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Iquitos, Loreto/Maynas , Peru
- Nací en el departamento Ica, Provincia Palpa, Distrito Río Grande, Caserío "San Jacinto", 1941. Egresado de la UNM "SAN MARCOS", Facultad Educación, especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, Docente Facultad Ciencias de la Educación y Humanidades-UNAP. Colaboro en: - Diversas revistas que se publican en Iquitos DISTINCIONES •PALMAS MAGISTERIALES, Grado de Maestro •PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN “HORACIO”, 1991, Derrama Magisterial. •PREMIO NACIONAL EDUCACIÓN, “HORACIO”, 1992, Reconocimiento Especial •DIPLOMA RECONOCIMIENTO DE LABOR POR PUEBLOS INDÍGENAS- AIDESEP •PREMIO NACIONAL I CONCURSO NACIONAL LIT. INFANTIL, ÁREA EXPR. POÉTICAS, MED •RECONOCIMIENTO MÉRITO A LA EXCELENCIA Y PRODUCCIÓN INTELECTUAL -UNAP. . Reconocimiento con la distinción "LA PERLITA DE IQUITOS", UNAP (2015), Reconocimiento por SEMANA DEL BOSQUE, Sub-Ger. Prom. Cultural, GORE LORETO., Condecorado con orden "CABALLERO DEL AMAZONAS" por el GORE LORETO (06.07.16), condecorado con la orden "FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS", Moyobamba, San Martín (24-09-2016). Palmas Magisteriales en grado AMAUTA (06-07-17) MINEDU. DIPLOMA DE HONOR, por Congreso de la República. 21-03-2019

miércoles, 15 de agosto de 2012

LA AMAZONÍA EN LA EDUCACIÓN NACIONAL (*)

 Prof. Gabel Daniel Sotil García, FCEH - UNAP

En la introducción del libro “Panorama histórico de la Amazonia Peruana, una visión desde la Amazonía”, que escribiéramos con el historiador y periodista Humberto Morey Alejo, hemos expresado lo siguiente: “Cuando repasamos cualquier libro de Historia del Perú, actual o antiguo, de los que son usados en ambientes escolares, universitarios o generales, es casi nula o muy escueta  la información relacionada con la región amazónica que podemos encontrar” (1).

Por su parte, el profesor e historiador José Barletti Pasquale, en la presentación del libro anteriormente citado, expresa “Hace poco se ha publicado un voluminoso libro sobre la historia del Perú, escrito por destacados historiadores nacionales. Al revisarlo, uno encuentra con tristeza, vacíos en lo que se refiere a los acontecimientos y procesos históricos que han tenido lugar en la Amazonía. De esta manera, una vez más, constatamos que la nuestra es considerada una región  sin historia”. (2)

Por mi parte agrego, que no sólo los de historia carecen de información sobre nuestra región, sino  todos los utilizados en la educación formal, incluidos los que son elaborados y distribuidos por el propio Ministerio de Educación.

Para mayor abundancia de certificación, hemos revisado muchos libros en los cuales se aborda, por ejemplo, el tema de los primigenios pobladores peruanos, o el de las culturas prehispánicas, pero hemos encontrado que en su desarrollo, en el mejor de los casos, apenas se hace mención tangencial y deslucida a la existencia de los pueblos y las culturas de la Amazonía.

A partir de esta constatación, podríamos ensayar las siguientes hipótesis explicativas:
-        en primer lugar, quienes los escribieron no disponían de la información necesaria o no le dieron mayor importancia o,
-      en segundo lugar, simple y llanamente en sus esquemas mentales la Amazonía es inexistente.

Pero, en todo caso, de lo que sí estamos seguros es que, inevitablemente, los alumnos peruanos se forman con una total ausencia de la selva como escenario real, actual e histórico.

Entonces, no es sorprendente que los peruanos, en cualquiera de nuestros roles sociales, políticos, administrativos, académicos, etc. ignoremos  a esta región; es decir, la tengamos como “no existente” en nuestro imaginario y, por lo tanto, no sea un referente de importancia en y para nuestras decisiones.

