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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento Ica, Provincia Palpa, Distrito Río Grande, Caserío "San Jacinto", 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL LIT. INFANTIL, ÁREA EXPR. POÉTICAS, MED •RECONOCIMIENTO MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, GORE LORETO., Condecorado con orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) MINEDU. DIPLOMA DE HONOR, por Congreso de la República. 21-03-2019

viernes, 7 de junio de 2013

LO QUE DECÍAMOS HACE 25 AÑOS (6)

Gabel Daniel Sotil García

LA ESCUELA ESMERALDA EN ACCIÓN

LA ESCUELA Y NUESTRO DESARRO­LLO SOCIAL

Todos los grupos humanos están en
permanente búsqueda de su bienestar.
El desarrollo social integral es entendido como un estado superior de sa­tisfacción de las necesidades socioindividuales, que va siendo alcanzado por un pueblo mediante sucesivas etapas de aproxima­ción; por lo tanto, tiene un ca­rácter procesal en su génesis y su naturaleza, por cuanto los grupos huma­nos están en búsqueda permanente de un mejor nivel de satisfacción de todas sus necesidades vitales, psicológicas, socia­les y espirituales; con lo que queremos decir que, de ninguna manera, es un estado definitivo al cual llega y en el cual permanece indefinidamente el grupo hu­mano.

A la consecución del Desarrollo Social Integral contri­bu­yen varios desarrollos parciales, tales como el econó­mi­co, el científico, el tecnológico, el religioso, el estéti­co, el organizacional, el educativo, el sanitario, etc., que cumplen diferentes roles dentro de dicho Desarrollo. Un pue­blo logra, pues, su Desarrollo Social como consecuen­cia del desarrollo de todos los componentes de su dinámi­ca interna.

Idealmente, el Desarrollo Social Integral debe ser armonioso y homogéneo, pero, sucede que en la realidad histórica de un pueblo, generalmente no es logrado en igual magnitud en todos sus componen­tes internos (armoniosidad) ni alcanza el mismo nivel cualitativo en todos los com­ponentes del grupo humano (homogenei­dad). Esto quiere decir que, en el evolucio­nar histórico de cada pueblo, dicho desarrollo va siendo logrado acentuando uno o más de sus componentes, obedeciendo a muchos factores condicionantes, lo cual es traducido o expresado por su estado cultural, que diferencia a un pueblo de otro pero no expresa una jerarquiza­ción cultural entre el uno y el otro.

Cada pueblo aspira a un desarrollo social propio,
que responda a sus características.
Ahora bien, el Desarrollo Social Integral de un pueblo presenta caracterís­ticas que traducen la peculiaridad cultural histórica del mismo, es decir que responde con absoluta coherencia a la personalidad cultural lograda por dicho pueblo en el contacto con su medio a través del tiempo. Dicho de otra manera: cada pueblo con una personalidad cultural definida aspira a un Desarrollo Social propio, cuyas características van implícitas en dicha personalidad, de manera que, desde este punto de vista, no es posible impo­ner un modelo de desarrollo social de una cultura a un pue­blo ajeno a dicha cultura.

Cuando un modelo de desarrollo inte­gral es transferido e impuesto de una cultura a otra: o el modelo se tergiver­sa o la cultura pierde su personalidad (etnocidio). Lo más probable es que la imposición de modelos de desarrollo termi­ne siempre, a la corta o a la larga, hacien­do desapa­recer la cultura del pueblo domi­na­do.

Por otro lado, si bien al parecer todo grupo humano tiene una tendencia y direc­cionalidad espontáneas hacia la búsqueda y logro de su Desarrollo Social Integral, acentuando uno u otro componente en su evolucionar histórico y como consecuencia de la vigencia de diversas fuerzas internas del grupo, sin embargo, es factible su búsqueda y logro intencional­mente mediante la administra­ción racional de las fuerzas psico-sociales del grupo y de sus recursos disponibles, para lo cual se re­quiere de la elaboración de un plan de desarro­llo social integral, que posibilite la conjugación y organiza­ción de todos los agentes y elementos condu­centes a dicho fin. Es aquí en donde a la Escuela le cabe desempeñar un rol coherente y activo dentro del grupo social, con una finalidad preestablecida y en complemen­tariedad funcional con otros agentes de dicho desarrollo.

Cada una de las culturas de nuestra
región tiene derecho a aspirar a un
desarrollo social propio.
En el caso de nuestra región, dada su pluriculturali­dad debemos reconocer que cada una de las culturas existen­tes tiene sus propias aspiraciones en cuanto a las carac­terísticas de su Desarrollo Social y que, en conse­cuencia, es improcedente querer imponer un modelo de desarrollo social proveniente de la cultura oficial a las culturas nativas, tal y como la venido sucediendo hasta la fecha, entre cuyos mecanismos de imposición se ha contado con la Educación, la misma que ha asigna­do a la Escuela una misión eminentemente etnocida.





En nuestra región los planes de desarrollo
elaborados hasta hoy no han respetado la
personalidad histórica de los Pueblos.
 
