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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento Ica, Provincia Palpa, Distrito Río Grande, Caserío "San Jacinto", 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL LIT. INFANTIL, ÁREA EXPR. POÉTICAS, MED •RECONOCIMIENTO MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, GORE LORETO., Condecorado con orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) MINEDU. DIPLOMA DE HONOR, por Congreso de la República. 21-03-2019

domingo, 11 de marzo de 2012

LA HISTORIA DE NUESTRO AMBIENTE REGIONAL (*)


Reflexiones sobre nuestro ambiente

                                                                                              Prof. Gabel Daniel Sotil García

Un componente de nuestra realidad que muy poco a poco se está haciendo presente en nuestras preocupaciones sociales es nuestro ambiente. Las decisiones de política de los sectores respectivos y la educación  que desarrollamos en nuestra región, no  dan mayor importancia  al conocimiento de nuestro bosque y menos al desarrollo de actitudes que favorezcan comportamientos positivos, pertinentes a su defensa y preservación.

Hoy en día, y por los efectos de nuestra actuación individual y social, sabemos lo frágil y vulnerable que es, así como también lo desastroso que puede ser para toda nuestra especie y todas las especies, si no nos esmeramos en el establecimiento de adecuadas, racionales, relaciones con nuestro bosque.

Por ello es necesario que brindemos la mayor atención posible a su conocimiento,  comprensión y  preservación, dedicándole un especial esfuerzo reflexivo para instalar en cada uno de nosotros el equipamiento psicológico apropiado a su revaloración, que se exprese en una actuación individual y social que impida su destrucción, pues, como bien sabemos, el fenómeno del calentamiento global y el consecuente cambio climático a nivel planetario son las más graves consecuencias de la depredación de nuestro bosque.

Es en este sentido que deseamos compartir algunas de nuestras reflexiones respecto a este tema, de la mayor importancia para nosotros los amazónicos.

Es necesario que partamos del reconocimiento de que toda comunidad establece una intensa dinámica de relaciones con su entorno  ambiental. Es todo un universo de interrelaciones que se establece entre ambos componentes, generado por una serie de factores,  del cual depende la forma en que los seres humanos perciben y actúan sobre su ambiente.

En el caso de nuestra región, podemos afirmar que nuestro ambiente no ha sido percibido siempre de la misma forma: los conceptos, los valores y actitudes, los  instrumentos han venido variando y, por lo tanto, nuestra actuación respecto al mismo ha variado en consonancia con tales elementos psicológicos.

Podríamos decir que, hasta este momento del devenir de nuestra historia, hemos pasado por dos momentos claramente distinguibles en cuanto al equipamiento psicológico con el cual  hemos percibido y actuado frente a nuestro ambiente.
Un primer momento correspondería a la época en que los Pueblos Indígenas originarios tuvieron plena autonomía conceptual y comportamental frente a su ambiente. En términos generales podríamos caracterizar a este período como  de una relación armónica, respetuosa, de equilibrio racional entre el pueblo y su ambiente. Período extenso, multimilenario, durante el cual el grupo humano percibe reverencialmente a su entorno, asignándole un carácter sagrado, que posibilitó una  práctica de uso de sus recursos dentro de lo que hoy venimos denominando el Desarrollo Sostenible.

Un segundo momento podríamos ubicarlo a partir de la denominada conquista o invasión al complejo cultural nativo, período en el cual los pueblos originarios ven interferidos y alterados sus valores, actitudes y formas de actuar primigenios por la imposición de todo un equipamiento psicológico agresivo, destructivo, conflictuante e irracional respecto al ambiente invadido y, por lo tanto, minusvalorado y carente de significado. Este período, de casi quinientos años, viene teniendo como secuela un proceso depredante tanto de las culturas de los pueblos nativos como del ambiente mismo, en el marco de  una profunda tergiversación de las milenarias relaciones armoniosas. Podríamos tomar como referente cronológico del inicio de este período el 1542, año  a partir del cual se inicia la presencia de la cultura europea en el ámbito amazónico, y que tiene su expresión más contundente y destructiva en el sistema o modelo extractivo-mercantilista de carácter exportador, que hasta hoy signa nuestra actividad económica, como consecuencia de percibir a nuestro bosque y cada uno de sus componentes como una simple mercancía, pasible de ser aprovechada hasta su destrucción.