Salvo referencias a su exotismo, a sus peligros, al salvajismo de sus pobladores, al atraso de sus comunidades, a su aislamiento, etc. la selva, al parecer, no ofrece más motivos para ocuparse de ella. Y quienes vivimos en ella, incluso, no nos escapamos de esta parcialización y tergiversación de percepción de nuestra propia región. Por ello, el Dr. Marc Dourojeanni, en su libro “Amazonía, ¿Qué hacer?” Dice: “La selva es apenas conocida por la mayoría de los peruanos a consecuencia de la pobreza, de las deficiencias de la educación pública y del bajo nivel cultural en general. A esta realidad no escapan ni aquellos de las clases sociales más pudientes, que se educan en colegios privados y que alguna vez han visitado Iquitos  o algún otro lugar de la Amazonía. Más aún, la ignorancia sobre el tema alcanza inclusive a los que radican en las rápidamente crecientes urbes de la propia selva, los que en su mayoría, jamás han puesto un pié en el monte. Es así como la Amazonía continúa siendo, hoy como en el pasado, inspiración para las más disparatadas  opiniones y fantasías”. (3)

          A despecho de nuestros mapas, que colocamos en aulas, colegios, oficinas, etc., en donde la selva aparece  ocupando los dos tercios de la superficie de nuestro país y pintada  generalmente con un imponente  color verde,  en nuestros esquemas mentales sólo existen la costa y la sierra como escenarios de hechos históricos y actuales, como ya lo expresáramos.

          Es decir, todo un caudal de acontecimientos, tan grande como el mismo río Amazonas, queda fuera del conocimiento, análisis, reflexión y preocupaciones de los peruanos, a causa del centralismo y de la obnubilación de la casta conformada por quienes tienen el poder, en sus diversas formas, en nuestro país y que se han formado con una visión obsoleta del mismo, de la cual son, finalmente, sus víctimas.

          Una información de calidad tan deficitaria, con vacíos tan amplios y profundos, es evidente que no nos capacita socialmente para tomar adecuadas decisiones a fin de elaborar proyectos factibles que nos permitan superar las actuales situaciones de incomprensible pobreza y extrema pobreza en nuestra región, muy a despecho de la abundancia de recursos naturales  que poseemos y de nuestros logros históricos, germinados en la intimidad más profunda de nuestra propia realidad amazónica.
        Para encontrar explicaciones a nuestra actual situación regional, tenemos que atrevernos a dar una mirada crítica y reflexiva a nuestra historia vivida en los últimos quinientos años, para determinar lo que hemos heredado del tiempo anterior así como para precisar nuestra contribución colectiva, si es que la hemos tenido, en tiempos que estuvieron aparentemente bajo nuestro pleno control.

          En este sentido, es necesario que seamos conscientes de que en nuestra región amazónica hemos tenido un muy extenso período multimilenario, de total autonomía creativa, mientras los pueblos indígenas fueron hegemónicos, periodo al cual le ha seguido un corto lapso de casi quinientos años, en el que se han desarrollado las  fases colonial y  republicana, bajo un esquema de imposición de modelos socioculturales, que aún seguimos sufriendo.

          En verdad, entre Colonia y República nunca se produjo un cambio sustancial para nuestra Amazonía en la condición general dentro de nuestro país, aunque la fase republicana haya sido calificada como de nuestra independencia nacional.

          Ambas fases históricas han tenido una connotación impositiva en nuestra dinámica interna, tanto que bien pudiéramos denominar a la primera como época de la colonización franca, desembozada, y a la segunda, que llega hasta el presente, como la época de la colonización encubierta, velada, pues durante ésta nuestra condición general no fue impactada en forma diferente a la que tenía en la anterior. Salvo cambio de nombres, designaciones, declaraciones nuevas, pero nada sustancial que revelara una nueva forma de percibirnos por parte de la sociedad nacional y su dirigencia.
         