Por lo tanto, se hace indispensable, por necesidad histórica, la elaboración de un plan regional de desarro­llo social integral, entre cuyos linea­mientos fundamenta­les se considere, en condición de principio inviolable, el res­peto a la direcciona­lidad histórica de cada cultura de los pueblos de nuestra Región y se reconozca el absoluto derecho que tienen a aspirar a su propio Desarrollo Social cohe­rente con su personalidad histórica.

Infelizmente, al no haberse elaborado jamás este plan, todo cuanto se ha hecho en nuestra Región ha obedecido taxativamente a lineamientos centralistas en todos los aspectos de nuestra vida social y la Educación ha venido siendo ejecutada sin sufrir la más leve modifica­ción y, por tanto, la Escuela ha venido actuando, antes que como agente de Desarrollo Social, como agente depredador y mecanismo de imposición cultural. No viene sirviendo exprofesamente para promover el Desa­rrollo Social Integral sino para desactivar las energías y mecanismos de desarrollo de los pueblos de nuestra región, cumplien­do así el encargo de la cultura dominan­te. Las formas en que viene actuando las hemos ya descrito anteriormente.

Para elaborar un plan de desarrollo integral
tenemos que conocer y reflexionar sobre nuestra
realidad regional. Crías de charapa en eclosión.
Por cierto que la elaboración de un plan regio­nal de desarro­llo social integral requiere el conocer y reflexio­nar sobre nuestra realidad, para ser capaces de inven­tar un modelo pluricultu­ral que incentive y consolide el protago­nismo histórico de nuestros pueblos con absoluto respeto a sus caracterís­ticas. Es en este marco que a la Escuela deberá asignárse­le un rol con absoluta compatibi­lidad funcional con las culturas de los pueblos de nuestra región y en absoluta coherencia con las aspiraciones de desarrollo social de los mismos.

Esa es la escuela que tenemos que inventar con la participación de todas las culturas y comunidades regiona­les.


lunes, 3 de junio de 2013

HACIA UNA EDUCACIÓN CON UNA NUEVA ÉTICA AMBIENTAL EN NUESTRA REGIÓN

5 de junio: DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE

Gabel Daniel Sotil García
 
Tierra de ensueños y duras realidades, la selva
es aún el río que debemos aprender a navegar.
La  repetición anual de esta efeméride pareciera que nos está llevando a una rutinización celebratoria sin mayores efectos en el cambio esencial de los comportamientos individuales y sociales respecto a nuestro ambiente, en donde se siguen observando las consecuencias destructivas de nuestras cegueras, ambiciones y  mercantilismos irracionales sobre la integridad de nuestro bosque amazónico.

El conformarnos con ello y no pasar a tomar decisiones sociales y políticas de mayor envergadura hace que cada año celebremos esta fecha en condiciones cada vez más deprimentes, pues las informaciones que nos llegan describen un panorama cada vez más agresivo por sujeción a intereses transnacionales, de naturaleza mercantilista, que significan más y más destrucción ambiental, pese a las declaraciones de políticos y funcionarios en el sentido de defender nuestros intereses regionales.

En verdad, si no tomamos acciones con efectos más contundentes que las simples palabras, seguiremos, años tras años, haciendo celebraciones en el marco de una mayor destrucción de nuestro ambiente amazónico: más tala irracional, más contaminación de ríos y cochas por efectos de la extracción de petróleo, oro, gas, narcotráfico, mayor insalubridad de las ciudades, mayor sobreexplotación de especies biológicas, agotamiento de nuestro suelo por cambio de uso mercantilista, y cuantos males hemos inventado para agredir a nuestro maravilloso bosque, que aún se resiste a creer lo que le está pasando.
Con paisajes de esplendorosa belleza, el ambiente
amazónico debe ser preservado en su integridad.
Por esta razón es que considero de la mayor importancia abordar el tema al que alude el título de este  artículo, pues sin una nueva educación que promueva una nueva ética que rija las relaciones con nuestro ambiente, será imposible que demos  un viraje a nuestra actuación individual y social. Para que pasemos de los avances oratorios a las concreciones fácticas, que son las que cuentan en este caso tan crucial para nuestra amazonía.

Partamos, entonces por reconocer que por la imposición de la cultura dominante, la mestiza de origen foráneo, los valores relacionados con el AMBIENTE, generalmente son obviados, ignorados, cuando en nuestra región hablamos de EDUCACIÓN EN VALORES. Es decir que no damos ninguna importancia a los valores que deben orientar las relaciones con nuestro BOSQUE, como escenario ambiental. Preferimos priorizar los valores económicos, patrióticos, éticos (interpersonales), estéticos, utilitarios, etc. en los que centramos el interés formativo de nuestros educandos. Pero, menos, lo repetimos, ponemos énfasis en los valores que orienten nuestra actuación respecto a nuestro ambiente, como si no tuvieran ninguna importancia.

En realidad, los valores son un componente de gran importancia en las decisiones que tomamos en la dinámica cotidiana. Es decir, que de los valores que tengamos dependerá  que elijamos una u otra opción cuando debamos decidir. Son los valores los que orientan nuestra acción, pues es a partir de ellos que damos mayor  o menor importancia a las cosas u  objetos de nuestro entorno o a las acciones que realizamos y realizan los demás, aceptándolas o rechazándolas.