Sin embargo, a los anteriores podríamos agregar un tercer período, que necesitamos construir socialmente, para lo cual se requiere de la participación consciente, racional, comprometida de las nuevas generaciones, para superar las actuales condiciones en que nos encontramos en relación al bosque amazónico. Este período, que bien podríamos llamar de reencuentro feliz con nuestro ambiente o de relaciones racionales,  es el que debemos construir responsablemente para promover,  a nivel social, una nueva percepción y actuación frente a NUESTRO AMBIENTE; en la medida en que venimos tomando conciencia de que cuanto mejor es nuestro ambiente, es mejor  nuestra vida social e individual.

Es decir, a mayor calidad de ambiente, mayor calidad de nuestra vida. Y mayor calidad de ambiente quiere decir aire más puro, sin polvos pululantes, sin humos ni ruidos destructores; quiere decir agua limpia, sin impurezas, segura para nuestra salud; quiere decir calles sin basura, sin excretas, sin malos olores; quiere decir árboles frondosos, respetados, llenos de vida, albergues de las avecillas, con frutos respetados hasta su maduración, bien ubicados en las calles, bien podados; quiere decir pajaritos silvestres bien protegidos, cuyos nidos son respetados, cuyos trinos son escuchados y disfrutados; quiere decir ríos, cochas y quebradas con aguas que dan vida a los peces, a las plantas, a los animales; quiere decir uso racional y pleno de nuestros recursos, en el marco doctrinal del Desarrollo Sostenible.

Mayor calidad de ambiente, entonces, quiere decir muchas cosas que los humanos debemos aprender a lograr a partir de una adecuada formación, que debemos lograr en el marco de una educación forestal pertinente.

 (*) Artículo publicado en revista ARTERIA CULTURAL, marzo 2012: 
          http//issuu.com/arteriacultural/docs


Nota: Ilustraciones del artista plástico Jaime Choclote




sábado, 10 de marzo de 2012

EDUCÁNDONOS EN EL RESPETO A LA NATURALEZA

Prof. Gabel Daniel Sotil García, FCEH - UNAP

Atardecer en el río Napo, belleza que 
enriquece el espíritu.
Tenemos que tener muy presente que la MADRE NATURALEZA no es algo puesto como al descuido en el camino de la especie humana; algo pasivo y a la espera de las ocurrencias comportamentales de los hombres y mujeres que conforman los diversos Pueblos del planeta.

La naturaleza está regida por leyes que fueron establecidas mucho, muchísimo antes que nuestra especie y todas las otras especies fueran apareciendo como consecuencia, precisamente, de esas leyes.

Por lo tanto, nada en ella es improvisado, ni ocurrencia caprichosa, ni veleidosa imprevisión. Su dinámica obedece a un patrón inexorable, de curso obligatorio en sus diversas manifestaciones, por ser parte de la maravilla cósmica.

Naturaleza mostrando su excelsa belleza.
Los humanos, inteligentes como somos, debemos justificar esa capacidad, de la que la misma naturaleza nos ha dotado seguramente que pensando en que debemos usarla para el bien de ella también, expresando en nuestros comportamientos un respetuoso reconocimiento a su dinámica, sin llegar a los límites del violentamiento.

Para quienes vivimos en esta parte de la región amazónica llamada selva baja o región OMAGUA (“región de las aguas dulces”), esta verdad debería tener un carácter axiomático, es decir, de un principio inviolable en lo referente a nuestra actuación social frente a las leyes de la dinámica de las aguas. Su no observancia, el olvidarnos de su invariabilidad, sea por ignorancia o sea por irresponsable capricho, nos acarrea graves consecuencias, entre las cuales se incluyen el dolor, las pérdidas de vidas, la intranquilidad familiar, el malestar social, las pérdidas económicas, la insalubridad ambiental, etc., tal y como lo acabamos de constatar contundente, aunque dolorosamente, en todo este gran sector del llano amazónico.