          Si algo hubo de diferente para nosotros, recién desde mediados del Siglo XIX, en plena época  republicana, fue el inicio de una presencia más impositiva, punitiva y amenazadora del poder central en nombre de un estado peruano que recién empezaba a tomar conciencia (y que, dicho sea de paso, aún no termina de hacerlo) de las dimensiones geográficas, sociales, culturales, etc. y de la complejidad de nuestra región, a través de instituciones carentes de sentido para la nueva realidad en la que se instalaban; ellas mismas desorientadas en cuanto a su rol, por su condición de foráneas, que lo percibían sólo muy difusamente en las nuevas condiciones, pues el escenario era muy diferente respecto al  contexto nacional.

          Deviene así nuestra  selva en escenario del ejercicio de un poder caracterizado por la inercia de sus representantes, indolencia que tiene su mayor expresión en las sucesivas pérdidas de territorio amazónico peruano sufridas desde mediados del Siglo XIX, sin el costo siquiera de una lágrima de los demás peruanos, pues siempre les fueron encubiertas o escondidas, ocultamiento que aún se empeña en mantener.

          Víctima de esquemas mentales coloniales, heredados de un régimen que duró trescientos años, la población mestiza, de reciente llegada a estas tierras, es decir emergente, avizora su futuro sólo preocupada por consolidar su hegemonía dentro de la región, sobre todo en el dominio sobre las poblaciones originarias o indígenas y en el aprovechamiento de sus recursos naturales, pero,  sin mayores preocupaciones por las consecuencias de su actuar en el entorno cultural y ecológico, actitud que hasta hoy, infelizmente, persiste.

          Pero, también, comienza a tomar forma, aunque difusamente, un sentimiento que, con el paso del tiempo y acontecimientos, se haría cada vez más nítido, fuerte y trascendente: el sentimiento de abandono, el sentimiento de ser considerada una región sin mayor importancia para los destinos del país. Comienza la toma de conciencia, por parte de los amazónicos, de la mirada lejana, sin interés, indiferente del resto de nuestra nación. Este sentimiento sería, en gran parte, el responsable de muchos acontecimientos de esta época (movimientos separatistas, federalistas, regionalistas y de  protesta civiles de parte de los indígenas y mestizos) y cada vez más reforzado por las actitudes  y decisiones de una clase política nacional ignorante de nuestras características, sin capacidad auto crítica y sólo abrazada a su interés por centralizar el poder y gozar de sus prebendas. Como lo sigue siendo hasta hoy.

          Por todo ello es que hacia la mitad del Siglo XX algunas definiciones se producen en la conciencia social amazónica:
-      Que, en el consenso nacional, no hay conciencia de nuestra existencia, salvo que somos una región exótica, con gente que debe ser conquistada y civilizada;
-     Que el poder central es, además, centralista y prisionero de una visión equívoca sobre nosotros;
-      Que somos una región desconectada del resto del país;
-   Que aún somos considerados un freno para el desarrollo del país, a menos que cambiemos radicalmente, dejando de ser lo que somos;
   Que no inspiramos confianza en nuestras capacidades sociales para encontrar solución a nuestros propios problemas;
   Que se nos percibe como si sólo servimos para ser gobernados y que, por lo tanto, debemos obedecer todo lo que se disponga sobre nosotros desde el centro del poder nacional.

          Este proceso de toma de conciencia, trabajado en la intimidad del hogar y en los ambientes sociales  que, además, ha recibido el aporte de sucesos políticos, culturales, económicos, administrativos, etc., regionales, nacionales y mundiales, es el que ha contribuido a que en nuestra región hayamos venido adoptando actitudes muy poco comprendidas por el resto del país: gobernantes y sociedad civil.

          Pues, vista la región en su conjunto desde la perspectiva de los prejuicios geográficos, raciales, culturales, etc., vigentes y frutos de la ignorancia sobre nuestra realidad, la Amazonía aún no logra ser percibida como lo que es sino como se cree que es.

          Y esto lleva a que se tomen decisiones absolutamente erradas respecto a sus actuales condiciones, como lo podemos comprobar en  los más recientes periodos gubernamentales nacionales, durante los cuales la mayoría de decisiones tomadas ha terminado siendo instrumento para ampliar y profundizar nuestros problemas ecológicos, psicosociales, económicos, socio-culturales, etc., evidencias de las cuales están a nuestra disposición en estos precisos momentos en el acontecer nacional.

