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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento Ica, Provincia Palpa, Distrito Río Grande, Caserío "San Jacinto", 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL LIT. INFANTIL, ÁREA EXPR. POÉTICAS, MED •RECONOCIMIENTO MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, GORE LORETO., Condecorado con orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) MINEDU. DIPLOMA DE HONOR, por Congreso de la República. 21-03-2019

lunes, 24 de marzo de 2008

LA EVALUACIÓN DOCENTE Y LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN


GABEL DANIEL SOTIL GARCÍA
A la altura de los tiempos culturales en que nos encontramos, ya no cabe ninguna duda de que la calidad de vida que una sociedad alcanza tiene en la calidad de la educación uno de sus factores más importantes.
Por lo tanto, cuando decimos que nuestra educación tiene baja calidad, lo que queremos decir es que sus características ya no garantizan una vida social con mejores condiciones de vida.
Es decir, de seguir con el actual sistema educativo en nuestro país (y región, por lo tanto), seguiremos profundizando nuestra pobreza, nuestro subdesarrollo; seguiremos mal utilizando nuestros recursos naturales, deteriorando nuestro ambiente (¡Pobre bosque!), destruyendo nuestra diversidad cultural, excluyendo o marginando a importantes sectores poblacionales, consolidando las injusticias, mirándonos con prejuicios, consolidando la desnutrición crónica, la anemia, la parasitosis, los bajos niveles de aprendizaje, el desconocimiento de nuestra realidad nacional (y regional), fortaleciendo nuestra dependencia psicológica, avergonzándonos de ser peruanos, etc., por una sencilla razón: del tipo de educación dependen los conocimientos que adquiramos, las habilidades orgánicas y psíquicas que desarrollemos, las actitudes que asumamos, los valores que practiquemos, etc.
Esto nos permite afirmar que lo que está en cuestión no es un determinado componente del sistema sino todo el sistema: desde el porqué, el para qué y el cómo. Las bases, los principios, la organización, la operatividad, los objetivos, etc. de la actual educación ya son obsoletos.
Los aprendizajes de nuestros educandos están afectados de inutilidad, impertinencia y disfuncionalidad para fines de cambio social, aunque sí sirven para mantener y perennizar las actuales condiciones de nuestro país.
Está completamente claro que lo que aprenden nuestros estudiantes en su paso por el sistema educativo nacional (y regional) no es lo que necesitan aprender para incorporarse positiva, eficazmente, en sus respectivas comunidades.
Hasta el momento, el Ministerio de Educación no ha demostrado sino apego a la tradición, falta de actitud crítica y reflexiva frente a la tarea que le compete realizar y carencia de compromiso con nuestro país. Está dirigiendo su accionar a lo espectacular, a lo conmocionante.
Si bien es verdad que el profesorado es factor de trascendental importancia en el desarrollo de la educación, no es tan importante como la política educativa en sí, que es la que determina el rol y sentido de cada componente de la educación; panorama dentro del cual cada elemento tiene su prioridad y su significatividad en relación al todo. Es en relación y dentro del marco que les diseña dicha política que el material educativo, la infraestructura, el mobiliario, el calendario de estudios, las normas administrativo-pedagógicas, la política de formación y capacitación permanente del profesorado, el reconocimiento de los derechos magisteriales, el currículo de estudio de los alumnos y de formación del profesorado, etc. adquieren un sentido y grado de importancia.
Si el Ministerio hubiera querido realmente mejorar la calidad de la educación nacional, hubiera comenzado por lo prioritario: poner en debate una nueva política educativa y tener, así, los criterios con qué dicidir temas como, por ejemplo si lo que sabe el profesorado nacional es lo que necesita saber para enseñarlo a las nuevas generaciones en valores, actitudes, conocimientos, habilidades intelectuales, etc. para producir los cambios que necesitamos como país con miras a mejorar la calidad de vida de todos los peruanos.
La evaluación que acaba de hacerse al magisterio nacional, con tan espectaculares resultados, muy bien aprovechados por el ente representativo del centralismo educacional, no nos dice sino que el magisterio ignora lo que se le ha preguntado; pero, el Ministerio no se ha preguntado si lo que ignora el magisterio es o no es útil para nuestro país, pues: 1) no sabemos hacia dónde queremos dirigirnos como país y, 2) si lo que se ha evaluado es lo que debe saber el magisterio para generar los cambios que nuestra nación (y región) requiere.
Desde mucho tiempo atrás, diversos y connotados analistas de nuestra educación nos vienen recalcando el teoricismo predominante en la misma, lo que quiere decir, simple y llanamente, que el cúmulo de aprendizajes que adquieren nuestros alumnos no les sirve para actuar productiva y creadoramente en la dinámica socio-económica y cultural de sus respectivas comunidades, pues lo que aprenden en su paso por el sistema, no les da idoneidad para producir los cambios que requieren nuestras diversas realidades regionales. Conocemos, también, del racismo con que se elabora el currículo nacional, así como su carácter impositivo e impertinente, pese a lo que se declara en sentido contrario por las autoridades educacionales.
Además, ¿se ha contrastado lo que se ha evaluado con lo que ha aprendido el profesorado en su proceso de formación? ¿No sabemos, acaso, de la enorme diversidad de currículos de formación que las instituciones formadoras (con la debida e irresponsable autorización del propio Ministerio) han elaborado, muchas de las cuales jamás debieron ser autorizadas?
Cerrar los ojos ante esta realidad tan grande como nuestro país (y región), es buscar pretexto para echar la culpa a quienes no la tienen, pues los Maestros y Maestras somos víctimas de la ceguera de la clase que siempre ha detentado el poder y, por lo tanto, ha tomado las equívocas decisiones, cuyas consecuencias las estamos pagando todos.
A nuestro modesto entender, entonces, no es el Magisterio nacional el que sale cuestionado de esta evaluación, sino el propio Ministerio que, por el centralismo al que se resiste abandonar, se niega a enriquecerse con nuevas perspectivas de enfoque multicultural; multiculturalidad que es característica esencial de nuestro país y, que, por lo tanto, debe ser punto de partida fundamental para la educación nacional.

