permiten afrontar nuestra realidad sino un falso supuesto sustitutorio de ella. Como consecuencia, tenemos la persistencia, y agravamiento en muchos casos, de nuestros problemas nacionales.
Por ello, es urgente que aprendamos a vernos, también, como un país amazónico, predominantemente forestal, pues las dos terceras partes del mismo están cubiertas por esa unidad ecológica que llamamos Amazonía Peruana. Sólo entonces, la mirada de los gobernantes costeños lograrán mirar más allá de los Andes, y valorar a nuestra región como un verdadero potencial para nuestro desarrollo nacional en el marco de una estrategia adecuada a sus características, superando la tradicional actitud de percibirla como un simple reservorio de materias primas que sólo sirven para explotarlas hasta su extinción.
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