          Es decir, nuestra Amazonía no deja de ser percibida con los iniciales mitos ideológicos generados por el conquistador europeo, a los cuales se han adicionado otros creados por sus herederos políticos, a los que ya hemos hecho referencia

          En el marco de este racismo formalizado en nuestro país, nuestra región no deja de ser un escenario de conquistas, en el cual se viene experimentando sucesivamente la extrapolación de modelos alienígenas, foráneos, incompatibles con nuestra realidad, en un vano intento por forzar su realidad para adecuarla a tales esquemas. Por lo tanto, siempre signados por el fracaso.

          Racismo que también se expresa en la desconfianza que nosotros, los mismos amazónicos, tenemos en las capacidades de los pueblos y personas de esta región para buscar y encontrar soluciones a nuestros propios problemas.

          La visión del conquistador europeo  aún perdura  tanto en los agentes del gobierno central como en las personas e instituciones que se acercan a la Amazonía, víctimas de engaños o prejuicios con los cuales justifican sus agresiones y ansias de  dominación.

          En vez de acercarse a ella para tener un mejor conocimiento y comprensión de su realidad y potencialidades, se ha optado, en el ámbito nacional, oficial y no oficial, por imaginarla atribuyéndole características que no tiene, pero que sirven de referentes a la hora de tomar decisiones  con respecto a ella. Una de las cuales es, precisamente, el considerar un absoluto ignorante al poblador nativo, carente de todo conocimiento válido, a quien  hay que enseñar a vivir en su ambiente, desconociendo el valor de sus grandes y milenarias conquistas como, por ejemplo, la relación armoniosa, de equilibrio, que supo establecer con la naturaleza, el percibirse como parte consustancial de ella, su cosmovisión forestal, la consideración del bosque como un valor, la curación de enfermedades a partir del uso de infinidad de plantas, la domesticación de animales y plantas, el descubrimiento de técnicas agrícolas (policultivo, rotación en el uso del suelo, etc.), el conocimiento de las propiedades de las plantas (alimenticias, medicinales, psicotrópicas, ornamentales, etc.),  uso agrícola adecuado de los suelos de acuerdo a sus propiedades (en lo que pudiéramos calificar de uso práctico de la zonificación económica ecológica, de reciente descubrimiento en la ciencia occidental), uso racional de los recursos forestales (en lo que podríamos denominar uso sustentable de nuestros recursos), etc., que, de ser valorados, tendríamos allí todo el universo de conocimientos, ya validados pues por ellos ha sobrevivido miles de años.

          Conocimientos que requerimos para construir un modelo de desarrollo coherente con nuestras características regionales, acervo que, enriquecido con los aportes científicos y tecnológicos actuales, nos permitiría una mayor eficacia y eficiencia  sociales para construir nuestro futuro con la más sólida fundamentación factual, en el marco doctrinal del desarrollo sostenible e intercultural.

          Nosotros los amazónicos mismos hemos caído en la trampa de la falsa percepción y, hoy, el actuar colectivo de los mestizos, no traduce sino el más profundo desprecio de aquel acervo cognoscitivo ancestral que yace en las comunidades indígenas y ribereñas y también un profundo desconocimiento de nuestro escenario existencial, que se manifiesta a través de las incompatibilidades y efectos negativos evidenciados en esa actuación individual y social.

          Pruebas de ello son las sucesivas épocas de falsas ilusiones sociales generadas en los encuentros de recursos de duración pasajera que, más que soluciones, han significado la profundización de nuestros problemas o la creación de nuevos problemas (boom del caucho, de la madera, de las resinas, del oro, del petróleo). Lo prueba el extractivismo mercantilista, que nos empeñamos en practicar, pese a sus efectos negativos. Lo prueba, también, el protagonismo excluyente que la sociedad mestiza viene desempeñando al margen de los diversos grupos socioculturales presentes en este escenario, cuyo núcleo de dominación tiene como principal propósito centralizar el poder y aprovechar los recursos naturales, al margen de consideraciones de carácter ético y axiológico, tales como la equidad, el respeto, la democracia intercultural, etc.