Los valores están presentes en todas las culturas, pero, dado que existen en una amplia gama o diversidad, no todas ellas enfatizan los mismos valores. Unas sociedades otorgan una mayor jerarquía a los valores económicos, otras a los estéticos, así como a los éticos, a los científicos, a los religiosos, a los utilitarios, etc. Siendo variable esta jerarquía a través del tiempo.

Imponentes amaneceres y atardeceres son los regalos
que nos hace el ambiente amazónico.
A partir de una mirada panorámica a nuestra historia regional, podemos afirmar que  en las culturas indígenas el valor ecológico de los elementos de su entorno fue asumido con una de las más altas  jerarquías en el comportamiento de sus miembros. A partir de su milenario contacto con el bosque, que les proporcionó una rica experiencia y profundos conocimientos, los Pueblos Indígenas amazónicos, construyeron una forma de actuación, tanto individual como colectiva, respetuosa de su entorno natural. Intuitivamente asumieron un universo axiológico ambientalista, de defensa y preservación de su entorno existencial, que les aseguró su pervivencia social y cultural.

Es dicha experiencia la que les posibilitó apreciar, valorar, su entorno existencial; y así, de generación en generación, vía el ejemplo cotidiano, transmitieron a las nuevas generaciones este aprecio y respeto por el río, la cocha, la flora, la fauna, el suelo y cuanto componente descubrían en dicho entorno. Aprecio y respeto que fueran procesados y expresados en la integralidad de sus culturas.

Al incorporarse a este escenario amazónico la cultura de origen europeo, se incorporaron también sus jerarquías axiológicas, haciéndose hegemónicas a consecuencia del avance impositivo de dicha cultura mediante diversos mecanismos, entre los cuales se encontró la educación, tanto natural como formal.

Nos es urgente una educación que nos enseñe a
conocer y preservar las riquezaas amazónicas.
Es así como aprendimos a percibir a nuestro ambiente de manera distinta a la tradicional y establecer nuevas relaciones con él. En concordancia con la nueva estructura de valores todos los elementos ambientales fueron reubicados en una nueva jerarquía y, entonces, el BOSQUE pasó a ser bosque, el RÍO pasó a ser río, la COCHA pasó a ser cocha, el ÁRBOL pasó a ser árbol, etc. pues pasaron a tener sólo un valor mercantil, para la compra y la venta, dejando de ser apreciados por su valor ecológico-espiritual, pues el valor económico ocupó la cúspide de esa jerarquía.

Convertidos en simples mercancías pasaron a ser objetos de compra-venta. El BOSQUE devino en un conjunto de diversas maderas, resinas, cortezas,  tintes, peces, aves, mamíferos, mariposas, petróleo, gas, oro,  etc. con valor sólo para ser extraídas y vendidas; es decir, en lo que es hoy: un bosque, así, con letras minúsculas. Perdió su significado trascendente de BOSQUE, de la mayor jerarquía, que tuvo para los Pueblos  originarios.

En este marco axiológico todo ha adquirido sólo un valor económico. Mercantilismo puro. El  ÁRBOL no es visto como ÁRBOL sino como algo que sólo sirve para transformarlo en madera, carbón, leña, etc., de manera que, puestos  frente a un árbol, lo único que se nos ocurre, por nuestra anémica formación, es cortarlo o talarlo.

En  nuestra actual sociedad no hemos aprendido a verlo y apreciarlo como parte integrante del paisaje natural. Ignoramos que naturalmente cumple funciones ambientales: produce  oxígeno, amortigua las altas temperaturas,  absorbe el monóxido de carbono y demás gases nocivos para la salud, viabiliza la evaporación de las aguas (por ello hay nubes y lluvias), retiene las aguas de las lluvias para liberarlas progresivamente (por ello existen los arroyos, quebradas, manantiales, etc.), protege al suelo (evita su erosión por las fuertes precipitaciones), sirve de hábitat a las aves en cuyas ramas anidan, se protegen y posan, nutre al suelo, ornamenta el paisaje, brinda una sombra refrescante, sus frutos alimentan a las aves y mamíferos (incluyendo a los seres humanos), …Todas ellas funciones de la mayor trascendencia en la dinámica ambiental, aun no valoradas, a condición de mantenerlo en pie.

Igual viene sucediendo con la cocha y el río, a los que sólo  vemos como proveedores de peces para el consumo y la venta, pero no en su función ecológica como fuentes y hábitat necesarios para la diversidad de vida y, por lo tanto, los estamos convirtiendo en basureros de los pueblos y ciudades. A nuestro suelo sólo lo vemos como medio para producir cosechas y no en su interrelación con los árboles, el ambiente, la flora, la fauna, etc.