Por ello es que es necesario que dediquemos más que algunos momentos a la reflexión sobre este asunto, pues, al parecer, la falta de respeto a la naturaleza se viene profundizando y las consecuencias sociales a causa de ello, van a ser cada vez más graves.
Canoas en deleite contemplativo frente al río.
Por más que lleguemos con ayuda material, consistente en medicinas, alimentos o implementos de necesidad inmediata, ello no nos lleva a la solución del problema, pues uno o más años después, el drama se hará presente, de repente multiplicado en sus consecuencias. Entonces, no habrá ayuda material que sea suficiente para paliar el dolor y la desgracia, pues la política de respuestas inmediatistas es onerosa a largo plazo, aunque en el presente nos brinde éxitos aparentes.

Entonces, se hace necesario que afrontemos responsablemente esta situación desde el único ángulo que, a nuestro entender,  nos podría permitir una solución duradera: la educación, es decir, la formación actitudinal y valorativa de la población amazónica, por cierto que la mestiza, en el pleno respeto a la naturaleza. Respeto que lo hemos perdido desde el momento mismo en que la tradicional escala de valores creada por los Pueblos Indígenas de esta región, fuera desplazada  y remplazada por un universo axiológico muy ajeno a nuestro mundo ecológico.
Balsero mostrando habilidades propias de
un ribereño.
Aceptar esta forma de solucionar tales problemas implica abandonar viejos y sólidos paradigmas que han imperado en el campo educacional de nuestro país y región, que nos llevaron a dar vida a una educación indiferente a nuestros problemas, marginal a nuestra realidad, descontextuada para todo efecto formativo de la niñez y juventud amazónicas. Implica, por lo tanto,  replantear nuestra educación para darle pleno significado de servicio a nuestra región, es decir, retomar aquellos valores que tradicionalmente nos permitieron adoptar comportamientos sociales e individuales en plena consonancia con nuestra forestalidad.

Pero, no tenemos otro camino que tomar, desde nuestro punto de vista. Tenemos que reconocer que, si parte grande del problema involucra a la educación, gran parte de la solución también pasa por el  terreno de la educación. Es desde ella que tenemos que abocarnos a inducir en las nuevas generaciones actitudes de respeto y valoración de la naturaleza en sus diversas manifestaciones, para saber los límites dentro de los cuales podemos movernos sin atentar contra nuestra propia integridad individual y social.

Requerimos, pues, educarnos para saber establecer relaciones armoniosas con nuestra bella y pródiga naturaleza, que también sabe ser muy severa cuando sobrepasamos esos límites.


Aprendamos a respetarla para que ella nos respete.
















MARZO EN LA REGIÓN OMAGUA

Prof. Gabel Daniel Sotil García, FCEH - UNAP

LA CRECIENTE INCONTENIBLE
Marzo  se sitúa en plena época de creciente.
Sombrío y pluvioso amanecer, frecuente
en el mes de marzo.
Es el mes en que las aguas de los ríos están llegando a su máximo nivel, pues tanto las lluvias de nuestra propia región como las que se están produciendo con gran frecuencia e intensidad en los Andes, incrementan el nivel de las aguas, alagando gran parte del llano amazónico y haciendo menos caluroso el ambiente.

Las aguas ya se han expandido en forma incontenible y han desbordado los cauces de los ríos, llevando sedimentos con su carga de nutrientes, que se están  depositando en los bajiales que,  luego, unos meses más adelante, comenzarán a ser hermosos y promisorios campos de cultivo.

Caserío ribereño con las aguas crecidas,
próximas a sus viviendas.
El viviente ribereño tiene ya inundados sus caseríos y cultivos y, aun los que están en alturas, ven  el borde de las aguas muy cerca a sus viviendas.

Los locales escolares de las zonas más bajas han sido ya inundados, haciendo imposible cualquier actividad con los niños, que tendrán que esperar el inicio de la vaciante para llenar las aulas con sus juegos y alegrías.

Tahuampas y  cochas siguen recibiendo las aguas de los ríos y  las lluvias, a las que muestran su alborozo y complacencia regalándoles los cánticos felices de las aves que disfrutan del ramaje y la bonanza natural. 