          Nos encontramos, pues, en una región esencialmente  considerada, en la percepción nacional y regional, sólo como proveedora de materia prima, en la cual el estado se hace presente sólo en forma controlista y punitiva, como protector de los bienes que le significan divisas, provenientes de las exportaciones, para las arcas nacionales. El rol promotor, organizador, estimulante que debería asumir para crear condiciones endógenas para nuestro desarrollo, se ve sobrepasado por la presencia impositiva que cada gobierno central se empeña en  ejercer para demostrarnos su poder, a través de representantes que sólo esperan cumplir las órdenes que les imparten sin importarles sus consecuencias

          Por todo ello es que podemos afirmar que lo más ausente en todo este panorama relacional entre el país y esta región es la necesidad de conocerla y de promover su conocimiento certero, real, más allá de perjudiciales fantasías, que no hacen sino tergiversar nuestra realidad, y, por ende, generar incorrectas decisiones.

          Bien podemos afirmar que en estos momentos la Amazonía es la gran desconocida en nuestro país. Y también dentro de nuestra propia región.

        Por ello es que no nos extraña que todos los gobiernos centrales se hayan propuesto “desarrollar la Amazonía”. Es decir, actuar en ella para mejorar sus condiciones; pero, ¿qué condiciones? Si no las conocen, mal pueden mejorarlas. Las personas e instituciones que los representaban por casi quinientos años siempre han sido pasajeras; duraban lo que duraba, y a veces mucho menos, la intención de los gobiernos de turno. Quienes venían, con pocas excepciones, lo hacían para ejecutar órdenes, es decir, con un libreto a cumplir para poner en vigencia disposiciones adoptadas muy lejos de la región por gente que la ignoraba en sus peculiaridades, y que no tenía más compromiso que el de cumplir con su encargo burocrático, con agenda pre-establecida, en  la cual no cabía ni la más remota posibilidad de buscar respuestas, de crear soluciones a los problemas regionales, pues el guión venía escrito, luego de lo cual se regresarían seguramente que sin haber visto un solo problema de gran importancia.

          Hasta hoy, el país no ha diseñado un plan de acercamiento para conocerla, comprenderla y comprometerse con su desarrollo. Ha preferido mantenerse en el marco conceptual y actitudinal coherente con  los prejuicios y esa falsa imagen generada sobre ella a partir de la ignorancia. Por ello es que sólo la viene usando como fuente de recursos (lo más fácil, por cierto), a los que aprovecha explotándolos hasta su extinción. Las pruebas las tenemos en recientes decisiones del más alto nivel gubernamental, todas ellas lesivas para los intereses de esta región.

          Hasta hoy, también, muchas instituciones se acercan a ella sólo para conquistarla, es decir, para incorporarla a sus dominios unas veces conceptuales, otras veces axiológicos y, algunas otras, prácticos; pero siempre para servirse de ella, nunca para servirla en sus más altos intereses. Para muchas instituciones y personas, todavía, a la selva se debe llegar con armas de conquista, de imposición, como serían los arcabuces en su tiempo.

          El “atraso” de su gente no amerita otra actitud, según esta equívoca, falsa, percepción.

          Parecería, por lo tanto, que nuestra región está condenada a sufrir un avasallamiento tras otro. Primero, la evangelización y la castellanización de los “indios” por parte de los conquistadores; más tarde, las acciones de civilización de los “salvajes” por parte de los programas estatales; luego serían los programas de colonización de este “inmenso territorio deshabitado”; hoy, la “modernización” de nuestras formas de vivir mediante las concesiones petroleras, madereras, auríferas, que no son sino mecanismos para viabilizar la europeización de nuestras formas de vida. Los partidos políticos, las organizaciones religiosas a través de sus muy diversas confesiones, las  empresas nacionales y trasnacionales, etc. vienen con esa misión: conquistar nuestra región, enseñorearse en ella.

          Es decir, siempre objeto de imposición; nunca de conocimiento y comprensión.