El cultivo de la relación armónica con nuestra naturaleza
es una tarea que debemos emprender desde la educación.
En resumen, no hemos aprendido a darle valor ecológico a nuestro bosque y todas sus riquezas. Dominados por el economicismo, en todas sus manifestaciones patológicas, nos hemos olvidado que entre los valores en los que prioritariamente debemos educar a las nuevas generaciones deben estar los VALORES ECOLÓGICOS, aprendiendo de la sabiduría de los Pueblos Indígenas que somos hijos de la naturaleza, que somos parte de ella y que, si no frenamos la exacerbada artificialización, hacia la que nos dirigimos, seremos víctimas de nuestra propia destrucción.

Es este economicismo, mercantilismo puro, lo repetimos, el que nos está llevando a la peor catástrofe de la humanidad, generada por nosotros mismos. El cambio climático, cuyas evidencias se hacen cada vez más contundentes y catastróficas, nos tiene que obligar a un cambio profundo en nuestra actuación frente a la naturaleza. A nuestra TIERRA.

Cambio que sólo podrá ser logrado a partir de una EDUCACIÓN ECOLOGÍCA, FORESTAL en cuyo marco formativo las nuevas generaciones aprendan a valorar su entorno ambiental, adquieran profundos conocimientos de nuestra realidad forestal, de su complejidad, de su dinámica, etc.; nuevas capacidades de uso no destructivo de sus recursos; se comprometan con su preservación, etc.

La riqueza florística y faunística es  proverbial en
el ambiente amazónico. Puma Garza en la fronda.
La urgencia de esta EDUCACIÓN tiene que ser la respuesta a la toma de conciencia de la importancia que tiene nuestra AMAZONÍA en el contexto ambiental global, planetario.

Bien haríamos, pues, en incorporar los valores ecológicos: amor y respeto a la naturaleza, a la diversidad biológica, al ambiente, a nuestros recursos naturales, el cuidado de los jardines, de las plantas, del aire, de nuestras calles, de las aves, de las flores, de nuestra comunidad, etc., como referentes de primer orden para nuestro comportamiento individual y social.

Urgencia mayor ahora que se anuncia la concesión de más lotes petroleros en nuestra región.



EL EXILIO DE LAS AVES SILVESTRES

En verdad, estamos transformando a
Iquitos en  una ciudad inhabitable
para árboles, aves y humanos.
Ilust. José Morey Ríos.

Gabel Daniel Sotil García

¿Y dónde estarán las avecillas silvestres
 Deleitosas y de mil colores?
¿Adónde habrán ido
Con sus trinos y cantares? (*)

Por la falta de una educación ambiental pertinente a nuestras características geo-ecológicas, nuestra ciudad viene siendo agredida indeteniblemente en cuanto a su riqueza natural referida a los árboles y las aves silvestres, con quienes armónicamente podríamos muy bien compartir el espacio urbano, de no haberlo transformado en un entorno realmente agresivo para su subsistencia.

De un tiempo a esta parte hemos venido siendo testigos de la insania con la que las recientes gestiones edilicias compiten para destruir aquellos elementos naturales que representan las prodigiosas características con las que la naturaleza nos ha dotado. Regalos portentosos que deberíamos aprender y enseñar a valorar, amar y conservar para disfrutar de sus beneficios.

Los árboles, lo sabemos bien a partir de investigaciones científicas, nos brindan grandes servicios ambientales: su belleza, su frescor, la purificación del aire, hogar para el reposo y anidación de las aves silvestres, etc.

Aves que huyen de las condiciones deprimentes
de la ciuddad.
El PAUCAR. Ilust. Jaime Choclote 
Sin embargo, es fácil ver cómo son maltratados: erradicados, cortados, destruidos con podas hechas con sadismo, sin un elemental criterio estético, como si tuviéramos una profunda aversión a su presencia. Es decir, tratados con caprichos propios de quienes ignoran su importancia, que hacen que muchos de ellos más parezcan esperpentos que nos enrostran, con sus rictus de dolor, sus reproches a nuestro incomprensible proceder.

Debemos inculcar a los niños el amor y respeto  por
los árboles y las avecitas silvestres.
Como consecuencia de dicho atropello, hemos venido quitando hogar a las avecitas silvestres,  arrojándolas del seno de nuestra ciudad, en donde la polución por ruidos y humos, los malos olores y la falta de ramas en donde protegerse y anidar, hacen que emigren hacia los bosques cercanos en procura de la tranquilidad y seguridad que requieren. Simple y llanamente, hemos decretado su exilio, que no puede ser más injusto, pues no son culpables de compartir este espacio con nosotros los humanos.

Hace tiempo que se fueron
Hace tiempo que no están
Hace falta su presencia
Y su canto forestal
Pues sus vuelos ondulantes
Que orlaban el espacio
Se hacen extrañar.

A nuestras autoridades se les ha ocurrido quitar frondosos árboles y remplazarlos por palmeras que, si bien son hermosas y pudieran ser sembradas en determinados ambientes decorativos, no poseen las propiedades protectoras que tienen los árboles, tanto para nosotros como para las propias aves silvestres.

¿A quién se le ocurriría reposar disfrutando el frescor de una de las palmeras que hoy vemos en calles y plazas? ¿Anidan en ellas los pajaritos silvestres?