jueves, 14 de febrero de 2008

EDUCACIÓN AMBIENTAL, !CUÁNTA FALTA NOS HACES!


Gabel Daniel Sotil García

En el presente no estamos sino siendo víctimas de las omisiones que cometimos en el pasado, tanto en el nivel nacional como regional, pues la destrucción de nuestros bosques (con sus consecuencias en el cambio climático de nuestro planeta), la contaminación de nuestros ríos y cochas, la extinción de muchas especies faunísticas y florísticas, el envenenamiento de nuestra niñez, el arrebato de los territorios a los Pueblos Indígenas, el irracional uso de nuestros recursos, el deficiente y tergiversado conocimiento de nuestras riquezas, las pérdidas de nuestros territorios forestales a lo largo de nuestra historia regional, la complicidad con quienes sólo quieren aprovecharse de nuestra selva, sin importarles las depredaciones que le causen, la anteposición de los intereses extranjeros y mercantilistas al interés de quienes, personas y Pueblos, vivimos en ella, etc. no son sino las evidencias contundentes de que en el pasado nos faltó compromiso con el futuro de nuestra hermosa y pródiga región.

Falta que, infelizmente, la seguimos cometiendo por estar bajo las decisiones de instituciones y personas que sólo tienen un interés burocrático respecto a nuestro país y región, pues si tuvieran un mínimo de actitud autocrítica y reflexiva, frente a tales evidencias lo menos que hubieran decidido es el cambio de nuestra educación, para transformarla en el instrumento de desarrollo que debe ser.

Si oportunamente nos hubiéramos educado en los valores ambientales; si hubiéramos tenido claro que, cuando cantamos nuestro Himno Nacional, estamos expresando nuestro amor y compromiso vital con nuestro territorio, al que hemos dado el nombre de Perú, y que éste no es sino el ambiente extenso, grande y grandioso, en que vivimos; si tan solo hubiéramos tenido en cuenta que el patriotismo es un sentimiento, no una mera declaración, que nos liga con una parcela de ese inmenso territorio de la raza humana que es la Tierra, sentimiento que es la respuesta humana natural de agradecimiento por contar con un espacio en donde realizarnos como seres humanos, no hubiéramos causado los terribles daños que estamos causando a nuestro suelo patrio, al que decimos amar mucho, pero, al cual venimos agrediendo, tanto individual como colectivamente, de una y mil formas, unas abiertas y otras encubiertas.