En la intimidad de los aguajales hierve la vida.

Los peces están engordándose entre la hojarasca y los raizales, obligando al ribereño  a recurrir a su larga experiencia e ingenio para pescarlos, en cauta y silenciosa faena, haciendo uso de trampas, espiñeles y cordeles.

Venados y sachavacas, huanganas y majases, añujes y sajinos han buscado refugio en las restingas más altas, en donde se han puesto a salvo de las aguas que se han posesionado de las partes bajas del bosque.

Anuncios de tempestad en pleno Amazonas.
En pocos días, marzo volará envuelto en las hojas que arranquemos de los calendarios, dejando en cada uno de nosotros un especial mensaje en nuestras almas, pero, para ese entonces, ya habrá cumplido la misión que la sabia naturaleza le ha encargado en este mundo forestal.

Mundo en el cual las leyes, establecidas desde hace millones de años, se cumplen bajo el más estricto ordenamiento.

Esa es la ley de la selva.

Es esta la naturaleza que viene inspirando a músicos, pintores, poetas, novelistas, etc. para cantar su hermosura.

Naturaleza que también debe ser estudiada para conocerla y comprenderla, pues ha servido de hábitat milenario a grandes pueblos que hoy esperan nuestra comprensión, el entendimiento de que ellos también tienen derecho a su propia forma de vivir, a su propio desarrollo y a la oportunidad para demostrarnos que podemos convivir en armonía, para hacer de la selva el escenario de la más bella diversidad cultural.

Ríos y  cochas pletóricos de agua son el medio
natural del ribereño amazónico.
Nuestra selva también debe ser amada y conocida por las nuevas generaciones para entenderla y disfrutar el canto de las aves, el bullicioso vuelo del pihuicho, del loro y del guacamayo, el graznar del urcututu y el  quejumbroso canto del ayaymama.

Es éste, pues, nuestro marzo, con su sol ardiente, sus lluvias refrescantes, su calor intenso, su frescura anhelada y sus atardeceres esplendorosos, que nos invitan a deleitarnos con los mensajes de la naturaleza efervescente, que nos llegan flotando en las aguas de esta creciente en progresión.


 TUYUYO,  ave integrante de la
biodiversidad amazónica.
 Mes de bandadas de loros, pihuichos, guacamayos. Y también de sui suis, picaflores y golondrinas que alegran el amanecer.

Mes de madrigales este marzo que  se va. Madrigales  que cantan las aves al paso de las nubes y que entonan las gotas de las lluvias al caer en las hojas de las amasisas, inclinadas en los bordes de los ríos.


Dulces cantos de las golondrinas inspirados en las horas del amanecer y del melodioso aleteo del picaflor intentando llegar a la flor encendida que parece el sol al reflejarse en la quieta superficie de las aguas.

martes, 6 de marzo de 2012

REGIONALISMOS LINGÜÍSTICOS (5)

Prof. Gabel Daniel  Sotil García, FCEH - UNAP
Llano amazónico o región OMAGUA

      Omagua: Selva Baja, llano amazónico. Nombre de una etnia amazónica (casi extinta).Región natural ubicada en el oriente, más allá del ande. Es un área cubierta de árboles entre los que corren grandes ríos. Se eleva desde los 80 msnm. hasta los 400 msnm. SELVA BAJA” (Diccionario ecológico, www.peruecologico.com.pe/glosario).

       Orillar: Parte de la topografía de nuestra región referida a las orillas de los ríos y cochas. Bajial.

Otear: Mirar con atención desde una parte alta o promontorio.

Otorongo: (Pantera onca / Leopardus pardalis (tigrillo)) Felino amazónico. A causa de su piel hermosa estuvo al borde de la extinción. Debemos protegerlo al igual que a todos los demás animales.

Paco: (Piaractus brachipomus) Variedad de pez, algo más pequeño que la gamitana, y de carne muy agradable. Puede se criado en piscigranjas, como muchos otros peces.