          Nunca de respeto.

          Las consecuencias de esta actitud no sólo las sufre nuestra región sino todo nuestro país, pues hoy nos percibimos, para fines de políticas de desarrollo pertinentes,  sólo como un país andino y  costeño;  mejor dicho,  nos hemos formado sin considerar nuestro inmenso e importante  componente forestal.

          Esta percepción excluyente ha tenido graves consecuencias para nuestro país, pues las  clases dominantes han tomado decisiones siempre en el marco de esta perspectiva.  Las diversas políticas de los gobiernos que han asumido el poder político, han expresado esta forma de percibirnos y es así como, parte central de nuestras preocupaciones, es nuestro crecimiento agrario o el desarrollo de nuestra minería,  por lo cual tenemos ministerios de agricultura y de minería;  pero carecemos de instituciones ministeriales encargadas de nuestro patrimonio forestal, salvo la tardía y muy reciente creación del ministerio del ambiente, que tangencialmente tiene que ver con nuestro bosque.

          El centralismo omnímodo,  predominante en nuestro país, nos ha impuesto una visión equívoca, falsa, de nuestra realidad nacional y, por lo tanto, las decisiones políticas que tomamos son también equívocas, pues no nos permiten afrontar nuestra realidad, con la riqueza de su diversidad  ecológica y sociocultural, sino un falso supuesto sustitutorio de ella. Como consecuencia, tenemos la persistencia, y agravamiento en muchos casos, de nuestros problemas nacionales.

          Es decir, no sólo es nuestra región sino todo el Perú el que se perjudica con esta visión equívoca que tenemos al haber marginado a la Amazonía de la intencionalidad formativa de la educación peruana.

          Es por todo ello que requerimos que la educación peruana  promueva un acercamiento de todos los peruanos a las reales circunstancias de esta región, para superar los prejuicios que hasta hoy han condicionado las relaciones del resto del país con esta selva, aprendiendo a vernos, también, como un país amazónico, predominantemente forestal, pues las dos terceras partes del mismo están cubiertas por esa unidad ecológica que llamamos Amazonía peruana.

          Sólo entonces  la mirada de los gobernantes costeños logrará ver más acá de los andes, y valorar a nuestra región como un verdadero potencial para nuestro desarrollo nacional en el marco de una estrategia adecuada a sus características, superando la tradicional actitud de percibirla como un simple reservorio de materias primas y pueblos a sojuzgar, pues, a estar por los efectos que individual y colectivamente venimos causando en este grandioso escenario, podemos afirmar que no estamos equipados convenientemente para desarrollar una dinámica social positiva respecto a su conservación, al mantenimiento de sus potencialidades, a la defensa de sus intereses, para que siga siendo una región forestal generadora de diversidad biológica, social y cultural, como lo viene siendo hasta ahora.

          Realidad trágica ésta que ha llevado al Dr. Antonio Brack Egg, insigne ecologista peruano, hoy Ministro del Ambiente, a decir que “la mayor estupidez que estamos haciendo los peruanos es talar nuestra riqueza forestal  para realizar actividades agropecuarias y ganaderas” (4), queriendo con ello trastocar la natural vocación de nuestro bosque, que es la de seguir siendo bosque. Estupidez producto de la ignorancia acerca de nuestra realidad.

          La actuación destructiva de los últimos siglos, desplegada por quienes pertenecemos a la cultura mestiza, en toda su diversidad, evidencia que lo que hemos aprendido de ella no es lo que deberíamos haber aprendido; que lo que sabemos de ella, en toda su complejidad, no corresponde a su realidad. Es decir, nunca la hemos tomado como referente de aprendizaje.

          Por ello es que hoy, en que nos es indispensable pensar nuestro futuro colectivamente (no por unos cuantos) y diseñar nuestro desarrollo para beneficio de todos los pueblos y personas que habitamos esta región (no para unos cuantos), nos  encontramos con que carecemos de los conocimientos básicos, de los valores y actitudes indispensables, de las destrezas intelectuales apropiadas para abordar tan trascendente tarea social.