Formas destructivas que venimos renovando y fortaleciendo desde que los Pueblos Indígenas dejaran de tener hegemonía cultural en nuestro país; mejor dicho, desde que dicha hegemonía le fuera arrebatada por la actual cultura mestiza o criolla, que sigue consolidando su supremacía sin un cambio sustantivo en sus valores respecto al ambiente.

Bien sabemos que entre los valores de mayor jerarquía de todos los pueblos originarios de nuestro país y región, los relacionados con el entorno ambiental ocuparon los más altos niveles. Desarrollando una educación ambiental en forma natural, espontánea, las generaciones mayores enseñaban a las nuevas, en el marco de la dinámica comunal cotidiana, el conocimiento y el respeto a su ambiente, así como las técnicas operativas para aprovecharlo sin destruirlo.

Con la presencia de la cultura de origen europeo, es decir, nacida y estructurada en circunstancias ajenas a la forestalidad de esta región, se dio inicio a un proceso de imposición político-cultural que viene teniendo múltiples consecuencias, entre otras, el desplazamiento de las Culturas Originarias, su sistemática destrucción y el relegamiento de sus valores a posiciones sin capacidad y consecuencias orientadoras en la dinámica nacional y regional.

En actitud nada inteligente, quienes, desde las más altas esferas políticas vienen detentando secularmente el poder político y económico en nuestro país y región, se han impuesto la tarea de hacer desaparecer todo cuanto valor cultural se oponga o sea discrepante de los suyos. Por ello, el obtuso y terco mercantilismo en nombre del cual se quiere vender nuestros bosques, actitud que sólo puede ser el fruto del servilismo a los intereses transnacionales y/o el desconocimiento de su valor ecológico, cultural, social y afectivo que tienen para quienes hemos nacido o nos hemos formado bajo su influencia telúrica y trascendencia integral y que jamás nos atreveríamos a traicionar.

Como consecuencia de ello, dichos cenáculos, valiéndose de muy diversos mecanismos (artimañas), vienen impidiendo y posponiendo la necesaria reorientación de nuestra educación regional (y nacional), cuya obsolescencia, impertinencia y falta de compromiso con los intereses supremos de nuestra Amazonía (y del país), ya está más que suficientemente comprobada.

Por ello es que, si bien la coyuntura nos obliga a dar respuestas sociales de rechazo inmediato (marchas de protesta, paros, comunicados, etc.) a las intimidaciones y estropicios proferidos desde las más altas esferas del centro del poder político, en el fuero interno de cada uno de los amazónicos y amazónicas debemos fortalecer, al compás de cada expresión antojadiza, la decisión de impulsar la incorporación de la EDUCACIÓN AMBIENTAL como componente importante en el currículo de la nueva Educación Amazónica (y de todo nuestro país), pues ella tiene efectos formativos integrales en la personalidad de los educandos, efectos que se traducirán en comportamientos que garantizarán que las nuevas generaciones serán practicantes del DESARROLLO SOSTENIBLE que, desde 1992, ha sido establecido como uno de los propósitos supremos de nuestra especie en su actuación sobre nuestro planeta.

Allí están, como sustentos jurídicos de nuestras esperanzas postergadas por ahora, nuestro Acuerdo Nacional (Inciso 1.3), Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo elaborada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992), la Agenda 21 (Programa para desarrollar la sostenibilidad a nivel planetario), Protocolo de Kyoto, Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007), documentos de las Conferencias sobre Cambio Climático realizadas en Tailandia, Valencia, Bali, entre otros, que expresan, en el nivel universal, las graves preocupaciones que viene causando la irracionalidad del comportamiento individual y social de un sector poderoso, inmediatista, mercantilista, maquiavélico, desnacionalizado, con el cual debemos enfrentarnos desde una nueva educación en nuestro país y región. Sector cuyos portavoces tienen poder pero no la razón.