Ribereño cargando un imponente ejemplar de PAICHE
   Paiche: (Arapaima gigas) El pez
  más grande de nuestra región.
  También se le llama Paichi. Su
  exquisita carne y sus propiedades
 nutritivas lo hacen muy
 perseguido. Debemos hacer
 especiales esfuerzos por
  protegerlo. Símbolo de la riqueza
 de nuestras aguas.

  Palisangre: Brosimum rubescens
  Árbol de madera preciosa por su
  color, dureza y brillo natural. Palo
  sangre.

Palizada: Conjunto de palos, huama y gramalote que se desplaza a la deriva arrastrado por las aguas  de los ríos.

Palometa: (Mylossoma duriventris) Pez amazónico

Pandisho: Fruto del “árbol del pan” (Artocarpus altilis). También se lo conoce como “pan del árbol”.

Panguana: (Crypturellus undulatus) Ave silvestre, de canto muy peculiar. Se la conoce, también, como perdiz selvática.

Parinari: (Parinari excelsa) Supay huayo, supay ocote.  Fruto agradable por su olor y sabor.

Paucar: (Cacicus cela) Pájaro caracterizado por su plumaje negro y amarillo y por sus variadísimos trinos y gorjeos. Hace sus nidos pendientes de las ramas de altos árboles, a veces cerca de las casas.

Peje: Pez. Palabra muy usada por los pobladores ribereños.

Pelejo: (Bradypus variegatus/Choloepus didactylus) Mamífero arborícola, se alimenta de hojas, en especial del cetico. Se lo llama, también, perezoso
PELEJO o PEREZOSO .
Foto: J. Alvarez A.
Piaba: Pez ornamental, muy perseguido para la exportación.
Pareja de PIHUICHOS
Pihuicho: (Brotogeris versicolorus/Brotogeris sanctithomae) Variedad de loro pequeño. Los hay de diversos colores y tamaños.



Pinsha: (Ramphastos tucanus) Ave amazónica. Tucán
PINSHA o TUCÁN

       Piri piri: (Cyperus articulatus) Variedad de junco, crece en lugares con abundancia de agua. Tiene aplicaciones antiofídicas.

       Pishiñero: Recolector de peces ornamentales.

       Playa: Franja de terreno que aparece en los cantos de ríos y cochas en época de vaciante.

      Pomarrosa: Fruta amazónica, de color rojo intenso.

      Pompón: Variedad de pato silvestre, de pequeño tamaño.

PUMA GARZA. Foto WCS
 Puma garza: (Tigrisoma lineatum) Variedad
 de garza, más pequeña. Posee flancos
  rayados parecidos a las pintas del puma.

 Purma: Chacra en proceso de descanso
luego de haber sido utilizada por un tiempo
en que se agotaron sus nutrientes.
Técnica que responde a las características
de nuestro suelo, que exige la agricultura
migratoria o rotatoria.

 Puro puro: Fruto nativo, parecido a la granadilla.

Pusanga: Preparado especial con propiedades para actuar como filtro de amor

Putu putu: (Eichhornia crassipes) Jacinto de agua. Planta acuática flotante que  crece en las cochas y cantos de ríos.

sábado, 3 de marzo de 2012

ALGUNAS LEYENDAS MESTIZAS DE NUESTRA REGIÓN (2)

