1962 – 04 de junio -2017
Prof. Gabel Daniel Sotil García

Esa casa de estudios
superiores era nada menos que la Universidad
Nacional de la Amazonía Peruana – UNAP, que, habiendo sido creada por Ley
13498, de 13 de enero del 1961, iniciaba su entrada a la senda institucional
para formar a las futuras generaciones de profesionales para nuestra región.
Han pasado ya cincuenta y
cinco años desde entonces, acompañando el discurrir de nuestro Amazonas. Lapso
en el cual se han venido haciendo realidad las intuiciones y convicciones de
quienes la concibieron, dándole forma definitiva a sueños que lentamente se
vienen renovando al compás de los cambios que le presenta como retos el mundo
en el cual vivimos.

Indudablemente, las sucesivas
gestiones administrativas han sabido dar los pasos pertinentes para consolidar su institucionalidad. Como
tal, ha sabido dialogar mirando de frente a su realidad para intuir las
necesidades básicas de este formidable, hermoso y promisorio escenario que es
la selva para interpretar sus más íntimas necesidades. Ha sabido, cual
institución inteligente, superar muy diversas limitaciones. Ha sabido, también,
responder a sus requerimientos y a sus sueños de devenir en la región con aún
un desconocido potencial que debe ser develado para seguir creando nuevas
especialidades o profesiones para consolidar su esencia forestal, integrante de
ese grandioso y formidable espacio llamado Amazonía, cuyo rol planetario en lo
ecológico, social, cultural, económico y espiritual ya está siendo conocido por
los estudios científicos de la que es objeto.
Su contundente realidad, que
hace que esté presente en todo su ámbito de influencia amazónico, nos exige
pensar y ensayar posibles rutas en su futuro, para superar algunas deficiencias
que hasta hoy subsisten.

La presencia imponente del
pensamiento foráneo, no nos ha posibilitado el generar líneas de pensamiento
que respondan a lo que somos, a nuestras características, a nuestras
necesidades regionales. Hemos asumido que lo que se diga de y para el Perú, es
también aplicable a la Amazonía. Lo cual, por cierto, es una verdad a medias,
dado que la selva tiene sus peculiaridades distintivas que bien pueden y de
hecho son fundamentos para generar un
pensar autónomo. Un mirarnos desde nuestra interioridad para identificar esos
componentes trascendentes que son la esencia de las cosmovisiones de los
pueblos originarios, que hasta hoy nos negamos a conocer o despreciamos sin
intentar aproximarnos para sentir su plena vigencia, pese a las agresiones de
la cultura oficial y dominante.
Por otra parte, se necesita
trabajar explícitamente un modelo societal para nuestra Amazonía, por cierto que en el
marco de la nacionalidad peruana, cuyas características posibiliten responder a nuestra condición forestal
y multicultural, dinamizada en el marco de un desarrollo endógeno,
transformador de sus propias riquezas naturales, formada por personas y pueblos
con un profundo conocimiento crítico de su realidad y plena identificación con
los intereses regionales. Por cierto que este propósito solo será logrado si
promovemos la más plena participación de los Pueblos Indígenas en su
construcción, cuyas propuestas y formas de pensar deben ser tenidas en cuenta
por el trato milenario de sus relaciones con el bosque amazónico.
Pensarla y aceptar su
heterogeneidad cultural y biológica nos va a permitir la formación de profesionales
críticos, reflexivos, comprometidos con la preservación de los valores que
fueran creados, por experiencias vivenciales, por la acción creadora de quienes
hoy representan las reservan morales de una ética basada en el respeto y
armonía con nuestro entorno.


Sean, pues, estas reflexiones
un pequeño aporte en este aniversario de nuestra institución, para seguir
buscando las sendas de realización de sus más altos intereses.
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