¡Bienvenida, pues, EDUCACIÓN AMBIENTAL! ¡Hace años que te esperamos!
Foto del autor: VIAJANDO POR EL UCAYALI

domingo, 27 de enero de 2008

LA EDUCACIÓN AMBIENTAL EN LA REGIÓN LORETO



Gabel Daniel Sotil García

Desde que se produjera la ruptura de la armonía que los Pueblos Indígenas habían establecido con su ambiente, el bosque amazónico ha sido la principal víctima del accionar de las personas e instituciones que asumieron el protagonismo en este espacio desde hace cinco siglos.

Esta armonía sólo pudo romperse por el predominio que alcanzaron los nuevos esquemas mentales impuestos, que llevaron a percibir a la naturaleza como algo ajeno a los seres humanos, haciéndola objeto de agresión, es decir, en el marco de una ética de relaciones conflictivas entre el grupo humano y su medio.

La ruptura de la armonía entre nosotros y nuestra naturaleza, ha traído graves consecuencias tanto para el ambiente en el que vivimos como para nosotros mismos, en nuestra salud individual y social. Consecuencias en constante e indetenible agravamiento.

Consecuentemente, la tarea a la que debemos abocarnos es al cambio de estos esquemas mentales instalados en un proceso educativo que no dudamos en calificarlo como anti amazónico y anti ambiental, en el sentido de que viene propiciando la destrucción de una de las mayores riquezas que tiene nuestra región: su entorno ecológico, lo cual inevitablemente redundará en quienes vivimos aquí; es decir, en nuestras culturas.

Y este cambio tiene que ser propiciado, indudablemente también, por la vía educacional, para lo cual tenemos que reorientar a nuestra educación a fin de transformarla en el agente propiciador de una nueva ética en las relaciones hombre – medio, nueva ética que sólo puede ser el fruto de nuevos conocimientos, valores y actitudes instalados en la estructura psíquica de cada persona; es decir, que nos capacite para actuar de una manera no destructiva frente a nuestro medio ecológico.

¿Cuánto hemos avanzado en este cambio de patrones mentales?

Para saberlo tenemos que hacer una retrospectiva de no más de veinte años en nuestra región, pues hasta 1985, años más años menos, ni la expresión educación ambiental ni la intención de que la educación tocara este aspecto de la formación, eran motivos de referencia en la educación nacional.

La preeminencia cognoscitivista y la tendencia extranjerizante (alienante) de nuestra educación impedían el abordaje de una tarea tan importante para nuestros intereses nacionales y regionales. Es recién, hacia fines de la década de los 80s, que se inicia esta preocupación por el entorno ambiental, a pesar de que desde 1972 ya se había instituido EL DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE (Asamblea General de la ONU).
En todo este lapso, en que no entendimos el significado de tal decisión, la Escuela y los profesores permanecimos insensibles y distantes de esta preocupación. No nos sentíamos aludidos.

Han sido, por un lado algunas ONGs y por otro la insistencia del I.S.P. “Loreto”, las instituciones que inicialmente en el nivel regional, expresaron preocupación por el tema, contando siempre con la “ilustre” indiferencia de las esferas administrativas de la educación en nuestra región, quienes nunca se dieron cuenta del entorno en el cual vivían, hasta que algunos funcionarios del Ministerio de Educación, aunque sin mayores convencimientos, les hicieron notar tal realidad.

En 1989 se inició la celebración del denominado FESTIVAL DEL BOSQUE en dicho Instituto de formación magisterial, cuyo mensaje central es, precisamente, de carácter educativo ambiental; FESTIVAL en el cual el BOSQUE pasaba a ocupar el lugar protagónico en el marco de un conjunto de actividades que tenían relación directa o indirecta con el ambiente amazónico. Esta actividad expresaba una de las líneas matrices de la formación de los maestros y las maestras que se formaban en dicha institución. Este festival aún sigue celebrándose, convirtiéndose en el escenario más promisorio para consolidar la Educación Ambiental en nuestra región.