Prof. Gabel Daniel Sotil García, FCEH – UNAP

         El rico acervo cultural de nuestra Amazonía tiene una hermosa expresión en sus mitos y leyendas, nacidas al calor de la relación de los pueblos con el exuberante bosque, dentro del cual vienen haciendo su vida y produciendo su cultura. Es interesante notar que todos ellos tienen una intencionalidad protectiva de su ambiente. Hacemos entrega de otras manifestaciones de nuestra idiosincrasia.
EL BARCO FANTASMA
Como en todas las culturas intimamente
relacionadas  con el el mar o los ríos, en la
selva también  existen mitos referidos a
barcos espectrales.
Este barco se presenta en circunstancias muy especiales, y son pocas las personas que han logrado verlo. Según relatan quienes han tenido dicha suerte, emerge de las aguas, generalmente en noches muy oscuras, sin hacer ruido y se desplaza lentamente emitiendo una potente luminosidad que sale de su cubierta, en la cual pueden distinguirse gran cantidad de personas, con vestimentas antiguas, que disfrutan, con mucho jolgorio, de una fiesta en la que se escucha una música de lejanos tiempos. Avanza un largo trecho y luego se vuelve a sumergir en el río con todos sus pasajeros. Las personas que logran verlo se sienten muy sobrecogidas por el espectáculo fantasmagórico. Otras personas dicen haberlo visto venir por el río desde una gran distancia como un barco común, pero, en la medida en que se acerca, empiezan a notar que no lo es pues no emite ruido de motor. Cuando se aleja, lentamente se sumerge con todos sus pasajeros en eufórico disfrute.
LA CHARAPAMAMAN
GIGANTESCA CHARAPA MADRE DE LAS
CHARAPAS (QUELONIOS ACUÁTICOS)
Ilustración Jaime Choclote
En la época de vaciante de los ríos amazónicos aparecen las  playas inmensas a donde salen a desovar las charapas cavando hoyos en la arena. Esta salida, sobre todo, se hace en las noches tempestuosas, en que la lluvia, los truenos y relámpagos hacen de las playas un lugar de atracción irresistible para las charapas que se ven impulsadas a salir y depositar los huevos que aseguren su reproducción como especie. El hombre ribereño, por su experiencia, sabe qué noches son propicias para “charapear” y sale a las playas para buscar los huevos y cazar las charapas para su alimentación. Pero cuentan que algunas veces sale la madre de las charapas, la “Charapamaman”, de enormes dimensiones y casco sumamente pegajoso. Si una persona, dejándose dominar por su ambición, intenta voltearla patas arriba como a las comunes, lo más seguro es que se quedará pegada en su caparazón y será llevada, arrastrada mejor dicho, a las profundidades del río, sin que nadie se atreva a salvarla.

LA YARA
Los artistas amazónicos atribuyen muy
diversas corporeidades a la Yara, pero
siempre la representan con una profunda
raigambre forestal.
Se dice que es un ave o pájaro silvestre que tiene la propiedad de transformarse en una bella mujer, que es “la reina del bosque”. En todo caso, es un ser mitológico al que se lo describe como una mujer de una especial y extraordinaria belleza. El nombre con que se la conoce, “Yara”, es de origen tupí-guaraní y podría ser traducido como “hada del bosque”.
 Es descrita por algunas personas como una mujer de color verde, con el que pasa fácilmente desapercibida en el bosque; aunque también se dice que tiene el color de la piel de los troncos de madera de los bosques amazónicos, y con una cabellera verde, representando, así, a la flora con que se cubre  y le da apariencia de color verde.

También la describen con los cabellos dorados, como los pelos del maíz. Trae buena suerte cuando es ella la que busca el acercamiento, pero, mala suerte si uno la descubre por casualidad en la orilla de una quebrada o en el canto de algún camino del bosque. Cuando uno la encuentra por casualidad, mejor es no darse por enterado.
Cuando la Yara se enamora, canta y ejerce poderosa sugestión en el hombre que la oye y a quien está dirigido su canto. La sugestión es mayor cuando mira con sus ojos parecidos a los de un ave. La persona queda inmediata e irremediablemente magnetizada y atraída por la mujer que goza con el encuentro. Ese encuentro a veces dura un periodo de luna llena; pasado el mismo, el hombre despierta como de un sueño cerca del poblado en donde vive, sin encontrar rastros de la Yara. Al año siguiente el hombre volverá  al mismo sitio y, si ha sido del agrado de la Yara, desaparecerá nuevamente llevado por ella. La Yara se aparea anualmente. Se dice que de esa unión nacen los Chullachaquis.