          En verdad, aprendemos mucho en las instituciones educativas de nuestro país, sabemos bastante, casi enciclopédicamente; pero, lo que hemos aprendido  y sabemos ya no nos es útil, en estas circunstancias,  para pensar y pensarnos de manera distinta, si es que queremos ser autores de nuestros destinos colectivos, único camino para superar nuestra pobreza, nuestro subdesarrollo, los graves problemas que nos afectan socialmente, ambientalmente y culturalmente.

          Y es que casi todo lo que hemos aprendido y venimos aprendiendo no tiene como referente a nuestra realidad; con ello, no nos capacitamos ni para conocerla y amarla y menos  para transformarla constructivamente, respetando su raigal pluriculturalidad y su esencial forestalidad.

          Hoy vemos, con mucho dolor, cómo se deforestan extensas superficies de bosque para extender la frontera agrícola y ganadera bajo el supuesto de que tumbar bosque es generar riqueza; cómo se contaminan nuestros ríos y cochas, cómo se extinguen nuestras especies florísticas y faunísticas.

          Extensas superficies forestales que sólo brindarán frutos pocos, muy pocos años, luego de los cuales serán abandonadas por la irrecuperable pérdida de su fertilidad, pasando a engrosar los suelos en proceso de desertificación, que ya llegan a millones de hectáreas. Con ello no sólo perdemos árboles, sino suelos, biodiversidad, agua en los ríos y cochas, evaporación, lluvias, regularidad climática, belleza paisajística, atractivos turísticos y cuanto servicio forestal nos puede brindar el bosque, servicios a los que en la actual educación no les brindamos ninguna importancia.

          Las instituciones que podrían generar profundos cambios en esta percepción,  sobre todo las educacionales, vienen siendo prisioneras de la inercia, del anquilosamiento. Su falta de agresividad las hace cómplices de esta situación tan negativa para los intereses regionales, pues con la ignorancia sólo se busca acondicionarnos para la venta de nuestras materias primas.

          Hasta el momento, como bien sabemos, el Ministerio de Educación viene elaborando y distribuyendo, excluyentemente, un material que responde a su visión homogeneizadora a nivel nacional (el mismo material para todos), en el cual las referencias a  nuestra región son escasas o tergiversadas, que no permiten que los educandos de todo el país, y menos los de nuestra región, tengan apropiados conocimientos, en calidad y diversidad, y desarrollen actitudes positivas respecto a la Amazonía.

          Ello a pesar de que en nuestra propia región hay ya una vasta producción bibliográfica, tanto científica como literaria, referida a ella en sus diversos aspectos que es minusvalorada o ignorada por dicho ministerio, prisionero del centralismo y víctima de su impertinencia; con lo cual ratifica su falta de idoneidad para gerenciar la heterogeneidad sociocultural y ecológica nacional, que viene demostrando en estos últimos ciento ochentaisiete años.

          Por su parte, los gobiernos y autoridades regionales amazónicas, más allá de meras declaraciones, en  su actuar revelan no estar comprometidos con la defensa de nuestra región en lo ambiental, en lo cultural, en lo social, en lo político, pues no están haciendo todo cuanto pudieran hacer. No han asumido a la Amazonía en sus múltiples connotaciones en y para nuestro país, pues, además de ser una región, la más extensa, con un imponente bosque con ingentes recursos naturales y una invalorable biodiversidad, la Amazonía es la región con mayor diversidad cultural y lingüística, es decir, toda una reserva de riqueza espiritual; es un conjunto de mitos encubridores tejidos acerca de ella que requieren ser conocidos para ser develados mediante una educación pertinente; también es un inmenso y profundo vacío en la mente de los peruanos que no debemos permitir que se amplíe; un referente de sueños, ambiciones, ilusiones y fantasías que hoy moviliza a un gran contingente de peruanos que llegan a ella con falsedades mentales.

          Es, pues, un reto para los gobernantes de turno,  nacionales y regionales, que aún no lo asumen como tal  y una esperanza y un desafío para quienes vivimos en ella, que estamos en la obligación de hacerla un escenario hermoso y promisorio para nuestras vidas individuales y sociales y la de quienes nos han de suceder, más allá de engaños, olvidos, falsedades y frustraciones.