Hacia 1995, la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental –SPDA-, Programa EDUCA 21, daría inicio a una experiencia de incorporar contenidos de educación ambiental en el nivel primario, para lo cual elaboró un material, en cuya revisión tuviéramos la oportunidad de intervenir, que denominó “Educación para el desarrollo sostenible de la Amazonía”, Guías Didácticas para Maestros y Maestras de Primaria, que empezaría a ser experimentado, en convenio con el Ministerio de Educación, en 1997, habiendo sido elegido el ISP “Loreto” como responsable de conducir esta experiencia, precisamente por las propuestas que al respecto venía haciendo en el nivel regional.

Es a partir de esta experiencia, en la que intervendrían unos veinte centro de educación primaria, que el Ministerio de Educación acentuaría su preocupación sobre este tema, que la plasmaría en los programas experimentales que comenzó a introducir a nivel nacional, pero que no tuvieron un correlato en la capacitación de los maestros y maestras en este tema que, en el currículo propuesto, adquirió la condición de un “contenido transversal”, bajo la denominación de “Conservación del medio ambiente”, tanto en Primaria como en Secundaria.

Consideramos que si bien la intención relacionada con el medio ambiente ya está presente en la educación nacional y regional, aún no ha adquirido la dimensión que debe tener dada la importancia del tema para nosotros en esta región.

Queda, pues, pendiente una reformulación de sus objetivos y estrategias para responder a la trascendencia que tiene la defensa de nuestro ambiente para la continuidad de los Pueblos Indígenas y Mestizos en la Amazonía, en cuyo marco tenemos que volver a aprender a establecer una relación armónica con la pródiga naturaleza en la que vivimos.

Tenemos que aprender a elevar a nuestra NATURALEZA a la categoría de un VALOR. Y ello se logra sólo mediante una educación planteada explícitamente con dicho objetivo.
Foto: ríos de la selva, WCS


martes, 1 de enero de 2008

CONSTRUYENDO UNA ESCUELA PARA EL DESARROLLO HUMANO



Gabel D. Sotil García

Una de las tareas más urgentes que debemos afrontar en nuestra región es la de transformar a la EDUCACIÓN en uno de sus instrumentos de desarrollo. Desarrollo que tiene que iniciarse potenciando y orientando las capacidades de nuestros educandos para que sean capaces de contribuir con el mejoramiento de LA CALIDAD DE VIDA de cada una de sus comunidades y de todos los que vivimos en esta región y, por ende, en todo nuestro país. Es decir, un DESARROLLO HUMANO; un desarrollo centrado en la calidad de ser de cada persona.

Pero, esta potenciación sólo puede ser hecha en el escenario de una escuela, sobre todo rural, que es el área en donde radican nuestras mayores potencialidades regionales, con una decidida y decisiva opción por transformarse en un espacio para la generación de condiciones para la LUCHA CONTRA NUESTRA POBREZA; escuela en la cual se haga práctica cotidiana de una nueva educación diseñada para tal propósito.

Para nosotros, esta construcción sólo puede lograrse teniendo como punto de partida nuestra realidad. Es decir, nuestros niños y niñas deben educarse en íntimo contacto, tanto en lo cognoscitivo como en lo axiológico-actitudinal, con la realidad comunal e ir conociendo progresivamente la realidad regional, conocimiento a partir del cual deben asumir el de nuestra realidad nacional hasta llegar al nivel mundial.

Con las consecuencias de este trasfondo formativo, serán capaces de asumir el protagonismo social con una actuación guiada por los más altos valores y superiores actitudes.

En consecuencia, será en cada una de las comunidades rurales de nuestra región en donde debe germinar nuestro desarrollo sostenible con el rostro más auténticamente humano.


viernes, 21 de diciembre de 2007

ESCUELA ÁRBOL, una propuesta de educación para la selva (*)


LA ESCUELA ÁRBOL

Gabel Daniel Sotil García

Frente a la concepción preciosista de la educación, que ha dado origen a la Escuela que acabamos de describir y su respectiva praxis pedagógica (Escuela Esmeralda), creemos necesario plantear una Concepción Ecologista de la Educa­ción, en cuyo marco surja una Escuela distinta a la anterior. Una Escuela en la cual se concrete una educación que responda a la realidad regional, tanto en su teleología como en su operatividad.