EL TUNCHI
EL TUNCHI, EN ETÉREO  Y ATEMORIZANTE
DESPLAZAMIENTO EN LAS PLAYAS
Ilustración Jaime Choclote
En una de sus versiones selváticas, es el alma en pena de una persona que, habiendo muerto, no se resigna a su nueva situación y vaga aún en este mundo de los vivos. Tiene un silbido característico que atemoriza a quien lo escucha. Sus horas preferidas para salir son las de las noches. Tanto en las playas como en el caserío, cuando las personas escuchan el “fin…fin…fiiinnnn”, saben que se acerca el tunchi; entonces, si están muy próximas, sentirán un olor a vela, un aire frío abrazará su cuerpo y sentirán ganas de vomitar. Es el tunchi que pasa. Si pasa cerca de un llullito (bebito recién nacido) lo ojeará y éste enfermará con manchari o mal aire, que sólo podrá ser curado mediante el soplo o icaro de un curandero, de lo contrario, morirá.
EL MALIGNO
Es, también, el alma de un difunto, quien en vida se dedicó a hacer el mal. Al morir su alma es castigada a pagar sus pecados y vaga por este mundo tratando de salvarse del infierno. Por esto se dice que es un alma perdida. Cuando se presenta en un caserío, anuncia la muerte de alguien del lugar, más aún si lo hace cerca de una casa. Cuando es escuchado su tenebroso y gutural "fin...fin...fiiiiinnnn", es mejor no hacer ruido o rezar en voz baja para que pase lo más rápido posible. Se dice que no es de su agrado que lo imiten, así como tampoco gusta de escuchar el ladrido del perro, el mismo que morirá secándose lentamente en caso de haber sido tocado por el maligno. Si es imitado se enfurece y castiga con la muerte al atrevido mortal que lo imitó. 


Personaje imaginario, el MALIGNO es
representado de muy diversas formas,
dependiendo de la  extracción
cultural del artista.



Nota: Estas narraciones se han elaborado  sobre la base de entrevistas a algunas personas, sobre todo, ribereñas; pero, también se ha consultado la siguiente bibliografía:

§  Panaifo T., Arnaldo. Mitos y leyendas de la selva peruana. Shamiro editores. Iquitos. 1999.
§  Angulo S., Ruth Isabel. Esplendorosa amazonía. Ed. San Marcos, Lima, 1997
                              §  Jordana L., José Luis. Leyendas amazónicas.


viernes, 2 de marzo de 2012

LOS PUEBLOS INDÍGENAS Y EL AMBIENTE

Prof. Gabel Daniel Sotil García, FCEH – UNAP

El ambiente comunal ha merecido un especial
cuidado por los Pueblos Indígenas
Según las teorías vigentes para tratar de explicar el proceso de poblamiento de nuestro país, éste sería el producto de sucesivas oleadas de  cazadores y recolectores nómadas que habrían entrado a lo que hoy es nuestro espacio territorial entre diez mil y veinte mil años antes de la era cristiana, procedentes del norte de nuestro continente. Aun cuando, nuevos hallazgos hacen retroceder algunos mil de años dicho ingreso. Es muy probable que este ingreso se haya efectuado por diversas rutas de la selva, para  ascender a los Andes y luego a la costa o por la franja oriental de los Andes.

Habiendo encontrado un ambiente propicio y luego de un lento y largo proceso de aclimatación, estos pueblos primigenios fueron asentándose en áreas cada vez más restringidas hasta determinar un territorio dentro del cual encontraban todo lo que necesitaban para su subsistencia. Determinaron, así, su ambiente dentro del cual harían su vida como pueblos. Interactuando con él, empezaron a domesticar las primeras especies animales y vegetales (pavo, yuca, maíz, palta, piña, cocona, plátano, etc.), luego vendría la alfarería, las primeras formas de agricultura, crianza en cautiverio (charapas), etc.

Se sabe que Arawacs, Pano-Caribes, Chibchas, Tupí-Guaraníes, etc., las hordas iniciales, se dispersaron en amplios territorios, dividiéndose en tribus que poco a poco se fueron diferenciando en idiomas, costumbres, arte, mitos, leyendas, religión, etc. hasta alcanzar su propia manera de actuar dentro de su ambiente.
La ubicua presencia de la canoa expresa una
 intensa relación del pueblo con ríos y cochas.
A partir de esta primigenia diferenciación, cada uno de estos grupos humanos evolucionó culturalmente en el lapso de milenios, hasta dar origen a lo que hoy conocemos como Pueblos Indígenas de nuestra región,  representados por más de sesenta etnias, descendientes de doce familias lingüísticas identificadas y algunas de origen aún no identificado.