Al ritmo depredatorio de nuestro bosque que hasta el
momento venimos imprimiendo, dentro de muy poco
este será el paisaje que tendremos.
Ilust. Jaime Choclote.
Una región, como la nuestra, con tanta riqueza en diversidad forestal, cuyos árboles, de fronda prodigiosa, podrían ser mostrados en sectores previa e intencionalmente elegidos para dar belleza natural a nuestra ciudad, reduce sus atractivos a un mínimo de expresiones por falta de criterios para darle la posibilidad de brindar un mensaje ecológico coherente con nuestras características.

Sembrémosles más árboles
Que protejan su vivir
Limpiemos nuestras calles
Y toda la ciudad.


Si bien es verdad que los Municipios no pudieran contar, por motivos presupuestales o de obtusa percepción, con el personal idóneo para tomar este tipo de decisiones, muy bien podrían entrar en convenios con las instituciones que sí les podrían brindar un excelente asesoramiento, como las universidades y centros de investigación. De manera que podamos hacer de la nuestra una ciudad con las características físico-ambientales que requerimos para vivir en un entorno saludable, no solo para los seres humanos, sino también para las plantas y avecitas que demandan nuestra inteligencia para vivir en paz, que es lo que nos reclaman en cada uno de sus cantos matinales y vesperales. Pero, no sigamos maltratando a los pocos árboles que tenemos, con caprichosas podas que afean y destruyen su natural belleza, que tanto requerimos para un mejor vivir.

Recién entonces volverán
Cantarán cada mañana
Y en cada atardecer
Nos darán sus melodías
Y también su amistad.
Depende de nosotros que las avecitas silvestres vuelvan
a adornar nuestros cielos en amaneceres y atardeceres.
Ilust. Jaime Choclote

No sigamos pues, con tanta tozudez, destruyendo nuestra ciudad. En nombre de las avecitas silvestres, que aún quieren venir a embelesarnos con sus melodías, pido a quienes tengan oídos para escuchar, poner término a este injusto exilio y decretar su retorno triunfante para deleite de nuestra vida.



(*) Fragmentos del poema “Mis penas forestales”, publicado en Sotil, Gabel. (2009) “Alegre Amanecer”, poemario para la educación forestal, AECID. Iquitos.

Artículo publicado en semanario KANATARI, 02-06-13, www.ceta.org.pe

lunes, 27 de mayo de 2013

LO QUE DECÍAMOS HACE 25 AÑOS (5)

 Gabel Daniel Sotil García

LA ESCUELA Y NUESTRO DESARROLLO ECONÓMICO

Las potencialidades de nuestro suelo deben ser
aprovechadas racionalmente con fines de promoción de
nuestro desarrollo.

¿En qué medida la escuela

actual tiene un rol activo en 

la formación del potencial 

que requiere el actual y 

futuro desarrollo económico 

regional?

¿Es la Escuela el escenario en el cual el educando adquiere los conocimien­tos, las actitudes y destrezas que lo capaciten síquica y orgánicamente para su desempeño económico - productivo?

Por cierto que, si hay algo más ajeno a la intencionali­dad formativa de la escuela actual, eso es la educación en el trabajo de la infancia, niñez y juventud de nuestra región. Está tan desvinculada de la dinámi­ca produc­tiva comunal que las actividades de siembra y cosecha, realiza­das por la comunidad en ciclos previsibles y en períodos conocidos, le significan una interferencia a su "función formadora".

Conocimientos y actitudes que capaciten
a los alumnos para el ejercicio de
nuevos comportamientos dirigidos
a la promoción de nuestro desarrollo.
Los factores determinantes para el asentamiento de un grupo humano han sido y son el suelo y el bosque. Todas nuestras comunidades han tenido como referente para su ubicación el potencial silvo-agro-pecuario de su espacio físico. Por lo tanto, las posibilidades de nuestro desarro­llo económico están íntimamente vinculadas a estos factores, por lo que no nos queda sino pensar en modelos de desarrollo regional que partan del uso y manejo del bosque, el suelo y la riqueza pecuaria, de los que dispone­mos en abundan­cia (pero que no son inagota­bles al margen de una política de uso y conservación racionales).

Sin embargo, la educación que venimos brindando en nuestras escuelas, ignora esta realidad, formando niños y jóvenes sin ninguna vinculación (o con una vinculación tergiversada) con estos factores. No se los forma en el conocimiento de su realidad inmediata, por lo tanto ignoran, vía la escuela, la riqueza de su suelo, su bosque, su fauna. Tampoco reciben capacitación operativa para el manejo y uso de dicha riqueza. Actitudinalmente termi­nan siendo negativos respecto a las actividades que se relacio­nan con dichos elementos. Por cierto que, final­mente, en lo que a destrezas laborales se refiere, en todo su período escolar no tienen oportunidades sistemática­mente planifi­cadas de usar herramientas laborales con fines explícita­mente formativos.
Incorporar a la escuela a las actividades
productivas de su comunidad hará que
esta logre ser instrumento de desarrollo.