Requerimos una Escuela cuyas características funda­men­tales sean su profundo enraízamiento en la realidad circundante, su plena identificación con la historia de la cultura regional, su aporte creador al desarrollo regional, la formación de niños y jóvenes con un profundo amor a su comunidad (su entorno inmediato) como base para crear una identidad regional que, a su vez, es base fundamental en la creación de una identidad nacional fuerte, sólida, indoblegable.

A una Escuela así es a la que llamamos una Escue­la Árbol. Es una Escuela que nutre y se nutre de su entorno inmediato. Es una Escuela que establece un circuito de realimentación con su realidad. Que es parte consustan­cial a ella. Una Escuela en donde la realidad físico - cultural está presente en forma permanente como objeto de conocimiento, como objeto de análisis, como objeto de transformación. Una Escuela que propicia el contacto cognoscitivo y afectivo del alumno con su realidad. Una escuela que es un elemento dinámico y retribuyente de su entorno.

En suma, una Escuela Árbol será una Escuela que hunda sus raíces profundamente en el suelo cultural de la Amazonía. Una Escuela que sepa nutrirse con las crecien­tes y florecer con las vaciantes. Una Escuela que mire al bosque, a la cocha, a la flora, a la fauna, a las leyendas, etc. y las transforme en mensajes educativos para generar un hombre amazónico amante de su riqueza espiritual y ecológica, realista frente a sus posibilida­des, defensor de su entorno y con una fuerte identidad regional, y, por ende, nacional.

Sólo una escuela así será capaz de ir al encuentro del devenir histórico - cultural de la Amazonía, del cual debe ser uno de sus principales tributa­rios, e insertarse en él como un elemento coherente, natural, propio. Como una balsa en el Amazonas.

domingo, 16 de diciembre de 2007

ESCUELA ÁRBOL, una propuesta de educación para la selva (*)

Local escolar  en la ribera de los ríos amazónicos
Foto del autor
Prof. GABEL DANIEL SOTIL GARCÍA, FCEH -UNAP 
LA ESCUELA ESMERALDA
Las piedras preciosas como la esmeralda, el diamante, etc. em­bellecen, revaloran los objetos en los cuales son adheridas, pero tienen la peculiari­dad de mante­ner su aislamiento respecto al objeto que las porta, propiedad ésta que posibilita su adhesión sin modificarse ellas mismas.

Ahora bien, si hacemos un análi­sis crítico evaluativo de la escuela actual, llegaremos a la conclusión de que ella es algo así como una hermosa esmeralda, que embe­lle­ce y revalúa los lugares (Comuni­dades) en donde se incrus­ta, pero sin establecer ninguna unión rai­gal con su entorno.

Funcionando en las diversas Co­munidades de nuestra Selva, ella más parece una piedra pre­ciosa engastada en cada una de ellas, a las que, más que servir­las, se sirve de ellas, generando en sus miembros un respeto cuasi idolá­trico a su presencia, que impide poner en duda su necesi­dad y cuestionar los fines para los cua­les funciona.

Es así como ella ha devenido el lugar adonde va el alumno a educarse en la práctica de valo­res universales, en el manejo de abstractos culturales, en la deifi­cación del saber, en la absoluti­zación de su persona, en la teori­za­ción inocua, etc.


Como producto de ello, nuestros alumnos alcanzan su superación sintiéndose superiores porque aprenden las reglas de tránsito en donde no hay vehículos motorizados, conocen historias de príncipes y princesas en castillos misteriosos, entonan cantos a objetos desconocidos, aprenden a leer en libros con palabras extrañas que tienen que memorizar sin comprender, hacen adivinanzas referidas a objetos de los cuales tal vez nunca tendrán una experiencia directa.

Tales aprendizajes conforman a niños y jóvenes sin conocimiento de su realidad (salvo el que la Comunidad les propicia), sin cariño por lo suyo, despectivos respecto a las acciones culturales de la gente de su ambiente social, ignorantes de los problemas inmediatos, indiferen­tes ante su solución, etc. En fin, un extraño en su entorno, que sólo piensa en emigrar lo antes posible para "superarse".