Cuando en 1542, Dn. Francisco de Orellana inicia el contacto oficial de las etnias amazónicas con la cultura europea, mediante el llamado descubrimiento del río que hoy conocemos como Amazonas( pero que en esa época era ya conocido como Paranaguasú por los Tupí Guaraníes), estas etnias, que eran mucho más numerosas que las que hoy existen, ya tenían un largo historial de vida, literalmente milenario, en un íntimo contacto con la naturaleza: nuestro Bosque Húmedo Tropical, dentro del cual habían aprendido a desenvolver su vida con plena armonía creadora, que les permitió dar origen a un conjunto de culturas diversas entre sí pero con denominadores comunes, fundamentalmente en lo que respecta a su relación con el bosque, es decir, su ambiente.

 Uno de los aspectos que más deslumbró a los conquistadores europeos en nuestra región, a la que venían a buscar las grandes riquezas que los Incas les habían referido (“El Dorado”, el país en donde todo era de oro), seguramente que para dirigir su ambición a una región que ellos sabían que era muy difícil de penetrar (ellos habían fracasado en varios intentos dirigidos por Pachacutec, Túpac Yupanqui y Huayna Capac, pocos años antes de producirse la conquista del Tahuantinsuyo), fue el esplendor de nuestro bosque, el verdor imponente e infinito de los árboles que se extendía desde la parte oriental de los Andes hasta el llano amazónico que hoy llamamos selva baja o región Omagua.

Profesor indígena en clase con niños Shawis,
educando en sus valores de respeto al bosque.
Hasta ese entonces, los pueblos amazónicos tenían acumulado un larguísimo historial de trato con el bosque, que les había permitido el aprendizaje de comportamientos sociales adecuados a las características del mismo, de tal manera que sus efectos sobre el bosque mismo no eran mayormente negativos. Conocimientos sobre el suelo, sobre las propiedades de las plantas (alimenticias, medicinales, ornamentales, etc.), el régimen de las aguas, sistemas de rozo y recuperación de los suelos, policultivos, empurmado, uso de bajiales, técnicas de caza (uso de diversas trampas, harpones, flechas) y pesca, etc., constituían todo un bagaje de sapiencia social acumulada en el trato directo con el bosque, a tal punto que los efectos depredatorios naturales de la acción humana sobre su entorno, eran relativamente mínimos. A ello se agregaba la creación de todo un conjunto de mitos, leyendas, creencias, costumbres, valores, etc. que conformaban un todo coherente dentro de lo que podría llamarse una cultura forestal.


Pareja de miembros de la etnia Achuar,
Prov. Datem del Marañón. Son la
garantía de la reserva de una
armónica relación con el ambiente.
Es dentro de este marco de las culturas forestales, proveedoras de comportamientos respetuosos del entorno inmediato, que las nuevas generaciones  aprendían a actuar causando el menor daño posible a  su ambiente, aprendizaje que lo hacían en la actuación comunal cotidiana, por efecto demostrativo de todos y cada uno de los adultos. Por ello, la gran eficacia en la transmisión del equipamiento axiológico - actitudinal hacia las nuevas generaciones, con lo cual se aseguraba la conservación del bosque como escenario existencial por los mínimos efectos depredatorios sobre el ambiente.

Será la introducción de comportamientos ajenos a este ambiente  la que causaría las depredaciones, iniciadas desde el momento mismo en que el conquistador europeo impuso su cultura, a tal punto que en  los momentos actuales son grandes las extensiones de bosque que desaparecen anualmente y, con ello, la erosión del suelo, la contaminación de las aguas (ríos, quebradas y cochas), la extinción de especies faunísticas (ornitológicas, piscícolas, entomológicas, etc.) y florísticas por la sobre-explotación selectiva de la que son objeto.

 Se hace necesario, entonces, que en la cultura mestiza aprendamos de los Pueblos Indígenas a establecer esa relación respetuosa que establecieron con su ambiente.

Nota: Fotos proporcionadas por el Prof. Julio Abel Trigoso,
San Lorenzo, Datem del Marañón