Tenemos así una escuela pasiva, que sólo sufre las consecuencias de la actividad económica comunal, pero no desempeña un rol activo en la formación de educandos cognoscitiva, actitudi­nal y operativa­mente capacitados para incorpo­rarse a la dinámica económica de su comuni­dad como entes generadores de riqueza material, que sirvan de base para crear mejores condicio­nes de vida comunal.

Las posibilidades de los huertos productivos en sus niveles escolar, familiar, comunal e intercomunal, pese a que de ellos se hable desde muchos años atrás, aún no son aprovechadas, tanto con fines pedagógico - formati­vos como con fines de producción. Para crearse una escuela lo único que se exige en las zonas urbanas, semi urbanas y rurales, es un área para su local. Nadie piensa en el área para el huerto. Tampoco se ha pensado en el uso productivo de los grandes espacios (huertas) que tienen las casas tanto urbanas como semi ur­banas y los espacios que hay entre casa y casa de las unidades familiares en los caseríos rurales.
Eclosión de crías de charapas en playas artificiales.
Este y otros aprendizajes serán necesario para que la
escuela apoye la capacitación de los educandos para
para el trabajo productivo, a partir del uso
racional de nuestros propios recursos. 
 Es decir, todo un potencial aprovechable para la producción de alimentos para el autoconsumo familiar y el intercambio vecinal y comercial, no es utilizado. el uso intensivo y extensivo de ese suelo no es incenti­vado. La escuela, que bien podría, en coordinación con otros sectores, realizar ese rol promotor y orientador, carece de las característi­cas operativas que le posibiliten asumirlo. Es a través de ella que la actitud consumista va reemplazan­do a la actitud producto­ra de nuestra población, proceso que es acelerado por la acción de los medios de comuni­cación masiva, en los cuales la palabra com­prar es la que más se repite diariamente. Con ello vamos logrando que la población más se preocupe por conseguir dinero para comprar que para produ­cir. Lo cual tiene tremendas consecuencias para nuestra dinámica económi­ca, social y cultural.

¿Podremos diseñar una escuela que revierta este proceso?
Creemos que es urgente porque, de lo contrario, seguiremos recibiendo niños famélicos, anémicos, desnutridos, "cansados", parasitados, con rendimientos escolares deficientes y otras carencias más.


domingo, 26 de mayo de 2013

RESISTENCIA INDÍGENA AL PODER REPUBLICANO (2): EN EL MARAÑÓN

Gabel Daniel Sotil García

Parte del extenso territorio ancestral de la gran nación Jíbara,
teniendo como eje de referencia al río Marañón, escenario
de sus sucesivas protestas por la destrucción de su
legado cultural  e invasión territorial.
En 1830 los Aguarunas y Huambisas, pertenecientes a la gran familia lingüística Jíbara, se sublevan en el Alto Marañón y sus afluentes, Santiago y Morona, el 15 de febrero bajo la jefatura de Anaconi, cometiendo asaltos en diversos caseríos de colonos mestizos.

En carta del gobernador de Santiago al gobernador de Misiones, transcrita en la obra “Colección de Leyes, decretos, resoluciones y otros documentos oficiales referentes al departamento de Loreto”, tomo IX, páginas 284 – 285, de Larrabure y Correa, se informa sobre estos desmanes, por lo que la misiva firmada por Benselao Gómez, gobernador de Santiago, pide el auxilio respectivo al gobernador de Maynas.

A nueve años de jurada la independencia del Perú en Lima y Moyobamba y sellada después en duras batallas en Maynas (1822) y en Ayacucho y Junín (1824), los indígenas del Alto Marañón, del Santiago, Morona, Tigre y Pastaza, no sienten como suyos estos hechos, pues seguían siendo víctimas ya no de los soldados y misioneros españoles sino de los mismos peruanos republicanos que invadían territorios indígenas ejerciendo el papel de colonos patronos, que imponían relaciones de trabajo de tipo feudal, en contra de la vida libérrima de los indígenas.

La resistencia de la Aguarunía duró más de 25 años, en los que se van desatando diversos levantamientos, con los que pudieron desalojar a los blancos de las ciudades de Santiago de las Montañas. La nación jíbara quiso reconquistar los territorios que le habían pertenecido desde siglos atrás y que los perdieron con la invasión española, invasión rechazada desde 1699 cuando destruyeron los poblados de Logroño, Baeza, Valladolid y Sevilla del Oro. Doscientos años después, en plena República, la jíbaría seguiría luchando por lo que era de ellos por derecho ancestral.

En 1834 las autoridades de los pueblos de la región baja informaban constantemente de los hechos que sucedían poniendo en peligro a Santiago y Borja.

En 1839 Santiago y, principalmente Borja, sufren los ataques de los Aguarunas y Huambisas. En el mes de febrero de este año mataron a los ciudadanos José Maldonado y Manuel Rodríguez.

En 1840 los jíbaros reconquistaron toda la región que les había sido arrebatada durante el siglo XVI. En las luchas por la reconquista quedaron destruidas por el saqueo  Borja, Santa Teresa, Barranca, La Peca y Copalín.