          Y en esta situación de tragedia espiritual nacional, que condena a esta región amazónica a una clandestinidad formal, nos urge tomar decisiones.


          Para ello debemos empezar por reconocer  que  la calidad de actuación tanto individual como social en nuestro entorno ecológico y sociocultural, nuestro ambiente en suma, depende de la calidad del equipamiento cognoscitivo  y axiológico – actitudinal proporcionado por la educación, tanto espontánea como institucionalizada, el mismo que se conforma a lo largo de nuestra vida en las diversas circunstancias a las que nos enfrentamos en la dinámica social.

          En consecuencia, para la superación de estas deficiencias del sistema educativo nacional, será necesario que las autoridades regionales y el magisterio tomemos las medidas adecuadas, para que en el nivel interno se enfatice y priorice el estudio de nuestra región y en el externo  exigir al Ministerio de Educación que, en el currículo nacional, la selva merezca un sitial relevante, pues, con toda seguridad, a las instituciones educativas de las demás regiones no llegan mensajes de la realidad amazónica, con lo cual se fortalece y profundiza el más grande vacío de los peruanos respecto a la realidad nacional, pues hemos construido y estamos construyendo un Perú sin la verdadera Amazonía, cuya historia, cuya diversidad cultural, cuya riqueza espiritual, cuya realidad ecológica profundas, quedan fuera de las instituciones educativas nacionales.

          Más aún cuando hoy sabemos que las agresiones que  inferimos al bosque amazónico tienen un efecto desencadenante de muy graves consecuencias en el sistema climático de nuestro planeta, contribuyendo a ese fenómeno global llamado calentamiento global, cuyas consecuencias se evidencian en el actual cambio climático que, si no lo afrontamos con estrategias apropiadas y la urgencia pertinente, va a causarnos gravísimos, catastróficos, problemas,  como que ya lo viene haciendo.

          En consecuencia, estamos en condiciones de afirmar:

·     Que nuestra región tiene una presencia clandestina en nuestro país,
·     Que para las actuales autoridades educativas nacionales el conocimiento de  la Amazonía no tiene ninguna potencialidad formativa,
·     Que los peruanos tenemos una falsa imagen de la región amazónica debido a su ausencia en la intencionalidad del sistema educativo.

         Considerando que dichas deficiencias formativas nacionales sólo pueden ser superadas a partir de una nueva educación, que tenga como propósito  la formación de una nueva imagen de nuestra región que responda plenamente a su realidad, y que nos posibilite una mejor defensa de sus intereses supremos como unidad sociocultural y ecológicamente diversa, es indispensable que los actuales gobiernos regionales amazónicos prioricen, en sus respectivos ámbitos jurisdiccionales, el conocimiento extenso e intenso de la realidad amazónica en toda su complejidad, como base para desarrollar actitudes de valoración, respeto y preservación de su patrimonio material y espiritual, al igual que el propio Ministerio de Educación que debe disponer, con carácter prioritario, que  el currículo nacional  comprenda la formación de toda la niñez y juventud peruanas en el conocimiento de la realidad amazónica, como requisito para lograr una nueva y sólida identidad nacional, en el marco de un futuro concebido para hacer nuestras vidas bajo la sombra protectora de los árboles del bosque y no sobre sus quirumas y escombros.


            Notas bibliográficas:
(1)    Morey Alejo, Humberto y Gabel Sotil García; “Panorama histórico de la Amazonía Peruana, una visión desde la Amazonía”. Iquitos, imp. La región, 2000.
            (2)     Idem
            (3)     Dourojeanni, Marc J.; “Amazonía, ¿qué hacer?”. Iquitos, CETA, 1990.
(4)     Brack Egg, Antonio; entrevista concedida a Patricia Del Río Labarthe “Hay cinco mapas de pobreza y ninguno de las potencialidades”



(*) Art. publicado en revista “Conocimiento Amazónico”, Volumen 2 - número 1, enero - junio 2011, UNAP, Iquitos.

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