Es que ella, la Escuela, viene siendo considerada un elemento ornamental, antes que funcional, en cada Comunidad. Funcionando en diversas realidades, no estable­ce nexos vitales con ellas. Impermeable respecto a la problemática local, funciona indiferente a las necesi­dades de todo tipo que hay en todas y cada una de las Comunida­des. Es ella una Escuela Esmeralda.

Como tal, ella es un producto de una antigua con­cep­ción preciosis­ta de la educación, nacida en los albores de la Época Colonial de nuestro país, a partir de la cual se inició la imposición de modelos extraños, pero concebi­dos como superiores, en nuestro quehacer educacio­nal nacio­nal.

Traída por la cultura dominante y generalizada vía mecanismos político - administrativos, ha tenido en las ciudades amazónicas los focos de irradiación más efica­ces, tanto que hoy es ésta la concepción que predomi­na en la praxis pedagógica de la Región.

Su rigidez funcional, su carácter depredatorio de las culturas regionales, su indiferencia frente a la riqueza ecológica y problemas socio-culturales de la comunidad, son las características más evidentes de esta Escuela Esmeralda. Pero, además, ella viene actuando como el terminal de un inmenso, pero invisible, ducto a través del cual las ciudades selváticas succionan la riqueza del campo, induciendo en los niños y jóvenes ribereños pseudo expectativas de modernidad que terminan trocán­dose en crudas realidades en los asentamientos urbano - marginales, que no son sino los escenarios en donde el migrante rural pierde su identidad para asumir un mundo cultural con valores distintos y contradictorios.
Típico local escolar en la zona rural amazónica.
Foto del autor.

Con ello, el despoblamiento del campo, la disminución de la producción, el hacinamiento, la promiscuidad, los problemas psico-sociales, etc.

Si bien es cierto que no podemos, y no debemos, culpar exclusivamente a la Escuela de estas consecuen­cias, tampoco debemos dejar de asignarle una importancia significativa como elemento condicionante.

¿Cómo aceptar en la Selva, nuestra Selva, una Escuela en donde uno de los grandes ausentes es el Bosque, en donde no hay historia regional y en donde se ignora el patrimonio cultural nativo?

¿Una escuela que ignora los problemas de salud, de alimentación, de organización, etc. de su comunidad?. ¿Una escuela que no contribuye a elevar los niveles de conciencia de los problemas que afectan a los poblado­res?, ¿ que restringe su acción a sólo las necesidades cognosciti­vas de sus alumnos?
No. En la Selva se necesita una Escuela que sea parte del Bosque. Por cierto que no de la denotación física del bosque, sino de la connotación cultural que tiene el bosque en esta realidad. Se necesita una Escuela que sea el fruto del esfuerzo creador que está adormilado en nues­tras comunidades. Adormecimiento, precisamente, producido por la actual Escuela, esa Escuela Esmeralda que tan linda se la ve en muchos poblados, pero que tan indife­rente y distante se muestra respecto a los mismos.

(*) Ver bibliografía del autor.

martes, 11 de diciembre de 2007

OMAGUA: PRODUCCIÓN BIBLIOGRÁFICA DEL AUTOR - 9



Título: OMAGUA, CANTO AL REINO DE LAS AGUAS Y LOS ÁRBOLES.Autor: Sotil García, Gabel Daniel
Lugar/Editor/Fecha: Iquitos, CETA /2007, 107 pp.
Descripción:El contenido de este libro describe el discurrir del proceso de la dinámica ecológica en el lapso de un año, en la llamada Selva Baja, descripción que nos permite inducir mensajes cognoscitivos, axiológicos y actitudinales, cuyo aprendizaje por parte de nuestros educandos, debemos promover a través de los contenidos curriculares de la educación formal en nuestras Instituciones Educativas. Es decir, porta un mensaje científico en formato literario, para hacer más ameno el aprendizaje de los alumnos.
Además, es de interés general por la información relacionada con la diversidad ambiental, social, cultural, lingüística, etc. de la región amazónica.