Es por  causa de la destrucción de Borja a manos de los huambisas, que los colonos Borjeños huyeron aguas abajo del Marañón, llegando a un lugar apacible llamado en ese tiempo “Caserío de los Iquitos”, a orillas del Amazonas y rodeado por el Nanay, Itaya y Moronacocha. En donde se asentaron, siendo los forjadores de la ciudad de Iquitos, cuyos apellidos hasta hoy perduran en muchas familias de la capital de Loreto. La zona era de la etnia de los Iquitos, quienes, ante la presencia de los blancos y mestizos venidos de Borja, se retiraron paulatinamente hasta donde se encuentran en la actualidad en el Alto Nanay y su afluente el Pintuyacu. Por el año de 1841, el tránsito por el Alto Marañón fue muy restringido por el peligro latente que implicaba la rebelión jíbara.

En 1843, se realiza otro suceso que encontramos en la vasta obra de Larrabure y Correa. El curaca Huambisa, Ambushe,  ataca el pueblo de Santa Teresa del Alto Marañón, originando una matanza que provoca una lluvia de informes, oficios y disposiciones de las autoridades.

La zona del Alto Marañón es lugar de riqueza aurífera en los lavaderos; a ellos, siempre quisieron ingresar sin tropiezos los colonos que,  en ocasiones, comerciaban con los mismo huambisas. Ante la resistencia de éstos el negociante Canuto Acosta los amenazó   con la supuesta llegada de soldados para combatirlos. Ante esta amenaza, Ambushe ordena una matanza que liquida a 47 personas y ordena también el rapto de mujeres y niños. Santa Teresa quedó completamente destruida. Cuando llegaron algunas fuerzas de represión, erróneamente dieron muerte a un  grupo de indígenas inocentes, pues los huambisas ya habían huido.

Pareja Achuar, en la actualidad. Conservan
sus valores culturales en base a una
dura resistencia a la invasión de que
fueran objetos.
En 1844, se organiza una expedición que “redescubre” la región, al mando de Manuel Ijurra. A pesar de los peligros para los extraños a los huambisas, éstos lo arriesgaban todo empujados por la búsqueda de muchas riquezas, principalmente el oro. El mito que había impulsado a los españoles del siglo XVI todavía latía en el pensamiento de muchos aventureros.

En 1851, por otro lado, las autoridades querían “pacificar” la zona. En este año el Sub prefecto de Maynas, Sr.  Pablo Ortiz, realiza una expedición al Alto Marañón y Santiago, para “desalojar” a los Aguarunas y restaurar los pueblos destruidos de Santiago y Borja, lo cual por cierto fue imposible.

En ese mismo año de 1851, el pueblo de Barranca se siente amenazado por los huambisas, lo que pone en alerta a las autoridades de Maynas.

En 1853, nuevamente los huambisas pero, esta vez aliados con los Muratos del Bajo Pastaza, destruyen los pueblos de Borja, Santa Teresa, Limón, Barranca, Barranquilla, San Antonio, Santander del Alto Marañón.

En 1897, para el oficialismo y las autoridades, el desarrollo de la región del Alto Marañón estaba interrumpido por los frecuentes ataques de los Aguarunas, Huambisas y Nantipas a los pueblos de esa zona.

Nada quedaba de los descendientes directos de los españoles que se asentaron durante la colonia. Los pocos que quedaron estaban impactados con el síndrome jíbaro.

En 1903, a fines de mayo, los Aguarunas atacaron el poblado de Nazareth, propiedad de Amadeo Burga, matando a todos los blancos y mestizos del lugar. Luego, los sediciosos bajaron al Marañón realizando asaltos en los poblados de Timashto, Pate, Numpa, Chipe, Huabico y boca del Sinipa. La casa-misión de Huabico fue completamente reducida a cenizas, siendo asesinados el misionero R.P. Calle y el hermano Fr. Miguel Elilajolí, el día 4 de junio de ese año.

En 1904, los Aguarunas, ubicados en el Alto Marañón paran el avance misionero iniciado el año anterior por el P. Bernabé Calle (Agustino) y el coronel La Rosa. Con esta acción, los Aguarunas demuestran una vez más su decisión de seguir luchando por su libertad en el Alto Marañón, lugar en donde los comerciantes cometían muchas arbitrariedades en el intercambio, pues eran ellos  quienes les proveían de armas de fuego.

Santa María de Nieva, en la actualidad. Una de las
primeras ciudades fundadas por el avance
conquistador colonial, dentro del territorio
jíbaro.
Una referencia especial debemos hacer a Samarén, un Huambisa perdido en la leyenda, quien a comienzos del siglo XX, destacó como gran jefe de jefes, cuyo accionar se pierde en la bruma del tiempo en pleno período de explotación cauchera.

De Samarén se ha difundido a través de la oralidad muchas historias siempre superlativas, en el sentido de que fue un cacique excepcional por su carisma, por sus habilidades guerreras, de gran boga y cazador. Se ha dicho que fue un indígena con sangre de raza blanca, derivada de los raptos que sus antepasados realizaban en los pueblos españoles.

Otros le han dado el título de defensor de los territorios indígenas contra la penetración de los buscadores de oro y extractores de caucho; otros, como defensor de la frontera contra las incursiones de soldados ecuatorianos, difundiéndose el suceso de haber sido detenido por dichos soldados  invasores, cuando éste trataba de repelerlos. Samarén fue obligado a besar la bandera del Ecuador y renegar contra el Perú, pero el gran jefe Huambisa se negó como peruano, por lo que fue martirizado por la soldadesca hasta quitarle la vida.

Otros cuentan que la muerte del gran jefe Samarén, se debió a una emboscada organizada por indígenas Aguarunas, para evitar que el guerrero se llevara a Mirena, una hermosa mujer de dicha etnia.

Como todo personaje que se pierde en la leyenda, es motivación para la creación literaria, como el famoso canto que el escritor Rómulo Paredes dedicó a Samarén, ese gran jefe Huambisa.

Miembros de la etnia Achuar, integrante
de la Jibaría, conjuntamente con los
wampis, awajún, jíbaro, kandozi, shapra
. 
Consideramos interesante incluir fragmentos del artículo que publicó la revista “Amazónica” (marzo - abril 1992) del escritor amazónico Luis Hernán Ramírez: “Rómulo Paredes: La Crónica, Costumbrista y el Poema de Protesta”, en el que se informa sobre el canto a Samarén.

Refiriéndose en primer lugar al escritor Rómulo Paredes Ramírez, dice que en 1906 llegó a Iquitos para hacerse cargo en la judicatura (Juez de Primera Instancia) y permaneció en la ciudad durante 14 años, durante los cuales ejerció el periodismo compenetrándose en la problemática amazónica, por lo que en 1911 Rómulo Paredes, en su calidad de Juez de Iquitos, asumió el amparo jurídico de los derechos humanos de los nativos boras y huitotos del Putumayo y realizó una visita a esa zona a raíz de la campaña internacional de acusación y denuncia por los crímenes y abusos imputados a Julio C. Arana y a la Peruvian Amazon Rubber Co. El informe de Paredes sobre este sonado caso – un legajo de 300 páginas – dio lugar a 237 detenciones (suceso histórico del que nos ocuparemos más adelante).

En el párrafo que dedica a Rómulo Paredes, como inspirado autor lírico, dice lo siguiente: “...El canto a Samarén de Rómulo Paredes pone de manifiesto la visión de una selva grande y generosa, sin el oprobio de la explotación ni el crimen, dos estigmas que marcan la presencia del blanco en la selva durante el período cauchero :

Samarén, querido jefe,
distinguido compatriota,
Samarén, amo del bosque,
Samarén: escucha y llora.
Egoístas y ambiciosos, medio siglo hemos perdido
y un ideal sólo ha movido nuestros duros corazones,
un ideal: el de la goma;
Y en pos de ella hemos bregado con tesón y con bravura,
escribiendo en cada sitio una acción grande y hermosa
pero el crimen, siempre el crimen, malogró esas odiseas
         y la leche blanca y pura, la volvimos sangre roja.
Samarén amo del bosque,
Samarén: suspira y llora.
Nunca vengas, nunca bajes ese río traicionero,
siempre sean estas tierras, para ti, tierras ignotas
a las cuales la calumnia, el más vil mercantilismo,
las injurias y la holganza fuertemente las azota.
¿Qué hallarías si vinieras? Hallarías otra tribu
inferior a la que guías, tribu hipócrita y de idiotas,
sin moral y sin conciencia, imitando solamente
de los pueblos superiores, las maldades y las ropas.

 Líneas abajo se lee:

El gobierno de tus flechas que domine las bajezas,
el gobierno poderoso de tus brazos que se imponga,
y así habría patria buena, patria grande;
así habría paz, trabajo y progreso y reformas;
Evidencias de la presencia milenaria de los pueblos
de la nación Jíbaro. Restos arquelógicos del sitio
La Luna, río Morona.
sólo así se alzará hermosa, sobre el gran montón de ruinas
y desastres y despojos, la esperada y nueva aurora”.

Como vemos, Samarén es un símbolo perdido en la leyenda reciente del siglo XX, que representa la conciencia colectiva del pueblo amazónico, dispuesto permanentemente a luchar contra toda invasión de cualquier índole que afecte los genuinos intereses de la región.



Es necesario que revaluemos positivamente a los grupos Aguaruna, Huambisa, Murato, de la familia lingüística Jíbaro, por su lucha librada desde el inicio de la invasión europea del siglo XVI hasta el período de la República, incluidos los primeros años del siglo XX, defendiendo terca y valerosamente, como los demás Pueblos Nativos, su patrimonio territorial heredado de sus remotos antepasados. Esto debe llevarnos a repensar la búsqueda de una integración bajo normas estrictamente democráticas interindividuales e interculturales, de mutuo respeto de las diferencias culturales.

 Nota. Artículo extraído de: "Panorama histórico de la Amazonia Peruana, una visión desde la Amazonía", H. Morey A. y G. Sotil G. Iquitos, 2000.